Como siempre les recuerdo que nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la hermosa historia es de ericastwilight, yo solo traduzco.
No podia fallar mi fiel compañera y Beta, Erica Castelo que siempre me ayuda para dejar mis traducciones más lindas :D ¡Gracias por los jalones de orejas!
Capítulo Dos – La corona
Bella Swan se quedó boquiabierta frente a la blanca puerta de madera de roble del departamento C4, agarrando su nariz.
"Ay," siseó, asegurándose de que no estaba sangrando. No sabía qué pensar de su nuevo vecino.
Por unos días, siguió posponiendo conocer al nuevo inquilino que su madre había aprobado durante su viaje a Europa. Lo pospuso ya que su madre tenía fama de hacer de casamentera, y por su constante necesidad de recordarle que su nuevo vecino era extremadamente guapo.
Su madre, Renee, no había exagerado en lo más mínimo. Él tenía un precioso cabello castaño broncíneo, un color que envidiaba, y uno que nunca podría conseguir. Sus ojos eran de un brillante verde jade, con bolsas debajo de ellos. Su rostro era angular y con ligera barba oscura, muy guapo.
Sin embargo, a Renee se le olvidó mencionar que era un grosero cretino.
Se apresuró a entrar a su departamento y se miró en el espejo del pasillo. De un lado y del otro, giró su cabeza para ver si se estaba formando un moretón, le ocurría tan fácilmente. Nada más que una ligera mancha en la punta de su nariz, y suspiró en alivio. Odiaba usar base o mucho maquillaje, de hecho.
Notó el tono casi verde que sus ojos avellana habían tomado. Eso solo pasaba cuando estaba molesta. Dio un bufido, su ira creciendo. ¿Cómo se atreve? Si no estaba de humor para hablar, simplemente podría haber dicho 'disculpe', y eso sería todo. ¡No, tenía que estrellarle la puerta en la cara!
Era una lástima que fuera un policía, aunque podía asustarlo un poco con sus primos, hermanos, y su papá que estaban todos también en el cuerpo policial.
Sonrió ante su idea. Tal vez todavía podía hacerlo. Se carcajeó, sintiéndose alegremente diabólica al pensar en todos los posibles escenarios.
Solo debes utilizar ese poder para hacer el bien, Bella. ¡Maldito sea su Pepe Grillo!
Dando pisotones hasta su escritorio, agarró la copia del contrato de alquiler que aún tenía que entregarle al señor Cullen. Tendría que proponerse recordar llamarlo así. Segundos más tarde, ella golpeaba a su puerta. Él no la hizo esperar mucho tiempo, porque en un momento abrió la puerta con un ceño fruncido que parecía grabado de forma permanente en su rostro.
Era una lástima que no hacía mucho por arruinar su rostro bien parecido. Estrelló los papeles en su pecho, forzándolo a dar un paso atrás por la sorpresa. Bien, pensó ella, debería tener miedo.
"Aquí está su copia del contrato. Soy Bella Swan, la administradora y dueña de este edificio, pero para usted es señorita Swan. El alquiler se paga el primero de cada mes, y antes del cinco para evitar cargos por atraso. Háganos un favor y deslícelo bajo mi puerta. No nos gustaría que tuviera que ser civilizado por al menos un segundo, ¿verdad?"
Con su cabeza en alto, lo dejó sin palabras. Ella se palmeó la espalda por eso.
Con un giro que lo impresionó, Edward la vio entrar a su departamento y cerrar la puerta de golpe un segundo después.
"Carajo," siseó para sí mismo.
Quería aporrear su puerta, darle una respuesta ingeniosa que probablemente la tendría temblando en sus botas rojas. Le pareció más seguro cerrar la puerta. Todavía consideró tocar, pero decidió guardárselo para el siguiente round. Evitarla a toda costa sería el más sensato curso de acción, sin embargo, a él nunca le gustaba cuando una mujer tenía la última palabra.
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Al siguiente día, Edward salió de su departamento y los sonidos al otro lado del pasillo afortunadamente se habían detenido. No había un Bing Crosby que le dijera que tuviera una feliz Navidad (2).
