Veo que les ha gustado esta historia. Apesar que ayer subir el primer capitulo les regalo el segundo. Tan solo para que tengan presente como se ira desarrollando. La historia esta conformada por la principal pareja que es Haruka y Michiru pero tambien Darien y Serena.. Asi que para los que le gusta la segunda pareja tambien habra romance con ellos.. Sin mas les dejo con el segundo chapter.. Y entre mas review haya mas pronto actualizare
DISCLAIMER: TODO ES DE LA GRAN NAOKO TAKEUCHI.. QUE HARIAMOS SIN SUS PERSONAJES?
Capitulo 2
El Hada
Con destellos revoloteando en su despertar, Michiru se alejó del pequeño montículo de tierra debajo del cual se hallaba escondido el reino resplandeciente de su padre. Según se dirigía sin hacer ningún ruido, a través de las frágiles hojas del otoño que cubrían el suelo del bosque a modo de manta, sus rizos turquesas relucían cubriendo todo su cuerpo desnudo, y cada uno de sus movimientos irradiaba el dulce aroma de las flores silvestres de primavera inundando el aire otoñal.
Se había escapado de la asamblea que su padre había convocado. Como era la princesa de más edad, sabía que se suponía que debía prestar toda la atención posible a los asuntos que afectaban a Valeska (la provincia del reino de las hadas que su padre gobernaba) pero estos asuntos únicamente conseguían que casi se quedara dormida.
Además, dijo para sí, su hermana estaría presente en la reunión de la corte, con lo cual Serena le podría contar más tarde todo lo acontecido. Al pensar en ello, Michiru frunció el ceño. Serena no estaría dispuesta a contarle nada si no era a cambio de algún beneficio para ella misma.
Aunque normalmente Michiru no se preocupaba mucho de Serena, a veces se preguntaba por qué le habían dado a su tempestuosa hermana un nombre que significaba tranquilidad. Por qué, sólo tres días antes, Serena, ¿había disfrutado terriblemente haciendo nudos interminables en el rabo de un asno? El animal no pareció ofenderse, pero su pobre dueño lo pasó fatal intentando desenredarlo. Serena disfrutaba atormentando a los humanos.
Michiru no alcanzaba a comprender por qué. Para ella, lo humanos eran las criaturas más intrigantes de la creación.
Se detuvo junto a un inmenso roble, se apoyó en el tronco de árbol, y se quedó mirando las briznas de hierba de color esmeralda que apenas le llegaban a sus delgados tobillos. Había pocas cosas que le proporcionaran más placer que sus poderes para cambiar de forma. No se trataba de que no le gustara su tamaño original — que era más o menos como el de las alas abiertas de una mariposa grande— pero le encantaba tener un aspecto escultural.
En sus labios se dibujó una sonrisa secreta, sabiendo que sin duda su deleite por ser alta se debía a su fascinación por los humanos, más especialmente por el humano que vivía en los alrededores.
Respirando profundamente el aire fresco con olor a bosque, no pudo ahogar un escalofrío por la excitación.
— Va a venir muy cerca hoy, Delicioso — le dijo en un susurro a su mascota encantada— ¡Ese humano tan guapo que me hace estremecer!
Miró a su mascota, frunció el ceño y sonrió abiertamente. Apenas hacía una hora que Delicioso había sido un ciervo de piel leonada. Ahora era un cisne, situado junto a sus pies mientras se limpiaba sus alas del color de la nieve.
— ¿Qué pasa, Delicioso? ¿No puedes decidir qué es lo que le quieres ser hoy? — preguntó Michiru.
Delicioso se tocó la suave cabeza con el muslo desnudo, para volver después a la tarea de limpiarse las alas.
Aún sonriendo, Michiru pensó en el atractivo humano de nuevo. No tenía ni idea de quién se trataba, pero ella siempre sabía cuándo estaba lo suficientemente cerca como para observarle. Una sensación muy agradable la atravesó, susurrando que el hombre se acercaba. Había sentido lo mismo desde la primera vez que le vio, cuando él aún era un chico pequeño y ella un hada niña, y desde entonces siempre le había seguido observando.
Excepto durante un período de cinco años, en que él había desaparecido de repente. No creía que le volvería a ver de nuevo hasta que un día regresó y aún estaba más guapo que en el pasado.
