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Marcus Flint se Apareció en Hogsmade y miró alrededor, el lugar en donde los chicos de Hogwarts solían pasar los fines de semana era un desastre, después de la guerra, Hogsmade quedo destruida pero no lo suficiente como para tomar precedencia en las obras de reconstrucción, ahora que los edificios apenas podían sostenerse en pie gracias a varios encantamientos amateurs, el ministerio finalmente había decidido que era tiempo de comenzar la nueva aldea de Hogsmade, ahí es en donde entraba la compañía constructora de los Flint.
Alpha Magical Constructions era una empresa que se especializaba en las construcciones del mundo mágico, la mayoría de los grandes edificios del Reino Unido habían sido diseñados y construidos por la empresa de los Flint, Marcus era bueno diseñando, sin embargo, lo que realmente le gustaba era el trabajo de construcción, sus encantamientos de terminado y decoración interior también eran buenos, pero no había nada como levantar un muro en donde antes sólo había tierra, era el poder de la creación, pocas veces tenía oportunidad de ensuciarse un poco las manos, normalmente se pasaba el tiempo en distintos sitios, en las construcciones más grandes, él era el supervisor de proyecto, diseño y obra.
- Llegas tarde-. Marcus reconoció la voz inmediatamente, era Adrian Pucey, su mejor amigo, lo vio unos segundos y simplemente gruño como única respuesta, Adrian rió.
- Siempre un hombre tan efusivo- se burló Adrian, después de tantos años ya estaba acostumbrado a Marcus, el hombre pocas veces se comunicaba con algo más que gruñidos y miradas, huraño a más no poder.
- Bien compañero, vamos, están esperando en la tienda, ya llegó Roger Davies y en este momento debe estar besando los traseros de los directivos del ministerio- anunció Adrian, él era el consejero financiero y legal de la compañía, pero sobre todo asesor de Marcus, era el lazo público entre Marcus y el mundo.
- Nada nuevo ahí- murmuró Marcus, Roger Davis era la competencia, ambos se estaban disputando el proyecto de Hogsmade, todo dependía de lo que presentaran en la reunión.
- ¡Ja! Cierto, bueno, lo más seguro es que saque cosas personales para hacernos quedar como mortífagos ocultos o magos negros, trata de refrenar tus deseos de romperle la cara, déjalo hablar, yo me encargo- aconsejó Adrian, en los últimos años había sido difícil conseguir proyectos con el ministerio, después de que la compañía de los Flint había reconstruido Hogwarts sin cobrar un solo Galleon, el público había empezado a cambiar su percepción de los Flint y otras familias Slytherin que habían sido neutrales, pero aún había personas que usaban los prejuicios para ganar… digamos un contrato.
- ¿Listo? Trata de no exasperarte, contente de insultarlos por no saber la diferencia entre un hechizo de ingeniería hidráulica y uno de ingeniería estructural, de hecho, trata de no hablar… o gruñir… o verlos feo- indicó Adrian, sabía que Marcus era demasiado especial cuando discutía su trabajo, normalmente no se tomaba la molestia de enfurecerse por cosa alguna que no fuera quidditch, pero la construcción se había convertido en su vida, después de que le dijeron que no tenía lo que se necesitaba para ser un jugador profesional, Marcus se había concentrado en la empresa de su padre, hoy era el vicepresidente, nadie estuvo más sorprendido que él mismo cuando se dio cuenta de que era bueno para algo más que el quidditch.
- Debí haber insistido en ser jugador profesional- murmuró Marcus mientras entraba a la tienda que habían instalado temporalmente, el lugar parecía una salón de reuniones, estaba dispuesto para servir como oficina de los supervisores de obra.
- Buenas tardes señores, lamentamos el retraso…- comenzó Adrian pero Marcus no le puso atención, había algo en la habitación que invadía sus sentidos, volteo alrededor confundido pero finalmente se concentró en la reunión, el hecho de que normalmente Adrian Pucey fuera el que dirigía las reuniones, no quería decir que Marcus se la pasara rascándose la cabeza, bueno de hecho sí lo hacía, pero sus oídos siempre estaban atentos a lo que se decía.
