02. El infame rufián de la cama blanda
Inglaterra está dormido en la cama de Francia en posición fetal, acurrucado contra el pecho del francés, balbuceando algo indescifrable por que tiene el pulgar en la boca. No mide más de setenta centímetros.
Francia se mueve en su lugar atrayendo un poco más a Inglaterra hacia él, sin darse cuenta. Como siempre con dificultades para despertarse pero con la premisa de no dejar ir a un Inglaterra que no le reconozca.
De repente, el cerebro de Francia entra en funcionamiento y abre los ojos como platos, recordado todo el asunto.
―Angleterre? ―Suena teléfono de Francia a la vez e Inglaterra da un bote de como mínimo cinco metros despertándose automáticamente. Parpadea, mira alrededor y sale corriendo hasta esconderse detrás de una silla, agachado.
Francia se sienta en la cama, desorientado e histérico por perder a Inglaterra de su vista.
―Angleterre! ―le llama, pero él sigue debajo de la silla, asustadísimo y mirándolo todo con ojos como platos.
―¿Quién sois vos? ―pregunta en sajón y luego pasa una mano por el suelo, notando la textura tremendamente suave y deduce que está en un castillo de un hombre rico y poderoso. Probablemente un mago, porque tiene un montón de objetos extraños. Y que le conoce, porque sabe su nombre, por el acento debe ser... Abre aun más los ojos si es que eso es posible.
Francia se sobresalta al escucharlo hablar en ese idioma y con la voz más aguda que de costumbre. Se levanta de la cama.
―J... Je suis... Je suis le France... ―susurra suponiendo que quizás no le recuerde, con un nudo en la garganta.
Inglaterra le sigue observando por entre las patas de la silla al acecho, ¡Por el rey! ¡Es un sucio francés! ¡Debe ser uno de los duques de Normandía que le ha secuestrado para dejar paso a los vikingos y a los daneses!
―¡No me asustáis! ―miente y luego piensa que los duques nunca han sido tan ricos―. ¿Sois un Capote verdad? ¡Conozco a los de vuestra calaña! ¡No podréis retenerme!
Con el corazón desbocado se acerca a la silla y cuando escucha lo que dice se sobresalta, asumiendo que es parte de la poción.
―Es... Je... Non ―traga saliva al darse cuenta que realmente no se acuerda, acercándose a la silla en la que está, aun sin verlo. Demasiado asustado el mismo para pensar mucho en el cambio de voz―. Tomaste una poción y... ―mira abajo de la silla.
Inglaterra se echa para atrás tanto como puede tratando de fundirse con la pared y al verse acorralado, sale corriendo y se mete bajo la cama.
―¡Se lo que pretendéis, infame rufián! Pero es tiempo perdido, I'm the great England! ¡Y vos hallareís penosa desdicha y muerte si no me permitís partir!
―No debes recordar ni quie... ―se detiene al ver que sale corriendo y esta vez sí le llama la atención el tamaño y la voz y lo que está diciendo. Frunce el ceño―. Angleterre? ―se agacha bajo la cama―. Soy yo, France.
El inglés abre los ojos y se echa para atrás todo lo que puede temblando, tomando un zapato y blandiéndolo un poco. Francia le mira de lleno y no puede más que sonreír al verlo tan pequeñito y asustado... Blandiendo el zapato.
―Món dieu! Esto no era lo que...
―Ya sé que sois francés. Seguro esa ugly frog os ha mandado contra mí, pero ¡No llegará a buen puerto vuestra infame cruzada! ―sigue gritando. Francia estira las manos hacia él.
―Yo soy la ugly frog solo que un poco más grande. No voy a hacerte daño, mon petit lapin.
Inglaterra cierra los ojos tratando de que no lo alcance, apartándose lo más posible.
―¡Vos no sois la ugly frog! Sé que pretendéis ceder mi tierra a los vikingos del norte, pero no lo voy a permi... ―se queda callado cuando le oye llamarle así.
Francia sonríe un poco más al notar que se calla.
―Te acuerdas de mí ―sonríe más―. Dieu! Eres pequeñito pero te acuerdas de mí.
