Declaimer:Los personajes pertenecen a las grandiosas Stephanie Meyer y L.J. Smith. Solo la trama es mía.

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~Después de ti hay mucho~

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Punto muerto

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No se despertó hasta que escuchó a través de sus sueños al motor del coche patrulla de Charlie resollando mientras se alejaba calle abajo. La luz que entraba por la ventana era gris. Se quedó allí e su cama mirando el techo. No recordaba haber soñado. De hecho, se sentía aún más cansada que el día anterior. Aspiró lentamente, llenando de aire sus pulmones hasta que ya no pudo más y luego soltó. Además de cansada se sentía vacía.

Intentó pensar. Intentó recordar. Mas no pudo. Era como si su cerebro se hubiese bloqueado ante el vacío de su corazón, oponiéndose a sentir dolor alguno más que el necesario. ¡Si tan solo su corazón hiciera lo mismo! ¿Era tan difícil acaso evitar el dolor como su cerebro lo hacía? Quizás tenía que sufrir, se dijo a sí misma. Quizás ese era otro dolor en su larga condena de castigos con la que Dios o lo que sea que existiese en ese mundo supuestamente lejano y perfecto le había estado castigando desde que era pequeña. Tantos tropiezos, tantas caídas, tantas quebraduras, tanto dolor del que con los años casi se había sentido inmune. Tan inmune que seguramente habían decidido castigarla con otro tipo de dolor. Uno que era interno. Y más doloroso aún que todas las quebraduras, los tropiezos y las caídas juntas.

Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir la habitación estaba inundada de una luz clara y levemente anaranjada que entraba por la ventana. Se acurrucó aún más debajo del acolchado, esperando que la inconsciencia se apoderara nuevamente de ella. No tuvo que esperar mucho.

El llamado de su nombre la devolvió al mundo real. Abrió los ojos, parpadeando ante la oscuridad de la habitación.

―¿Bella?

Ella no se movió de su posición y tampoco tenía ganas de contestar al llamado pero la preocupación en la voz de su padre la hizo responder:

―¿Sí?

Un momento de silencio.

―¿Estás bien?

«¿Estoy bien?»

―No ―contestó en voz baja.

Otro momento de silencio.

―Estaré abajo si necesitas algo ―dijo Charlie, aún detrás de la puerta de su habitación. Ella no contestó y luego de unos segundos se escucharon los sonoros pasos de su padre escaleras abajo.

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~oOo~

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Octubre

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Noviembre

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Diciembre

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Enero

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―Felicitaciones, señorita Swan ―dijo el Sr. Varner, entregándole su examen a Bella―. Ha progresado mucho en estos últimos meses.

La muchacha miró su A en el último examen de cálculo y luego al profesor.

―Gracias ―le ofreció un asentimiento de cabeza y luego se encaminó hacia la puerta para seguir el ejemplo de todos los otros estudiantes que habían tomado sus exámenes para escabullirse del Instituto cuando el timbre que normalmente anunciaba el fin de las clases había sonado. Caminó por los ya casi desiertos pasillos hasta llegar a su casillero, donde guardó sus cosas para luego caminar hacia su familiar Chevy.

A su lado pasó la furgoneta de Mike, quien la saludó con una sonrisa al pasar. Ella se la devolvió. Él y Ángela eran los únicos que todavía le hablaban de vez en cuando. Los otros chicos ya no la querían cerca después de todos esos meses en los que ella estuvo perdida y silenciosa. Recién después de todos aquellos meses estaba volviendo a la normalidad, saliendo de aquel estado de catatónico en el que se había ahogado.

Tomó asiento en la destartalada camioneta, ignorando el hoyo en el salpicadero donde antes había estado instalado el estéreo que Rosalie, Jasper y Emmett le habían regalado para su decimoctavo cumpleaños. Antes de dirigirse hacia la casa, se encaminó hasta el supermercado para hacer la compra de la comida y demás cosas.

Cuando llegó a la casa repasó la limpieza que le faltaba hacer e hizo la tarea mientras cocinaba. Charlie llegó a la misma hora de siempre y comieron juntos en un silencio aceptable, sólo interrumpido por comentarios corteses.

―Ya no veo a ninguno de tus amigos por aquí ―comentó Charlie en un momento dado y aunque hizo la pregunta, su concentración estaba fingidamente puesta en su plato.

―Nunca vinieron.

―Ah ―murmuró él―. Bueno, ya no los mencionas.

Bella se encogió de hombros.

―Sólo hablo con Ángela y Mike ―explicó ella, ni siquiera intentando evadir la respuesta―. Con Mike no paso tiempo y Ángela tiene novio, Ben, así que no la molesto.

Y allí se acabó la poca hilada conversación.

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~oOo~

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Se acercó a la ventana de su habitación y miró a través de ella. No podía ver nada y la fresca brisa hizo cosquillear su piel. La ventana siempre estuvo abierta, esperando por algún hermoso vampiro dispuesto a volver.

Ningún hermoso vampiro volvió.

