Francia está tomando el fresco de la noche jugando a las cartas con Bélgica, España y Romano.

From: Lappin To: Frog

"Tenemos que hablar, ha pasado algo pero ahora no puedo contarte, te llamaré después"

From: Frog To: Lappin

"¿Pasado algo? ¿Algo como qué? ¿Debo asustarme?"

From: Lappin To: Frog

"Yes. Luego te cuento. I'm sorry"

From: Frog To: Lappin

"¡Y tan ancho que te quedas! ¿Estás bien?"

De todo el caso que Francia estaba haciendo al juego de cartas, su atención se ve reducida a una tercera parte. Además... Están jugando canasta que es de parejas y España juega con él... Tira cualquier carta sin pensar cuando Romano le apresura.

From: Lappin To: Frog

"Yes. I'm in Washington. Just... hablamos luego"

—Quoooooi!?

España protesta por la carta que tira, frunciendo el ceño.

—Pero como que...—murmura Francia frunciendo el ceño y tecleando con rapidez en la pantalla del teléfono.

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"¿Están bien los niños?"

Escribe casi poniendo en mayúscula eso de NIÑOS. Bélgica aprovecha haciendo una jugada maestra con las cartas y luego choca con Romano, quien se ríe malignamente.

From: Lappin To: Frog

"Canadá no lo sé. I'm with America. No le respondas al teléfono"

From: Frog To: Lappin

"Pour quoi?"

Pregunta increíblemente tenso olvidándose de las cartas y de todo lo demás.

From: Lappin To: Frog

"No te preocupes, yo lo arreglo, no debí hacerlo... yo... lo siento, luego hablamos"

Y así es como se arman los malos entendidos. Francia mira el teléfono agobiado mordiéndose la uña de esa manera tan propia que hace cuando esta muuuuy nervioso.

— ¿Francia? ¡¿Qué pasa?! ¡Mira! ¡Hemos perdido! —protesta España.

— ¿Que no me preocupe?... ¡Que no me preocupe!

— ¿Eh? —vacila España sin entender y le mira. Francia le mira también.

— ¿Cómo no voy a preocuparme? ¡Él me dijo que me asustara! —protesta.

— ¿De qué hablas?

— ¡Está en Washington! —sisea frunciendo el ceño.

— ¿Quién?

Romano mira a Francia de reojo y luego a España. Sonríe haciendo una pila de las fichas que ganaron, en burla. El francés se revuelve un poquito antes de tocar el nombre de Inglaterra y llevarse el teléfono al oído.

España fulmina un poco a Romano e Inglaterra aprieta los ojos y cuelga el teléfono.

— ¡Ah! ¡Además me buzonea!

— ¡Ja! Francia, la firme demostración de que el ser desafortunado en el juego no implica ser afortunado en el amor como dice el dicho —se ríe maligno Romano, suponiendo que con esos niveles de histeria sólo puede ser Inglaterra.

— ¿Pero qué es lo que pasa?—pregunta España, suavemente.

—¿Estás bien? —Bélgica no pierde oportunidad de intentar entrarle un poco a Francia.

—Quizás sea yo el afortunado —cejas cejas de España a Romano.

—Non, no estoy bien —murmura el francés pasándose una mano por el pelo.

—Tu cállate, bastardo —Romano se sonroja y le lanza una ficha al pecho con cierta violencia.

España se ríe y se vuelve a Francia, que le hace un gestito con la cabeza mirando a Bélgica de reojo un instante y levantándose.

— ¿Y qué hace en casa del crío?

—¿Pues qué supones que haga que se arrepienta tanto? Voy por más vino —murmura.

—Ah... te acompaño —se pone de pie el español y Bélgica frunce el ceño.

— ¿Van a tardarse dos horas? —Romano hace los ojos en blanco, con fastidio.

—Si me prometes un beso a la vuelta, no —le guiña un ojo España.

— ¡Notevoyadarningunbeso! —chillidito sonrojado dándole la espalda y cruzándose de brazos—, ¡Pervertido!

Se ríe por el insulto llevándose a Francia de los hombros.

—Está en Washington haciendo algo de lo que se arrepiente mucho y que dice que no debió hacer —dramatiza el francés nada más pisar la cocina—, ¡Me dijo que teníamos que hablaaar!

España levanta las cejas.

— ¿Perdona?

—Y dice que debo asustarme... —le mira agobiado.

— ¿Asustarte?

