Capítulo II - ¿Amor a Primera Vista?


Sofia the first no me pertenece

La princesa Astrid se encontraba dando vueltas en el jardín del palacio, estaba preocupada porque su invitado de honor no llegaba, ¿y si algo lo retraso o no podía ir?, realmente deseaba verlo.

¿Podría llegar a tener la posibilidad de conquistarlo?, para Axel ella era solo una amiga pero tenía la esperanza de llegar a más, le gustaba, estaba muy enamorada de él desde que se conocieron en la academia real de niños pero él nunca se había fijado en ella como algo más que amistad, sin embargo su hermana pequeña la instó a no rendirse y siguió su consejo.

- Princesa Astrid, el príncipe Axel y su hermano el rey Hugo de Albuquerque están aquí - informó el mayordomo.

De inmediato corrió feliz para recibirlos o más bien para recibirlo a él.

- Buenas tardes Astrid - saludo Axel junto a su hermano haciendo ambos una reverencia.

- Buenas tardes, príncipe Axel, rey Hugo - respondió ella igual para después reírse - Bueno, dejemos de formalismos, te tardaste mucho, me dijiste que estarías aquí a las 4 en punto - regaño a su mejor amigo.

- Si, disculpa, mi hermano y yo nos quedamos charlando con mi padre que llegó hace poco y no nos dimos cuenta del tiempo - se disculpó un poco avergonzado.

- Bueno, que no vuelva a pasar o no te dejaré entrar a mi castillo - amenazó en broma, luego se dio cuenta de algo importante- Hugo, ¿dónde está Sofia?

- Es que llegara con sus hermanos en poco tiempo - explicó el joven rey.

Al ser amiga de Axel no tenía problema en tratar a Hugo como un hermano, después de todo su hermana no lo dejaba de perseguir cuando era niña.

- Es verdad, Hildegard escogió a Clio, Sofia y Amber para ser su damas de honor, ellas también se quedarán en el palacio, yo seré la madrina - informó mientras entraban en el mismo.

- ¿Y quiénes serán los padrinos del novio? - preguntó con curiosidad el oji gris verdoso.

- Su hermano Alonso, el príncipe Derek y un amigo suyo.

- Conocí a esa familia hace un tiempo, si se parece a su hermano, será tan vanidoso como él - explicó Axel.

- ¡Rey Hugo!" - escucharon gritar con emoción a alguien.

- Hay no - se dijo mentalmente el oji verde al ver una de sus peores pesadillas.

La prima de Hildegard y Astrid estaba ensañada con Hugo desde que se lo presentaron pero eso había sido hace año y medio después de su matrimonio con Sofia lo cual provocaba los celos de su esposa.

- ¡Oh, qué alegría verte Hugo, veo que Sofia no está contigo! - expresó sinuosa.

- ¿Enserio?, ve de nuevo - se escuchó la voz de la susodicha acompañada de su hermano James y su esposa Vivian.

Sofia sonrió confiada y tomo el brazo de su esposo sonriendo con superioridad ante la molestia de la chica y alivio por parte de Hugo.

- Reina Sofía, es un gusto verla - hablo entre dientes la prima de Hildegard.

- Lo mismo digo - expresó con respeto pero vigilante la oji azul. Podrá ser muy educada pero defendería lo que es suyo con uñas y dientes.

- Bueno, Ana, ¿podrías avisarle a mi padre que nuestros invitados especiales ya llegaron? - pidió Astrid para sacarla de allí y evitar una pelea.

- Está bien - expresó como niña regañada y fastidiada para subir las escaleras en busca de su tío Henrick.

- Gracias Astrid - agradeció Sofia.

- Descuiden, sé que mi prima es un dolor de cabeza, solo estará aquí por la boda - río divertida al ver la cara de miedo de Hugo.

- ¿Y Hildegard? - preguntó Axel al no ver por ninguna parte a la novia.

- Mi hermana tiene a todo el castillo de cabeza, quiere una boda perfecta y sus exigencias son tan grandes como las de su novio y se desespera cuando algo no sale como quiere - explicó la princesa heredera - Supongo que ver a sus damas de honor le hará bien.

- Lo me hace preguntar, ¿dónde está Amber? - preguntó Hugo al darse cuenta de que la rubia no estaba.

- Esta afuera, tuvo un inconveniente con su vestido pero ya viene - respondió su esposa aún preocupada por lo sucedido en el castillo de Enchancia.

- ¿Qué te dije? - preguntó Axel a su hermano con sarcasmo.

Afuera había una Amber indecisa por qué vestido ponerse, si algo había aprendido era a ser precavida, siempre llevaba consigo dos vestidos en caso de emergencias como estas, al bajar del carruaje su vestido se rasgo con la puerta.

Al final se decidió por una versión adulta de su vestido amarillo de cuando era niña, entro al palacio y se dispuso a buscar a Hildegard y a sus hermanos, mientras caminaba no podía dejar de pensar en su mala suerte.