Ella había subido el volumen la noche anterior, interrumpiendo su maratón de películas de terror. ¿Cómo podría disfrutar de la oscura mente de Eli Roth con "The Christmas Song," de Nat Cole tocando de fondo?
Algo que no había desaparecido fue el aroma a productos de repostería, que sin duda provenían del otro lado de la puerta de Bella. Consideró hacer una parada en la cafetería más cercana por algo de pie de camino a casa, aunque sabía que probablemente palidecería en comparación a los aromas que llenaban el pasillo.
Se dio la vuelta para regresar a agarrar un par de guantes que había olvidado, pero algo llamó su atención en la parte exterior de su puerta. Una corona de Navidad, con lazos de brillantes colores en rojo y dorado, incluso con luces pequeñitas titilando entre el verde. Sus manos se cerraron en puños a sus costados, su ira alcanzando nuevas alturas al ver el nivel de descaro que tenía su vecina. Administradora o no, no tenía derecho a colgar algo ahí.
Agarrando el objeto ofensivo, tiró de él hasta despegarlo de un pegajoso gancho trasero. Una vez que terminó, casi lo arrojó hacia la puerta de Bella, pero se contuvo. El sonido podría despertarla y no tenía el tiempo o la inclinación para hablar con ella en su volátil estado de ánimo. Muy probablemente le arrancaría la cabeza de un mordisco.
En vez de eso, lo colgó del pomo de su puerta. Después de cerrar su puerta con llave, vio una pequeña tarjeta roja dirigida a él que debió haberse caído de la corona. La recogió y la metió en su bolsillo. La tiraría a la basura una vez que llegara a la estación.
Horas más tarde, después de comprar algo para almorzar en un deli cerca de la estación, encontró la tarjeta una vez más mientras buscaba algo de cambio. Por la elegante caligrafía en la parte de afuera, sabía que ella se había tomado tiempo en escribirla. Con un ligero sonido de descontento, la abrió para encontrar una nota.
Señor Cullen,
Me gustaría disculparme por mi arrebato de anoche. Fue algo muy atípico de mí, se lo aseguro. Por ello, todavía me gustaría extender de nuevo esa invitación para esa rebanada de pie. Mi puerta siempre está abierta.
Aquí le dejo una muestra de que no hay resentimientos, aunque mi nariz puede que diga lo contrario. ¡Qué lo disfrute!
Bella Swan
"Mierda," siseó, casi desbaratando la nota en su mano. Incluso él no era lo bastante frío de corazón como para no sentirse un poco mal por estrellar la puerta en el rostro de la mujer. Ya había cerrado la maldita cosa cuando se dio cuenta que ella probablemente estaba demasiado cerca.
Si su madre todavía estuviera con vida, hubiese estado mortificada y probablemente lo regañaría por horas por tal comportamiento. Para colmo, prácticamente le había estrellado en la cara su regalo al quitarlo de la forma en que lo había hecho. Estaba seguro que el moño se había roto, y las luces también habían dejado de parpadear.
Le ganó su imaginación, pensando en Bella abriendo su puerta para encontrar la corona que casi destrozó para quitarla. Probablemente caería al suelo en el momento que se asome al pasillo, dando la impresión que él la tiró en el suelo. Considerando su reacción hacia él la noche anterior, no se lo tomaría bien.
La culpa lo atravesó cuando se dirigía de regreso a la estación. La compensaría más tarde, se detendría por la rebanada de pie que le ofreció, y tal vez aportar con algo de conversación civilizada. Si al menos no amara tanto las fiestas, tal vez incluso también disfrutaría de su conversación.
El teléfono de su escritorio sonó, sacándolo de sus pensamientos cuando respondió. Escuchó a su compañero y amigo, que ya estaba en la escena de otro reporte de robo que encajaba con los otros cuatro en el área en los últimos días y las dos docenas el año anterior.
