Planeaba que fuera sólo un OneShot, sin embargo no me gustan las historias tristes donde los finales son un poco inconclusos… así que espero que disfruten este nuevo capítulo.

Besos.

Capítulo II: Mutuos Acuerdos

Se necesitan muchos días para amar a una persona, pero sólo un día y un momento para decepcionarte.

Inuyasha pensó que todo podría arreglarse, la verdad después de que lograra que ella no se marchara, sintió que tendría otra oportunidad para ganarse su amor y sobre todo, su confianza nuevamente.

Pero Kagome no estaba dispuesta a olvidar. A pesar de haberlo perdonado, ella igual se había marchado al otro día cuando él se había ido al trabajo. Y la había entendido.

Desde ese día ya pasaron 6 meses, seguían en contacto debido a que le pidió que le dejara estar al tanto del embarazo, no quería perderse nada del bebé, nada de la que ahora sabía era una bebita.

¿Cómo sería estar a su lado en las noches para estar pendiente de si ella tenía un antojo? ¿Cómo sería sentir a su hija dar pataditas en el vientre de su madre? ¿Lo perdonaría algún día de corazón? ¿Podría volver con él?

Muchas preguntas estaban sin contestar, ella no parecía querer hablar del tema y sus conversaciones se reducían a solo hablar referente a su bebé.

Por su parte Kagome no estaba mucho mejor. Seguía trabajando y se había regresado a su antiguo departamento, pese a las protestas de Inuyasha de que se quedara en la casa de su madre, de esa manera ella podía cuidarla por si una eventualidad se presentaba.

Los días de Kagome se habían reducido a trabajar medio tiempo y a descansar ya que el peso extra de su vientre la hacía tener dolores constantes de espalda y pies.

Pensaba diariamente en Inuyasha y en su bebé. Quería estar con él. Pero era difícil siquiera pensar en volver a estar entre sus brazos y no recordar que el la había engañado. Inuyasha siempre trataba de dejarle en claro que la amaba, que estaba arrepentido y que sabía que no tenía cara para defenderse; ella pensaba que si en verdad la amaba, no la hubiese engañado.

-Te espero entonces, estaré lista a las dos.- le dijo antes de cortar la llamada. Inuyasha se había empeñado a estar en todas las consultas con el ginecólogo y por lo menos a eso, ella no podía negarse. Recordó el momento en el que su rostro se ilumino al escuchar por primera vez los latidos de su bebita. Ella había llorado de la emoción, entre el dolor y tanta angustia, su bebé era su cable a tierra.

A la una con cincuenta ya el estaba tocando la puerta de su apartamento, era un alivio que estuviera en el segundo piso, así era menos trabajo para ella y menos peligro al bajar las escaleras, aunque ella tenía una auto-impuesta orden de usar sólo el ascensor.

Escuchó sus pasos para abrirle la puerta. Siempre sonreía cuando la veía vestida en esos hermosos vestidos maternos, su vientre ya estaba bastante abultado a sus casi siete meses de gestación, en esta ocasión llevaba uno de color lila, haciendo que su piel se viera más nívea y tersa. Hacía casi un siglo para él desde que no la tocaba…

-Hola… adelante… voy por los ecogramas anteriores y nos vamos, dame un momento.- le dijo mientras dejaba la puerta abierta para que él entrara.

Inuyasha se limitó a observarla mientras ella se dirigía a la habitación. Era un departamento espacioso, casi familiar. Anteriormente pensaron en vivir en él, sin embargo con el esfuerzo de ambos lograron comprar una casa, sólo que ahora esa casa era habitada únicamente por él.

-¿Cómo te has sentido? ¿Has tenido problemas con algo?.- Le preguntó Inuyasha mientras observaba una fotografía que ella tenía en un estante, era de la universidad, cuando ambos se estaban graduando.