—Oui, pregunté si debía asustarme y ha dicho que sí —se muerde la uña—, y si... y si...

—No puede ser tan cabrón...

—Además estábamos bien, y contentos y... Pero es que no me contesta y me ha pedido perdón dos veces. Mira —le extiende el teléfono.

España toma el teléfono leyendo los mensajes y aprieta los ojos pensando lo mismo.

—Merde —murmura Francia cuando ve la cara de España que le confirma que lo que está entendiendo es lo mismo.

— ¿Y qué planeas hacer?

—Non, non... Espagne... espera, es que... —toma aire y se recarga dramáticamente en la barra de la cocina.

España le mira, Francia le devuelve la mirada, desconsolado.

—No sé qué decirte, suena a lo que suena — no queriendo admitirlo, pero diciéndolo al final.

A lo que el galo aprieta los ojos y se lleva las manos a la cara.

—Es un cabronazo —le abraza el español.

—Es que non, no puedo creerlo —asegura dejando que le abrace —, estaba todo MUY bien, mejor que nunca.

España suspira y le abraza contra si con fuerza pensando que quiere matar al inglés.

—Quizás debería escuchar su explicación... Ni siquiera me ha dicho cuando hablaríamos, ya viste —susurra.

— ¿Cuándo? Pues será cuando vuelva, supongo, en cuanto acabe, no será capaz de hablarte de esto por teléfono mientras está ahí...

Francia aprieta los ojos más aun con el "en cuanto acabe", tragando saliva.

—Non, non... no lo pongas así —pide separándose—. Suena DEMASIADO cínico.

—Pues es que...

—Non, el no me haría esto, no ahora —niega con la cabeza queriendo creerse a sí mismo.

Se humedece los labios y se separa un poco mirándole a los ojos con cara de angustia.

— ¡Es MIO esta vez, me hizo una promesa, traigo su estúpida argolla en el dedo! —se la señala tomando el teléfono otra vez. Vuelve a marcarle al inglés.

—Ya sé que llevas su puñetero anillo...

— ¡No es solo el anillo es todo lo que implica! —protesta apretando los ojos.

—Ya lo sé... —pat pat.

— ¡No me digas ya lo sé, dime qué hago! —chilla mordiéndose la uña, his té ri co.

—Pues es que... no lo sé, yo... yo seguramente iría ahí, pero...

—Ir ahí... —traga saliva y se pellizca el puente de la nariz, toma aire sin saber si quiere ir ahí para encontrarse un drama absoluto... Pero a la vez, es que esta vez sí que no quiere perder.

—Pues... eso haría yo... —España se encoge de hombros.

El francés se humedece los labios y le mira con cierta decisión, pasándose una mano por el pelo. El español le mira con cara de angustias de nuevo y le abraza otra vez.

— ¡No se creerá ese niñato engreído e idiota —sí, te ha copiado, Inglaterra— que con solo unas horas con MON Angleterre va a cambiar algo que me ha tomado DOS MIL AÑOS conseguir!

—Pues es que no es el niñato el que me hace hervir la sangre, Francia.

— ¿Será que lo merezco, Espagne? —pregunta en un momentillo de debilidad.

— ¡¿Qué coño te vas a merecer?! ¿Pero que se ha creído, es que lo hace a propósito o qué? ¿Es que no sabe lo que significa?

—Ya lo sé, ya lo sé... De hecho lo que me da más miedo de todo es la pequeña posibilidad de que haya planeado todo para al final hacer... esto —traga saliva, cierra los ojos y niega —. Non. No es posible, no se lo creo.

—Yo he pensado lo mismo. Lo mato, tío, esta vez te juro que lo mato.

—Es que no puede ser, Espagne... yo le he visto, le he tenido en mis brazos, le visto hacer, mirándome a los ojos, diciéndome cosas que... —se muerde el labio y sí, al muy dramas se le llenan los ojitos de lágrimas. Parpadea —. Es que no se lo creo.

— ¿Entonces de qué va esto? —señala el teléfono sin soltarle.

—No lo sé... NO LO SÉ —protesta temblando un poquito.

España sigue abrazándole sin decir nada, acariciándole la espalda.

—Pero no puedo saltar a esa conclusión inmediatamente sin que me lo confirme, no con lo que hemos vivido todos estos días —asegura antes de soltar un sollocito —. No puede hacerme esto (si serán dramáticos los latinos).

