L'amour
Segundo Capítulo.
Candice White Andrew
La luz serena de la aurora que se adentraba en la habitación a través de las cortinas de lino blanco anunciaba el amanecer e iluminaba tenuemente la figura de una mujer que desde el balcón miraba el paisaje que le ofrecía el gran jardín de la casa, su cabello estaba sujeto en una cola baja y dejaba escapar algunos rizos que jugueteaban con el frío viento, sus manos sujetaban fuertemente el barandal y sus descalzos pies se levantaban en puntillas meciéndose hacia atrás y adelante como una chiquilla.
Tras unos minutos un singular canto de ave se escuchó en la habitación, era su muy simpático y especial reloj cucú, que daba las cinco en punto como siempre diez minutos antes de la hora real, cerró los ojos y recordó con alegría la tarde en la que el inventor de aquel artefacto había vuelto a la familia.
….
Era una mañana tranquila en la mansión de la familia Andrew, los jardineros estaban de aquí para allá en sus labores, trayendo y llevando bolsas con tierra preparada, trasladando macetas y colocando en su lugar las nuevas especies de plantas traídas desde el otro continente por el muy apreciado jefe del clan. De pronto aquella calma se vio interrumpida cuando un auto se adentró a la mansión a una velocidad por demás imprudente y sin importarle la presencia del nuevo y joven jardinero aceleró hasta ubicarse en un santiamén en la puerta de entrada donde por fin detuvo su marcha entre los reclamos airados de hombre, que por cierto había tenido que correr para no ser pillado por aquel demonio de conductor, a los gritos de aquel furibundo empleado se le unieron los improperios del resto de trabajadores que se aproximaban llenos de coraje dispuestos a reclamar a la persona que estuviese tras el volante.
En el piso de arriba se encontraba Candy reunida con Annie y Patty, quienes ante tal bullicio no dudaron en asomarse al balcón agradecidas porque alguien hubiese llegado a romper la aburrida tranquilidad de la mañana, sus bocas se curvaron en sonrisas al notar como Adelaida, la amable ama de llaves de la casa, había salido a toda prisa y con escoba en mano exigía al chofer que baje del vehículo, seguramente para seguirle reclamando y así valer su autoridad; sin embargo la respuesta del sujeto a la señora había sido nada más y nada menos que el toque de varios bocinazos, aumentando así numerosos decibeles a la confusión.
- ¡Es un loco! – exclamó Patty.
- ¡Quizás es un delincuente o un borracho!- añadió Annie.
- Miren ahí sale la tía Elroy – habló Candy al tiempo que se daba vuelta dispuesta a bajar para presenciar la escena más de cerca -¡Una carrera hasta ese auto! – gritó la rubia.
- Eso es trampa, yo perderé – chilló la de cabellos negros.
- Haz lo que puedas Annie – exclamó Patty, y segundos después se escuchaba el sonido de los tacones y las risas de las jóvenes.
La matriarca de la familia estaba ofendidísima y se preguntaba que clase de enfermo mental podía estar siendo el causante de semejante alboroto, "es inaceptable" se dijo y continuó su marcha con un rápido pero elegante caminar, con la cabeza en alto y con su mejor mueca de disgusto se plantó frente al vehículo, su figura se veía imponente y al verla hasta las aves callaron, levantó la ceja izquierda, gesto heredado por su padre, y cuando estaba dispuesta a hablar las risas de las tres jóvenes damas que vivían con ella rompieron el silencio, giró la cabeza para poder verlas y ellas infantilmente le sonrieron, definitivamente si antes se había enojado ahora lo estaba aún más por aquella atrevida interrupción y se prometió darles más adelante una clase de modales; volvió la cabeza hacia adelante y cuando tomaba aire para volver a abrir la boca la puerta del conductor se abrió con un estrepitoso sonido y de él descendió un hombre, vestido como militar, con una gorra en su cabeza y la cara envuelta en una amplia bufanda beige.