Desde que podía recordar, siempre había deseado tenerle junto a ella. Si él le perteneciera podría tenerle en el palacio de su padre y mirarle siempre que quisiera en lugar de tener que esperar a que apareciera. Le concedería todos los deseos y también le proporcionaría alegrías, ya que se había dado cuenta del extraño dolor que se ulceraba dentro de él.
Pero si no era raptándole, no sabía cómo podría adquirir tan extraordinaria posesión.
Se deslizó flotando hasta el borde del bosque, buscó por los campos y siguió pensando en el hombre que esperaba ver. Tenía el cabello como el color del oro,ojos tan verdes como el césped de primavera,alto,muy alto,se trataba del ser viviente más bello que jamás había contemplado. Y su vigor la dejaba perpleja.
Él nunca perdía sus fuerzas como las hadas, sino que podía montar su enorme caballo del color del ébano durante horas sin cansarse. Incluso su aspecto también era fuerte, tenía un cuerpo tan sólido que Michiru estaba segura de que, si alguna vez tenía la oportunidad de tocarle, estaría duro como una piedra. Tal fortaleza le era extraña a un ser etéreo como ella.
Observó su propia forma líquida. Su piel traslúcida brillaba mientras que la de los humanos no. Se movía en un aura de resplandor. Los humanos proyectan sombras.
— Y los humanos deben de pesar mucho — le dijo a Delicioso— Incluso mojada apenas peso más de un puñado de estrellas.
— ¡Michiru! — retumbó la voz de su padre el Rey Cronos por todo el bosque. Michiru se dio la vuelta y vio a su padre, a Serena y a una hueste de nobles de Valeska de pie delante de ella.
Ellos también habían utilizado sus poderes para cambiar de forma y tenían su misma altura. Nadie le sonreía. Todos estaban mirándola fijamente, algunos con temor, otros con envidia y otros con simpatía.
Un extraño presentimiento le sobrevino cuando vio cómo el padre daba un paso hacia delante. La barba y el pelo blanco les llegaban hasta las rodillas envolviendo su cuerpo desnudo y redondeado a modo de venda de espuma, y el mismo suelo por el que pisaba empezó a brillar como si fuera plata.
— ¿Papá?
— Michiru, no acudiste a la asamblea que habíamos convocado.
— Habría que castigarla — amenazó Serena — Si yo fuera su padre la...
— Pero tú no eres su padre, yo sí — el Rey dejó escapar un profundo suspiro, al contemplar las diferencias entre sus hijas. Serena tenía el pelo color rubio en coletas,de estatura mas pequeña que la de Michiru y se deleitaba proporcionando tristezas. De hecho, se había encargado en gran medida de que los humanos temieran a las hadas.
Pero Michiru, con trenzas color turquesa enormes ojos del color del mar, encontraba su mayor satisfacción en dispensar amabilidad a todos los seres vivos, cuidando las flores y a los animales, e incluso protegiendo a las estrellas a las que los humanos tan frecuentemente pedían deseos..
El Rey se preocupaba por ella, porque el mundo de los mortales podía ser un lugar muy siniestro, especialmente para alguien inocente como Michiru. Y el mundo mortal era exactamente el lugar al que tenía que enviarla.
— Siento que tu madre no pueda estar presente para escuchar el anuncio tan importante que tengo que hacerte, Michiru — comenzó a decir— , pero todavía no ha regresado de su misión. Creo que dijo que el último sitio en el que ha estado es algún lugar de Australia.
— No es cierto, padre — corrigió Serena con firmeza— Era América. Philadelphia, Pennsylvania, para ser exactos.
— Bueno, perdona mi error geográfico, Serena — estalló el Rey— Estoy seguro de que te ha encantado corregirme — extendiendo su brazo, colocó la mano en la de Michiru
— Ha llegado el momento de llevar a cabo los esponsales prometidos por mi abuelo, Michiru.
Los ojos de Michiru se abrieron de par en par al pensar en la extrema importancia de esos desposorios. Le habían contado la historia muchos años atrás y se la habían repetido todos los años desde entonces, con lo que el cuento se le había quedado grabado en el corazón, al igual que en el de todos los Valeskyanos.
Las hadas tenían una ascendencia frágil y muy antigua, y con el paso de los siglos esta raza tan delicada había seguido debilitándose. En consecuencia, el número de bebés de hadas nacidos había disminuido considerablemente.
Por el contrario, los humanos eran fuertes y tenían una descendencia numerosa, con lo que el bisabuelo de Michiru había descubierto una forma concreta para obtener dicha fuerza y fertilidad para los Valeskyanos.