"Estoy en camino," le dijo, colgando y agarrando su chaqueta. Cambió todas sus llamadas a su móvil y se dirigió a su coche. Viendo su reloj, se dio cuenta que para cuando terminara en la escena, aceptar la oferta de Bella de pie tendría que esperar para otro día.
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Eran más de las tres de la mañana para cuando Edward subió con cansancio las escaleras de su edificio de apartamentos. Quién fuera responsable por los robos en el área decidió ser atrevido y de hecho, cometer otro robo mientras los detectives encargados examinaban el último.
Afortunadamente, nadie estaba en casa o fue herido, al menos no físicamente. Mentalmente, todas las víctimas se sentían violadas y con un sentido de pérdida por las posesiones tomadas. En el último robo fueron principalmente regalos navideños, los únicos que la madre soltera podía dar a sus dos niños pequeños.
Lo ha visto pasar demasiadas veces para contarlo. Los oprimidos son pateados mientras están caídos. La madre se veía agradecida de que nadie estuviera en casa, pero él pudo ver la desesperación en sus ojos.
Una vez en su piso, tomó una respiración profunda, casi gimiendo al detectar el aroma que se filtraba al pasillo. Después de su raquítico sándwich del almuerzo, no había tenido tiempo para comer algo más. Cerró sus ojos, recordando un tiempo cuando aromas parecidos llenaban la cocina de su madre cuando era un niño.
Cuando abrió sus ojos, se abrieron aún más por la incredulidad. "¿Qué demonios?"
Había decoraciones por todas partes. Todo el pasillo, desde el techo donde colgaban adornos y guirnaldas, hasta el zócalo que emitía un reflejo dorado, estaba festivo en los tradicionales rojo, dorado y verde.
Edward hubiera sido capaz de pasarlo por alto, y perdonar a su vecina por forzarlo a abrazar las fiestas. Podría haberlo hecho, de no haber sido por la corona una vez más en su puerta. Esta vez, la ofensiva decoración era más grande, más brillante, con más cintas y adornos en ella.
Marchó directo a ella, agarró el objeto y tiró. Pudo haber funcionado si esa cosa no estuviera pegada. Poniendo un poco más de ganas, lo intentó de nuevo. En efecto, estaba pegado. Murmuró una maldición bajo su aliento y entró a su departamento, después de varios minutos encontró lo que estaba buscando y se puso a trabajar.
Casi veinte minutos después, terminó su tarea y escribió una simple nota que decía que no estaba interesado en nada que tuviera para ofrecer. Tiró lo que quedaba de la corona y la nota dentro de una bolsa de plástico, atándola en el pomo de la puerta de la mujer.
Satisfecho y un poquito engreído, logró dormir unas cuantas horas. Sin embargo, se negó a admitir que estaba ansioso por lo que fuera a lanzarle su vecina a continuación.
Y comenzó la guerra entre estos dos, ¿quién ganará? Ya lo verán, pero mientras tanto nos vamos a divertir con sus encuentros, pero más que eso, podremos saber que hay detrás del Grinch y la señorita Navidad, qué los hace ser como son. Espero que estén disfrutando de la historia y como ya saben, espero ansiosa sus reviews para saber qué fue lo que más les gustó y qué esperan que suceda ahora. Y recuerden que ustedes marcan el ritmo de actualización ;)
Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: freedom2604, ztrella znxez, lagie, EmDreams Hunter, Ali-Lu Kuran Hale, nnuma76, Cary, Merce, somas, saraipineda44, Lady Grigori, Ely Cullen M, Yoliki, Tata XOXO, YessyVL13, alejacipagauta, Laliscg, ariyasi, Gabriela Cullen, JessMel, PEYCI CULLEN, Clau, Sully YM, alejandra1987, rjnavajas, Josi, Jess Herondale Cullen, bellaliz, AliciaGA, Manligrez, Danny CullenMa, Clau, Klara Anastacia Cullen, sandy56, tulgarita, villachica, Ericastelo, arii, Cathaysa, glow0718, ELI, Karla Stew Pattz, patymdn, myaenriquez02, bbluelilas, Mafer, injoa, algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente ;)
