Cómo ya he diiiichooo Shugo Chara no me pertenece, ojalá que fuera así... pero no... XDDDDD Sin embargo, la trama y el desarrollo son 100% mío. Venga, y ahora que lo saben, a leer!

Capítulo 2.

-¡Amu-chan!- ¿Esa era la voz de Yaya? Naaah… no podía ser… -¡Amu-chan! Despierta…- O quizás sí.

-¿Mmmmh?- Emití a modo de respuesta por tanto griterío.

-Amu-chan, es absolutamente increíble que te olvidaras de la cita que teníamos todos para ir hoy a palacio- Un momento, ¿era esa Rima?... pero lo más importante… ¿cita?...¿palacio? Ohhhh… ¡mierda! Se me había pasado. Abrí los ojos inmediatamente, observando cómo ante mí se encontraban todos. Reí levemente, notando como la sangre corría desesperadamente hacia mis mejillas, ruborizándome. Suspiré.

-Perdón. ¿Me quedé dormida?- Inquirí… pero resultaba bastante obvio que así había sido. Todos asintieron a la vez, unos con cara de indignación y otros (cómo Yaya) con cara de bebé enfurruñado.

Me desperecé con apuro por parte de Yaya, y me encaminé hasta el aseo junto a ella. Yo, todavía medio grogui, me dejé hacer por Yaya. Ésta se encargo de meterme a rastras en la ducha, de desenredarme el rosáceo pelo hasta dejarlo extrañamente sedoso y recogerlo en mi típica trenza. Me sacó del baño y me dejó junto al armario, pasando al turno de Rima. Ésta me miró con una cara de desaprobación momentánea.

-Mmmmh... yo me encargaré de la vestimenta de Amu-chan. Chicos, esperen fuera- Nagihiko y Kukai no se hicieron de rogar y obedecieron al instante. Rima dirigió la vista hacia mí con cara inquisitiva, y después hacia Yaya, que se encontraba sentada en uno de los extremos de mi cama. Rima se precipitó contra mi armario y comenzó a extraer y extraer vestidos.

-Éste no, éste tampoco, éste jamás…mmmh… quizás éste sirva- Tomó un vestido rosado pálido, que me llegaría por encima de las rodillas. Suspiré. Rima volteó hacia mí con una sonrisa pícara y me lo tendió encima, haciendo que obligatoriamente tuviera que cogerlo. Gruñí. ¿Enserio pensaba que me pondría aquello?

-Por supuesto que te lo pondrás, Amu-chan- ¡Cachis! Fue como si me hubiese leído el pensamiento. Puse los ojos en blanco y comencé a desvestirme a un lado del armario mientras sustituía mi camisón para dormir por el vestidito que había seleccionado Rima por mí.

-No te quejes Amu-chan… ¡Mírate! Estás perfecta- Una sonrisa satisfecha se dibujó en el rostro de Rima mientras que yo efectuaba un puchero. Yo no me veía para nada bonita. Yaya se acercó detrás mío y depositó sus manos en mis hombros, mientras me posicionaba delante de un espejo de cuerpo entero y me contemplaba en éste con una sonrisa entusiasta.

-Porfavor, salgamos de aquí antes de que comienza a quitarme éste vestido a tiras- Suspiré. Ambas me miraron con cara estupefacta, pero acabaron cambiando esa expresión para poner los ojos en blanco, cosa a la que yo sonreí.

Bajamos por las escaleras hasta la primera planta. Inhalé, y al hacerlo descubrí el delicioso aroma de el desayuno que estaba preparando mi madre. Y sin darme cuenta, comencé a babear.

-Esperad, ahora que lo pienso, no he desayunado- Añadí con desesperación mientras me paraba junto a la mesa del comedor.

- Oh, que tragedia- Comentaba con sarcasmo Kukai. Suspiré y tomé una manzana de las que había en la mesa para el camino. Me despedí de mi familia, y me dirigí a la puerta, dónde ya todos me esperaban.