- … este es el Hogsmade que visualizamos- dijo Adrian al ministro mientras le mostraba la maqueta que los magos arquitectos de la compañía habían diseñado.
- Como todos sabemos, la aldea es el lugar recreativo de los alumnos de Hogwarts, queremos que sea un lugar seguro y divertido, como ven, hemos dejado varios espacios recreativos, todos los negocios están contemplados, sin embargo, los hemos modificado un poco, todas las calles están perfectamente trazadas, aquí tenemos pensado crear un complejo de viviendas y departamentos, estos otros espacios están pensados para nuevos negocios…- Adrian seguía hablando pero Marcus no podía concentrarse, había algo, alguien, en la habitación.
- Queremos que no se note la diferencia, no deseamos crear una nueva aldea, sólo queremos reconstruirla, Hogsmade es un lugar histórico…- eso finalmente llamó la atención de Marcus, Roger Davis tenía la palabra, Marcus miró su maqueta y alzó un ceja, no hay nada más aburrido que la imitación, el proyecto de Davis era un fracaso, no se podía reconstruir Hogsmade como solía serlo, era imposible, los encantamientos que requería necesitaban ser nuevos y mejores, dichos encantamientos no serían compatibles con los originales, simples reforzamientos le inyectarían unos cuantos años de vida, pero al cabo de unos años los viejos edificios comenzarían a roerse.
- … un simple rejuvenecimiento es lo que necesita- concluyó el contrincante con una sonrisa.
Marcus observó las reacciones del ministro y sus acompañantes, lo que se temía, estaban contemplando el proyecto de Davis sólo porque sonaba más barato, Marcus estaba a punto de abrir la boca para contradecir con no pocas groserías a Roger Davis, pero una voz lo interrumpió, una melodiosa voz.
- Pero precisamente porque la aldea es histórica también es vieja¿no necesitaría una revaloración de la infraestructura antes de comenzar los hechizos de reconstrucción?-. Marcus se enderezó en su asiento, había estado recargado en el respaldo y fue fácil pasar desapercibido pero ahora quería tener una buena vista de quién es la que hablaba, tenía una voz exquisita.
- Bueno, supongo que podemos hacer eso…- inició Roger Davis, pero Marcus no se pudo resistir.
- Nosotros ya lo hicimos- anunció desde su asiento, todos los presentes voltearon a mirarlo, incluida la chica de la voz, era Hermione Granger,¡diablos!
- El proyecto de Davis renovará la aldea por unos años, al cabo de los cuales comenzara un proceso de rápido colapso- anunció Marcus, su tono era arrogante, no lo podía evitar, sólo así podía hablar en público.
Comenzó una serie de argumentos, preguntas y respuestas que Marcus no escuchó porque estaba ocupado observando a Granger, ella era el algo que invadió sus sentidos en cuanto entró a la sala de juntas, al principio no entendió su reacción, pero ahora que la veía lo supo, maldito día para abrir sus sentidos a la mujer que la naturaleza le había designado, de todas las mujeres tuvo que ser Granger la que la naturaleza escogiera para ser su compañera, la indicada para unirse a un íncubo, hubiera sido más fácil conquistar a Minerva McGonagall, Granger nunca le daría un minuto de su vida. En ese momento Marcus supo que estaba jodido y no en la forma que representan en la revista PlayWizard.
Al terminar la reunión Marcus se alejó rápidamente y se recargó en una esquina de la habitación, finalmente el ministro Kingsley Shackelbot había escogido el proyecto de Alpha Magical Constrcutions, el papeleo había sido firmado y ahora sólo quedaba comer y brindar.
- Lo logramos, Julius no se puede quejar- dijo Adrian mientras le daba una copa de whiskey a su amigo.
Marcus tomó el trago y se lo bebió en un solo sorbo, sus ojos observaban a la castaña que al parecer había tomado residencia en su mente. Adrian notó lo la distracción de su amigo y buscó la fuente.
- Granger, ha cambiado desde los años de Hogwarts- comentó Adrian mientras veía a la castaña platicar animadamente con el ministro. La única respuesta de Marcus fue un bufido.
- ¿Qué pasa?- preguntó Adrian la ver que su amigo estaba más raro que lo usual.
