El auto de Billy aparcó en la zona acordada: se trataba de un caminador abandonado por la gente pero aún en mantenimiento. Ese era el tipo de lugares en los que el honorable e irremediablemente enfermo mental Williams Rawlings acostumbraba a citarlo para manejar asuntos que tenían que ver con cosas meramente ilícitas. Y justamente en el centro de tales odiseas siempre se encontraba la mano de Billy Russo, claro estaba que hombres como Rawlings jamás tendrían los cojones necesarios para hacer el trabajo sucio con sus propias manos oh, no, no, no para ello gustaban de contratar matones como él mismo.
Apenas acababa de subir el último escalón cuando una de las camionetas del encargado de operaciones encubiertas de la CIA arribó en medio de un estruendoso ruido de las llantas a rayar contra el pavimento. Billy hizo una mueca de mero desprecio, aquello era típico de aquel cabrón rico con aires de grandeza.
—¿Y bien?—Rawlings se metía las manos en los bolsillos de la chaqueta mientras subía peldaño por peldaño hasta llegar al puente, bajo él cientos de autos transitaban la calle.—¿Qué te ha parecido el caso?
—Una mierda.—comentó Billy con malestar, realmente llevaba años esperando a que el maldito de Rawlings le diera un caso de mayor importancia, no estupideces que tenían que ver con mujeres lloronas.—Rawlings, acuérdate del trato que tenemos.
El aludido se conformó con echarse a reír, después lo miró cual chiquillo que no entendía nada de la vida.
—¿Todavía no has entendido verdad, Billy?—con un par de palmadas en el hombro derecho, Rawlings le invitó a caminar por el puente.—Lorraine Hastings es sinónimo de palancas grandes, un favor por parte de esta mujer y uno puede considerarse salvado de cualquier mal acto en el futuro.
Billy comenzaba a comprenderlo, de momento ya no seguiría quejándose solo se limitaría a escuchar pues él también quería sacar su buena tajada del trato. Claro a espaldas de Rawlings.
—Ésa mujer significa en pocas palabras la protección del sistema de seguridad inglés tanto interno como del externo, Uno no puede saber qué tan feas puedan ponerse las cosas en un futuro dado Billy es mejor tener unos cuántos amigos en el extranjero bien dispuestos a echarte la mano.
Ya.
Ya había comenzado a tomar el hilo de todo ese asunto Lorraine Hastings por sí misma representaba tanto al MI5 y al MI6, lo que Rawlings quería decir en pocas palabras era que quería ganarse la amistad de los padres de la chica que a la sazón. Estaban al frente de dichas compañías.
Y Billy lo tendría más en cuenta la próxima vez que se topara con la señora Hastings. Quien por cierto era una mujer atractiva ahora que la veía con otros ojos.
—Por otro lado.—sambutido en sus pensamientos, la perorata de Rawlings apenas era audible.—está ese parásito de Eric Hastings, el tipo cuando quiere es una verdadera piedra en el zapato de esas que no nos convienen. Por eso es que acepté ayudar a Lorraine. ¿Bill? ¡¿Billy!?
William se apresuró a responder, por un momento tuvo que alejar a Lorraine de sus pensamientos para volver a concentrarse en Rawlings, en ese odioso y asqueroso Rawlings.
—¿Que quieres?—cuestionó de mala gana.
—Quiero que concentres una cita con Lorraine.
Billy inmediatamente levantó la cabeza, ahora sí la ira le comenzaba hervir en la sangre. Juraba que sería él el próximo en reventarle la cuenca del ojo bueno como sigueira hablando. Empero, Rawlings se daba cuenta de cada pensamiento que pasaba por la mente del joven Russo.
—Piensa luego existe Bill—puso las dos manos sobre el pecho del joven que comenzaba a acercarse a él cual felino a punto de atacar a una presa.—Hay que sacarle información a esa mujer, Eric es idiota pero un idiota que si quiere puede hacernos daños a ti y a mi.
Si se da cuenta de lo que estamos haciendo te aseguro que no durará en abrir una investigación y entonces yo caeré se descubrirá cada trapo sucio que tenga. Y tú rodarás conmigo sobre el fango, ¿Comprendes ahora?
Sí claro que comprendía todo lo que simple y sencillamente odiaba era el hecho de saber que probablemente jamás podría estar a la altura de Rawlings, que siempre ese maldito mediocre estaría encima de suyo. Ordenando qué hacer o que no hacer con su vida.
En fin, por otro lado desde hacía tiempo que vio lo medianamente satisfactorio que resultaba el hecho de ser un sicario a la orden de Rawlings. Pero irónicamente aquello resultaba muchísimo más tentador que ser un simple soldado raso con altas esperanzas respecto a su vida que quizás jamás cumpliría.
—Me pensaré lo último.
—Necesito que lo hagas Bill, es parte del proceso estoy seguro que Lorraine está en una etapa muy manipulable unas cuántas palabras bonitas al oído y caerá.
Que equivocado estaba su jefe, Billy se dio el lujo de sonreír socarronamente, eso era lo malo de ser Rawlings juzgar a la gente a la ligera por lo que demostraba ser en apariencia. Sin duda alguna Lorraine Hastings no era el tipo de mujer manipulable y falta comprensión que su mentor afirmaba que era. Esa mujer era una loba disfrazada de cordera.
Billy prefería describirla como un campo de batalla difícil al cual primero se necesitaba más de un plan estratégico para combatir antes de acercarse lo suficiente.
—Si quieres que colabore contigo en algo que vaya más allá de brindarle seguridad a Lorraine Hastings, debes saber que lo haré a mi manera. No a la tuya ¿Queda claro?
El hombre atinó solamente a apretar los labios.
—Espero buenos resultados Russo.
Billy esbozaba una sonrisa ladina.
—El guapo aquí soy yo, que no se te olvide.