El corazón de Elroy palpitó fuertemente dentro de su pecho sin saber el motivo aún y el hombre frente a ella procedió a desenvolver con parsimonia la bufanda dejando al descubierto por fin su rostro. Adelaida sacó la cruz de su bolsillo y apretándola fuertemente en su mano procedió a desmayarse, entretanto algunos empleados empezaron a hacerse la señal de la cruz, ante lo cual el hombre sorprendido por aquel católico recibimiento solamente atinó a extender los brazos hacia los costados esperando los abrazos que sin duda llegarían.
Las jóvenes estaban casi en shock y lágrimas comenzaban a caer sobre el elegante vestido de la matriarca, quien ahogó un sollozo y gritó un nombre "¡Stear!" después de un breve segundo ella estaba ya en brazos de su querido sobrino, lo sujetaba fuertemente como si temiera que aquello no fuera real, le beso el rostro y colocó ambas manos en las mejillas pálidas del muchacho pudiendo apreciar una pequeña cicatriz cerca de la ceja y volvió a estrecharlo con más vigor, ella no tenía la menor idea de como es que se encontraba vivo el chico y tampoco le importaba en ese momento, lo único que era realmente importante era que estaba ahí, en carne y hueso, que no era un sueño, que Dios se había apiadado de la familia y les había mandado un milagro.
El joven recibía gustoso los cariños de la que él consideraba su madre, estaba feliz, su corazón latía apresurado y se decía así mismo que bien había valido la pena esperar a recuperarse para poder tener esa dicha; con toda la energía de la que era capaz tomó fuertemente a la anciana y la levantó del suelo haciéndola dar vueltas en el aire ante la sorpresa de la dama.
Aquella imagen tan pintoresca, emotiva y poco común petrificó a la servidumbre tanto o más que el resucitado, aunque les apenaba no poder contarlo porque estaban seguros de que, en primer lugar nadie les creería y en segundo que la fidelidad que sentían por la familia les obligaba tener discreción.
Las tres damas jóvenes, se debatían entre el desmayo, las lágrimas y la risa; de pronto la matriarca se separó del muchacho y las miró significativamente, sin embargo sus ojos se detuvieron en Patricia O'Brian, y ambas se sonrieron con complicidad, la joven de cabellos castaños se levantó el vestido y corriendo fue a dar también a los brazos del inventor, en poco tiempo la muchacha ya estaba aferrada al pecho de su amado, los dos sin palabras se sostenían el uno al otro, mientras lágrimas corrían por sus mejillas, luego ella levanto la mirada y leyó en los ojos de él todo el amor y pasión contenidos, así que tomó valor, se levantó un poco en las puntas de sus pequeños pies y beso a su amado, Patricia jamás hubiera creído que podía tener semejante valor para realizar dicha maniobra, ni si quiera a solas menos aún frente a otros; no obstante al tener a Alister con vida ella también se había sentido renacer, él recibió gustoso los labios de su novia y correspondió con una ferviente necesidad, aquel apasionado beso quedaría grabado en las mentes de cada uno de los presentes por generaciones.
Y tras del primer beso, siguió otro y luego otro, hasta que la matriarca vio por conveniente hacerse notar, los enamorados se separaron felices y muy ruborizados y Candy se apresuró también a saludar al joven con un sonoro beso en la mejilla.
- ¡Stear jamás dejaremos que te separes de nosotras! – reclamó Candy con la voz quebrada por el llanto para luego estrecharse en un abrazo lleno de afecto.
- ¡Stear! Archie estará feliz, ha ocurrido un milagro hermoso - dijo Annie acercándose también al joven.
- ¡Annie, por lo que veo Archie no perdió el tiempo!- soltó Stear con humor mientras abrazaba con delicadeza a su cuñada que tenía las mejillas como tomates maduros de la vergüenza - ¡Me he perdido de tantas cosas! Pero aquí estoy al fin ¿Cuántos tiempo tiene mi sobrino?