―¡Yo no sé quien sois vos! ¡Ni quiero saberlo porque vais a morir! ―repite empezando a sollozar por que se está sintiendo acorralado y no sabe como escapar.
―Nadie va a morir, lapin. Soy yo... Solo un poco más grande. Estas en mi casa porque hiciste una magia poderosa ―le mira completamente serio―. Yo no voy a lastimarte. Nunca lo he hecho... ―le extiende la mano para que se la tome―. ¿Tienes hambre?
Inglaterra parpadea pensando en lo que le ha dicho. Una magia poderosa... Él es un mago poderoso, eso es obvio. Se muerde el labio.
―¡Yo no haría una magia para estar en casa de mis enemigos! ―replica sin tomársela.
―Yo no soy siempre tu enemigo, ¿recuerdas? ―susurra.
―Yo a vos no le conozco ―repite y llora un poco porque está muy asustado―. France... ¡Eres un tonto! ―le dice aunque crea que no está.
Francia sale de abajo de la cama y se levanta.
―Si sales y me miras vas a ver qué tan poderoso eres... ―se ríe un poco―. Yo nunca creí que pudieras hacer magia, pero...―se sienta en la cama.
Inglaterra se frota un poco los ojos y se relaja al ver que sale a fuera y le da un poco más de espacio.
―¡Esto es un embuste para confiarme! ¡No pienso salir, no soy tan necio!
―Entonces muérete de hambre ahí dentro ―mira la ventana recordando que la ha cerrado la noche anterior―. Yo voy a buscar comida...
A Inglaterra el estomago le ruge sonoramente y hace un pucherito, sollozando en silencio, hecho bolita bajo la cama.
―Tengo leche, miel y pan fresco ―ofrece Francia.
―Si me dejáis morir de hambre no os serviré para vuestros propósitos ―amenaza.
―Aquí afuera no puedes estar peor que ahí... ―frunce el ceño―. ¿Cuáles propósitos, mon petit chou?
―¡Los que tengáis! ¡Unos malignos, of course! ¿Sois vos un mago también? ―pregunta en un tono menos amenazante―. The ugly fro... France os ha dicho que hagáis esto, ¿verdad?
Francia se pone un poco de ropa. Lo menos elaborado que encuentra, pensando que quizás si lo ve vestido así le parezca más creíble.
―Je suis le France, cher.
―¡Vos no sois France! Vos sois viejo y peludo. Yo conozco a France, él... ―se sonroja bajo la cama sin acabar la frase. El francés se ríe un poco.
―Yo ahora soy un poquito peludo pero...
―¡Él es feo como vos! ―grita―. Pero no es como vos... ¡Aunque me llaméis igual que él!
Francia se agacha bajo la cama.
―Pregúntame algo cuya respuesta solo sepa yo, France.
Al volver a verle se sonroja y se vuelve a encoger hacia el fondo, escondiéndose por que está desnudo y le da vergüenza. Le tiembla un poco el labio, pensando. Francia se ríe.
―Te has puesto rojo como una cereza.
―¡No es verdad! ―grita sonrojándose más, muy nervioso.
―Venga... ―se levanta y busca unos calzoncillos y una playera y se agacha―. Ponte esto.
Inglaterra se los arrebata de las manos con un fuerte tirón.
―Calma, calma ―le sonríe―. No voy a hacerte daño.
El inglés vuelve a meterse más al fondo y los inspecciona como puede con la oscuridad de ahí debajo notando las telas suaves.
―Esta ropa es muy extraña ―comenta―. ¿Por qué me dais prendas de naturaleza tan insólita? Parece algodón pero es muy blando y ¡huele a lavanda! Deben ser muy caras... ¡No estarán envenenadas! ―sigue.
―Esta ropa es suave y cómoda ―se levanta otra vez y se sienta en la cama. Se ríe―. Yo nunca te he dado ropas envenenadas mon petit.
Inglaterra traga saliva y se la pone como puede, sintiéndose más tranquilo.
―Supongo que no tendré más remedio que confiar en vos, puesto que si me mataseis seguro vuestros propósitos se verían frustrados ―se da por vencido. Francia sonríe victorioso.
―Bien, petit Angleterre. Sal de ahí.