-No, todo ha estado excelente, ella se mueve mucho y con mucha frecuencia.- ya había salido de la habitación con la carpeta en sus manos y lo encontró observando una foto que no quería guardar, le gustaba el rostro sonriente de ambos.

Inuyasha fijo su vista en ella y dio dos pasos en su dirección, quería abrazarla, prometerle, besarla, decirle que estos meses sin ella han sido el peor castigo…

-Kagome yo…- quería demostrarle que él jamás la traicionaría nuevamente.

-Ahora no Inuyasha, por favor. Se nos hace tarde… debemos irnos.- Kagome no quería escucharlo, no en ese momento. Estaban teniendo una relación civilizada por su hija y no quería que la paz que ella había logrado conseguir en estos meses se escapara por la ventana.

-Está bien…vamos. Pero necesito que tú y yo hablemos. Nuestro matrimonio no puede acabar así, los dos sabemos que aún podemos ser una familia.- estaba decidido a no rendirse y perderlas para siempre. Quería estar con ellas dos, toda la vida.

Bajaron en el ascensor hacia el auto de Inuyasha que estaba estacionado frente al edificio. El viaje se hizo en un silencio medio incomodo y tenso. Él quería hablar con ella, rogarle una vez más por su perdón. Pero ella se dedicaba a observar por la ventana y a prácticamente ignorarlo.

Cuando llegaron a la consulta con el ginecólogo, no esperaron mucho para ser atendidos. Les dijo que todo estaba bien con su bebé y que si Kagome seguía con la tranquila vida que llevaba, su embarazo tendría un término excelente. Ya solo quedaba poco para que tuviera a su bebé en sus brazos.

De regreso al auto, Inuyasha invitó a Kagome a ir por un café y una merienda. Él sabía cuánto amaba ella los postres de una cafetería en específico así que se encargaría de consentirla por lo menos en esa parte. Era su día de suerte, porque Kagome aceptó.

-Pie de limón para ti… pie de limón para mi.- le dijo Inuyasha mientras dejaba frente a ella un trozo de pie bastante generoso. No pasó por alto el detalle de cómo se iluminaron los ojos de Kagome. Quería seguir viendo ese brillo en ellos.

-Gracias…- era un antojo menos, tenía tiempo queriendo un pie de limón de esta cafetería. Sin esperar levanto la cucharilla para empezar a comerlo.

Inuyasha la observaba comer y sonreía mientras comenzaba a comer el suyo. En momentos así sentía que nada había cambiado. Que las cosas entre ellos estaban bien…

-Kagome…- la llamó un poco después de su tercer bocado de pie.

Ella alzó la vista y supo inmediatamente sobre lo que él quería hablarle.

-No estoy lista Inuyasha…- dejó la cucharilla en el plato. De repente se había esfumado sus ganas de pie.

-Yo tampoco lo estoy. Pero estoy menos listo a estar toda mi vida separado de ustedes. ¿Cómo puedo rogarte que me perdones?.- estaba dolido, casi desesperado, cada noche sin ella y pensando que estaba sola corriendo quien sabe qué tipo de riesgo lo mataba y le hacía querer gritar.

-Ya te dije que te he perdonado… pero no puedo olvidar Inuyasha. Para mí ha sido muy difícil toda esta situación.- sentía otra vez ese nudo en la garganta. Cada vez que recordaba que él la había engañado, sentía que volvía hacia atrás nuevamente.- Ahora no soy solamente yo… debo cuidar a mi hija…

-También es mi hija, quiero cuidarla y ser parte de su vida. Quiero cuidarte a ti también, hacerlo como no lo he hecho… he sido el idiota más grande, pero me rehúso a vivir sin ustedes.

Ahí estaba, lo había logrado, ella estaba llorando de nuevo. Ahora estaba más sentimental que antes y sentía que se arrojaría en sus brazos tarde o temprano.

