Pequeños Universos

II

Resiliencia

«Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o sitacion adversos»

Nos encontrábamos caminando, volviendo de la escuela nuevamente luego de un día de lo más... aburrido.

Genta no paraba de comentar sobre lo difícil que se le estaba haciendo las nuevas lecciones de matemáticas. No quiero ni pensar cómo este chico va a sobrevivir a las que le esperan en el Instituto

Haibara iba a mi lado, siempre callada. ¿Qué se le pasará por la cabeza a esta chica? Silenciosa y alejada de todo. Su expresión sería de siempre que rara vez dejaba de lado para dar paso a una sonrisa o algo más. Sus pensamientos me son un total misterio...

—¡Conan-Kun! —Llamó mi atención Mitsuhiko. Fijé mi vista rápidamente en el chico que estaba parado junto a sus amigos frente mío.

—¿Qué ocurre? —interrogué.

Los chicos se dieron unas miradas cómplices. ¿Que planeaban ahora? Cada día se volvían más y más traviesos, curiosos y deseosos de los misterios. Me recordaban a mi yo de pequeño, cuando corría por todo Tokio en busca de algún caso.

—¿Qué harás para tu cumpleaños? —la pregunta por parte de Ayumi me tomó por sorpresa.

¿Cumpleaños? ¿De qué hablaba? Esperen, ¿En que fecha estamos? No me digan que ya es cuatro de Mayo. No puede ser ¿O si?

—No me digas que se te olvidó... —comentó Haibara detrás de mi espalda. Su cara tan seria me hizo dudar y terminé por sacar el móvil y ver la fecha.

¿¡Tres de Mayo!?

¿En qué momento pasó tan rápido el año? Todo esto de la Organización y el FBI me ha tomado todo mi tiempo y ya ni se en qué fecha me encuentro. ¿Realmente llevo más de un año en esta condición?

—B-bueno... —Traté de sonar lo más calmado posible ante esta situación, pero Haibara pareció detectar mi repentina inquietud— No estoy seguro de querer hacer algo. —Las caras de los tres niños frente mío se apagaron drásticamente.

—¡Pero son ocho años! —Alegó Genta— Estás grande y yo con esa edad cuando los cumpla como mínimo y pediría una anguila de regalo. ¡Y haría una fiesta con anguilas!

—Bueno, es que realmente no quiero incomodar al tío y a Ran-neechan. —Mentí mientras buscaba más excusas para decirles a los niños.

—Pero Conan-kun... —la voz de Ayumi sonaba triste y apagada. Realmente no quería hacer sentir mal a ninguno de esos niños, se habían convertido en amigos que poco a poco fueron ocupando un lugar en mi vida.

—¿Y si mejor celebramos con una comida mañana en casa del Profesor Agasa? —sugirió Haibara.

La idea pareció gustar a los demás. Asintieron con gusto y yo no pude negarme ante tal oferta.

—Gracias Haibara. —dije una vez estuve lo suficientemente alejado de los niños como para hablar con la chica.

—No hay de que —contestó—. Simplemente empéñate por parecer contento mañana cuando esos niños te canten y celebren. No seas tan amargado.

La miré incrédulo.

—Mira quien lo dice... —solté.

Haibara me miró molesta, más no siguió con el tema. Se me acercó una última vez antes de irse con el grupo.

—Cuídate de caer en citas con tu novia. Ella insistirá demasiado esta vez.

—¿Cómo lo sabes? —Cuestioné sin entender del todo sus palabras.

—No todos los días tu novio cumple dieciocho años.

Sin más se adelantó hasta llegar al lado de Ayumi. Me quedé caminando detrás del grupo durante todo el trayecto hasta llegar a casa. Necesitaba meditar un poco todo esto.

¿Dieciocho años ya?

Más que alegría sentía impotencia ante todo esto. ¿Realmente ya llevaba más de un año con esta forma?

Por otro lado, recuerdo muy bien como terminó el encuentro el año anterior cuando Ran me pidió salir para celebrar mi cumpleaños... atrapados en un edificio y con una bomba a punto de explotar.

—¡Hola, Conan-kun! —La llegada de Ran a casa a esa hora me tomó por sorpresa en ese momento. Dejé de lado mis divagues y me concentré en la chica frente mío.

—Hola, Ran-neechan.

Me dedicó una sonrisa, dejó su bolso en sobre el sofá y se aventuró a ir a la cocina.

—¿Sabes que día es mañana, Conan-kun? —preguntó desde el interior de esta.

—N-no... —dudé por un momento en decirle que obviamente sabía pero opté por parecer indiferente ante la fecha.

—¿En serio se te olvidó? —Ran se asomó por el umbral de la cocina y me miró— Vaya... eres igual que él.

No tuve que pensar mucho para entender que con "él" se refería a mi, a Shinichi.

—Conan-kun. —Dijo en voz cantarina mientras se aproximaba hasta mí y se sentaba frente en el sofá— Mañana es cuatro de mayo, tú cumpleaños.

—¿E-en serio? No me di ni cuenta cuán rápido pasó el año, jeje. —Mi fingida sonrisa no bastó para calmar a Ran. No estaba del todo seguro, pero estos últimos días ha estado muy rara conmigo y creo que puede estar sospechando de nuevo.— V-voy a celebrarlo con los chicos en casa del Profesor Agasa mañana.

—Ah, ¿En serio? —Inquirió y se acercó aún más a mi.

—¡S-Si! Y-y comeremos muchas anguilas.

—¿Anguilas? —Ran se notó confundida por mi afirmación. ¡Es que soy idiota! Al momento de tener que improvisar y mentirle a Ran soy incapaz de inventar algo coherente.

¡Ja! Anguilas... estúpido.