Se había dado cuenta de que la unión entre un humano y un hada tendría como resultado unos niños que darían la fuerza necesaria a la raza encantada gracias a la vitalidad que aportarían los humanos. Todos sabían que la unión era la única manera de salvar el reino de Valeska, pero nadie había sabido qué monarca de Valeska llevaría a efecto el pacto alcanzado tantos años atrás entre las hadas y el humano de nombre Uranus.
Todo lo que se sabía era que mediante un sueño el Rey escogido sabría cuál sería su misión y los detalles concernientes a la misma.
— Un sueño — susurró Michiru— ¿Tú has tenido el sueño, padre?
— Sí, hace dos semanas, en la Víspera de Todos los Santos — se detuvo un instante, sin saber cómo formular la pregunta que tenía en la mente
— Michiru — dijo al fin— , ¿tu madre te ha...? ¿ Te dijo...? ¿Has mantenido ya una charla con ella de madre a hija?
Tantos pensamientos se agolpaban en la mente de Michiru que ni siquiera había oído la pregunta de su padre.
— Oh, ¡pero esto es maravilloso, padre! ¿Debes de sentirte enormemente halagado, verdad? Ser el monarca elegido... ¡Delicioso! — exclamó, inclinándose para acariciar a su mascota— ¿Has oído, precioso? ¿Es Uranus macho o hembra, padre? ¿ Cuán.. do será la boda? ¿Qué hada se casará con...?
— Uranus es macho — interrumpió el Rey, pues sabía que la joven seguiría hablando alegremente si no la detenía— Y tú, Michiru, eres el hada que ha de casarse con él y engendrar su hijo.
La declaración de su padre dejó a Michiru tan estupefacta que se disolvió en un remolino nebuloso de luz plateada. El Rey Cronos suspiró de nuevo. Incluso cuando era niña Michiru había buscado cobijo en las situaciones difíciles desvaneciéndose en una bruma centelleante. Serena , sin embargo, se convertía en llamas y ardía con furia hasta que sus emociones se sosegaban.
La bruma y las llamas, musitó el Rey. Sus hijas no podían haber sido más distintas. Una pena que Serena no tuviera un poco de la gentileza y la compasión de Michiru, y que Michiru no poseyera un toque del genio y la audacia de Serena. Si fuera así, las dos tendrían personalidades bien equilibradas.
Golpeando con el pie en el suelo, el Rey esperó a que Michiru volviera a aparecer. Sabía que la espera no sería muy larga, porque las emociones de las hadas vienen y van tan deprisa como el brillo de una estrella.
Al instante siguiente, Michiru se materializó volviendo de su refugio resplandeciente.
— ¿ Yo... yo, padre? ¿ Yo soy la que tiene que casarse con Uranus?
Serena elevó la mirada hacia el cielo.
— ¡Por supuesto, tú! Tú siempre consigues todo, ¿no es así? Tú eres la heredera al trono de nuestro padre, ¿verdad? Tú serás reina un día, ¿no? Muy bien, y ahora eres la salvadora escogida para nuestra raza. El hada que será recordada en el futuro como la Valeskyana que nos salvó trayendo a un bebé medio humano en medio de nosotros. Y, ¿qué es lo que yo he conseguido, me lo puedes decir? ¡Ni una sola cosa, eso es todo!
El Rey se tocó las sienes que le empezaron a martillear cuando Serena lanzó esta feroz rabieta para convertirse en una pelota giratoria de llamaradas de rojo candente.
— Serena, por favor. — Poco a poco, Serena se fue enfriando hasta que sólo sus ojos seguían ardiendo de furia. El Rey se volvió hacia Michiru.
— ¿Conoces los detalles del plan de mi abuelo?
Las palabras rara vez le faltaban a Michiru, pero esta vez se encontró incapaz de responder. Unos momentos antes había estado creando sus propias fantasías sobre cómo hacerse con el atractivo hombre de pelo rubio que montaba el enorme caballo del color del ébano, y ahora iba a casarse con un hombre que jamás había visto. Dios mío. ¡Qué deprisa le había cambiado la vida!
— Te casarás con Uranus y concebirás a su hijo — le recordó el Rey— Mi nieto nacerá, crecerá, se casará y procreará en Valeska. Por supuesto, no podemos estar seguros de si el bebé heredará los poderes de las hadas, pero sólo por tener a este ser mitad humano entre nosotros nos sentiremos más fuertes. De tal modo que muchas parejas de mi reino comenzarán de nuevo a reproducirse.
