Un nuevo capitulo de Samantha. Aquí vemos un poco más la relación con ese gran desconocido que es su padre (pues en el juego apenas se le menciona) creo que manteniendo la esencia del juego, incluyendo este 'nuevo' personaje añadirá mas intriga y contexto a lo que es Sam. Si hay algo que no entendáis, tened en cuenta que he usado mi propia experiencia en la milicia. No es nada inventado, ya está escrito. Una vez más, aunque no lo crea, muchas gracias a Katzempire. Puede que solo me animara, pero también creo que es mi mentora en todo esto. Disfrutadlo.


"Hola Jefe de Servicio, ¿Qué tal estás?"

El joven saludó al Teniente de estado mayor Nathan Shepard, que se levantó y le devolvió el saludo.

"Un poco nervioso señor, no estoy habituado a tanta camaradería por parte de un superior."

"Bueno, ¿Por que te diriges a esta estación? En términos relativos en un puesto algo aburrido."

"Vengo directamente de Montreal, yo solicité este destino. No he tenido el privilegio de combatir como usted. Prefiero el trabajo administrativo."

"Bueno, no te lo reprocharé, cada uno hace el trabajo que cree necesario. Y todos somos importantes."

"Se agradece el comentario señor, hay quien opina que un puesto como el mio no sirve de mucho. Si me permite señor. Un oficial como usted, ¿Porque se dirige a esta estación?"

Nathan sacó su pad de datos, y encendiéndolo le mostró una imagen al joven en la que vió al Teniente junto a las que parecían su mujer y su hija.

"¿Su familia?"

"Así es. Llevo 2 meses sin verlas, mi mujer Hannah está acostumbrada. Pero mi pequeña Samantha nunca ha estado sin mi más de dos o tres días. Salvo en la guerra del primer contacto cuando solo tenia 3 años, que pasé casi 9 meses fuera. Han sido 8 semanas muy duras en Mindoir, pero ya hemos concluido el trabajo principal."

"Parece que esta muy unido a su familia. Y he oído las atrocidades cometidas en Mindoir."

"Mi pequeña, a sido la que más a sufrido desde que nació. Tuvimos que pedir un permiso especial para llevarla con nosotros, pues nuestros cargos nos impedían estar mucho tiempo en tierra. Ha cambiado 6 veces de colegio e instituto, ha hecho nuevos amigos en más de 10 ocasiones, ha soportado todos los cambios de naves y destinos."

"No siga señor, ya lo pillo. Ahora es una rebelde que hace caso omiso de sus padres y de las normas, renegando completamente de la disciplina."

Nathan lo miró con incredulidad, pues estaba claro que ya habría visto a jóvenes de ese tipo.

"En absoluto, jefe. Es buena, tranquila. Sus calificaciones no se han resentido, tiene un gran corazón, ayuda a la gente que lo necesita. Respeta a sus padres por encima de todo. A pesar de nuestras ajetreadas vidas a sabido sobreponerse. Y por ello estoy especialmente orgulloso."

"Disculpe mi torpeza por insinuar lo contrario. Parece una jovencita muy responsable."

"Y lo es. Desde pequeña, su madre y yo le hemos enseñado a defenderse por si misma. Le aseguro que podría tumbar en un combate cuerpo a cuerpo. Pero nunca abusó de esas habilidades, siempre lo ha usado cuando era necesario, pero jamás en beneficio propio."

"Y entonces, ¿Saben que llega?"

"Oh no. Es una sorpresa. Así la emoción será mayor."

... ... ... ... ... ...

Estaban todos en el pequeño centro comercial pasando la tarde, Hannah recompensó a Sam con algo de dinero para que se comprara ropa nueva si quería, pues sus notas no se habían resentido y creía que lo merecía. Quedó con algunos de sus amigos. Cuando pasaron cerca de un salón de juegos una de sus amigas le tiró del brazo.

"Vamos Sam, veamos que tal bailas."

"No Karen, antes prefiero asfixiarme en el exterior."

"Ja, Sam rechaza un desafío."

"Pues si, Adrian. Paso de bailar. Eso no es lo mio."

"¿Entonces que te gusta Sam? una chica que no baila..."

"Oh, eso si esta bien."

Sus amigos la miraron con recelo, mientras señalaba el simulador de combate 'Shoting Range'

"¿Eso? pero si aquí solo lo juegan los chicos. Y 'nuestro amo y señor Gustav' es el que mejor juega. Seguro que ahora estará ahí fardando de lo bueno que es."

"Pues mira, ahora tengo incluso más ganas de jugarlo."

