Hola a todos...

¿Cómo están?, espero que muy bien y felices. He aquí un extra de esta historia que a más de alguna le dio risa. Sé que no esperaban que hubiese un segundo extra, pero la verdad es que una amiga y a quien le dediqué el fic me convencieron de que debía agregarlo. En fin, es algo corto, pero espero que les guste. Lo hice con mucho cariño... Mei-chan95, mira, cumplí mi promesa antes de entrar a clases :3 espero que te guste.

Como siempre digo, sus reviews me ayudan a tener una perspectiva del lector, así que cualquier comentario que quieran darme, será bienvenido.

Bueno, no interrumpo más su lectura.

Au revoir~

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, sino no se llamaría "Hetalia", se llamaría "Juegos eróticos"(?) XDDD


Extra 2: "El cumpleaños de Arthur".

Nos encontramos en Londres, o mejor dicho, en el aeropuerto de esa ciudad, donde un francés criado ahí, esperaba a que viniesen por él. Su espera no duró demasiado, ya que divisó a quien le mantenía en esa silla aguardando a que llegara.

-Hello, mon amour~-sonrió al ver a un muchacho de ojos verdes, piel blanca, cejas pronunciadas y un carácter que muy pocos soportarían.

-Hello.- el chico lo miró serio, pero tenía una sonrisa sutil.

El francés, tomó su maleta y se levantó de aquella silla. Se acercó al inglés y besó su frente, pronunciando las siguientes palabras.- Sorpresa, ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Arthur Kirkland, quién cumplía 18 años en ese momento, miró a su novio con quien tenía una relación a la distancia y sonrió al saber que solo había venido a Londres para saludarlo. Tomó la maleta del francés, sin decir ninguna palabra y caminó al estacionamiento, donde los esperaba el auto de la madre del inglés.

-Vamos, al menos dime que estás feliz de verme.- sonrió Francis Bonnefoy, mientras abrazaba muy fuerte a su pareja, ya que no se habían visto desde las vacaciones de invierno.

-En tus sueños.- gruñó el chico de los ojos verdes, tratando de zafarse del agarre exagerado de su novio.

-Qué lindo es soñar~- sonrió alegre el acompañante, mientras besaba la mejilla del joven inglés.

Al llegar al estacionamiento, el inglés subió en el lado del conductor, mientras su pareja colocaba su maleta en la cajuela. Al finalizar, subió al asiento del copiloto y sonrió. Francis Bonnefoy, quien ya tenía 18 años e iba a cumplir 19, miró con nostalgia la ciudad.

-Sé que suena irreal que te pregunte esto, pero ¿estás bien?- murmuró el inglés, mientras se detenía en un semáforo en rojo.

-Estoy bien, gracias por preocuparte.- sonrió y miró al conductor, mientras el otro desviaba su mirada.

-No estaba preocupado, solo te vi mal y pensé que te habías dado cuenta de que te había salido un grano o algo.- rió con sorna Arthur, haciendo que el francés lo mirara serio.

-No juegues con mi imagen, sabes que me molesta.- murmuró serio Francis, haciendo que el inglés riera con más fuerza.- Hablo en serio.

-Sí, sí.- sonrió y siguió conduciendo hasta que llegó a su casa, junto a su madre y su hermano mayor, Scott.

-Antes de entrar, ¿harás algo especial por tu cumpleaños?- preguntó con duda el francés. Sabía que su pareja no era partidaria de las fiestas.

-No, de hecho me sorprende verte aquí.- murmuró Arthur con el ceño fruncido, haciendo que su acompañante lo mirara apenado.

-Pensé que te agradaría tenerme en tu cumpleaños.- sonrió Francis, mientras acariciaba los cabellos rubios del inglés.- A mí me agradó tenerte en el mío.

-Eso fue hace un año.- aquí creo que debemos recordar al lector lo que había pasado un año atrás, cuando el inglés recibió la carta del francés invitándolo a sus 18 años en Francia. Su relación, antes de empezar su noviazgo, era como la de un perro y un gato, no se soportaban, o eso se creía. Francis conocía muy bien sus sentimientos hacia el inglés, de hecho fue muy difícil mantener sus constantes discusiones. Todo cambio a 2 semanas de su cumpleaños, en un momento de ebriedad, cuando le confesó que lo amaba y viceversa.

-Pero ha sido el mejor año que he vivido, porque te tengo a ti finalmente.- susurró en su oído el de los ojos azules, haciendo que su pareja se sonrojara.

-No es como si tuviese opción.- gruñó molesto el inglés, mientras entraban por fin en la casa.

La casa de Arthur no era nada fuera de lo común, pero para él, era el lugar donde nació, donde conoció al francés, donde lo vigilaba (sí, vigilaba lo que estaba haciendo para después molestarlo en la escuela, o eso quería creer en ese momento) y donde había pasado muchas experiencias que jamás olvidaría.

-Francis.- la encargada de mencionar al francés, fue la madre del inglés.- Ha pasado un tiempo desde la última vez que te vi.- sonrió.