- Nada- respondió Marcus simplemente, su corazón comenzaba a palpitar más rápido, Hermione Granger se acercaba, tenía una sonrisa en la boca y caminaba directamente hacia él.
- Nos tenemos que retirar, pero quiero decirles que la señorita Granger será quien nos mantenga al tanto de la obra, así que cualquier cosa que requieran, ella los recibirá en el ministerio- anunció el ministro de magia mientras estrechaba las manos de los dos asociados.
Marcus maldijo internamente, Granger también tenía intención de darles la mano, la vio acercarse y ofrecer su delicada mano, Marcus también se acercó un poco y comenzó a subir su brazo, podía oler su esencia, su aroma era igual de exquisito que su voz, ya la había reconocido con tres de sus sentidos, vista, olfato y oído, ahora la reconocería por medio del tacto.
Suave
Su mano era suave, sus dedos largos se cerraron alrededor de su fuerte y áspera mano, Marcsu no pudo evitar sentirse avergonzado, una mano tan suave y perfecta como la de Granger no pertenecía enlazada con la de un paria como él, y aún así, sintió unas enormes ganas de apresarla y nunca dejarla ir, dirigió su mirada hacia los ojos cafés de la chica y lo reconfortó ver que ella también parecía incomoda y confundida, sabía que era tiempo de soltar su mano, pero quería enviar un mensaje, uno sin sentido, cualquier cosa que se quedara grabada en la mente de la castaña al menos por un minuto, así que masajeó con su dedo pulgar el dorso de la pequeña mano y finalmente la dejó libre.
- ¿Qué fue eso?- preguntó Adrian a su amigo cuando el ministro y Hermione Granger se habían retirado lo suficiente.
- ¿Qué?- evadió Marcus, no quería explicar como su vida acababa de cambiar irremediablemente.
- Tú y Granger, algo pasó, era casi palpable- insistió Adrian.
-Pucey ya te dije que te alejes de las pociones alucinantes, están pudriendo tu cerebro- dijo Marcus tratando de cambiar el tema.
- Bueno, no me digas entonces, pero tarde o temprano me vas a necesitar para lo que sea que te traes con Granger, lo sé, y cuando ese día llegué, vas a rogarme- predijo Adrian.
- Según quién ¿tú ojo interno?- se burló Marcus.
- Me voy, no voy a ir a la oficina, hazte cargo del pago de los trabajadores del sitio en Callejón Diagón y comienza los preparativos para iniciar aquí- ordenó Marcus antes de que su amigo comenzara una discusión sobre Adivinación.
- ¿Y que pasa con lo de Malfoy? Quedamos en verlo hoy- dijo Adrian, no quería presentarse sólo a comer con Draco Malfoy, el chico estaba desesperado por mejorar su situación, su padre estaba Azkaban, sus inversiones andaban mal después de años de despilfarro, lo único que el rubio estaba haciendo era quejarse y acudir a viejos compañeros.
- Cancela, hazlo en persona si puedes, trata de investigar cual es el estado de su cuenta en Gringotts, no quiero que nos asociemos públicamente con él, su imagen sigue estando en el caño, pero tal vez nos pueda servir en el futuro- indicó Marcus, una de los aspectos que le había ayudado en sus años de Hogwarts y más tarde en la empresa fue su capacidad para ver el dibujo terminado, para planear a futuro tomando en cuenta los posibles resultados, su habilidad de prever y dirigir le había valido el puesto de capitán en Hogwarts y lo había llevado al éxito en sus negocios.
- ¿A dónde vas?- preguntó Adrian.
- A mi casa, tengo cosas que hacer- contestó crípticamente Marcus y antes de que Adrian insistiera en sus preguntas se fue a buscar un punto de desaparición.