Los tres amigos entraron al salón que estaba lleno de gente, no solo de los pocos jóvenes de la estación, si no también de muchos de los soldados allí destinados, e incluso algún civil. Se acercaron al simulador y con acierto allí estaba Gustav, aún junto a sus guardaespaldas. A pesar de la reprimenda anterior, el trabajo de su padre lo mantenía tan atareado, que volvió a las andadas aunque procuraba mantener las distancias con Sam.

'3.800 puntos, gran puntuación. Mantente así soldado.'

Mientras la IV del juego hablaba Gustav se giró orgulloso de si mismo, sus compañeros lo vitoreaban instando a los jóvenes cercanos a hacer lo mismo. Entonces Sam se acercó al juego para leerse las normas e instrucciones, cuando Gustav le apuntó con la replica del rifle Viper.

"Atrás zorrita, o acabarás con uno de tus preciosos ojos azules morado, si no reventado."

Sam de nuevo mostrándose rápida, le quitó hábilmente el arma simulada dándole un codazo en el pecho para que se apartara. Gustav estuvo a punto de contraatacar, pero sabia como las gastaba y prefirió mantener el espacio entre ellos.

"¿Pero estás loco? las normas dejan claro que un arma jamás se apunta a una persona durante un ejercicio, aunque sea simulada."

"Las normas son para los pringados. Osea que eres una pringada, además de una zorra."

"Hmm, puede que sea una pringada pero no pondría en peligro la vida de la gente, incluida la tuya."

Mientras decía aquello, colocó la culata del arma sobre su cadera mientras lo sujetaba firmemente, tal y como le enseñaron sus padres. - 'Por seguridad siempre que no se esté abriendo fuego, el arma ha de apuntar o arriba, o al suelo. Nunca a un compañero. Incluso si estás segura de que está descargada.'

Desde jovencita aprendió a disparar, con 13 años usaba las pistolas pesadas y subfusiles. Con 14 años los fusiles, y con 16 ya era capaz de acertar un blanco a 600 metros con un rifle. Sus amigos se quedaron mirándola, pues con aquella arma reposando en la cadera junto a su vestimenta con aquellos vaqueros cortos tenia un cierto aire rebelde.

"¿Entonces qué? ¿Crees que puedes hacerlo mejor que yo? Como te veo muy pringada con las normas quizás sepas disparar. Pero no me veo yo a una chica con un arma."

Algunas de las soldados y oficiales allí presentes estuvieron a punto de responder al insolente joven, pero Samantha se les adelantó.

"Te sorprendería, pero no tengo que demostrarte nada."

"Ademas de zorrita, cobarde. Creía que aprovecharías la oportunidad."

"¿Estás seguro de lo que pides?"

"¿Apostamos algo?"

Sam vio una oportunidad de librarse de él al decir aquello. Si jugaba bien sus cartas, podría incluso evitar más daños al resto de sus compañeros.

"Bien apostemos. ¿Qué ofreces?"

"Si consigues ganar cosa que dudo, no volverás a ver mi cara, salvo en clase. Te dejare en paz. Si no lo consigues dejarás que te devuelva el golpe que me diste y serás mi sierva hasta que yo te deje marchar."

"Contra oferta. Si supero todos tus récords dejarás a todos en paz. No volverás a molestar a nadie. Si pierdo dejaré que me hagas lo que quieras."

"¿Lo que quiera? ¿En serio? ¿Podría...?"

"Si. Así es, podrías tocarme y lo que se te pase por esa retorcida mente."

Gustav no podía imaginar la suerte que tenia. Nadie en los 2 años que llevaba allí había superado sus récords. Al menos entre los jóvenes, pues los soldados ni se molestaban en intentarlo.

"Muy bien acepto."

Dijo tendiéndole la mano, Sam la estrechó con fuerza, para demostrarle algo más que pasó inadvertido para Gustav.

El juego era sencillo. 7 disparos, 6 niveles de puntuación concentricos, 100, 200, 300, 500, 700 y 1000. Con al menos 5 aciertos de 1000 se conseguía una bonificación final de 2000 puntos. Tres posiciones de disparo, tendido, con rodilla en tierra y el más difícil en pié. El blanco estaba a 50 metros, ocupando por completo el lateral del salón de juegos. Miró los récords de Gustav en las tres posiciones, 2.100 en pié. 2.800 arrodillado. 3.900 tendido. No estaba mal para un matón de poca monta.

Sin pensárselo se colocó en posición de pié. Gustav comenzó a reír de inmediato al verla.

"Jajajaja, ¿Ya? ¿Así del tirón lo vas a intentar de pié?"