La preocupación reemplazó la mirada de sorpresa de Michiru. ¿Cuánto tiempo se vería obligada a permanecer en el mundo de los humanos?
El Rey le cogió la mano.
— No te desesperes, hija mía. Nunca permitiría que te quedaras en el mundo de los humanos más tiempo del necesario. Nunca, ¿lo entiendes? Y no olvides que de cualquier modo, puedes permanecer fuera del reino de las hadas más de tres meses seguidos. Perecerías si te quedaras en el mundo de los mortales más tiempo.
Al mismo tiempo que sus palabras retumbaban sobre la asamblea allí reunida, el silencio se hizo sepulcral. Como las hadas vivían tanto tiempo, el tema de la muerte apenas aparecía en sus conversaciones.
— Sólo hay una cosa que podría salvar a un hada de una muerte segura en el mundo de los humanos — continuó diciendo el Rey con solemnidad— , y eso es algo que se conoce como amor humano, una emoción intensa que nace y fluye de lo más vulnerable del corazón humano. Este amor es capaz de otorgar una profunda e indescriptible alegría a aquellos que lo comparten. Desgraciadamente, al ser hadas no podemos comprender ese sentimiento, ya que nos falta la fuerza, la sustancia y la profundidad necesarias para soportar unas emociones tan profundas.
— Verdaderamente se trata de una cosa extraña — murmuró— Los habitantes del reino de las hadas poseen grandes poderes, pero la magia del amor humano... Es la fuerza más poderosa de toda la creación.
Todas las hadas presentes comenzaron a reflexionar sobre las declaraciones de su gobernante hasta que las preguntas que en voz tan alta empezó a formular Serena interrumpieron su deliberación.
— ¿Y qué pasará si Michiru no consigue hacer que Uranus, se case con ella? ¿ Y qué pasaría si por alguna desagradable casualidad la convierte en su esposa, pero no consigue quedarse embarazada antes de los tres meses? ¿Enviarás entonces a otra hada para que ocupe su lugar, padre? ¿Una que con toda seguridad tendrá éxito donde ella fracasó? Como yo, por ejemplo.
El Rey frunció el ceño.
— Serena, ten cuidado de que la envidia que sientes no convierta tus ojos azules en rojos. Michiru es un hada muy bonita. Igual que tú — se apresuró a decir— No hay duda de que Uranus deseará convertir a tu hermana en su esposa.
Mirando a su hermana con frialdad, Serena dio una patada a un montón de hojas de color ocre.
— Si crees que estoy celosa en lo más mínimo, estás muy equivocada, Michiru. ¡Tienes que casarte con uno de esos humanos! Es una pena que no puedas simplemente vivir con Uranus durante un tiempo y quedarte embarazada sin necesidad de convertirte en su esposa.
— ¡Serena! — gritó el Rey— ¿Cómo puedes sugerir que Michiru tenga un bebé fuera de los lazos matrimoniales? Mi nieto llevará el nombre de su padre, ¡puedes estar segura!
Serena empezó a discutir otra vez, pero el sonido de unas pezuñas que se acercaban a lo lejos la interrumpió.
— Ha llegado el momento, Michiru — dijo el Rey, dirigiendo a Serena una última mirada de desaprobación— Uranus se acerca. Debes aparecerte ante él con rapidez. Sucumbirá a tu belleza, se quedará encantado al instante y muy pronto te convertirás en su esposa.
Le cogió de la mano, comenzó a guiarla hacia el límite del bosque, pero de nuevo se detuvo.
— Michiru, en cuanto a la charla de madre a hija que debías haber tenido con tu madre... Para que concibas al hijo de Uranus debes... Hay muchas diferencias entre los humanos y las hadas, por supuesto, pero...
Se detuvo, observando que todas las hadas le estaban escuchando con atención. Éste no era el tipo de conversación que debiera tener delante de sus súbditos, se dijo.
— Baste con decir que Uranus te hará concebir un hijo de la misma manera que lo hacen los hombres de las hadas.
— ¿Pero qué manera es esa, padre? — El Rey oyó cómo se acercaban las pezuñas.
— No tengo tiempo de explicártelo. Será Uranus en persona el que se encargue de describirlo y llevarlo a cabo.
— Y... Y tan pronto como lo haya concebido, ¿puedo volver a Valeska?