— ¿Qué vas a hacer entonces? Es que la sola idea que ahora mismo...

Una imagen suuuumamente vívida de Inglaterra todo sonrojado en un rictus de placer en brazos de América se le viene a la cabeza. Empuja un poquito a España.

—Tais-toi —pide con los ojos apretados.

—Vale, vale... sólo...

—Voy a ir a Washington... Y si no vuelvo en tres días preocúpate, ¿Vale?

— ¿Quieres que vaya contigo?— Se ofrece España, el de la doble intención. Francia suspira pasándose una mano por el pelo.

—Non —murmura y se limpia otra vez los ojos—, esta vez quisiera hacer esto solo, es una cosa MUY nuestra que hicimos solo él y yo. Si va a destruirme, va a destruirme a mí, solo y sin escudero. — el draaaamáaaaticoooooo.

El español le pone la mano en el hombro... se le humedecen los ojos... y le abraza otra vez.

—Espaaagneee... —susurrito... le llora un poco en el hombro, abrazándole con fuerza.

—No tienes que pasar por esto solo...

— ¡No tendría siquiera por qué pasar por esto! —protesta pasionalmente en un sollozo—. Podría haberme dicho que iba a ir ahí, podría haberme dicho que aún quería... o que aún pensaba en eso... podría... waaaaa.

—Ya lo sé, ya lo sé... —le abraza con fuerza.

Después de cinco minutos de drama... si, sólo cinco, cosa que es tiempo record para los estándares latinos, Francia se obliga a sí mismo a separarse de España limpiándose la cara.

—Llévame al aeropuerto —pide con voz ronca.

España asiente. Y ahí tenemos a los dos intensos apasionados, haciéndose una historia de EEEEESTE tamaño con tus mensajes, Inglaterra. Quiero decir, que es altamente probable que antes de subirse al avión, Francia sí le pida a la suegra que le acompañe, España lo sabe.

Inglaterra le da las buenas noches a América, que además está cansadísimo con el Jet lag y se mete a su cuarto sacando su teléfono, llamando a Francia por fin.

América pone la televisión, en el último cuarto del partido del Monday Night football, se sirve una coca cola triple, se hace unas palomitas del microondas y se dispone a hacer su llamada nocturna/matutina a Rusia bostezando un poco. Se ha hecho taaaarde, pero ha conseguido meter al inglés a ver Gravity aunque tooodas las funciones estuvieran agotadas menos la de las: de la noche...

La voz de una mujer muy propia le anuncia a Inglaterra que el teléfono de Francia está desconectado. Inglaterra frunce el ceño y tras probar a casa de Francia, prueba a llamar al parlamento, esperando que ya haya alguien a esas horas tan pronto.

En el parlamento entra una grabadora que le recuerda que los horarios de atención NO incluyen esas asquerosas horas de la madrugada.

—Joan...

Son al menos las dos de la mañana. Mientras Rusia se conecta al Skype, América le pide algo muy simple a Joan que como parte de su superultramegainteligente plan de utilizar los... ¿Fenómenos para normales? No... ¿Mensajes subnormales? No... ¡Mensajes subliminales! ¡Eso! Mensajes subliminales para afianzarle al inglés en la cabeza la idea de casarse con Francia. Sonríe cuando obtiene la confirmación de la maquina.

—Bonsoir, monsieur Angleterre —saluda la voz de Joan.

Inglaterra, que aun está mirando su teléfono levanta la cara y parpadea.

—Why do you speak to me in french?

—Le français est la langue de l'amour... —asegura como única y críptica respuesta.

—Oh, por la reina, deja de hacer el imbécil, créeme que tengo bastante con los que tengo que soportar —protesta—. Háblame en inglés y dime, ¿Hay algún problema con las comunicaciones?

— ¿Problema con cuales comunicaciones? —insiste en francés.

—Mi teléfono parece ser incapaz de comunicar con nadie en Europa... ¡Háblame en inglés! —frunce el ceño.

— ¿A qué número quiere comunicarse? —pregunta tercamente en francés, porque la orden de América va más arriba de la de Inglaterra, evidentemente.

Se sonroja porque no quiere decírselo, pensando que si ella consigue comunicar, va a grabar la llamada entera.

—Con... Rome. Quiero hablar con my mother.

—Comunicando.

—Hallo —Germania, que es el único levantado a estas horas de la madrugada.

