Contemple un Ángel y era el equivocado.
Autor(a): Stormy Night Rain92
Fandom: Skip Beat © Yoshiki Nakamura
Summary:
Shotaro Fuwa, no habría esperado ver en un Ángel más que solo un enemigo, pero cuando se dio cuenta quien era ella…no pudo evitar ver a Kyoko de esa forma tan inusual y hermosa cuando tiempo atrás la rechazo y ahora estaba ante ella, en una forma esplendida solo para matarlo…
N.A.: Gracias a mis senpais Setsuka-chan y Mutemuia-sama! Quienes han apoyado este fandom con sus hermosas historias.
Tiempo: Anime/Manga~ A.U. (Universo Alterno)
2
"Amor a primera vista"
Si el amor a primera vista existía, él no lo sabía.
Ella estaba allí en medio del hermoso jardín entre los cielos, sus ojos conectaron con los de ella como si todo alrededor desapareciera para dejarlos solos.
Aun sabiendo que eran contrarios, era una extraña atracción. Su vestido aun cuando era bastante modesto con sus volantes o sus mangas largas y más que las ángeles caídas que conocía en su mundo podía sentir una atracción segura hacia ella—Al igual que podía sentir la de ella al verle—aun si fuera pura como su especie de luz.
Pero no observo al ángel que estaba al lado de quien lo había cautivado, deseaba tocar y en el fondo corromper el alma pura que lo había atraído pero también quiso sentir algo más que la maldad o la indiferencia, o el odio…había visto a los mortales sentir amor.
—Mimori—Comento la voz de alguien, a su lado pudo ver a otro ángel quien la luz le cegaba la vista y sintió emanar de ella la desconfianza, era una esencia sombría que podía identificar normalmente tras muchos años de andar en las sombras.
« ¿Y quién no desconfiaría de un demonio?» pensó apretando los dientes mientras miraba como la chica que había atraído su atención se volvía a verle pero sintió un fuerte estremecimiento.
—Vamos, debemos regresar—Comento ella, dándole la espalda solo pudo ver su cabello dorado mientras se alejaban de allí y pudo jurar sentir que en su mirada se encontraba un sentimiento familiar: El odio.
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Mimori sabía que podía sentir la mirada atenta de aquel ser oscuro, tan atrayente como la dulce miel o la luz del fuego consumidor tan puro que quemaba tus errores, dejando solo en ti la pura esencia de ti.
Su hermana Kyoko quien la había adoptado desde que nació cuando sus ojos por primera vez vieron la luz, pero sentía que la sobreprotegía aun cuando no fuera un ángel de batalla, ambas eran purificadoras y guardianas de la tierra en el mundo celeste.
Pero aquel hombre apuesto, de ojos caoba tan inusuales a los azules o verdes de los demás ángeles, su inusual cabello color plata atado con un aro dorado, además de las pendientes que colgaban en forma de águilas de plata, un collar parecido a una esclava de plata extendida en tres rendijas sobre el cuello, su traje disfrazado como la noche con bordes azules abierto sobre su pecho exponiendo su piel donde el collar dejaba unas cadenas pero sus manos cuyas uñas parecían garras negras envueltas en guantes con un orbe caoba con breves cadenas.
Pero solo había escuchado de otros ángeles sobre los demonios, como seres oscuros y sin alma, llenos de maldad que devoraban a los ángeles hasta destruirlos.
Pero en lo que había aprendido con su hermana mayor, era que aun los seres más heridos tienen redención y saber que aquel hombre atractivo, era en cierta medida un ser herido que podría ser feliz.
Así que sin mediar palabra con su hermana mayor, decidió una cosa: Deseaba conocer a aquel ser oscuro porque de alguna forma había cambiado algo en ella que estremecía incluso sus emociones casi inexistentes, pero este anormal sentimiento en su pecho era algo que deseaba conocer.
Por eso, a solas sabiendo que ella no vendría a este lugar las ruinas de entre la torre que unía al mundo humano con el suyo intangible y desde entonces los ángeles habían sido reticentes de acercarse a ese lugar, por así decirlo era como un Tabú.
Bueno era su hermana sobreprotectora, por eso solía refugiarse en aquella torre y admirar el mundo que alguna vez estuvo enlazado con el suyo aun si no fuese posible llegar allí y al sentir el viento acariciar su piel cerro los ojos.
Sintiendo la misma tierra que debía guardar, fue entonces que sintió el sonido de pasos entre las flores y volviéndose esperando encontrar a Kyoko quien solía buscarla tras irse por mucho tiempo pero ella ya no era una niña, se lo diría y…
No era Kyoko quien estaba allí.
Era aquel ser oscuro cuyas alas estaban teñidas por la más profunda noche y parecía brillar como las estrellas que la miraban con su caoba mirada haciendo errar su propia energía como un latido fuerte e irregular, provocando más que solo la sensación de existir, era una que aprecio alguna vez: De afecto.
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