Hola de nuevo.

EMPEZARON A APARECER PERSONAJES CONOCIDOS SIIIII, CREO QUE ESTOY MAS FELIZ QUE USTEDES.

Luego de bañarse, Tori se cambió de ropa. Moore la había puesto al cuidado de dos mujeres jóvenes de las cuales la chica no sabía nada, ni siquiera los nombres. Tampoco era como si importara. Su vieja vestimenta fue llevada a lavar. No la podría usar dentro de las instalaciones, pero al menos se la dejaron quedar. También le permitieron conservar las fotografías y el dibujo que Mike le había hecho por su cumpleaños tan solo unos días atrás. Tori se acomodó en la mullida cama. No podía dejar de pensar que su hermano estaba durmiendo en otra parte. Lejos de ella.

La habitación en cuestión consistía en una cama, una mesa de luz con una lámpara y un reloj, un armario, y por ultimo una puerta que conducía a un diminuto baño. No era mucho, y por algún motivo la hacía sentir claustrofóbica. Suspiro y se acomodó mejor, tratando de dejar su mente en blanco. Esa sería una larga noche.


A la mañana siguiente llamaron a su puerta. Tori se tapó con la sabana, cubriendo su cabeza y renegando.

-Cinco minutos más mamá…

-¿Señorita Evans? Debe levantarse, se le hará tarde para el desayuno.

La chica salió de su escondite sintiendo una angustia gigante en su pecho. Por un momento había creído estar de vuelta en su casa, con su madre sana y salva. Pero no era así. Sin embargo, el día anterior, Moore había hecho la promesa de que podría reencontrarse con Mike a la hora del desayuno…. Aunque sea tenía una motivación para levantarse de la cama.

-¡Okey!-Exclamó la chica parándose.- ¡Esperé un minuto!

Tori se aproximó al baño que solo constaba de un inodoro y un lavamanos. A fin de cuenta las duchas eran comunitarias, divididas por sexos, según había explicado Moore. Se miró al espejo. Estaba hecha un verdadero desastre, pero al menos se encontraba limpia. Mojó su cara y se hizo una cola de caballo. Suspiró y volvió a la habitación para cambiarse con la vestimenta gris y aburrida. Unos minutos después abrió su puerta. No entendía bien porque, pero las habitaciones de "los reclutas" no tenían puertas automáticas, si no que aún se debía tomar la manija y llevarla hasta abajo para abrir. "Un método un tanto arcaico para un lugar de tal magnitud como lo es CRUEL" pensó para sí misma Tori mientras se le dibujaba una sonrisa disimilada en sus labios.

-Muy bien, aquí estoy.-Dijo la chica cursándose de brazos y observando a una mujer pelirroja de nariz extremadamente grande y ojos verdes pequeños. Al igual que las demás, el miembro de CRUEL lucía un rodete ajustado que la hacía parecer una persona sumamente rígida y seria.

-Sígame.

Dando un suspiro exagerado, la niña comenzó a seguir a la mujer. No pasaron más de cinco segundos antes de que Tori preguntase porque tenía que escoltarla hasta el comedor.

-Son las reglas. Es tu primer día aquí, cuando tengas tu programa con los horarios correspondiente a tu grupo, entonces no me necesitaras. De hecho seguramente te lo darán al salir del comedor.

-¿Programa? ¿Horarios? ¿Qué es esto, una escuela?

La mujer rio pero no contestó nada más.

Los pasillos de CRUEL eran iguales, monótonos, repetitivos y grises. Tori no podía dejar de pensar que el líder de la organización debía tener una seria obsesión con el color gris.

De pronto la mujer se detuvo frente a dos puertas abiertas de par en par que dejaban ver un gran comedor lleno de chicos y chicas. El recinto consistía, obviamente, de cuatro paredes, pero una era vidriada, por lo que los doctores que estuvieran atravesando los pasillos podían ver perfectamente a los niños comer. La chica comenzaba a sentirse literalmente como una rata de laboratorio. Observada en todos lados y en todo momento.

-Suerte.

-Como sea.

Tori ingresó al comedor, dejando atrás a la pelirroja de nariz prominente. Había en total cuatro mesas largas que atravesaban la habitación. Dos estaban llenas de chicas, y las otras dos, de varones. Por algún motivo ambos sexos no se mezclaban. En la pared de enfrente, casi llegando al techo, se encontraba un gigantesco reloj, o mejor dicho, una cuenta regresiva. "La primera prueba dará comienzo en…" Y luego, con un rojo brillante, los números 19:29:09 resplandecían.

-¡Oye! ¿Te vas a mover o no?