—Ah... Hello. G-Good nigth —Saluda Inglaterra.

—Guten morgen. ¿Quién habla?

—I'm... England, siento llamar tan tarde, espero no haber despertado a nadie.

—Oh, England. Nein, bueno, no hay nadie más despierto a esta hora, pero yo estaba desayunando. ¿Necesitas algo?

—Ah... No, no, en realidad... ehm... I mean... I'm sorry.

— ¿Por qué? —Germania un poco confundido.

—Pues... —se pasa la mano por el pelo—. Por... llamar supongo. Es... uhm... Well, how are you?

—Ehm... bien. Danke —esos momentos incómodos—. ¿Quieres que vea si tu madre ya está despierta?

—Ah... ehm... well, yes, please.

Germania aprieta los ojos porque eso implica que si no está despierta quizás le arranque la cabeza por despertarla.

—I mean... si no lo está no pasa nada —otro que está aterrorizado de ella—. ¿Todo va bien entre vosotros verdad?

—Quizás podrías usar el teléfono más tarde —asegura Germania aun no muy acostumbrado a esto de "llamar" —. ¿A qué te refieres?

—Es que... well, yo la quiero mucho pero sé que vivir con ella no siempre es... un camino de rosas —aprieta los ojos.

—Oh! Lo... entiendo —carraspea —, se ve que no has vivido con los demás tampoco —murmura entre dientes —. Todo va bien. Son todos flojos y desordenados —agrega.

— ¿Flojos y desordenados? —frunce el ceño porque no considera que así sea su madre.

—Ja, Rom en especial —siempre es él el problema, en realidad Britania le da menos problemas.

— Well, no me vas a hablar a mí de latinos! —ese tono de "JA! Yo también sé".

—Es verdad. Tú y Frankreich... —carraspea —, creo que tu madre no está despierta.

—I AND FRANCE NOTHING! —perdónalo, Germania, no es un buen día.

Germania se separa el teléfono sin estar del todo seguro de si ha gritado Inglaterra o si Britania está en la cocina.

—Ehm... —carraspeo inseguro.

— ¿Queda claro?

—Ja —frunce el ceño, regañadillo, pero sin decir más conociendo el carácter de los isleños del norte.

— ¡Me alegro! —aun con el ceño fruncido, sin que parezca que se alegra en realidad.

—Le diré a tu madre que querías hablar con ella.

—No, no se lo digas, porque me va a llamar y... me voy a ir a dormir y aún no controla eso del tiempo en todo el globo, así que me va a llamar como a las cuatro de la mañana, seguro.

—Entonces usa tú el teléfono más tarde para hablar con ella.

—No sé si mi teléfono funciona en realidad... ¿Puedo probar a llamarte a ti?

—Ja —lo siento Inglaterra, su teléfono está perdido en su cuarto, y piensa que vas a hacerlo luego... peroInglaterra llama.

— ¿Lo oyes?

De hecho no está perdido en su cuarto, está correctamente colocado en su mesita de noche.

—Nein.

El británico parpadea y se pasa la mano por el pelo.

—Se debe haber estropeado.

Germania se encoge de hombros porque de verdad no está seguro de lo que está haciendo.

—Well... no importa. No le digas nada a my mother, yo llamaré de nuevo. Hum... ¡Y más vale que tú y Rome la tratéis bien!

Ojos en blanco.

—Mira, England... más te vale a ti que dejes de regañarme.

— ¿Ah sí? ¿Y eso por qué? —retador, pobrecito. El germano frunce el ceño.

—Porque soy mayor que tú y me debes respetar —tratándole como si fuera Prusia de pequeño.

— ¿Sí? ¿Pues sabes? ¡Yo puedo convertir tu vida en un infierno si me da la gana! ¡Y no dudaré en hacerlo si te metes conmigo o con los míos!

—Bien, yo puedo hacer que tu madre regrese a vivir a tu casa...

—Tú no puedes hacer nada, my mother hará lo que ella quiera. Si alguien podría echarla acaso sería Rome y no tú.

Lo siento, Germania, es que le caes mal... pero no te lo tomes como algo personal, todo el mundo le cae mal. Germania frunce el ceño, picado con eso.

—Estás loco, como tu madre —protesta —, deja de molestarme, muchacho.

—NI SE TE OCURRA REPETIR ESO DE ELLA EN MI PRESENCIA, BLOODY BASTARD —ahí tienes al pirata.