Para la madre de Arthur, Francis era un chico grandioso y le sorprendió cuando su hijo le dijo que tenía una relación con él. Como buena madre, le dijo que mientras él fuese feliz, no le importaba lo que hiciera, pero en el fondo estaba muy preocupada por su pequeño.

-Señora Kirkland, es un gusto verla nuevamente.- sonrió el francés, mientras besaba su mejilla.- Muchas gracias por dejar que me quede en su casa.

-No es nada, creo que le debo a Marie ser hospitalaria contigo, por todo lo que hizo cuando mi pequeño conejito fue a Paris.- sonrió, mientras su hijo la fulminaba con la mirada. Odiaba que le dijera conejito, no tenía 5 años.

-De hecho, mi mamá le manda muchos saludos.- sonrió el francés, mientras trataba de no reír. Hacía mucho tiempo que no escuchaba ese apodo para su pareja.

-Bueno, sweetheart, sube a dejar tu maleta en la habitación de invitados.- sonrió la mujer, mientras terminaba de decorar el pastel de cumpleaños del inglés.

Francis obedeció a la dueña de casa y subió con su maleta, mientras Arthur lo seguía de cerca.

-Lapin, dime dónde está la habitación de huéspedes.- murmuró el francés, mientras sonreía alegre.

-Está al fondo como siem…- el inglés interrumpió su explicación cuando recordó que "lapin" es conejo en francés.- Oye, no me molestes.- gruñó.

-Es que es divertido.- rió el invitado, ganándose un par de golpes por parte de su anfitrión.

Al llegar a la habitación, dejó su maleta y abrazó con fuerza al inglés, quien trató de poner resistencia en un inicio y después, dejó que le abrazara.

-Te extrañé, no es lo mismo estar en persona que a través de un computador.- susurró el francés en el oído de Arthur.

-Lo sé, idiot.- suspiró el inglés.- Pero, no pensé que vendrías hoy.

-¿Por qué no?- preguntó Francis, algo apenado.

-Porque deberías estar estudiando.- murmuró serio.- No quiero interferir en tu vida.

-Oye.- sonrió y alzó la vista de su amado.- Mi vida gira en torno a ti, no creas que dejaré que otras cosas interfieran en mi tiempo contigo.

-Eres demasiado cursi.- gruñó el de los ojos verdes.

-Merci beacoup~- besó al inglés, hasta que ambos quedaron sin aliento.

Al apartarse después de ese beso, Arthur suspiró y caminó a su habitación, haciendo que el francés lo mirara preocupado. Algo no andaba bien, ¿acaso estaba realmente enojado porque había venido?, pensó que sería realmente romántico el hecho de haber gastado un poco de su tiempo para verlo.

Salió del cuarto de huéspedes y se acercó a la habitación del inglés. Abrió la puerta, pero no había nadie ahí, por lo que decidió entrar. Se quedó esperándolo sentado en la cama, pero habían pasado 5 minutos y no aparecía. Con impaciencia, comenzó a mover los pies en vaivén, hasta que sintió que chocaba con algo. Se acercó a lo que golpeó y se dio cuenta de que era una caja. Como la curiosidad le ganaba, la sacó y observó lo que había dentro.

-¿Qué mierda estás haciendo?- el encargado de asustarlo fue su novio, quien recién llegaba con una toalla cubriendo su entrepierna. No había que ser idiota para darse cuenta de que el inglés se había bañado.

Francis guardó la caja en su lugar y dibujó una sonrisa pícara en sus labios. Se acercó a su novio, mientras él lo miraba sonrojado.

-¿Cuándo me ibas a decir que tenías esas clases de juguetitos?- lo abrazó y comenzó a acariciar su torso.

-Idiota.- gruñó, mientras trataba de apartar al francés.- No sé de qué mierda me estás hablando.

-Vamos Arthur, sabes de lo que te hablo.- se lamió los labios y comenzó a devorar el cuello de su pareja.

-No lo sé, si lo supiera no te estaría preguntando.- gruñó, mientras trataba de no caer bajo las insinuaciones de Francis. Sabía perfectamente de lo que hablaba, pero prefería mantener la farsa.

-Hablo de los juguetitos sexuales que tienes escondidos en esa caja debajo de tu cama.- susurró en su oído, mientras su mano se dirigía ágilmente hacia su entrepierna.

Arthur comenzó a estremecerse con el contacto del francés, incluso comenzó a balbucear y a soltar pequeños gemidos.

-Vamos mon amour, usemos tu "cajita feliz".- sonrió Francis, mientras quitaba la toalla.

-Mi madre y Scott están abajo.- susurró el inglés, mientras gemía bajo.

-No creo que a ellos les incomode, como tú mismo dijiste, están abajo.- sonrió y besó los labios de su pareja con pasión y devoción.

Arthur correspondió ese beso, mientras quitaba la camisa del francés y miraba su torso desnudo. Francis, al darse cuenta de que lo había convencido, sonrió para sí mismo y recostó al su pareja en la cama.

-Creo que este cumpleaños no lo vas a olvidar nunca.- susurró en sus labios, para luego besarlos y comenzar a masturbarlo.

