Capítulo II
–No quieres tomar una taza de café.–Me dice a la oreja.
–Yo…no creo que sea buena idea.
–Por favor, somos adultos o ¿no? Será solo un momento.– Yo vuelvo a perderme en sus ojos contagiándome de su seguridad. Le cojo la mano y salimos del coche.
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Sesshomaru
Ella abre la puerta de su casa, pasamos, se saca los tacones y me pide que haga lo mismo con mis zapatos.
–Viví muchos años en Japón, soy japonesa– me responde una pregunta no formulada.– Bueno, mis tatarabuelos paternos son de allí. Sé que mis rasgos no lo parecen…Mmm…¿te gusta Japón?
–No conozco Japón.
–¿En serio? – Parece extrañamente sorprendida
–SÍ…bueno, mucha gente tampoco.
–Qué extraño.
–¿Qué es extraño?–Ella coge mi mano y entrelaza sus dedos con los míos. Ahora me lleva a la sala y me empuja suavemente para que me siente sobre su sillón blanco.
–Ahora vuelvo.–Sonríe y la veo irse hacia no sé dónde.
Recorro con la mirada el lugar en el que estoy, detrás de mí hay una pared lila con tres cuadros colgando de él. A mi derecha una pared blanca con un enorme espejo de marco marrón como único accesorio, frente a mí una pequeña mesa circular de vidrio con separatas, dos velas, un libro y un pequeño toro de cerámico sobre él. Todo esto sobre una alfombra con franjas de colores demasiado femeninos para mi gusto, noto que los cojines del sillón llevan el mismo color que la alfombra. Antes de terminar mi escrutinio sobre su colorida sala, la anfitriona llega con un libro grueso negro en sus manos. Parece sorprendida de verme.
–Sigues aquí.– Dice en un susurro pero soy capaz de oírla, no sé si lo dijo porque esperaba que me vaya o no.
Ella se sienta a mi derecha con las piernas sobre el mueble, abre el libro que resultó ser un álbum de fotos muy grueso y lo coloca sobre mis piernas.
–Quiero que conozcas Japón.
–¿Qué?
–Voy a enseñarte Japón. Bueno, los recuerdos que tengo de él.
Ella comienza a pasar las fotos que guarda, me describe cada una de ellas, y no lo entiendo. No entiendo por qué actúa como si yo fuese un amigo suyo al que le pueda interesar saber los castillos o templos a los que fue a rezar a no sé qué dios. Cuando me pidió que la acompañara creí otra cosa, mucho menos no pensaba en que me hiciera un collage de sus vacaciones en el país nipón.
–Y aquí estoy debajo del Goshinboku. Sabes, este árbol tiene la leyenda de…
–Espera.–La corto.
–¿Qué pasa? Acaso ya te aburrí.
–Yo…qué se supone que estoy haciendo aquí.
–Escuchándome.–Me responde como si fuera lo más obvio.
–Sabes lo que quiero decir.
–…
–Lo del taxi…–Ella por fin parece notar la situación en la que estamos, se separa de mí y baja la cabeza para que no la vea.
–Ah…eso.
–No pasa nada, yo lo entiendo. –Veo cómo juega con sus dedos, nerviosa.–Será mejor que me vaya...No sé en qué estaba pensando.– Lo último lo digo más para mí que para ella. Me levanto y antes de que dé un solo paso ella coge mi mano.
–¿Habría algún problema si te pido que te quedes?
–Soy un hombre, Rin. Y justamente por eso no debería estar en tu casa ni en la de ninguna otra mujer…– Diablos, Kagura. Mierda.
–Quédate. Solo un momento…por favor. –Ella aprieta su agarre.
–Lo siento pero yo no…–Ella se pone de pie de un brinco y se lanza sobre mí. Rodea mi cuello con sus brazos y me jala para besarme.–…puedo.– Es lo último que digo antes que ella vuelva a besarme. Supongo que el alcohol en mi cuerpo hace que sienta que sus labios son los más adictivos que he probado…A la mierda todo, la aprieto contra mí y la beso con extrema pasión que no debería sentir por una extraña. Sé que cuando el alcohol sea expulsado de mi sistema, me arrepentiré de esto, y mucho.