- Puede que sea mujer Stear – replicó ella sonriente – aún nos faltan 3 meses por conocer a mi pequeño bebé.
- ¡Seis meses de embarazo! ¡Soy tío! ¡Oh tu y Archie nos llevan ventaja! Pero estoy seguro que pronto Candy nos dará una sorpresa ¿No es verdad Candy? ¿Cuándo piensas encargar? Terry debe de estar desesperado por tener un heredero – dijo sonriente haciendo palidecer a Candy.
- No, Candy y Terry no se han casado – susurró Annie.
- ¡Pamplinas! Yo me enteré que corría el rumor que Terry iba a casarse y luego supe que en un diario se había publicado lo del compromiso de la heredera de los Andrew ¿qué ha sucedido? – preguntó esto último ya muy preocupado al ver el rostro de los demás.
- Sería bueno entrar y ponernos al corriente en el salón – sentenció Elroy sintiéndose avergonzada y culpable, ya que ella no olvidaba que lo del compromiso de Candy con Neal había sido orquestado en gran medida por ella misma.
- Candy realmente lo siento, discúlpame, no quería hacerte pasar por esto.
- Descuida Stear – contestó la rubia dándole una sonrisa indescifrable.
….
El reloj sonó nuevamente y Candy inevitablemente había empezado a llorar.
"Terry ¿Por qué sigues atormentándome? No te quiero recordar" decía la dama mientras su llanto se volvía más amargo y en su memoria comenzaban a desfilar imágenes de su pasado y en todas ellas estaba presente un rostro de bellos ojos azules y sonrisa radiante.
El tiempo había transcurrido y Candice ya no era la pequeña que corría alocadamente por los pasillos, que se embarraba hasta las mejillas comiendo pasteles de chocolate o que trepaba a los arboles sin nada que la detuviese, ahora había crecido y madurado a costa de duras experiencias, su carácter se había modelado gracias al sufrimiento, ya que era por éste que ella había construido una coraza sobre sí misma, había decido ocultar su dolor y sus pesares ante los demás, todos aquellos sentimientos que la hacían vulnerable, no quería mostrar su debilidad, no quería que supiesen de sus lágrimas y mucho menos que sintieran lástima de ella; no obstante lamentaba que aquello no hacía que olvidase sus dolores… solamente la convertían en una actriz de sociedad.
Hacia mucho que no veía a Terry y a pesar de eso su ausencia era una herida aún abierta, desde aquel día de su separación no había dejado de añorarlo y con frecuencia tenía terribles pesadillas donde aparecía él junto a Anthony, ambos alejándose de ella y muriendo frente a sus ojos, era por eso que prefería no dormir, había hecho una costumbre el quedarse en vela, muchas veces usaba este tiempo para escribir, cosa que se le había vuelto una costumbre, otras veces practicaba las labores que con esmero, dedicación y sobre todo mucha paciencia le habían enseñado las maestras contratadas por Elroy Andrew y es que si bien es cierto antes aquello le hubiera aburrido hasta el extremo, ahora esas sencillas tareas eran su vehículo para salvarse de las tediosas horas entre el silencio de la noche y la crueldad de sus recuerdos, había logrado desarrollar una hermosa forma de tejer, sus diseños eran alabados por todos, pero lo que nadie sabía era que Candy tenía ya bordados con las iniciales de cada miembro de la familia una docena de finos pañuelos para cada uno, además de haber tejido numerosos botines y chambritas para su sobrina consentida María Elizabeth, que con sólo un mes de nacida ya tenía calzado y vestido para cambiar día con día y sin repetir los siguientes dos meses. Aquellos trabajos manuales no solo eran muestra de su gran ingenio y destreza sino que también eran testimonio de que sus noches de insomnio eran incontables.
