Edward Pov.
Cinco años... Cinco años habían pasado desde que mi vida se había vuelto un torturoso infierno. Desde que había sido llamado para servir en la guerra junto a Carlisle y su familia mi vida había dado un giro de 360 grados, Bella, mi madre y Elizabeth estaban destrozadas por mi partida y mi padre... Él se mostraba muy fuerte aún que su mirada estaba muy triste.
Unos días antes de mi 18 cumpleaños había recibido la carta donde se me informaba que había sido seleccionado para ir a combatir junto con mis compatriotas, debía estar orgulloso de ello pero sin embargo no lo estaba por que sabía que dejaba atrás al amor de mi vida y a las mujeres que más había amado, mi madre y mi hermana gemela, los eventos de hace 5 años se agolpaban en mi memoria haciendo que la melancolía se apoderase de mi cuerpo, cuando Carlisle se dio cuenta que me había contagiado con la gripe española hizo todo lo humanamente posible por mantenerme vivo pero todo fue inútil ya que la enfermedad avanzaba de manera vertiginosa y con cada segundo que pasaba mis esperanzas de vivir y de volver junto a Bella se apagaban.
Aquella noche de invierno Edward Masen dejo de existir para trasformarse en un monstruo llamado Edward Cullen, el día de mi despertad fue como un borron, solo recuerdo que Carlisle me informo que yo había dejado de caminar en el mundo de los mortales para caminar entre las sombras de dos mundos que no podían coexistir en paz ya que nosotros no pertenecíamos a el. El dolor que sentí ante aquella confesión fue indescriptible ¿Por que? Por que había perdido a mi preciosa prometida, no podría cumplir mi promesa de casarme con ella, ya no sería su caballero de brillante armadura, aquel que la salvaba de las garras de su perverso padrastro Phill y de los prejuicios de su madre Renee ¿Es que acaso yo había cometido un pecado tan horrible al enamorarme de ella? ¿Por que dios no me dejo volver a sus brazos? ¿Mi destino era vivir siempre en las sombras de dos mundos?, no lo sabía, pero intentaba creer que tal vez era lo mejor.
Los primeros meses después de mi trasformación fueron un verdadero calvario, deseaba regresar junto a Bella y a mis seres amados, la desesperación de aceptar lo que era me perseguía día y noche sin descanso, mi alma había sido quemada en el infierno como pago por esta media vida que me había sido otorgada, por que sin ella todo esto era una media vida. Pasados los 5 primeros meses de estar encerrado Carlisle llego a casa con mi hermana gemela entre sus brazos, todo su cuerpo convulsionaba y sus gritos eran tormentosos, no fui capaz de articular palabra ya que no fui lo suficientemente fuerte para verla así ¿Por que dios me castigaba de esta manera? ¿Que había hecho mi hermana para ser condenada a esta media vida? No lo sabía pero no era justo para mi y menos para ella; conforme las horas fueron pasando Carlisle nos explico lo que había sucedido con Elizabeth, ella lo había encontrado en el hospital de Chicago recogiendo sus cosas para nuestra mudanza hacia Alaska, mi hermana solía ser demasiado impulsiva en sus actos y fue allí donde le dijo a "Mi padre" lo que él era, que deseaba venir junto a mi y si él no lo hacia por las buenas lo obligaría de alguna forma, por supuesto que él lo había negado todo pero ella y su terquedad no le dieron opción, salio de su despacho furiosa advirtiéndole que él la trasformaría quisiera o no. Días más tarde mi madre le había llamado para informarle que mi hermana gemela estaba muriendo de gripe española y en sus últimos momentos le pidió que la trasformara, que la llevase junto a mi y él cumplió su deseo ¿Que más podría él hacer ante la terquedad de mi hermana? Nada, esa era la única respuesta.
El día que Elizabeth despertó en este infierno lo único que hizo fue abrazarme y decirme que todo estaría bien ¿Que clase de ser era mi gemela? Alguien bastante peculiar, jamás entendí sus razones ni mucho menos lo que la llevo a tomar decisiones tan precipitadas, lo que si me dijo fue que mi mejor amigo Emmett había regresado de la guerra y que estaba bien, además de eso me informo que la madre de Bella la había comprometido con el indeseable de Mike Newton para acceder a su fortuna... Increíblemente ese día desee llorar con todas mis fuerzas, la oscuridad de mi corazón se intensifico y me hizo tomar la decisión de irme a Alaska con el resto de la familia y olvidarme de ella ¿Que más podría hacer si no eso? Nuestra relación se había vuelto imposible y yo... Yo jamás podría amarrarle a este mundo de criaturas míticas y nocturnas, animales sin alma, muertos en vida sin derecho a nada del mundo mortal.
Conforme los años iban pasando mi soledad se hacia más grande, Alice decía que todo pasaría y que en futuro cercano yo volvería a vivir, cosa que creía imposible, más Elizabeth insistía en que así debía ser. Las cosas en Chicago habían cambiado muchísimo, Carlisle me había dicho que Bella se había casado unos meses después de nuestra mudanza, ese fue otro golpe a mi maltratado corazón, como si eso no fuese un golpe duro, me enteré que ese hombre era mi mejor amigo Emmett; ¿Ira? Era una palabra que había carecido de sentido en ese instante, lo que sentí no podia ser descrito con palabras ya que no creía que alguna vez un ser mortal o inmortal podría sentir aquello, desee a mi amigo muerto y a ella junto a mi, pero claro todos intercedieron en mi regreso a Chicago después de eso, yo no tenia derecho y eso me hizo resignarme.