Ojos en blanco.

— ¡Te parto la boca y te tragas tus dientes! ¡Me da igual que seas padre de mi amigo, a mi madre no la insultas tú!

— ¿Tú? ¿Vas a partirme a MÍ la boca? ¡Yo voy a aplastarte la cabeza y a devorarme tus ojos!

—Te voy a partir la boca y me voy a mear en ella después, ya machaqué una vez a tu hijo y te machacaré a ti también si hace falta.

— ¡Tú no vas a tocar a ninguno de mis hijos! ¡Te reto siquiera a que intentes partirme algo!

— ¿Haciendo amigos, Germania? —la voz de Galia llega desde la nevera.

— ¿Que no? ¡Solo vuelve a decir esas cosas de mi madre y verás lo que sufres!

— ¡Pues está loca como tú! —protesta y luego levanta las cejas y mira a Galia —. Oh! Guten morgen.

—No, no... Me voy a dormir... ¿Con quién hablas?

— ¡NI ELLA NI YO ESTAMOS LOCOS, BLOODY GIT OF THE HELL!

—Con el demente hijo de Britania que está —se separa el teléfono de la oreja—, ¡Está amenazándome con romperme la boca!

— ¡Ah! —sonríe ella—. Salúdale de mi parte.

Inglaterra sigue gritando improperios variados, sin percatarse de que no le escuchan.

—Nein, que se quede gritando ahí —se cruza de brazos mirando el teléfono y solo escuchando los grititos de Inglaterra que son menos molestos cuando uno está lejos del teléfono.

—Bueno... ¿Vienes conmigo? —Galia sonríe.

Germania traga saliva, mira el teléfono, se sonroja y se levanta, carraspeando.

—J-Ja.

Mientras Inglaterra sigue frustrado un rato más porque hoy todo está en su contra, hasta que tras un par de "hello? hello?" le pide a Joan que cuelgue, se va al cuarto de América. Inglaterra hoy, pobrecito mío, está teniendo un pésimo día.

—Say hi to the commie!

—No voy a... America, mi teléfono no funciona.

—What? Why? —voltea la iPad donde debe verse la cara enooorme de Rusia.

—Privet Angliya! —sonríe Rusia saludando con la mano.

—Pues no lo sé, sólo... no funciona, he probado... —se da cuenta que no ha intentado llamar a nadie más a ver si no es el de Francia el que no va, ignorando a Rusia.

—Puedes hablar del mío o con el de la casa —le señala su teléfono—. Vas a hablarle a... ¿Francia? —Sonrisita cargada de sentido.

—NO! —se sonroja y decide que no va a hablarle, que seguro le graba. Que le mandará un mensaje o le hablará desde su teléfono.

—Oh! Come on! ¡Háblaleeee!

—¡NO VOY A HABLARLE!

— ¿A quién? —pregunta Rusia.

—A Fraaance. Pero no te puedo decir por qué —asegura el chico.

— ¿Por qué no?

—Es un secreto —sonríe orgulloso.

—AAAAAH! —chillido histérico de Inglaterra que se le echa encima para quitarle el Ipad.

—But... whaaat?

No parará hasta quitárselo o agotarse. Creo que los dos van a acabar medio agotados en el suelo, América riéndose como idiota y perdiendo el Ipad por ello, o rodando por la cama más bien... sería un buen momento para que llegaran los otros dos.

Tendrían que haber hecho un vuelo MUY express, Francia dice que es una pena que el Concord ya no vuele.

Inglaterra respira con dificultad, con el Ipad entre las manos, tirado sobre América, AGOTADO. Porque quien crea que pelear con el niño es fácil es que no le ha visto bien, América se sigue riendo idiotamente también agitado... y agotadillo, no diremos que no.

Rusia sigue preguntando que qué está pasando desde hace una hora. (Rusia es monísimo, pidiendo que no le meneen de esa forma que lo marean)

Inglaterra apenas puede respirar normal aun, todo sudado y despeinado, pero abrazadísimo del Ipad.

—Whatta hell... ¿Eso es el... timbre? Joan? —pregunta América con la respiración entrecortada.

— ¡Que divertido, una fiesta! —exclama Rusia entre los brazos de Inglaterra.

—Yes. France and... someone else are outside.

—FRANCE?! —chilla Inglaterra abriendo los ojos como platos, tensándose como un palo y sonrojándose de muerte.

—Y Spain. Yes —asiente Joan.