Con delicadeza propia de una princesa se talló los ojos limpiando de ellos los restos de lágrimas y caminó hacia su tocador, acarició con su dedo los pétalos de las rosas blancas que lo adornaban, mientras nuevamente se filtraban en su mente recuerdos de un pasado que quería olvidar y del cual al mismo tiempo no se quería desprender, nuevamente unos zafiros chispeantes de juventud y un masculino perfume llegaban a ella inundando sus memorias.
De pronto pudo jurar que hasta sintió la tibieza de sus brazos y su aliento muy cercano a su boca, recordó la tarde del único beso compartido y suspiró inevitablemente, al menos aquel recuerdo no la ponía triste.
- Terry, me hubiera gustado mucho que me besaras de nuevo… pero ahora ya pasaron aquellos días, el verano nos abandonó y estoy sola cubierta de inviernos y otoños interminables, me dejaste Terry y yo te permití marchar - se repitió abrazándose a si misma como para protegerse de la adversidad - A pasado mucho tiempo y yo sin olvidarte ¿Por qué es que no puedo también cambiar de corazón?
Se preguntó mientras veía su imagen en el espejo, notando que de la Candy de antaño ya no quedaba mucho, sus vestidos humildes los había cambiado por suntuosas prendas francesas, ahora mismo lucía una finísima bata que antes no hubiera podido costear ni con todo el sueldo de cuatro meses, su peinado de coletas había quedado en el olvido y finalmente y como cereza del pastel había dejado de ejercer la enfermería para convertirse en una dama de sociedad, todo lo que ella antes no hubiese querido, pero de lo cual extrañamente no se arrepentía, al fin y al cabo había cambiado el exterior pero sus ideales y sentimientos seguían invariables, su profundo amor por Terry era muestra de eso.
Definitivamente el destino de Candy se había modificado, su vida había sufrido un cambio radical, después de lo ocurrido con Neil y de enterarse la verdadera identidad de Albert, todo su mundo se había trastocado, ella no podría renunciar al apellido como quería, ya que no era incapaz de hacerle eso al hombre que la había ayudado desde siempre, sería como renegar de su eterno príncipe de la colina y eso era algo que Candice White Andrew no haría jamás.
"Soy esto por ti Albert, por ti seré una Andrew y si tú lo quieres así será hasta que me muera" - dijo liberando su cabello de la liga que le ataba.
Ella había aceptado vivir en la mansión para acompañar a su amigo tan solo por un par de meses, pero a medida que el tiempo iba pasando y al ver que Albert ciertamente necesitaba de ella decidió quedarse y adoptar aquel nuevo estilo de vida pensando que no solo le ayudaría así a su protector sino que quizás le serviría para olvidarse de todo aquello que le lastimaba y aunque su decisión no había surtido del todo el efecto que hubiese deseado no se arrepentía de ello, ahora ella no sólo estaba convertida en la brillante y encantadora señorita Candice White Andrew, como solían decir las revistas en las que posaba sonriendo, sino que también se había hecho la benefactora del hogar al cual tanto amaba y realizaba a escondidas otras muchas obras de caridad; además había logrado la amistad de las señoras de alta sociedad y las había convencido hábilmente para involucrarse en sus proyectos.
"Después de todo esto no fue tan malo" musitó sonriendo melancólicamente y comenzó a cepillarse con paciencia su cabello dorado, pero de pronto algo la sacó de su diligente tarea, una melodía interpretada desde el piano de la planta baja, pero no cualquier melodía sino una que ella conocía muy bien.
- Mi vals.
Susurró con añoranza, acordándose de la vez en que disfrazada de Julieta lo había bailado.
"Terry" articuló el nombre acariciando cada letra "Terry" repitió con amor, pero sin ella darse cuenta sus sentimientos se tornaron en frustración y rabia.
- ¡Maldito inglés arrogante! No sabes cuánto te odio - Escupió las palabras al tiempo que arrojaba sobre la mesa su elegante cepillo.