Los 5 años que habían trascurrido desde entonces habían pasado como en un borrón hasta que Alice tuvo una visión sobre mi Bella, ella se encontraba en una habitación que yo no podía reconocer con un hermoso vestido verde, sus risos chocolates caían por sus hombros dándole un aire majestuoso, como lo que era ella, un ángel, pero en sus manos tenia una daga, una daga que clavo sin previo aviso en su corazón... La visión me horrorizo y mi cuerpo al completo se tenso en anticipación, desvié mi vista hacia Alice quién relataba los hechos a Carlisle dándome a entender que eso estaba a punto de suceder, tal vez en un par de horas, sin mediar palabra alguna con los presentes comencé a correr por el extenso bosque en dirección a Chicago, la velocidad que me proporcionaba ser inmortal me era innecesaria para llegar a su lado y salvarla de morir, no era consciente de lo que sucedía a mi alrededor, la visión de mi hermana Alice se repetía como una película de terror entre mis recuerdos. ¿Llegaría a tiempo? ¿Sería capaz de salvarla? ¿Seria esto a lo que Alice se refería hace unos años?, no tenia la certeza de nada pero si tenia la certeza de algo, la salvaría costase lo que costase.
Al cabo de unas horas corriendo sin parar junto a Alice y Carlisle hacia Chicago logramos llegar a la ciudad, la negra noche acompañada de millones de estrellas daban el escenario más triste que jamás habían contemplado mis ojos, el dulce aroma de la sangre se filtraba en el aire haciendo que mi garganta estallase en llamas, pero no era el momento, tenia preocupaciones mayores que mi sed, en un ágil y elegante movimiento corrí entre las frías y solitarias calles de la que alguna vez fue mi ciudad, a los pocos minutos capte el olor de su sangre ten dulce y florar como lo fue siempre, el aroma era bastante fuerte cosa que me desespero y al adentrarme en sus aposentos la encontré allí junto a su cama cubierta de sangre con esa daga incrustada en su níveo pecho. Sin pensarlo mucho me acerque a ella ignorando completamente su sangre.— Bella, mi vida — Murmuré su nombre con suavidad, aquella que siempre me caracterizaba cuando estaba junto a ella. Sin pensarlo dos veces la envolví con mis fríos brazos mientras llevaba mis labios hasta posarlos en su frágil cuello, dejando un pequeño beso en éste antes de que mis colmillos rasgaran su piel dejando en el la marca de su destino: Mi veneno.
— Se que te duele, pero debes soportar un poco más. Hazlo por mi — Murmuré aquella suplica con suavidad aún que sabia que no tenia derecho, pero el amor que sentía por ella opacaba cualquier cosa, era el eclipse perfecto para cualquier idea de no trasformarla jamás.
— Carlisle — Suplique a mi padre mientras desviaba la mirada de mi musa para fijar mi vista en las orbes doradas de mi padre.— Dime si he hecho algo mal, su piel esta tomando un color... Un color azulado, ¡Esto no debería estar pasando! — Le gruñí presa de la desesperación al contemplar que la vida de mi hermosa prometida se escapaba entre mis dedos.
— Ha perdido mucha sangre y su corazón bombea muy lento la ponzoña, si no hacemos algo pronto no completara el proceso.— Un denso silencio nos envolvió a Carlisle y a mi después que sus palabras quedasen suspendidas en el aire como si fuese aquella una sentencia de muerte para mi al igual que para Bella.
— ¡No me voy a quedar de brazos cruzados mientras su vida se me escapa entre los dedos! — Grité lleno de desesperación al verla cada vez más pálida y el semblante de mi padre cada vez más preocupado, sus pensamientos no hacían más que confirmar su semblante, él no creía que ella se salvaría.
— ¡Carlisle! — Gruñí para hacerlo reaccionar ya que se había quedado mirando la escena sin pestañear si quiera.— No puedes fallarme ahora, lo que estoy haciendo es lo más egoísta que haré en toda mi existencia, no puedes decirme que no hay solución. — Grité lleno de rabia y dolor hasta que oí las suplicas de mi Bella, allí estaba ella utilizando su ultimo resquicio de vida para darme fuerzas, para ayudarme a resistir por ambos, sin pensarlo acaricie su mejilla con mis fríos dedos regalandole una sonrisa aún que ella no pudiese verla.
— Le pediré a Alice que valla a buscar a tú hermana Edward, Elizabeth es la única que puede salvarla, solo espero que su corazón aguante un poco más hasta que ella llegue — Murmuro Carlisle con ese tono de voz tan profesional, aún que dándole un toque cálido y de preocupación mientras se alejaba rápidamente hacia la puerta para segundos más tarde cerrarla dejándonos a Bella y a mi completamente solos.
— Mi vida por favor, demuestra que eres fuerte y haz que este corazón lata con toda la fuerza que sea posible, por favor mi amor, será breve, lo juro, Elizabeth te salvara — Rogué con voz ahogada por el nudo que se había formado en mi garganta, solo mi hermana seria capaz de salvarle la vida al amor de mi existencia, solo esperaba que ella no tardase en llegar.
— Elizabeth, tú eres la única que puede salvarla, por favor no me falles hermana — Susurré con voz rota al viento mientras mi mirada se perdía en el ventanal que daba hacia el bosque, por ahora mis únicas acompañantes serían las estrellas y la dulce melodía de su corazón que de un segundo al otro cambio para dar una entonación más alegre, incrementando así éste y las esperanzas de que todo resultaría bien.