Se abraza más fuerte del Ipad porque no está preparado para enfrentar a FRANCIA siendo que AMERICA sabe eso, con los ojos súper abiertos aun.

—What? France? Ohhh Jeeez! France Iggy! —se quita de encima al inglés y se levanta de la cama, y así todo sudado, despeinado y con los lentes inclinados se encamina a la puerta.

—No! NOOOO! —se apresura a ponerse de pie para detenerle y tira el Ipad, se tropieza y se cae por el suelo.

América se ríe malignillo, notando que con el tropiezo sí que va a poder ir a la puerta pese a las protestas del inglés. Sí... sale corriendo a la puerta sin siquiera ver si vives, Inglaterra.

El inglés se pone de pie y sale corriendo tras él, muerto de vergüenza.

Así que mientras Francia y España suben por el elevador, que afortunadamente después de Rusia ya no ocupa sangre para funcionar, sino una nueva tecnología de ADN del pelo, América sale a la puerta del elevador que abre directamente en el departamento, esperando impacientemente dando saltitos.

—NO! NO! NO! NO! — Inglaterra salta sobre América abrazándole del cuello y con los pies de la cintura, HISTERICO intentando tirarle al suelo y quitarle de en medio, cuando se abren de golpe las puertas del elevador.

Y Francia se queda PARALIZADO con las cejas en el techo, viendo la escena, porque además América se ríe idiotamente. No, bueno y España tres cuartos de lo mismo.

Lo más que atina a hacer el francés es a cruzarse de brazos después de unos instantes, frunciendo el ceño y medio cerrando la boca.

—Waaaaaaaah! —Inglaterra aprieta los ojos y se hace bolita queriendo morirse.

— ¿Qué coño está pasando aquí? —pregunta España intentando no ir a patearle.

—Hello! —saluda América riendo un poco y abrazando levemente a Inglaterra de la espalda porque le está ahorcando un poco.

—Angleterre —llama Francia al inglés de manera sumamente suave y a la vez solemne.

— ¡No les digas nada! ¡NO LES DIGAS NADA! ¡VETE AL CUARTO! —chilla Inglaterra a América.

—Pero si no voy a decir naaadaaa —canturrea el chico con esa cara de pillo y de "se algo que ustedes no", sin leer el ambiente en lo absoluto.

—AMERICAAAA! —le chilla solo con el tono, empujándole, ROJO HASTA LAS OREJAS.

España les fulmina y mira a Francia de reojo, Francia mira la escena unos cuantos segundos más, se humedece los labios y frunce el ceño. Niega con la cabeza y pica el botón del elevador para bajar.

Inglaterra no se entera porque está tratando de taparle la boca a América desesperadamente, porque además está España y solo falta eso.

España le pone la mano en la espalda a Francia para atraerle hacia sí y abrazarle, mientras sigue fulminando a los otros dos.

América está en la estupidez de seguir riendo y e impidiendo que le tape la boca, pero eso sí, cuando ve que se cierra la puerta mete una mano.

—Jejejeje... no, no... Come on, Iggyyy! ¡Déjame, que se van a ir! —risas.

Inglaterra, que está DESESPERADO se va corriendo y se mete en el armario dispuesto a negarlo TODO y quedarse a vivir ahí dentro.

¡Inglaterra, hombreeeee, no sabes el lío en el que estas metido!

Francia frunce el ceño con esto, mirando un instante a España de reojo antes de salir del elevador, con paso firme, hacia el armario. España le mira y le sigue, dispuesto a machacar a Inglaterra.

— ¿Cómo estas, Fraaaance? —pregunta el chico con ese tonito sutil, según él.

— ¿Qué coño te pasa? —le ladra España interpretando el tono en burla por otro lado.

—Eh?

—Sal y mírame a los ojos —pide Francia gélido, al otro lado de le puertas ignorando al muchacho.

— ¿Qué haces? ¿Qué te has creído? —sigue España con el corazón en llamas, golpeando el pecho de América con un dedo.

— ¿Que me he creído de qué? —pregunta él dejando de sonreír un poquito, empezando a interpretar que está enfadado.

—What are you doing here? —susurra Inglaterra desde dentro del armario.

Francia no entiende bien lo que dice.

—Tienes una y sólo una oportunidad para explicarme.

— ¡Pues eso pretendía hacer por teléfono! ¿Qué haces aquí? —alza un poco la voz.