¿Lo odiaba? La verdad era que de todos los sentimientos que guardaba, ese precisamente nunca iba dirigido hacia él, porque a él le amaba, le amaba con locura, sin embargo a quien empezaba a odiar era a sí misma por no ser capaz de sacarlo de su corazón.
De inmediato fue en dirección de su mesita de noche estilo victoriana, abrió la primera gaveta y saco de ella una hermosa caja labrada en madera, con cuidado y casi reverentemente la colocó sobre la cama se sentó al costado y suspirando le dio vuelta a la llave para poder poner al descubierto lo que con celo guardaba; miro cada uno de sus objetos y tomó de entre ellos un recorte de diario, recorte que tenía impresa la imagen de él y a pesar que era nada más que una figura a blanco y negro, ella podía imaginar cada color que originalmente tenía, podía ver el azul deslumbrante de sus ojos y la capa roja cayendo elegantemente desde sus hombros hasta rozar el suelo, el color de las mallas que cubrían sus fuertes piernas y el tono de su traje de caballero, sin duda nunca existiría mejor Romeo que él, pensó y de inmediato se arrepintió del giro de sus ideas.
- ¿Como te voy a olvidar, si me impulsas a mirarte día con día? Si verte tan sólo allí en un trozo insignificante de papel me consuela y me enamora. Dime Terry ¿Dónde quedó tu rebeldía? La olvidaste cuando era tan necesaria, cobarde, mil veces cobarde- le reclamó a la imagen impresa de su amado que le miraba muda sin poder defenderse.
- En el mismo lugar donde quedó tu fuerza y tu valor -contestó una varonil voz desde el marco de la puerta ahora abierta.
- Albert, pensé que sabías que no se debe de entrar sin autorización - dijo Candy limpiándose las lagrimas con premura.
- ¿Hasta cuándo, Candy?
Preguntó el rubio al mismo tiempo que se acercaba lentamente a la joven y con dulzura le acariciaba su cabello suelto y ensortijado, ella sintió esa suave caricia y sin atreverse a mirarlo a los ojos se levanto de donde estaba con la pregunta hecha por el joven resonando en su cabeza "¿Hasta cuando?" Se pregunto a sí misma y dándole la espalda estrujó en sus manos el recorte del diario.
- Candy, olvídalo... por favor, te haces daño.
Volvió a hablar y sin esperar tener respuesta pensó que lo mejor era salir de allí, no quería importunarla y solamente Dios sabía lo difícil que era para él verle sufrir de esa forma. Se dirigió a la puerta y cuando se disponía a poner un pie fuera de la habitación ella le contestó con una voz dura.
- Hasta que me convierta en un fantasma de verdad – dijo severamente - hasta que los ríos y mares se sequen como yo de dolor, hasta que pueda volver el tiempo atrás y remediar mis errores, hasta que no me queden lágrimas y arrepentimiento en el corazón - terminó de hablar al tiempo que se dejaba caer sobre la cama y empezaba a llorar como una niña otra vez.
- Sabes que siempre tendrás mis brazos para llorar en ellos- le susurró Albert y ella se preguntó como es que había llegado hasta su lado tan rápidamente.
- Entiende pequeña, no puedes estar lamentándote toda la vida, mira a tu alrededor, tienes tantas personas que te aman y muchas razones para ser feliz, vive pequeña, vive por ti, vive por nosotros.
Le dijo suavemente tratando de animarla y darle fuerzas, pero sus palabras hicieron efecto contrario en ella ya que se sintió incomprendida, y muy molesta contestó al rubio.
- Tú Albert Andrew, no entiendes nada – escupió con reproche – No valoras todo lo que he cambiado, no soy la Candy de antes, ahora no vivo en la tristeza, ahora hago lo que todas las damas, me divierto y tengo muchas ocupaciones como para que pienses que vivo lamentándome.
- Candy eres solo una máscara, no es lo que quiero para ti, es verdad que has cambiado pero con ese cambio solo has logrado envolverte en una burbuja dorada, puede que para los demás tu estés de lo mejor, pero yo sé que no es así, yo veo tus sentimientos y tu infelicidad.