Al salir, miles de rayos de sol se dejaron caer sobre mi piel, provocándome cierta ceguera a primeras. Alcé la vista hasta el cielo. Qué hermoso se veía todo. Un cielo azul lo inundaba todo, apenas habían nubes que estorbaran. Todos nos encaminamos hacia el palacio. La verdad, tardaríamos un poco en llegar, pero en realidad no importaba demasiado… hacía un día demasiado estupendo. Sonreí.

Todos comenzaron a hablar entre ellos, mientras que yo decidí mantenerme al margen, deleitándome con cada pizca de rayo solar que chocaba contra mi piel, o cada rastro de brisa que llegaba a menear levemente mi trenza.

-Amu-chan está en las nubes…- ¿Hablaban de mí? Salí de todos los pensamientos posibles y de todo lo que me distraía para dirigir la vista hacia mi grupo de amigos. – Porfin vuelves, Amu-chan- Comentó con una sonrisa Nagihiko. Suspiré.

-Últimamente estás taaaaan distraída Amu-chii- Añadió Yaya con cierto desagrado.

-Perdón, chicos- Me sonrojé a causa de la vergüenza. – La verdad, ni siquiera yo sabía la razón de por qué me ausentaba tanto psicológicamente. Esbocé una sonrisa tranquilizadora mientras agitaba la mano levemente –No es nada, tranquilos -.

Sí, claro, no era nada… pero bien que me volvía ausentar una y otra vez. En esos momentos el suave ruido del roce de algo contra el duro suelo y unos leves "clop,clop,clop" me hicieron voltear la vista, bueno, lo hicimos todos. Nos encontramos una carroza de la que provenía aquel sonido, y el "clop,clop,clop" eran los cascos de los dos caballo que tiraban de ésta al chocar con el suelo.

La carroza, la cual no se detenía al vernos delante de ella, parecía que pensaba atropellarnos… así que no nos quedó otra que repartirnos a ambos lados de el paso, dejando continuar a la carroza con su feroz trayecto. Gruñí. Fuerte mala educación.

Antes de que la carrozara pasara junto a nosotros, coloqué la mirada sobre una de las ventanas de ésta, intentando averiguar de quién provenía aquel intento de "asesinato". Estaba preparada para proporcionarle al pasajero de esa carroza una mirada asesina. Sin embargo, no pude hacer gran cosa. Lo único que atisbé a ver fue una cabellara azul intenso ondearse a la suave brisa, y unos ojos azul zafiro observarme levemente desde el interior.

Un escalofrío me recorrió la columna al ver aquellos intensos ojos ocultarse posteriormente tras esa cabellera azul que se ondeaba de manera rebelde.

Observé, bueno, observamos todos cómo la carroza continuaba su camino, casi sin percatarse que estábamos junto a ella. Todos volvieron a rejuntarse, pero, por el contrario, yo me mantuve estática en mi lugar.

-¿Hinamori?, ¿Estás bien?- Inquirió Kukai, balanceándome levemente por el hombro. Ante esto, salí de mi pequeño trance. Todavía no entendía muy bien el por qué de mi reacción ante esos penetrantes ojos.

-S-sí, estoy bien- Sonreí de manera inocente. Comencé a caminar, retomando nuestro camino hacia palacio. Di unos pasos, posicionándome a unos metros de mis amigos, incitándoles a continuar con la mano. – Vamos, llegaremos tarde, ¿no? – Inquirí. Al hacerlo todos parecieron haber caído en ello y continuaron caminando con algo más de prisa a cada paso.

En menos de lo que esperábamos ya estábamos en el palacio. La verdad, yo nunca le había prestado gran atención a ese sitio. Se encontraba algo alejado del pueblo por propia seguridad, al igual que se encontraba en un valle por la misma razón. El palacio no era para nada cómo me lo había imaginado… sinceramente… pensaba que era más grande. Era de un color rojo salmón en las paredes y algo más oscuro en los techos, era algo estrecho, pero lo suficientemente alto, con varias torres incluso. Delante del palacio habían unos jardines bastante bonitos, con todo tipo de flores, y alguna que otra fuente… Pero… lo peor era que delante de nuestras narices, habían muchísimas escaleras, para… simplemente, abrir la puerta principal.