Miró hacia la pequeña cama y la evadió, caminando hacia la computadora. Aun era temprano para irse a dormir y, además, ya sabía lo que vendría luego. Las pesadillas no se harían rogar en aparecer, los gritos no se harían esperar y Charlie ya no iría a despertarla, acostumbrado a los gritos dolorosos que su hija profería en sueños. Si ella no se sintiera verdaderamente adolorida y afectada luego de aquellas pesadillas, podría llegar a pensar que esas situaciones eran patéticas. Entonces no lo pensaba.

Encendió la máquina y se dedicó a acomodar su ropa mientras esperaba. Una vez que la destartalada computadora estuvo manejable abrió el Hotmail, comprobando su correo. Había uno de su madre así que lo abrió, esperando otros tres minutos para poder leerlo. Decía que ellos estaban bien, que a Phil le iba bien como entrenador y que ella había conseguido un puesto de maestra de kínder nuevamente. Decía que los niños eran algo revoltosos pero adorables. Le preguntaba cómo estaba ella, si le estaba yendo bien en su último año de Instituto, si Charlie se encontraba bien.

En todos los pocos correos o llamadas telefónicas que había compartido con Renée, ella nunca le había preguntado por Edward. Quizás había intentado pero nunca lo había hecho. Bella no la culpaba. En aquellas primeras semanas, si tan sólo escuchaba el sonido de su nombre, el corazón se le retorcía en el interior. No, su corazón no había tenido la capacidad que sí había tenido su cerebro para bloquearse ante el dolor. Ahora, meses después, el corazón seguía reaccionando de la misma manera pero era ella la que hacía caso omiso de ello.

Suspiró y centrando su atención en la pantalla para no hacer caso al dolor que en ese momento su corazón le estaba infligiendo comenzó a teclear la respuesta.

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―Es patético ―comentó Jessica Stanley―. Sé que Cullen la dejó, sí, pero ya han pasado, ¿cuánto? ¿cuatro meses?

Lauren Mallory asintió con la cabeza. Ambas se encontraban acomodando sus casilleros que estaban uno al lado del otro.

―Sí, pero es débil la chica. No tiene personalidad, ya lo sabes ―bufó―. No me extraña que los Cullen se fueran y la dejaran. No es nada del otro mundo. Al contrario, es muy sosa.

―Sí, sosa ―Jessica la miró con mala cara―, pero fue ella quien se metió en los pantalones de Cullen, y seguramente no hace lo mismo con Mike porque después de estar con Edward… bueno, Mike no debe ser tan deseable, supongo.

Lauren se encogió de hombros indiferentemente pero pensaba lo mismo que ella.

Jessica no sabía que Bella las había escuchado. Lauren, sí.

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~oOo~

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Bella se bajó de la camioneta y caminó a vivo paso hacia el bosque. Ardientes lágrimas que se mezclaban con las gotas de lluvia caían por sus mejillas y le hacían difícil mirar por donde iba. Se adentró en el bosque sin saber muy bien por donde y tropezó con la raíz de un árbol que estaba sobresalida del la tierra. Rodó por el suelo y gimió de dolor cuando su rodilla se hizo cargo de todo el peso de la caída. Notó que tenía el rostro embarrado y se dio la vuelta, quedándose en el suelo de espaldas y de cara a la fría lluvia que hacía que el barro se transformara en líquido y cayera por los lados de su cara, dejando rastros marrones ante su resbaladiza partida.

Habían pasado meses desde que ella lloró. Meses en los que trató de ser fuerte por Charlie y Renée. Meses en los que se tragaba el dolor como venía y no prestaba atención a ello. Meses en los que fue la alumna ejemplar. Meses en los que fue la hija ejemplar. Meses de lo que no recordaba nada. Meses en los que no tuvo vida. Pero en aquellos meses ella salió de su casa y siguió con su vida. En aquellos meses ella creó una fachada tal que ella misma se engañó. A ella misma pero a nadie más. ¿Charlie había visto tras la fachada? ¿Ángela había visto tras su fachada? ¿El Sr. Varner había visto tras su fachada?

Era malditamente irónico porque ella no había podido ver tras su misma fachada.

Pero en ese momento al escuchar las palabras de las otras dos muchachas, la realidad le golpeó a la cara como una bola de demolición derrumbando un edificio.

Sentía como el agua recorría su rostro pero no abrió los ojos. ¿Qué tenía que hacer? ¿seguir esperando al vampiro de sus ahora pesadillas o seguir con su vida?

Quería seguir esperando, tener la esperanza de que algún día él volvería. Pero en su marchito corazón, tenía la triste certeza de que eso no pasaría. Así que solo le quedaba una opción.

Tendría que volver a ser la Bella de antes. Tendría que volver a vivir aún si la idea no le agradara del todo.

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[N. de A]: Bien. Sé que no hay muchos cambios pero creo que de esta manera los capítulos quedan más presentables y entendibles.

Muchas gracias a: elena Black Salvatore y Mary-Paradise por sus maravillosos reviews en el prólogo.

Espero sinceramente que la edición de los capítulos les esté gustando y que me dejen sus valiosas opiniones. A todas aquellas personitas que comenten les mandaré un adelanto del próximo capítulo.

XOXO