¿Cómo era posible que tuviera que casarse solo por una ley?, dos meses y tres días, solo tenía dos meses y tres días para casarse o le quitarían el derecho de ser reina, tenía que admitir que envidiaba pero en buena manera a sus hermanos, ellos se casaron por amor y le aliviaba el hecho de que ellos no tuvieran que pasar por esto pero se sentía impotente y triste porque no podía evitar algo que la haría infeliz.

Tan metida estaba en sus pensamientos que no prestaba atención a su alrededor y al cruzar a otro pasillo choco con alguien tirando a ambos al suelo.

- Lo siento - expresaron ambos al mismo tiempo como disculpa.

- Oh, pero si eres... - escuchó decir al joven con el que se había chocado.

Amber abrió los ojos para poder ver al chico y quedo muda al darse cuenta de que había chocado con Axel, el hermano mayor de su cuñado.

Para ambos fue como si el mundo se hubiera detenido, no podían despegar la vista del otro.

Amber admiraba aquellos ojos gris verdoso como si fueran lo más interesante del mundo, pudo notar que su cuerpo era firme y de buen porte, los hijos del rey Garrick siempre habían sido unos de los más guapos de la realeza, con su piel blanca y su cabello castaño que con los rayos del sol se podían notar destellos pelirrojos, definitivamente era un príncipe soñado.

Por su parte, Axel, no podía creer lo que veía ni lo que hacía, solo se dejaba llevar por sus instintos, en sus recuerdos había una niña rubia presumida y engreída y ahora tenía frente suyo a una mujer joven hermosa y con el cuerpo de una diosa.

Venus, esa era el nombre que se le venía a la mente, Amber le recordaba a aquella diosa griega del amor y la belleza, con un cuerpo fino y despampanante, una cintura de avispa, piel blanca de porcelana, su hermoso y sedoso cabello rubio era largo y le llegaba casi a la cintura y era adornado con su tiara preferida, el maquillaje no había dejado de sentarle bien pero se preguntaba cómo se vería sin él, sus bellos ojos Pardo coronados por aquellas espesas y largas pestañas parecían hechizarlo y sus labios rosados lo incitaban a probarlos.

Un momento, ¿qué estaba pensando? Al darse cuenta de que ambos seguían en el suelo se levanto y le prestó su mano para levantarse, podría ser que no le agradaba pero no por eso dejaría de ser un caballero.

Todavía algo atontada la rubia tomó su mano y en ese momento ambos sintieron una chispa, una corriente que les sacudió el cuerpo pero que al mismo tiempo era agradable.

Las mejillas sonrojadas, sus corazones latiendo a mil por hora y ese cosquilleo en sus estómagos que no sabían bien de que se trataba y de nuevo se encontraron encerrados en su propio mundo, como si la realidad a su alrededor no existiera y solo eran ellos dos.

Parecía que ninguno de los quería soltarse o decir algo pero lamentablemente la voz de Astrid los regreso a la normalidad.

- Ok Axel ya estoy lista, siento la tardanza, yo... - no pudo continuar ya que al ver la escena que se mostraba ante ella no sabía que pensar.

Ambos jóvenes la observaron como si acabaran de regresar de un sueño y al darse cuenta de cómo estaban se soltaron rápidos y sonrojados.

- Gra...gracias...por ayudarme Axel y ciento haber chocado contigo - hablo con dificultad la princesa heredera de Enchancia mientras usaba su abanico para que no se notarán sus mejillas sonrojadas.

- Si...no...no hay de qué - hablo igual el príncipe de Albuquerque.

- ¿Están bien?, ¿sucedió algo malo? - preguntó Astrid preocupada de que algo malo hubiera pasado.

- ¿He?, no, descuida Astrid, solo...solo no me fijé por dónde iba y accidentalmente choque con Axel...es que...tengo...muchas cosas en que pensar - respondió expresando lo último con tristeza.

- Me imagino, debe ser difícil elegir el atuendo perfecto para entrar al castillo, otro para la cena y otro para el desayuno y de más cosas triviales, ¿verdad? - insinuó con sarcasmo el oji gris verdoso.

- ¿Disculpa? - preguntó Amber enojada.

- Si, tú no te preocupas por nada más que tu ropa, joyas y que todo el mundo sepa que ere perfecta -le respondió con los brazos cruzados y una ceja alzada.

- ¡Estas equivocado, eres un tonto! - le insulto sintiéndose atacada.

- Oh, discúlpame por decir lo obvio niña, te conozco y eres una niña mimada y consentida que no sabe hacer nada más que ser princesa - contraatacó acercándose a ella.

- ¡¿Cómo te atreves?! - gruñó la rubia haciendo lo mismo.

- Ok, ok, ya basta, Axel déjala y Amber, mi hermana te espera en su habitación, será mejor que vayas o hará un escándalo - le pidió a la princesa heredera.

Amber miró con enojo al chico y con aquella misma expresión que uso para su hermano menor en el pasado se retiró para subir las escaleras a la habitación de su amiga, ya había visitaba el castillo desde niña no tenía problema en saber dónde era.

- ¿Porque la trataste así?, ella es la heredera de Enchancia - le preguntó Astrid a su amenos amigo.