—Vine a...—Traga saliva. — ¿Qué haces tú aquí?

Inglaterra aprieta los ojos.

— ¡Eso no importa! ¡Tú no tenías que venir!

— ¿Y qué esperabas? ¿Qué me quedara en casa a ESPERARTE?

—Pues... yes! ¡Iba a llamarte al acabar! ¡Estaba llamándote hace un rato, de hecho!

— ¿Ibas a llamarme al acabar? ¿Qué clase de cinismo es ese? —protesta y patea la puerta. Patadita.

—What? ¡Pues no podía llamarte antes ya te lo dije en el mensaje!

—No sé que tienes en la cabeza... Merde será, sal.

—No puedo, esto es un desastre...

Francia se pasa una mano por el pelo.

—Necesito hablar contigo, lejos de él y de esto y de... Spain y de todo.

—Pues yo también necesitaba varias cosas antes... Y no tuviste la decencia de dármelas así que ahora vas a sacar tu culo de ahí adentro y vas a tener la hombría de explicarme aquí.

—No, aquí no, please.

— ¿Y porque yo tengo que aguantar aquí frente a todos las burlas de Amerique? ¿Eh? Eso no te preocupa.

—What? ¡America se está burlando de mí! ¡Por eso no quiero hablar contigo aquí! ¡No tenías que venir!

—Claro, por eso dice mi nombre —hace los ojos en blanco y se sienta al lado de la puerta —. Debería irme a casa, ni siquiera sé para que cometí la estupidez siquiera de venir.

— ¡Pues yo tampoco! ¡Ya te estaba llamando!

—Eres un imbecile —protesta mientras España y América pelean verbalmente con muchas, muchas palabras.

—Well... vamos a la calle, ya que estás aquí.

—Para eso necesitas tener el valor civil de salir de ahí —protesta y aprieta los ojos —. En mi CARA, abrazándole.

— ¡Es que no sé qué haces aquí! —protesta igual.

— ¿Que esperabas, Angleterre? Insisto... Que me quedara en casa mientras tú... ¿Sabes? Tienes dos minutos para salir a la calle a explicarme, o me largo a casa.

—Ok... deja me visto... —porque va en pijama—. Pero solo tú... sin Spain ni America.

El francés hace los ojos en blanco, levantándose, pero no se quita de junto a la puerta... ¿Vestirse? Acaso iba en... No, no iba desnudo, ¿O sí? Francia no puede recordar que lo estuviera. Le hierve un poco la sangre.

Se entreabre un poquito la puerta, Francia FULMINA al armario, al hueco de la puerta.

—Pero no hables con América, no le escuches —añade.

—Difícil cuando SIGUE diciendo Franceeee y riéndose de mi.

Aprieta los ojos SONROJÁNDOSE dentro del armario, de hecho es posible que consiga contagiar la sonrojabilidad al armario mismo y todo parezca un poquito más rojizo.

—No debiste venir, no estoy preparado para que estés aquí —protesta y decide vestirse con la ropa de América de dentro del armario. Francia se cruza de brazos frunciendo el ceño.

— ¿No estás preparado? ¿No estás PREPARADO? ¿Y yo qué, Angleterre? ¿Cómo me preparo para esto, eh?

—Pues... ¡No pensé que te fuera a afectar tanto a ti! Y ni siquiera ha pasado todo aun —suelta pensando en el asunto de las vegas.

—No pensaste que... —se le oscurece la mirada, debe escucharse el sonido de la guillotina en segundo plano, en su mente—. ¿Qué estás…? ¿Qué estás diciendo?

—Vamos a la calle y te lo cuento —insiste y sale, rojo como un tomate, con la ropa holgada del americano colgándole por todas partes, mirando el suelo.

Francia hace un SOBREESFUERZO por no cachetearlo y camina al elevador, eso sí, con la frente en alto, FULMINANDO al niño que tiene a bien hacer suaves y delicados soniditos de... Marcha nupcial.

Inglaterra anda tras él y FULMINA a América también, España se acerca a Francia para ir con él sí ha decidido irse.

—Non. Voy a... Va a explicarme afuera. Espera aquí y baja en unos minutos —murmura pensando que todo esto es cruel y humillante, pero no va a dejar que lo note... Especialmente El Niño.

—Llámame al teléfono y bajo —susurra España asintiendo.

Francia asiente mirando a Inglaterra de reojito. Se había prometido a si mismo escucharle al menos, pero todo esto era... El colmo.