–Tu cuarto…–Ella me señala hacia la derecha con su índice. La cojo en brazos y me la llevo, no dejo de besarla antes de depositarla sobre su edredón morado.
La desvisto y ella hace lo mismo conmigo, es hasta gracioso cuán difícil puede ser desabrochar un sostén cuando estas tan concentrado en besar los labios y el cuello de tu acompañante. Nunca había estado tan ansioso.
Cuando la siento lista, me agacho a coger un condón de la billetera de mi pantalón tirado debajo de la cama. No llevo uno, mierda. Mierda. Mierda.
–No traigo condón.– Le informo.– ¿Tienes uno?– Ella niega con la cabeza. Joder.
Pasan los minutos y yo sigo sobre ella, desnudos. Entonces ella vuelve a besarme y yo vuelvo a desbordarme de excitación por hundirme en ella.
–No estoy protegido.
–Está bien, no te preocupes.
–Estoy limpio, lo juro.
–Confío en ti.–Ella me regala una de las sonrisas más encantadoras que una amante te pueda dar. Yo le acaricio el rostro con el dorso de mi mano, en verdad es hermosa.
–¿Por qué dijiste que era extraño que no conociera Japón?– No sé por qué le dije eso, seguro aún es el alcohol. Ella vuelve a sonreírme.
–Porque pareces de esos hombres que lo conocen todo. Que lo pueden todo.
–¿Algo así como un dios?
–Yo no blasfemaría así.–Suelta una risilla.– Pareces un hombre que ha vivido tanto, no sé cómo explicarlo pero me atrae fantasear en la maravillosa vida que debes tener.
–Bueno, es una fortuna tenerte aquí.–Me aprieto más contra ella. Ella debe seguir ebria para decir algo sin sentido como eso.
La vuelvo a besar y al fin logro poseerla. Quiero pensar que esto es solo sexo pero sospecho que para ella no lo es.
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Rin
Lo siento moverse y yo trato de hacer lo mismo con mis caderas. No puedo evitar gemir al sentirlo más fuerte.
Nunca me imaginé llegar hasta aquí. Acostarme con un extraño ni si quiera era una de mis fantasías pero he me aquí, gimiendo con solo uno de sus besos. Nunca creí que un tipo que apenas traté unas horas podría gustarme tanto…Bueno, debo confesar que después de lo que me enteré hace tres meses muchas cosas cambian para mí.
–Hmp, eres jodidamente estrecha.
Lo escucho gruñirme mientras aprieta uno de mis pechos. Está siendo más rudo de lo que alguna vez fueron conmigo. Me pregunto si él lo supiera seguiría siendo tan apasionado conmigo. Quizá eso es lo que en verdad me gusta de él, que no sabe nada. Nada sobre mí. Para él solo soy la chica fácil que conoció en un bar. Quisiera ser solo yo para la gente que conozco, pero no funciona así para ellos. Por eso me mudé, por eso renuncié a mi vida en Japón.
–Espera. Detente, por favor.– Trato de llamar su atención tirando de uno de sus hombros. Él se detiene y me mira, parece algo molesto.
–¿Qué sucede?–Yo suelto un profundo suspiro antes de seguir.
–Sé que no me conoces pero…–Quizá sea la mayor estupidez que diga en mi vida pero quiero hacerlo.– Podrías…tú...¿podrías hacerme el amor?– Me siento como una jodida idiota pero no puedo detener mis lágrimas.
–Tranquila…¿qué pasa Rin? Acaso te lastimé.–Él es tan tierno.
–No pasa nada. Solo soy una romántica.–Él me sonríe como pocas veces lo vi hacerlo.
–No soy un hombre de romanticismos, Rin. Pero…te haré sentir tan bien.– Yo lo vuelvo a besar y lloro ahora de alegría. –¿Segura que estás bien?
–Sí, no es nada.– Solo me estoy muriendo.
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Hola chicxs, gracias por su apoyo. Nos leemos :)