— Casi con toda seguridad volverás — afirmó él— Eres del reino de las hadas, y es a él al que perteneces.
— ¿Pero cómo sabré cuándo he concebido al niño, padre ¿Quién me dirá que estoy esperando un bebé?
El Rey sonrió.
— Lo sabrás, Michiru. En el momento de la concepción, sentirás cómo se crea vida dentro de ti, y también sentirás cuál es sexo del bebé. Es un bonito don que poseen las mujeres hadas.
Michiru se quedó callada en ese instante, preguntándose cómo podría sentirse ese milagro. Pero cuando su padre empezó a animarla para que se dirigiera al borde del bosque, salió de su contemplación silenciosa y se resistió con toda la ligera fuerza que su cuerpo le permitía.
— ¡Padre, espera! Yo... Uranus... ¿él sabrá que soy del reino de las hadas? ¿Y si no lo sabe, se lo digo?
El Rey se detuvo en medio de su estela plateada. Avispado como era, sin embargo, ningún miembro del reino podía comprender por completo la naturaleza humana.
— No estoy seguro — admitió con calma— Como ya te he dicho, las emociones humanas son diferentes de las nuestras, porque la fuerza y la sustancia de los humanos les permiten sentir mucha más profundidad y durante períodos de tiempo mucho más largos. Sin embargo, me imagino que Uranus sabrá de tu linaje tanto si decides decírselo como si no. Puede que te vea utilizar poderes o que descubra cómo te disuelves en tu bruma. Y no olvides, Michiru, de que no puedes permanecer alta todo el tiempo. Tu fuerza menguará, y te verás obligada a volver al tamaño de los Valeskyanos para recuperar tus energías. Es posible que sientas la necesidad de encoger de estatura delante de él.
La incertidumbre hizo que Michiru quisiera buscar la soledad de su bruma, pero se negó testarudamente a sucumbir a la tentación. No pudo evitar las lágrimas. Diminutos diamantes escaparon de sus ojos y comenzaron a rociar el manto de hojas.
— Ahora vete — ordenó el Rey.
Rápidamente la angustia de Michiru se desvaneció. Se deslizó hasta el límite del bosque, seguida por Serena y el resto de las hadas.
— Ahí está Uranus— susurró el Rey, señalando hacia el prado — Llega de la misma manera en que le vi en mi sueño. Sobre su negro caballo por el pasto.
Michiru vio a su humano cabalgando por el campo, sobre su enorme caballo negro acercándose más y más al bosque.
— ¿Él? ¿Él es Uranus?
— Sí, niña mía. Él es Uranus.
¡Dios mío! Una alegría tan profunda llenó todo el ser de Michiru a tal punto que su brillo rivalizaba con el del mismo sol. ¡Durante tres meses enteros, Uranus sería suyo, la posesión más preciada que jamás había tenido!
— ¡Ahora, Michiru! — le gritó su padre— ¡Vete ahora!
Y no necesitó que se lo repitieran. Las estrellas relucían a su alrededor; ella salió corriendo del bosque y se dirigió hacia el prado, con sus largos cabellos flotando como olas del mar. Como quería que la primera vez que Uranus la viera captara una imagen perfecta de encanto y elegancia, voló de la forma más grácil que conocía, con un brazo extendido por delante y el otro colocado delicadamente a un lado.
Pero una brisa muy fuerte estropeó su pose caprichosa, lanzando su frágil figura por el aire con una fuerza poderosa.
Al instante siguiente, vio el origen de sus problemas. Delicioso volaba junto a ella. Sus poderosas alas blancas habían levantado un viento que su ligera estructura no podía soportar, arrojándola hacia delante con tanta violencia que supo que pronto caería. El pelo se le alborotó a su alrededor, y empezó a batir los brazos y a dar patadas en un vano esfuerzo por recuperar el control.
— ¡Delicioso, no! — gritó.
El cisne parecía no oírla. Por el contrario, estiró su largo cuello y comenzó a batir las alas con golpes más rápidos y fuertes.
Justo como se temía, Michiru fue llevada por los aires como si fuera una pelota en medio de un tornado. Una aguda sensación de desesperación la colmó, cerró los ojos con fuerza, deseando que no le sucediera nada...
...Y se chocó directamente con Haruka Uranus Tenoh.
Con el segundo capitulo subido les termino por presentar a los personajes! Ojala lo hayan disfrutado mucho..