"Bueno, si crees que no puedo conseguirlo podemos dejarlo. Y aqui no ha pasado nada."

Gustav deseaba aquello, ver como aquella pequeña niña quedaba en ridículo y él recuperaba todo el dominio que había perdido. Y lo que ya estaba imaginando hacer con ella en su habitación.

"No adelante, así la caída será más dura."

Adrian con una decisión que Sam no esperaba de él se acercó junto a ella.

"Sam, déjalo. No tienes por que hacerlo."

Dándole un cálido beso en la mejilla le respondió.

"No tengo por que hacerlo Adrian, pero este necesita una lección de humildad."

Adrian se retiró algo sonrojado. Aunque comenzaron una pequeña relación hasta ese momento no lo habían mostrado. De nuevo se relajó y acomodó tal y como lo hacia con su padre. La pierna derecha retrasada para compensar el retroceso, arma bien apoyada en el hombro, respiración relajada buscando el momento preciso, dedo en el gatillo con suavidad...

¡Blam! 500 puntos. - 'demonios estaba apuntando al centro, esto está demasiado desviado.' - Rectificó apuntando a la derecha. Y de nuevo la secuencia...

¡Blam! 700 puntos. - 'Cachis, si papá me viera...' - Se relajó un momento apenas consciente de que Gustav empezaba poner cara de preocupación y el resto de sus compañeros se quedaban boquiabiertos, incluso algunos de los soldados comenzaron a mirar al ver aquellos chavales enmudecidos.

Volvió a apuntar, retrasó un poco más la pierna, apoyó con firmeza el rifle sobre su hombro, cerró los ojos y relajó la respiración...

¡Blam! 1000 puntos...

¡Blam! 1000 puntos...

¡Blam! 1000 puntos...

¡Blam! 1000 puntos...

¡Blam! 1000 puntos...

'Bonificacion de 2.000 puntos. Puntuación total 8.200 puntos. Eres increible!'

Todo el recinto quedó mudo, incluso los soldados y oficiales estaban absortos. Gustav tuvo que contener la intensa rabia que sentía en aquél momento. Aquella joven le había dejado en el más bajo ridículo. Entonces una voz se alzó sobre el silencio.

"Esa es mi niña, demostrando lo que vale."

Samantha se giró con cara de sorpresa al oír aquella voz que reconoció de inmediato.

"¿Papá?"

De entre la multitud apareció Nathan, con los brazos ya abiertos mientras Sam corría hacia él con ímpetu y se abalanzaba sobre él con lagrimas en los ojos.

"Papá, te he echado muchísimo de menos."

"Y yo a ti Sam. Estos días sin tu compañía han sido muy duros."

Gustav estaba intentando retirarse en silencio cuando notó que algo o alguien le sujetaba.

"Así que tú eres el que ha incordiado a mi pequeña, ¿eh?"

"Señor, le aviso de que..."

"¿De qué me avisas? ¿Qué tu padre es el jefe de esta estación? Con todo el respeto, no soy un crio al que puedas asustar con amenazas vacías. Conozco a tu padre, estuvimos juntos en el GEC. Sinceramente creo que no mereces llevar su apellido."

"Si me toca o lo que sea..."

"No soy idiota, soy un adulto y sé que tengo las de perder."

Samantha, replicó de nuevo pero con suavidad. Intercediendo entre su padre y Gustav.

"Pero yo si puedo. Ahora largo, has perdido. Como me entere de que molestas a algún compañero lo lamentarás."

Gustav resignado y a regañadientes se volvió y marchó del salón. Sus amigos se acercaron a Sam.

"Bueno jefa, ahora eres tú la que mandas."

"¿Perdón? Yo no soy la jefa de nadie. Si queréis podéis seguir oliéndole el trasero a Gustav como antes. Pero tened cuidado. Os estaré vigilando."

Entonces todos los jóvenes, ya libres de la situación que llevaban viviendo tanto tiempo, empezaron a vitorear a Sam, mientras sus 'amigos' también se marchaban. Ella ya decidida y casi sin pensar en que estaba su padre, abrazó y dio un beso a Adrian.

"¡EH! ¡Eh! ¿Pero bueno Sam?"

De pronto al ver lo que había hecho, comenzó a sonrojarse y con delicadeza se apartó de Adrian que estaba como en un sueño, sorprendido por el cálido beso que Sam le dió.

"Esto... Papá... Ehmm... Yo... Él..."

Adrian salió de su ensoñación y tendiéndole la mano a Nathan se presentó.

"Señor Shepard, me llamo Adrian Holmes, y soy... bueno creo que su novio."