- Solo dije la verdad, conozco muy bien a Amber, siempre fue una niña mimada y consentida que persiguió a mi hermano por años y no creo que sea así de fácil que haya madurado, nunca le ha importado alguien más que sí misma - explicó el joven observando con molestia el camino por donde la joven princesa se había ido.

- Hay Axel, deberías tener más cuidado, no sea que su padre o su hermano te escuchen y te cuelguen por molestarla - le advirtió la peli negra.

- Mejor vámonos o se nos hará tarde para el paseo en trineo - hablo suspirando con cansancio.

- Tienes razón - contestó feliz y sonrojada Astrid, ya lo tenía planeado todo y esta sería una de las ocasiones en las que intentaría unirse más a su amado.

¿Qué más romántico que un paseo en trineo?, agradecía que el clima de su reino fuera frío todo el año, intentaría enamorar a Axel.

- ¿Cómo?, ¿es enserio? - preguntaba un Hugo asombrado a su esposa.

- Si, si no se casa en tres días después de ser nombrada reina no podrá ejercer su cargo nuca - explicaba con tristeza la oji azul.

- Lo siento mucho mi amor, debes estar muy triste por tu hermana pero me dices que al menos ella puede elegir, ¿no?, aún hay esperanza - le animó al abrazarla.

- Si pero ¿cómo encontrar a su alma gemela en tan solo dos meses? - preguntó angustiada.

- Sofia, amor, tú nunca pierdes la fe y Amber te necesita para darle ánimos, es una de las cosas que más amo de ti, siempre nos inspiras a ser mejores a creen en nosotros, estoy seguro que encontrarás la forma de ayudarla - le animó su esposo con un dulce beso en la frente.

- Oh, Hugo, gracias - contenta lo rodeó el cuello masculino con sus brazos y le dio un gran y apasionado beso, lo amaba tanto.

- Te amo mi reina, nunca dejes de perder la fe en ti - le pidió al juntar sus frentes mientras sonreían como un par de tontos enamorados.

- Gracias, mi rey - de ese modo se volvieron a besar dulcemente.

Hugo conocía los poderes del amuleto y sobre el deber de protectora de su esposa y siempre que podía la apoyaba y ayudaba.

Ella era su heroína favorita, siempre dispuesta a dar todo por las personas que ama, incluso su propia felicidad, la amaba con todo su corazón y por eso no permitiría que su amada reina se dejara caer por las dificultades y la tristeza, él vivía por ella y moriría por ella de ser necesario.

En ese mismo momento Amber ya le había contado su problema a Hildegard y Clio que iba llegando.

- Oh, Amber, eso es terrible, pero ¿no hay forma de abolir esa ley? - preguntó Clio.

- Eso quisiera pero ni mi padre puede, es una ley antigua y él no puede borrarla - explicó sintiéndose derrotada.

- Bueno, al menos puedes escoger quien se casara contigo - dijo Hildegard.

- Pero ¿quién se enamoraría en dos meses y tres días? - preguntó frustrada dejándose caer en la cama de su amiga.

- ¿Y no tienes a nadie en mente? - le preguntó la princesa heredera de Corinthia.

Amber no entendía porque pero en ese momento le vino a la mente la imagen del rosto de Axel y sin poder evitarlo sus labios se curvearon en una sonrisa de felicidad y soñadora y aquellas sensaciones regresaron a ella para luego recordar cómo la había tratado y cambiar su rosto a uno enojado.

- ¡Grrr!, ¡estúpido! - gritó enojada y dejando muy confundidas y desconcertadas a sus dos mejores amigas - Oh, perdón.

- ¿Quién es un estúpido y porque sonreías como boba por él? - preguntó Hildegard con una sonrisa de que no podía esperar para saberlo.

- ¿Qué?, ¿yo sonriendo como boba? - preguntó sin poder creerlo.

- Si, parecía que estabas pensado en algo o alguien que te hacía muy feliz pero luego te enojaste, ¿qué sucedió? - le preguntó esta vez su amiga morena.

- Bueno, es que...mientras venía me encontré con Axel, el hermano de Hugo o más bien choque con él ¡y el muy estúpido se burlo de mí y me insulto! - gritó exasperada.

- Bueno, no te preocupes mi hermana sabrá qué hacer con él, en estos momentos está tratando de conquistarlo - les contó a sus amigas la princesa de casa.

En ese instante Amber sintió una punzada en su estómago y en su corazón y no sabía porque la sola imagen de Astrid y Axel juntos le causaba nauseas.

- ¿Enserio?, no sabía que tú hermana estaba enamorada de él - hablo Clio quien si había notado el cambio de ánimo en el rosto de su amiga rubia. ¿Podría ser que Amber...?

- Desde que se conocieron y le dije que debería aprovechar ahora que está soltero o alguien podría quitárselo - les contaba mientras se retocaba su maquillaje - parece que muy pronto tendremos otra boda que celebrar.

Clio observo con atención a Amber, la rubia parecía luchar contra sus sentimientos, ¿acaso Amber sentía algo por Axel?