Suspiré.

-Llegamos…-Anuncié, a pesar de que todos ya lo habían notado. El trayecto hasta el palacio nos había cansado un poco, pero… esto era peor; cientos de escalones delante nuestro… ¡aghhhh!

Antes de emprender la marcha sudorosa hasta la puerta, decidí echar una última ojeada al jardín delantero, percatándome de que estaba allí… la carroza que estuvo apunto de atropellarnos estaba allí. Un escalofrío cómo el que había recibido anteriormente me volvió a recorrer toda la columna, haciendo que me volviera a quedar estática en mi lugar de nuevo, maldición.

-Otra vez no…- Escuché cómo Yaya se quejaba mientras me tomaba por los hombros y volvía a balancearme, sin delicadeza alguna porcierto. Le hubiera agradecido que me sacara de aquel trance, pero no me gustó la manera en que lo hizo, así que gruñí interiormente y esbocé una sonrisa ladina exteriormente.

Comenzamos a subir escalones, y escalones, y escalones… hasta que porfin llegamos arriba. ¡Aleluya! Ohhh… bendito momento en el que terminamos de subir. Suspiré y observé al resto de mis amigos. Rima destacaba entre todos, pues el precioso conjunto que había escogido para presentarse ante el Rey ahora tenía unas leves marcas de sudor debido al poco ejercicio que se dedicaba a hacer ésta chica. Reí. No había cambiado en nada.

Al recobrar la compostura nos adentramos en el castillo con curiosidad. Nada más introducirnos en éste comencé a cotillear en silencio, escrutando cada mueble, cada losa del suelo, cada ventana abierta, cada persona que pasaba a nuestro alrededor… incluso al mayordomo que nos acompañaba hasta la sala del trono.

Sin embargo, "mi proceso de inspección" (por no llamarlo "mi momento de ejercer cómo cotilla a más no poder") no duró mucho más. Atravesamos un pequeño puente entre una parte del palacio y otra y llegamos a la esperada sala del trono.

El mayordomo llamó a la puerta y tras un "Adelante" nos anunció a todos cómo jóvenes que buscaban trabajo y caminamos por una larga alfombra roja hasta el trono… dónde se encontraba el Rey; un hombre regordete de una edad avanzada ya.

Nagihiko, que era el apropiado de todos nosotros comenzó a dirigirse al Rey, explicándole que simplemente buscábamos trabajo para ayudar a nuestros correspondientes padres. Después de esto nos pidió que nos presentáramos cada uno, anunciando al menos tres palabras que nos describieran.

-Mi nombre es Hinamori Amu, tengo dieciocho años y soy…- No me dejaron acabar, me vi interrumpida por mis compañeros, que supuestamente me describieron a la perfección con más de tres palabras : Intrépida, testaruda, mandona y valiente. No podía discutir aquello.

El Rey me observó con mirada inquisitiva, con absoluto escrutinio.

-¡Eres perfecta entonces!- ¿Eh? ¿Perfecta?... ¿Perfecta para qué?

Todos quedamos ahogados en un mar de dudas al escuchar las palabras que había pronunciado éste hombre. Oh Dios. A saber para qué era perfecta. Por un momento, temí de lo peor, pero todo aquello pasó al escucharlo hablar de nuevo.

-Verán, tengo una hija cómo ya sabrán… Yamabuki Saaya, mi niña consentida- Ah sí, ya había oído hablar más de una vez sobre el Rey y sus absolutos consentimientos hacia su hija. Continué atendiendo.