Marcus se apareció a unos cuantos metros de distancia de su residencia, la cual estaba en lo alto de una montaña y era el único edificio alrededor, una hermosa casa que él mismo había diseñado y construido, rodeada de un espeso bosque que contenía casi tantas criaturas mágicas como el bosque prohibido de Hogwarts, tenía una vista magnifica del mar The Minch. Era el orgullo de Marcus, le había dedicado cinco años, pero la sensación de triunfo y satisfacción fue mejor que cualquier partido de quidditch ganado, esto lo había hecho el sólo, y cada piedra, cada encantamiento, cada objeto de decoración habían sido cuidadosamente seleccionados, nunca creyó que él sería capaz de algo así, en Hogwarts siempre había pensado que jugaría profesionalmente y después se retiraría para disfrutar de la herencia familiar, pero cuando ese sueño se vino abajo, Julius Flint lo había obligado a decidir, podía ser un inútil toda si vida o podía intentar cosas nuevas, fue así que decidió aprender el negocio familiar, al principio sólo tenía pensado pasearse por la constructora de vez en cuando y seguir con su vida de haragán, pero sorprendentemente se vio intrigado por el trabajo, más sorprendente cuando notó que el diseño, el estudio del terreno, del ambiente y los cálculos de ingeniería eran cosas que entendía. Su padre decía que era parte de su naturaleza como íncubo, que al comenzar el proceso de maduración, su mente se fue afinando, Marcus prefería pensar que simplemente tenía talento.
Cuando finalmente llegó, la puerta se abrió para recibir a su dueño, ese era un encantamiento de su propio diseño, Adrian decía que era el colmo de la pereza, pero Marcus sabía que sólo estaba celoso.
Entró y la puerta se cerró sola, por unos minutos se quedó parado contemplando que hacer, finalmente se dirigió al bar, tomó un vaso y una botella, después de de repensarlo dejó el vaso y se dirigió a su recamara, un lugar sombrío y formal, hace años habría tenido algún póster o miles de objetos extraños, pero ya había dejado atrás al niño de Hogwarts, hoy eso se le hacía un tanto infantil, abrió la botella y comenzó la ardua tarea de beberse hasta el último sorbo, se dejó caer en la grande y cómoda cama pero el polvo y la transpiración del día lo molestaban, en su casa necesitaba sentirse limpio así que se dirigió al baño, una habitación entera comparable a los baños de prefectos de Hogwarts.
¡Maldita sea¿Por qué Granger? Pensó mientras se metía a la regadera, casi no usaba la bañera tamaño alberca, prefería sentir el agua cayendo sobre sus hombros, las rápidas gotas relajaban sus músculos y le daban la sensación de rejuvenecer, era como un trago de cerveza fría en un día caluroso. Después de su baño, se enredo una toalla en la cintura y se encaró a si mismo en el espejo para contemplarse unos minutos mientras se rasuraba, en Hogwarts había sufrido la apariencia del íncubo infante, cuando cumplió los dieciocho años, sus rasgos comenzaron de definirse, los cambios no fueron radicales, lo único notable fue el cambio se sus dientes, en su niñez, los íncubos tenían una apariencia tosca, es sólo hasta que crecen cuando se da la metamorfosis, era parecido a la pubertad de los adolescentes, pero los íncubos, además de los cambios físicos, también sufrían cambios mentales, las puertas que solían estar cerradas se abrían, y sentían la necesidad de encontrar a su pareja.
Era lo último lo que más incomodaba a Marcus de su naturaleza, no quería una compañera destinada, quería a alguien que lo escogiera por libre albedrío, no porque la naturaleza los había predestinado. Todos los hombres de la familia Flint eran mitad íncubos, no muchos lo sabían, los íncubos no eran tan famosos como las veelas, la mayoría de los magos creían que los íncubos se habían extinguido en la edad media, pero hubo algunos que sobrevivieron, entre ellos los Flint, y desde entonces se habían mantenido ocultos, hacía años que habían templado los aspectos más salvajes de se naturaleza, ahora eran como cualquier mago, con la excepción de que se podían convertir en aves de fuego, maduraban hasta los dieciocho años, poseían poderes extras y sentían la necesidad de encontrar a su alma gemela, si no lo hacían, se convertían en criaturas promiscuas que asaltaban los sueños de las mujeres en busca de la que debía haber sido su compañera.
Tenía que tomar una decisión, arriesgarse y cortejar a Granger, misión que parecía condenada al fracaso, o ignorar el doloroso grito de su alma y dejarla casarse con Potter o algún Weasley. Un golpe en la pared y una botella vacía después, Marcus decidió que prefería dejar las cosas como estaban.