"¿Y esto cuando ha ocurrido?" - mientras se llevaba las manos a la cabeza en señal de preocupación - "¿No la habrás tocado? ¿Verdad?" - se giró mirando con furia a Adrian - "¿No habrás roto la pureza de mi princesa?"

"Si papá, ya lo hemos hecho y estoy embarazada."

El murmullo cesó cuando Samantha soltó aquella pedrada. Karen abrió los ojos como platos al escuchar a su amiga. Adrian consciente de que apenas se habían besado en los aseos comenzó a ponerse nervioso y a temblar.

"Señor... Yo... Yo... Le juro... Que... Nunca..."

Entonces Sam Y Nathan se miraron fijamente y empezaron a reír a carcajadas, mientras Adrian no sabia si también reír o desmayarse.

"Vamos, vamos relájate. Solo era una broma. No es la primera vez que Sam y yo lo hacemos. Te pido disculpas si te hemos hecho pasar un mal trago."

"¿Entonces el beso que me has dado?"

"Oh, ese beso ha sido sincero. Ya no hace falta ocultarlo más."

Karen se acercó, para saludar también.

"Señor Shepard es un honor conocerle. Soy Karen Murray."

"Encantado, señorita. Pero por favor no me llaméis señor, me hace parecer viejo. Llamadme Nathan."

"Papá creo que Adrian aún está algo nervioso. ¿Puede venir a cenar a casa? ¿Para compensarlo?"

"Claro, que venga también tu amiga."

"Sam creía que ibas en serio cuando has dicho eso, y ver a Adrian la cara que ha puesto."

"Ya lo sé Karen, lamento haberlo hecho. Pero cuando papá suelta la primera piedra es difícil resistirse."

Marcharon juntos al modulo de la familia Shepard mientras Nathan les contaba anécdotas que desconocían de Sam. Ella se sonrojó más de lo que habían visto en aquellos días, pero no paró en ningún momento a su padre. Tampoco soltó su mano. A pesar de sus 16 años estaba tan apegada a su padre que le daba lo mismo.

Antes de entrar Karen se despidió informando que tenia unas tareas en casa aún por terminar, pero agradeció la invitación.

"Oye papá, ¿Mamá sabe que has llegado?"

"Nop, va a ser una sorpresa."

Sam asintió mientras abría la compuerta.

"Mamá ya he llegado, y no vengo sola. Adrian está conmigo, se va a quedar a cenar."

"¿Cómo? ¿Y cuando me ibas a decir eso? ¿Acaso me has pedido permiso jovencita?"

Salió algo enfadada de la cocina justo cuando Nathan entraba por la puerta.

"Bueno, le he invitado yo. ¿Creo que puedo hacerlo? ¿No?"

"¡Nathan! ¿cuando has llegado?"

Mientras le preguntaba se acercó y le dio un gran abrazo y un profundo beso. Adrian vio con sorpresa que Samantha apenas reaccionaba y mantenía aquella dulce sonrisa. Consciente de lo que pensaba le sacó de dudas.

"Cuando llevas tanto tiempo con tus padres, te acostumbras a las muestras de afecto."

... ... ... ... ... ...

La cena pasó sin contratiempos. Adrian explicó que al igual que Sam sus padres estaban en la alianza. Su madre de la cual se sentía muy orgulloso era piloto de caza, mientras que su padre era ingeniero jefe en un crucero.

"Vaya, parece que has elegido a un buen chico."

"Creo que si mamá."

"Nuestra pequeña sabe elegir con el corazón, pero también con la cabeza."

"Bueno yo creo que su hija es increíble, no había conocido a una chica tan... tan..."

"Vamos dilo, no te avergüences por nosotros, aprende de ella." - Mientras decía aquello Nathan se levantó y sujetó a Hannah de la cintura mientras la besaba profundamente. De nuevo Samantha no mostró ninguna reacción negativa al ver a sus padres. - "Venga que no muerdo. Yo también he sido joven."

"Creo que Sam es especial, hermosa, con un gran corazón." - aún con algo de recelo se levantó y se acercó a ella, que al verle temeroso tiró de él y le dio un beso. - "Y algo impetuosa."

Terminada la cena Adrian se despidió. Nathan y Hannah entraron mientras Samantha se despedía de él.

"Ha sido interesante... creo."

"Ya te acostumbraras. Mañana nos vemos en clase."

Con un último beso se despidió definitivamente de él hasta el próximo día. Una vez entró en casa sus padres habían desaparecido del salón. Como ya sabia lo que pasaba se dirigió a su habitación no sin antes soltar en alto...

"Tened cuidado, no me gustaría tener de pronto un hermanito."