El inglés entró al mundo de los gemidos, cada vez menos incontenibles por culpa de la mano experta de su pareja. Francis se detuvo un momento y sacó la caja del inglés, en ella habían esposas, anillos, vibradores y todo lo que se puede imaginar. Le colocó el anillo en el pene y lo esposó en un lado de la cama. Al francés, ver a su pareja de esa manera, le hizo babear un poco y solo quería introducirse en él.

Comenzó a prepararlo, pero con lentitud, ya que no quería que el inglés se corriera tan rápido y aunque sabía que tenía el anillo, después de tocarle, nada detendría que lo expulsara. Al ver que su entrada estaba lista, comenzó a ingresar en él y a moverse de manera pausada. Arthur gemía, no podía evitarlo.

En un momento, mientras ellos estaban en pleno acto, el hermano del inglés para evitar escuchar los gemidos de su hermano y también para joderlo, comenzó a buscar en Youtube música para que ese momento fuera más "grato" y colocó un vídeo donde sonaba la canción "You can leave your hat on" de Joe Cocker por 10 horas.

Francis, al darse cuenta, se detuvo un momento sin salir del inglés.

-That nasty son of a bitch.- gruñó el inglés, cuando se dio cuenta del plan de su hermano.

-Scott solo quiere que nosotros lo pasemos bien.- sonrió con picardía y volvió a lo suyo, haciendo que el inglés olvidara el hecho de que la canción sonaba.

Francis, cuando se dio cuenta de que ya no podría aguantar mucho más, quitó el anillo y siguió ingresando en él, hasta que ambos se corrieron. Pero, ¿eso fue todo?, no señor, es solo el inicio. El francés volvió a estimular al inglés, con besos, mordidas suaves en el cuello y en la oreja, chupones en el torso y demás, y cuando vio que la Arthurconda volvía a despertar, buscó el vibrador y lo colocó en su trasero, se colocó el anillo y comenzó a hacerle un oral.

Arthur, al darse cuenta de todas las cosas que estaba haciendo el francés, no pudo hacer nada más que gemir audiblemente y lo único que podía detener eso eran los labios del chico de la mirada oceánica.

Cuando se corrió nuevamente, fue el turno del inglés de hacerle un oral al francés. Como estaban disfrutando este momento, nada ni nadie los detendría, sus cuerpos sudados de tantas veces que lo han hecho, sus esencias esparcidas por todo el lugar, sus respiraciones agitadas, sus gemidos, sus miradas, pero a pesar de hacerlo de tal manera, ellos no perdían el cariño que sentían el uno al otro.

-Vaya.- dijo Francis, cuando se detuvo finalmente, liberando a Arthur de la cama.

-Creo que nos excedimos.- bufó el inglés, mientras sentía que la canción volvía a reproducirse.- Ese idiota, cuando baje lo mataré.- gruñó.

-Oye, al menos no vino tu madre a interrumpirnos.- en eso se equivocaban, la señora Kirkand fue a la habitación, pero al escuchar los gemidos de su hijo, volvió algo nerviosa a la cocina.

Se quedaron dormidos para recuperar sus fuerzas, después de aquella ola de pasión que los sumergió y no los soltó hasta que se había calmado. Al despertar, se bañaron y bajaron a cantar "cumpleaños feliz".

-Hijo, pide 3 deseos.- murmuró entre alegre y nerviosa su madre, al terminar la canción.

Arthur comenzó a cerrar los ojos y a pensar en sus deseos, mientras todos lo miraban alegre.

-Ese no, es muy sucio.- bromeó el francés.

-Cállate, bloody bastard.- gruñó el inglés.

-No hables mejor de cosas sucias, mira que lo que pasó en la tarde no fue nuestra imaginación.- rió Scott, mientras los demás lo miraban nerviosos.

-Por cierto, gracias por el empujón.- dijo Francis mientras guiñaba su ojo y Arthur soplaba sus velas con furia.

-De nada, un placer.- rió el hermano del inglés.

El resto de la velada fue más incómoda de lo que aparentaba ser, pero nada que no se solucionara con la risa nerviosa de todos. La hora de dormir llegó y el inglés se fue a su habitación, agotado.

-Bonne nuit, mon amour~- dijo Francis, mientras le besaba la frente.

-Buenas noches.- lo miró serio y se acomodó, pero el francés se quedó sentado a su lado.- ¿Qué quieres?

-¿No puedo dormir contigo?- preguntó con un tono cariñoso.

-No.- respondió secamente, haciendo que el francés quedara cabizbajo.

-¿Por qué no?- murmuró triste.- Quiero estar a tu lado.

-Está bien, deja de joder.- gruñó, mientras le hacía un espacio en su cama y el francés se recostaba, para luego besar su sien.

-Buenas noches.- se acomodó abrazándolo y cerrando los ojos. Se quedó dormido en menos de un minuto.

-Good night, my love.- sonrió el inglés, al darse cuenta de que estaba dormido. Besó sus labios suavemente y se durmió.

~FIN~