- Lo que ocurre es que no me comprendes, acaso piensas que puedo ser la tonta y feliz muchachita de antes, no puedo ni quiero ¿Entendiste?
- Te dejas vencer fácilmente, eres una miedosa, Candy le tienes miedo a vivir, le temes a ser feliz - sentenció dolorido.
- No tienes ninguna autoridad, porque nunca has pasado lo que yo, no has vivido lo que yo, no te has enamorado nunca, así que no me digas que tengo que ser feliz si no puedes entender lo que siento - dijo subrayando cada palabra – ¡No sabes nada!- culminó diciendo con furia mal contenida.
- ¡Terminaste!- espetó el chico y molesto como pocas veces agregó - Porque si es así, te diré que tú tampoco tienes idea de nada ¿Sabes? Yo sé muy bien lo que es el amor y la renuncia, sé muy bien lo que se siente el no poder estar al lado de la persona que amas, por ser un imposible- "porque ella ama a otro y no me mira a mí", quiso decir pero se detuvo a tiempo, suavizo su voz y continuó- Pero sé también que llorando por los rincones no se soluciona nada, a diferencia tuya yo no soy un cobarde - terminó diciendo sintiéndose herido.
- Te felicito, si es que tu has podido superarte bravo por eso, pero piensa un poco, quizás tu logro se debe a que tu amor no es tan fuerte - dijo con algo de burla lastimando aún más al joven que se encontraba frente a ella y cuando él iba a abrir la boca para protestar ella se adelantó - Albert, te recuerdo que no todos somos perfectos como tú y que la valiente Candy también es una persona que sufre, no me han pintado una sonrisa en la cara eternamente ¿Me entiendes? El problema es que siempre llegas tu y me sorprendes justo cuando me quiebro – terminó bajando el tono de su voz.
- ¡Búscalo! Búscalo… si no eres feliz sin él entonces anda por él y sé feliz a su lado – exclamó con verdadero dolor - Busca siempre la felicidad- concluyó con el corazón partiéndose en muchos pequeños pedazos, pero sin intenciones de quitar lo dicho.
- Es tarde ya - susurró ella
- Nunca es tarde - le replicó el patriarca de la familia.
- ¿Podría hacerlo?- preguntó Candy temerosa y con un brillo muy pequeño de esperanza, tal y como una niña que busca la autorización de alguien para sentirse amparada; sin embargo todo esto no hizo más que clavar una daga al corazón del joven que le miraba con la desilusión grabada en sus expresiones.
- Quiero que dejes de llorar, prométeme que tratarás de buscar tu felicidad y déjate ayudar por nosotros que te amamos- contestó Albert sintiendo como su alma ya no daba para más y con las pocas fuerzas que le quedaban le sonrió para luego marcharse cerrando la puerta tras de sí, necesitaba alejarse o terminaría derrumbándose frente a ella y suplicando por una migaja de cariño.
- Lo prometo Albert- dijo la rubia cuando la puerta estuvo cerrada.
¡Muchas gracias por sus comentarios! No tienen idea de lo feliz que me hacen al tomarse su tiempo para leerme y escribirme, realmente han sido un apoyo para poder continuar.
Así que les doy gracias super, hiper especiales a:
Carmen, mi querida anónimo, Lila, Lizzig, Val rod, Ale Mía, Annilina, RVM85, Delyely
¡Muchas gracias!
Me alegro tanto de que les haya gustado el primer capítulo y espero que les agrade éste también, sepan que estoy poniendo mi mayor esfuerzo.
Y con respecto a si la historia es un Albert-fic o un Terry-fic pues les diré que eso es algo aun no determinado, digamos que ambos tendrán su oportunidad… nos esperan muchas sorpresas ¡Ya verán!
Besos a todas y hasta prontito, porque si Dios quiere actualizo este viernes.
Se despide su amiga
La chica de rosa.