-Llévame a casa por favor…- le pidió bajando la mirada… debía alejarse de él, era una cobarde y una débil. Pero no le daría el gusto de verla llorando de nuevo.

-Kagome…

-¡Llévame a casa! O me iré sola.- se levantó para agarrar sus cosas y marcharse, pero él tomó su muñeca y ella con asombro bajo su mirada hasta su agarre… había olvidado por un momento lo grandes que eran sus manos… y lo cálidas.

-No te hace bien alterarte, discúlpame… yo te llevo…- había dolor en sus dorados ojos… pero ella sufría tanto o más que el.

Cuando estacionó frente al edificio donde ella vivía, la acompaño en el ascensor hasta su departamento, siempre lo hacía, para asegurarse de que ella llegara bien.

-Cualquier cosa que se presente, a la hora que sea Kagome, puedes llamarme al celular, vendré inmediatamente.- le dijo Inuyasha antes de despedirse de ella.

-Está bien. Que pases buena noche.…- ella no fijaba sus ojos en el, se mantenía mirando a un lado para no enfrentar sus ojos y terminar llorando de nuevo.

-Igualmente… hasta mañana.- se despidió sin querer irse… era difícil dejarla allí, sola.

-Hasta mañana…

Cuando cerró la puerta pudo soltar todo el aire contenido en sus pulmones. Se sentía un poco mareada y fue a tomar algo de agua para despejarse y poder dormir un poco. Estaba muy cansada.

El día siguiente paso muy rápido. Como ya era costumbre Inuyasha la llamó temprano en la mañana para preguntarle cómo había estado y como estaba la bebé.

Fue al trabajo y regresó a casa sin contratiempos. Sentía que sus días estaban siendo monótonos. Pero algo le recordaba que ella no estaba sola… las pataditas constantes de su bebé. Era un alivio sentirla. La hacía sonreír. Seguramente Inuyasha también sonreiría cada vez que la sintiera patear…

Frunció el ceño. No debía pensar en eso… le hacía daño.

El sábado al medio día decidió ir de compras para buscarle ropita a la bebé. También pensó que debía hablar con Inuyasha para que juntos decidieran el nombre. Cuando hablaron por primera vez de que querían tener hijos, prometieron elegir los nombres entre los dos y eso tampoco se lo iba a negar…

Cuando regresaba a casa – con bastantes bolsas de ropita – se sentía cansada, pero sentía además una extraña molestia en el vientre, como si algo punzante estuviera clavado en su pelvis. En el momento que abría la puerta de su departamento, el dolor la hizo encorvarse un poco y sentir mucho miedo…

No… por favor… todavía no… no es tiempo… estás…muy pequeña todavía…

Ella había cumplido todo a la perfección, comía adecuadamente, dormía toda la noche, tomaba sus vitaminas…

Pensó inmediatamente en Inuyasha… debía llamarlo… Dios, estaba tan asustada…

Con manos temblorosas sacó de su bolsa su celular, buscando su número y llamando…

-Vamos, contesta… Inu…yasha… ¡contesta!- estaba empezando a sudar y necesitaba con urgencia que él estuviera con ella…

-¿Kagome?… ¿Qué ocu…?

-¡INUYASHA!… ven pronto… por…favor… rápido…- el dolor la estaba cegando… sentía la vista empañada y las lagrimas estaban apareciendo… sólo podía pensar en su bebé y en por qué Inuyasha tardaba tanto.

-¡Kagome…! ¿Dónde estás? ¿DÓNDE ESTÁS?- su voz sonaba desesperada, moriría si algo les pasaba…

-Departamento…- ya estaba perdiendo las fuerzas, lo necesitaba rápido…- date… prisa…

¡DEMONIOS! Sabía que algo pasaría, él debía estar con ella siempre…

No las perdería… no perdería a Kagome nuevamente.

N/A: Será sólo otro capítulo más. No planeo que sea tan largo. Actualizaré lo más pronto posibles.

Saluditos.