-¿He?...- Sin darse cuenta Tori se había colocado en la fila para pedir la bandeja de comida. La chica delante de ella había avanzado y ahora era su turno de moverse. Sin contestar a la agresividad del chico de detrás de ella, Tori dio dos pasos hacia adelante, mientras escuchaba como otro niño lo retaba "Gally, se más amable con la nueva" "No es mi culpa que no se mueva, Ben" contesto de mala gana el chico. "¿Ella es la nueva?" Ahora una chica había intervenido en la conversació completamente increíble lo maleducadas que esas personas eran, estaban hablando de ella a sus espaldas. Literalmente. "Esperen, ¿quieren cambiar a una de nosotras por esta niña flacucha y débil? Se debieron haber vuelto locos, solo mírenla"

-¿Locos? No lo creo, de hecho se ven bastante inteligentes. Supongo que ustedes deben ser un desastre como reclutas para querer ser reemplazadas por esta niña flacucha y débil. - Contraataco Tori mirando de arriba abajo, y con desprecio a las chicas que se encontraban detrás de ella.

-¿Qué acabas de decir, demente?- Dijo una de las jóvenes.

Tori estaba dispuesta a iniciar una pelea, pero la mujer que servía la comida le estaba entregando su bandeja.

-Gracias.- Contesto la chica mirando con hambre un jugo de naranja, dos tostadas y un huevo revuelto.- Adiós, fue un gusto.- Dijo la joven dedicándole una mirada engreída a las niñas detrás suyo, quienes se veían a punto de estallar.

Primera impresión: un completo éxito.

Comenzó a caminar hasta llegar al medio del comedor. Estaba perdida. No veía a su hermano por ninguna parte y la preocupación iba en aumento.

-¡Oye nueva!

Tori se volteó para ver a una niña de su edad, o quizás un poco más grande, sonriéndole y mostrándole con un asiento libre a su lado. No tenía que ser una genial para descifrar que quería que se sentara a su lado. Mirando de soslayo las mesas de los varones, para comprobar si Michael estaba allí, Tori comenzó a avanzar hasta donde la chica sonriente le indicaba.

-¡Hola!

-Hola.

La muchacha tenía unos enormes ojos verdes y su pelo rojizo le llegaba hasta los hombros. Era blanca como el papel, haciendo que sus pecas resaltasen en su rostro.

-Bienvenida.- Saludo la desconocida.- Mi nombre es Sonya.

-Tori.

-¡Tú!

Tori giró su cabeza para encontrarse con la chica rubia que estaba detrás ella en la fila de comida. Parecía enojada por los comentarios que había recibido por parte de Tori.

-¿Quién rayos te crees que eres? Hablándole así alguien que ha estado aquí mucho más tiempo que tú. Sera mejor que te calmes nueva o te juro que…

-¿O qué? ¿Qué harás exactamente Beth?

Una chica de tez oscura y pelo enrulado había intervenido. Estaba sentada enfrente de Sonya, y aunque su tono de voz era tranquilo transmitía una autoridad inmensa.

-Harriet… yo… Esta chica se atrevió a burlarse de nosotras. Dice ser mejor, y que por eso reemplazaran a alguna de nosotras por ella.

-Y serás tú si no te tranquilizas… deja a la nueva en paz, enserio, relájate o te dará un ataque.

Beth fulminó con la mirada a Tori, y se fue a sentar a otra mesa.

-Gracias.- Dijo la hermana mayor de Mike.

- No creas que eres mejor, nueva. Eh intenta mantenerte alejada de problemas. Créeme que no siempre estamos vigiladas, y aunque yo no quiero desquitarme contigo, Beth y sus amigas de seguro que sí.

-¿Qué quieres decir? ¿Acaso quieren darme una paliza?

-¿Tu qué crees? La única razón por la cual estas aquí, es porque te creen valiosa. Y eso significa una sola cosa. Una de nosotras puede irse.

-Pero no te preocupes…- Intervino Sonya.- Solo no te les acerques mucho. Quédate con nosotras y problema resuelto.

-Escuchen, es muy amable que quieran ayudarme y todo, pero la verdad es que lo único que quiero es…- en la mitad de la oración Tori vio a Michael, con una bandeja, caminando sin rumbo por el comedor. Se lo notaba completamente perdido.

La chica se paró con la intención de ir con Mike pero de pronto vio como un chico rubio comenzó a darle palmas amistosas en la espalda a su hermano. Un segundo después el mismo muchacho de pelo dorado lo condujo hasta su mesa y lo presentó a todos los demás jóvenes, quienes recibieron a Mike con grandes sonrisas. Era increíble como a ella querían matarla, y a su hermano le daban la bienvenida con los brazos abiertos.

-Realmente deben estar ansiosos de que las dichosas pruebas comiencen.- Dijo Tori en voz alta, observando como todos los niños se encontraban felices por la más reciente adquisición a su grupo.

-No, no es eso novata.- Dijo Sonya negando con la cabeza.

-¿A qué te refieres? ¡Mira lo contentos que están! Solo les faltaba un recluta para empezar las pruebas, y ahora lo tienen.

-¿Enserio crees que están contentos?

La chica se dio vuelta. Harriet, quien hasta ese momento había estado en silencio jugando con su comida, ahora fulminaba con la mirada a Tori. – Dios, se nota que vienes del exterior. Nadie quiere empezar las pruebas, tonta. Pero luego de haber pasado la mitad de nuestras vidas encerrados dentro de cuatro paredes… bueno, creo que es comprensible que queremos largarnos de aquí.