Recuerdo
«¿Ahora qué?» Te preguntaste al subir al taxi.
—Vaya tormenta, ¿no? —preguntó el chofer con aires de querer comenzar una conversación.
—Sí, eso parece, pero según las noticias, lo peor está aún por venir. —Replicaste esperando que eso fuera lo último que se dijeran el resto de sus vidas.
En la radio sonaba una canción acerca de un hombre del espacio cuya nave había sufrido un accidente; un amigo tuyo te había hablado de la canción, pero por más que lo intentaste, sólo pudiste recordar la palabra "Bowie", no le tomaste importancia, aunque pusiste atención a la letra para distraerte un poco de lo que acababa de suceder, sobra decir que no tuviste éxito alguno.
«Es hermosa…» Pensaste mientras recordabas a la chica de cabello castaño y ojos color avellana, su lindo vestido blanco y el hermoso paisaje a sus espaldas, el sol iluminando su rostro y el viento ondulando su cabello frente a ti. No era nada como ella te había visto, una chica en la mitad de la lluvia bajo un puente. «Debí haberme visto horrible, ¿Qué pensará de mí?».
Podías recordar cada detalle del momento, incluso cuando la grieta se cerró nuevamente y volvió a su estado original.
—¿Sigues allí? — Preguntaron ambas al mismo tiempo.
—Sí — Se contestaron también sin dejar hablar la una a la otra. Rieron por algunos segundos, se lloraron unas cuantas lágrimas y aún en el piso, con el rostro contra la pared, susurraron a la vez —Eres hermosa…
Seguido de un silencio de esos que no son para nada incómodos, pero que tampoco son del todo "cómodos". Hasta que seguiste diciendo:
—No esperaba que también tuvieras cabello castaño.
—Ni yo que tuvieras mis mismos ojos.
—Somos más parecidas de lo que creíamos jajaja.
—Eso es lindo~
—Y curioso…
Silencio.
—Espera, ahora que lo recuerdo, ¡Estás completamente mojada! —Gritó ella.
—No importa— respondiste con una sonrisa burlona.
—¡Claro que importa!, dijiste que era tarde y que estaba lloviendo un poco, pero no sabía que era media noche y había una tormenta, además, ni siquiera traes puesta ropas apropiadas para la lluvia— su tono era un poco más serio esta vez.
—Lo que sea para poder pasar un tiempo contigo~
—Awww… ¡Pero nada de eso!, necesito que vayas a casa a dormir, podrías enfermar o algo mucho peor, además, aquí ya está atardeciendo y estoy algo retirada de mi casa. Nos reuniremos luego, ¿Te parece?
—Vale… Pero insisto, te preocupas demasiado por mí— le dedicaste uno de tus característicos ojos mirando hacia arriba, pero no pudo notarlos. Eso te hizo sentir un poco mal.
—¿Te parece mañana a la misma hora?
—Sip, aunque tal vez llegue un poco tarde, tengo unas cuantas cosas que hacer, pero prometo apresurarme.
—Serán 6 créditos— la voz del chofer te sacó del sueño; habías llegado a casa y ni siquiera lo habías notado.
—Tome— de tu bolsa sacaste una brillante tarjeta azul y la deslizaste por la terminal situada bajo la manija para abrir la puerta, esta emitió un pequeño pitido y te entregó un pequeño recibo.
—Que pase una buena noche jo…— le cerraste la puerta en la cara y diste la vuelta sin dejar que terminara su oración.
Te detuviste frente a la puerta y descubriste que habías olvidado la sombrilla en el puente, te sentiste un poco tonta, pero tu teléfono se iluminó y te apresuraste a revisarlo; era sólo una copia electrónica de tu recibo. No estabas muy segura de qué esperabas que fuera pero no hizo más que hacerte sentir peor.
Entraste a casa sin hacer ruido, subiste a tu habitación y tomaste las primeras prendas que viste junto a la cama, tu madre te interceptó camino al baño.
—¿Porqué tan tarde? —Inquirió con un tono severo.
—Tenía un trabajo en equipo, así que decidí quedarme en la biblioteca hasta tarde, cuando salí me di cuenta de que no me había cargado la tarjeta y tuve que pedirle prestada la suya a una amiga, lo que implica que pasé a su casa y eso me tomó un buen rato —contestaste sin titubear, lo que ayudo a que tu historia fuera más creíble.
—Hmmm… Está bien. Pero la próxima vez me gustaría que me aviaras antes de llegar tan tarde.
—Claro — replicaste antes de entrar al baño.
«Eso estuvo cerca» pensaste.
En cuanto saliste, tus ojos se cerraban por si solos y una fuerza extraña te mantenía de pie, te sentaste junto a la cama y te quedaste dormida sin darte cuenta.
En tus sueños, no podías dejar de ver a la chica de cabello castaño y ojos color avellana, estaban sentadas junto a la grieta, pero en esta ocasión, estaba lo suficientemente abierta para poder verse la una a la otra todo el tiempo. Estaban compartiendo un helado.
Cuando despertaste, tenías un antojo incontrolable por helado.