Solté una risa estúpida y empecé a alejarme de a poco, dando pasos hacia atrás mientras Ran me seguía con la mirada y una sonrisa esculpida en su rostro.

—T-tengo que hacer deberes. —Señalé mi habitación y me fui corriendo sin siquiera detenerme a ver la cara de Ran.

Cerré la puerta y me tiré en la cama. Haibara tenía razón, Ran insistiría en que mañana nos viéramos para celebrar mis dieciocho años. ¿Realmente era demasiado imprudente contestarle que «si»?

Aunque la respuesta era más que obvia.

Me quedé toda la tarde en la habitación, reflexionando y pensando.

¿Cuanto tiempo más pasaría en este estado? ¿Algún día volvería a mi cuerpo real? ¿Llegaremos a derrotar a la Organización? De cada duda surgía otra, era un martirio seguir aguantando y adaptándome a este estilo de vida. Tener que volver a primaria y compartir con niños diez años menores que yo. Soportar la culpa de ver a Ran tan preocupada y deprimida por mi ausencia. Al final me había terminado adaptando a esta situación adversa.

¿Resiliencia?

Si, así se llamaba aquella capacidad.

Mi celular como Shinichi sonó unos minutos después. Tomé el cambiador de voz y contesté. Mi corazón se aceleró a tal punto de dejar de sentirlo al momento en que escuché a Ran hablando desde el otra lado de la línea.

Lo único que me pude decir a mi mismo era «Contrólate».

—¿Shinichi? —Ahí estaba nuevamente ese tono, esa voz que me hacía perder la cabeza.

—Hola Ran, ¿Qué ha ocurrido? —Traté de emplear el tono más casual posible.

—¡Menos mal contaste! —La alegría que profesaba se llegaba a sentir desde mi lado de la línea. —Verás... quería pedirte algo, o m-mejor dicho proponerte algo.

Tragué saliva al suponer lo que Ran me iba a preguntar. Inoportunamente mis mejillas empezaron a acalorarse y he de suponer que en esos momentos me veía como una autentico tomate humano.

—¿Salimos mañana? —Fue casi un susurro. Un hilo que voz que brotó desde el parlante del celular.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Al momento de responder casi me quedo sin voz y mi corazón no hacía más que latir con rapidez.

—Lo siento, Ran pero-

—Tienes un caso. —Su respuesta cortó a la mía. Mi corazón se estrujó. Sentí unas ganas de contradecirla y prometer verla, de programar un millón de cosas para mañana y pasar el día juntos.

Pero decidí callarme.

—De verdad lo siento, Ran. —volví a repetir aún con un nudo en mi garganta.

—Bueno... no importa. Otro día será. Que pases un buen cumpleaños, Shinichi.

—Gracias. —Antes que pudiera terminar de decir la palabra, Ran ya había cortado.

Suspiré y volví a tirarme a la cama. Empecé a revisar algunas fotografías que tenía en mi móvil que, si bien, era algo peligroso no podía simplemente borrarlas. En esas aparecíamos Ran y yo en mil y una situaciones; cuando fuimos a la playa, de Estados Unidos, en el Instituto, algunas fotografías que Ran me tomaba con mi móvil y un montón de otras. Eran muy preciadas para mi.

Seleccioné una en específico, fue de cuando había cumplido dieciséis años. Estábamos junto a mis padres y el Profesor Agasa, yo aparecía un cuanto molesto frente a una torta de cumpleaños y con un gorro mal puesto en mi cabeza. Ran no estaba, ella tomó la foto. ¿Quién diría que ese sería mi último cumpleaños normal?

Fueron unos sollozos los que me sacaron del transe. Dejé el celular a un lado y me aproximé hasta la puerta, la sala estaba oscura. Me aventuré por el pasillo hasta llegar al lugar de donde venían los sollozos. No quise acercarme más.

Ran estaba en el sofá llorando.

Y era por mi culpa.

La culpa me invadió de inmediato. Ver a Ran llorando por mi culpa es algo que me hiere completamente. Apreto los puños y tragó saliva, odio tener que hacerlo pero creo que es lo correcto.

—¿Qué ocurre, Ran-neechan? —Mi voz se oye en toda la vacía habitación. Ran voltea a verme de inmediato. Trató de parecer menos preocupado, pero no lo logro.

Se seca sus lágrimas y niega.

—Nada importante, Conan-Kun. —dice.

Me aproximo a ella y quedo mirando frente a frente.

—¿Fue algo que hizo Shinichi-niichan? —Me apronto a decir. Sé que la he liado cuando ella en un intento de negarlo vuelve a derramar lágrimas. Desvió la mirada y antes de lograr pronunciar un «lo siento» Ran me envuelve en sus brazos.

Me ha dejado sorprendido tal gesto. Dudando un poco termino correspondiendo el abrazo. Siento mi espalda algo mojado y entiendo al instante que Ran aún está llorando.

Nos quedamos así un rato, en silencio y sin movernos, a oscuras y a penas logrando ver nuestros rostros.

«Idiota» es lo que logró escuchar de Ran en un momento. No será que...

Cortó el abrazo y miró a Ran. Sus ojos violeta están cristalinos y sus mejillas rojas. Por un momento pareció perderme en aquel mundo.

—Es mejor que prepare la cena, ¿No crees? —Dice parándose y yéndose a la cocina.

Me queda estático siguiéndola con la mirada. Es ahí cuando entiendo una verdad: ella también aprendió a adaptarse a todo esto. No soy el único que se encuentra una situación adversa y es muy egoísta de mi parte no reconocerlo. Al fin y al cabo no soy el único que ha desarrollado resiliencia.

Y tampoco soy el único que ha mentido el día de hoy.