—Estas cosas no pasan por accidente —murmura en cuanto está dentro del elevador.

En cuanto Inglaterra para por al lado de España él lo FULMINA.

—Of course not, I know... but, I just... well, lo necesitaba, ¿Vale? No sé porque, no ha sido siquiera tan grave en realidad —responde pasándose la mano por la nuca.

—Lo necesitabas... ¿Lo NECESITABAS? Mon dieu —aprieta los ojos más herido con ese comentario de lo que quisiera.

—Pues ya sé que ha sido una idea terrible y va a traer un montón de problemas y podría haber elegido a alguien más... o más bien, a NADIE más, pero... tenía que ser él —cambia el peso de pie.

Debe oírle sorber los mocos de la manera lo más sutil posible. Inglaterra le mira de reojo y se le hace un nudo el corazón.

—I'm sorry, OK?

—No pensaste que podrías... —se humedece los labios y se abren más puertas. Traga saliva y sale apretándose los ojos con los dedos de una mano, haciendo un esfuerzo para no sollozar.

Sale tras él para alejarse a donde Joan no pueda grabarles, Francia se muerde el labio y suelta unos sollocitos silenciosos cubriéndose los dos ojos con la mano.

—Pensé que... Pensé... —susurra

—France? But... what's up? Come on, sé que habíamos dicho que era algo nuestro pero no sabe nada en realidad.

—Yo pensé que eras feliz conmigo... —solloza un poco más.

—What? —descolocado ahora.

— ¿Sa-Saber nada de qué? —pregunta a la vez,

—Pues de... —baja la voz y mira alrededor—. De la boda...

Sorbe los mocos y le mira con ojos SÚPER llorosos.

—Quoi?

—No le dije nada en realidad, pero... va a ser un desastre, yo lo sé —aprieta los ojos.

—Non, Non, Non... Espera —le escruta —. ¿L-Le dijiste... algo de la boda?

—No! I mean... yes... well, no exactamente —se sonroja. El francés se humedece los labios.

— ¿No estabas teniendo sexo ardiente y apasionado con él?

—W-WHAT? —escándalo, se sonroja un poco más igual.

—Responde —pide con suavidad, cerrando los ojos.

—No! Of course not!

Abre los ojos y le mira a los suyos directamente unos segundos, MUY fijamente,

—NO! Solo quería saber qué opinaba y le dije... le pregunté qué pensaría si eso... pasara y él pensó que yo estaba valorando pedírtelo y ahora está diciendo que va a ayudarme a que pase y quiere que nos casemos en las vegas y todo es muy estúpido porque le he dicho que NO va a pasar, pero está empeñado en ser my best man y ya sé que se lo va a decir a todos y es un desastre, pero necesitaba de verdad su aprobación y... —da vueltas mientras habla, nervioso y sonrojado.

Y le calla con un beso, en una de las vueltas, escuchándole a medias en realidad. Es un GRAN beso. Que resulta ser perfectamente devuelto mientras el francés le abraza de la cintura y del pelo e intenta hacerse uno con el sólo en el beso.

Inglaterra le abraza también, un poco más tímidamente, pero como siente su angustia... Inglaterra tiene a un PULPO colgado encima de él en sólo unos segundos.

—Je... Je t'aime... Mon... —otro beso de diez minutos —... mari précieux.

No creo que sepa ni dónde tiene la cabeza. Momento ojos de corazón. Con sonrisita idiota. No le sueltes porque se cae. Francia le acaricia el pelo con una mano y le mira con ojos de idiota también, sonriendo, con los labios hinchados.

—Je t'aime... Yo sabía... Claro que lo sabía —otro beeeeso.

El vecino pasa con su perro, que les ladra.

—I... —se calla, maldito perro.

Francia se separa después de un raaaato otra vez, sonríe apretando los ojos y luego riendo un poco, abrazándolo con fueeeeeerza.

Parpadeo parpadeo, Como le des otro de esos va a entenderlo mal y va a empezar a intentar desnudarte. "¿Y desde cuando eso es malo?" Pregunta Francia. Bueno, porque es media noche y están en la calle... Ah... Nimiedades.

Vale, pero espera a subir al cuarto.

—Eres un tonto —susurra el galo, sonriendo aún.


¿Qué les parece?... Créditos de la edición, a Josita, ¡no olviden darle las gracias!