―Que sepáis que si me envenenáis, el arzobispo vendrá y hará que os exploten las entrañas y tendréis fiebres altas y sudores fríos y viviréis la agonía de la gota en vuestras carnes... Y el temible rey Etelredo azuzará las poderosas tropas inglesas contra vos ―amenaza acercándose al otro lado de la cama y planteándose se salir o no.
Francia se ríe divertido de toda esa amenaza.
―Bien, bien. Puedes hacer todo lo que quieras si te enveneno, pero preferiría que me vieras antes y te convencieras de que soy France.
―Además poseo una horda de hadas y duendes invisibles apuntándole ahora mismo con los más poderosos hechizos mágicos ―asegura arrastrándose para salir porque al fin y al cabo, no hay nada que pueda hacer bajo la cama. Mira a Francia por la espalda y vuelve a mirar todo el cuarto. Lleva, por cierto, la camiseta que le va enooorme del revés.
―Quizás si tocaras mi pelo o si... ―mira hacia atrás, de reojo y sonríe al verle afuera―. Oh, las hadas, nunca me metería con tus hadas, cher ―le responde en un tono que debe haber hecho cientos de miles de veces de pequeño y que suena evidentemente a burla.
Inglaterra frunce el ceño al oír ese tono familiar.
―¡Siendo vos un mago también, deberíais tomaros más en serio los poderosos seres místicos!
―Yo no soy un mago. Siempre me recriminas por ello, non? ―le sonríe―. Siempre me amenazas con tus hadas también ―se gira a verlo bien―. Sacrebleu! No recordaba que fueras tan lindo ―sonríe encantado.
―Esta es la mazmorra más rara en la que he estado ―asegura hundiendo un dedo en el colchón y separándose de un salto, asustado un momento al notar lo blando que es. Se sonroja en cuanto oye que le dice eso y le mira.
―Eres monísimo con esas cejotas y la ropa así y... Dieu... ―se gira sobre la cama hasta él―. ¿Te acuerdas de mí?
El inglesito da un paso atrás mirándole y se lleva las manos a las cejas tapándoselas, frunciendo el ceño e hinchando los mofletes.
―Je suis le France... France. El que parece chica, el que te molesta, te protege y te abraza cuando te asustas. Soy el mismo pero más grande.
Inglaterra parpadea.
―Pero no podéis ser France. Vos parecéis... Muy fuerte y ―mira alrededor―. Muy rico y...
―Pero soy yo ―se le planta enfrente, en cuclillas y lo toma de los hombros―. Yo... Soy yo y sí me recuerdas ―se ríe y le abraza. Inglaterra abre los ojos como platos y se pone nervioso, pataleando.
―¡¿Qué hacéis? ¡¿Qué hacéis! ―protesta y cuando le huele al tenerle tan cerca, se sonroja un poco.
―Eres tú, de pequeñito pero eres tú... ¡Y te acuerdas de mí! Dieu, Angleterre! ―sigue abrazándole, dándole besos en las mejillas y la cabeza y todo ese asunto de siempre.
―¡Soltadme! ¡Soltadme! ―pide moviéndose como una babosa en sal. Cuando vuelve a sonar el teléfono de Francia y se detiene, asustándose.
Glosario de Terminos:
Je suis le France: Yo soy Francia
Capote: Capote es la casa que gobernaba Francia en 990, Hugo Capote era el rey
Non: No
I'm the great England: Soy el gran Inglaterra.
Mon dieu: Dios mío.
Ugly frog: (Rana fea) Francia.
Mon petit lapin: (mi pequeño conejito) Inglaterra.
Of course: por supuesto
Mon petit chou: mi pequeña col.
Cher: Querido.
Etelredo: Etelredo II el indeciso, Rey de Inglaterra en 990.
Sacrebleu: literalmente: "sagrado azul" se usa para mostrar admiración o sorpresa. No tiene mucho sentido... bueno, nadie dijo que tuviera que tenerlo, es francés. Aunque si lo buscáis en wikipedia encontrareis una interesante historia sobre la blasfemia.
Al parecer el pequeño bribón del medievo es un poco menos confiable de lo que pareciera... y aun así es súper mono, ¿o no? Cuéntanoslo en un review, por favor.
El próximo capítulo: 03. El telefenefono y la cocina
