1, Enero del 2008
Agua que sale de un grifo.
Silbidos que entonan una melodía.
Siete de la mañana.
Hace frío. Pero no en todo el mundo.
Hemisferio norte. Europa.
420 minutos hacen que ha empezado el año y la gente ya está empezando a olvidar sus promesas. Dejar de fumar, empezar a hacer ejercicio, empezar una dieta equilibrada, no estudiar el día antes al examen, no estar tantas horas delante del ordenador o la televisión, ahorrar para un viaje… Cosas que a veces se cumplen y otras no. Todo depende de lo que decidas.
Decidir. Esa es la cuestión. Decidir qué quieres hacer con tu vida. En eso precisamente estaba pensando una joven adolescente mientras se relajaba debajo del chorro de agua caliente que salía del grifo. Estuvo pensando en su futuro. Todo el mundo piensa en eso, pero el primero de enero no era mal día para planteárselo. El año empezaba y con él una nueva oportunidad para conseguir aquello que había sido intentado o pensado alguna vez.
Primero: ¿Qué quieres ser de mayor?
Se repitió en un susurro esa frase que tantas veces había oído. La había oído en parvulario, en primaria y en secundaria. Esas mismas palabras las habían pronunciado profesores, padres, abuelos, tíos, vecinos, tenderos, amigos… Todo el mundo preguntaba lo mismo. Nunca había tenido claro lo que quería estudiar. ¿Medicina? ¿Historia? ¿Arte? ¿Arquitectura? ¿Jardinería? ¿Fontanería? Etcétera, etcétera y más etcétera. Nunca le había dado demasiada importancia a eso. Aún quedaba mucho tiempo para ir a la universidad (pensó cuando apenas había empezado la secundaria con doce años), pero ahora ya contaba con dieciocho años. El caso es que solo hacía unas horas que se había convertido en mayor de edad. Nació un helado día de enero, aunque no tan helado para otros lugares del mundo. Contaba con su mayoría de edad pero aún no había pensado en qué quería hacer el próximo año. ¿Seguir con los estudios o empezar a trabajar en una tienda? Pensó rápidamente en las cosas que se le daban bien y que además le gustaban.
Dibujo: notable.
Matemáticas: notable.
Gimnasia: notable.
Ciencias: notable.
Historia: notable.
Tecnologías: notable.
En resumidas cuentas. Era una chica notable. No sobrepasaba por encima de la media ni tampoco estaba por debajo. Pero había algo en que si sobresalía.
Lenguas extranjeras: sobresaliente.
De pequeña había asistido a clases extraescolares de idiomas. Empezó con el inglés, alemán y francés. Ahora, desde hacía pocos años había comenzado con el italiano. Aunque no suponía gran dificultad para ella.
Vale, bien. Sabía hablar cuatro idiomas sin dificultad y con un acento casi perfecto. Pero ¿de qué servía? – pensó mientras se envolvía con una toalla y salía del cuarto de baño. Sus padres decían que un buen trabajo tenía que darle dinero pero que también tenía que disfrutar con ello. ¿Qué? ¿Estudiar para ser traductora? ¿Ser una de esos tantos que se dedican a traducir en programas de televisión, guías turísticas, mítines políticos, entrevistas a famosos? Ella no quería eso. En realidad, no sabía lo que quería. Estaba indecisa. Sin embargo no paró de darla vueltas al asunto en todo el día. Su futuro. Todo dependía de ella.
Decidir. Esa es la cuestión.