-Y está por casarse, pero ella no lo desea.- El hombre sentado en el trono suspira con desgana -Es un matrimonio concertado, con uno de los mejores pretendientes habidos y por haber: un hombre apuesto, romántico, algo pícaro, divertido, inteligente… No sé por qué mi hija no le da una oportunidad, si ni siquiera lo conoce – Al Rey se le nota angustiado.

- Tal vez es porque su corazón no está listo… - Comienzo a decir en un acto que iba a resultar bastante poético… pero vuelvo a ser interrumpida.

- Para nada. ¡Es culpa de los consentimientos! Está acostumbrada a hacer lo que quiere y cuando se le pide que asiente la cabeza, lo ignora por completo – Está enfadado. –Mi hija es absolutamente irresponsable. Tengo miedo de que en cualquier momento se acabe escapando para eludir sus responsabilidades- Yo simplemente asiento, todavía sin saber muy bien qué es lo que el Rey quiere que haga. – Y por ello, necesito tu ayuda, Hinamori Amu. Tu pareces ser la joven correcta para encargarse de mi hija; protegerla, cuidarla, obligarla a hacer lo que debe, y, sobretodo procurar que no cometa alguna imprudencia- Suspiro. Así que lo que quiere es que me convierta en una especie de niñera personal de una princesita. Pero bueno… no me queda otra, necesito el dinero.

-Está bien- Asiento levemente mientras hago una pequeña reverencia a modo de aceptación. El Rey sonríe con entusiasmo y llama al mayordomo. Unos minutos más tarde aparece por la puerta una joven que entra con una sonrisa infantil en sus labios.

-¡Hija!- Llamá el Rey a la joven, la cual levanta la vista y sonríe de forma entusiasta. Recorre toda la alfombra, llegándome a pasar literalmente por encima para poder refugiarse en los brazos de su viejo padre.

-¡Papi!- Fuerte voz chillona, irritante. La niña… ejém, digo, la joven, abraza a su padre y tras unos segundos dirige la vista hacia mí con aires de superioridad. Gruño interiormente.

-Hija… te presento a Hinamori Amu. Ella se encargará a partir de ahora de tu cuidado, supervisión y de tu absoluto bienestar- En otras palabras… soy tu niñera, querida princesa. Sonrío.

-Un honor conocerla, princesa- Me limito a contestar mientras efectúo una leve reverencia. Dirijo un momento la mirada hacia mis amigos… éstos todavía presencia la escena algo asombrados. Río por lo bajo.

-Lo mismo digo- Contesta la joven con su voz chillona y supuestamente autoritaria. –Papi, voy un momento al pueblo a hacer algunos recados por petición de mamá- Sonríe de forma instintiva y sale corriendo de una forma grácil por la misma puerta por la que entró.

-Si me permites, Hinamori, ahora te presentaré al prometido de mi hija. Adelante- El Rey dirige la vista hacia la misma puerta de antes, y yo hago lo mismo, cómo todos.

La espera termina y las puertas se abren. Una figura alta, esbelta y proporcionada hace su entrada. Una silueta muy bien vestida se aproxima a nosotros. Entonces, es cuando todo se detiene y lo veo. La silueta se quita la capucha que lo cubría y deja ver unos cabellos azul zafiro y unos ojos profundos y enigmáticos del mismo color. Vuelvo a quedarme paralizada, otro escalofrío, más intenso que los demás se precipita por mi espalda. El sujeto se acerca hasta nosotros. Al llegar, deja entrever unos blancos dientes, formando una pícara sonrisa tras esos mechones azul záfiro.

-Hinamori Amu, éste es Tsukiyomi Ikuto- Termina de anunciar el hombre regordete que continuaba sentado.

Bueeeeeenooo éste ha sido el segundo capi de mi fic XDDDD Me quedó bastante largo... pero hubo un momento en el que me inspiré demasiado y bueh... ésto fue lo que salió XDDD

Les agradezco si aparte de leer me dejan reviews, porfiiiiiiii =3 Me harían un gran favor, además de ayudarme a saber si continuar o no (L)

Bueno... nos vemos!