Plumas y situaciones inexplicables.
No supe en qué momento de la noche me quedé dormida, sólo sé que me desperté aferrada a la pluma que Draco me había entregado el día de ayer. Aquel día tenía que ir a hablar con la profesora Minerva McGonagall que aparte era la jefa de nuestra casa, aquel año había pedido estar en más clases de lo común puesto que me encantaba estudiar y aumentar mi sabiduría en sí. Me desperecé y fui con mi ropa al baño para darme uno y luego me coloqué mi uniforme, volví a la sala común para dejar mi toalla y me dirigí al despacho de la profesora, cuando llegué ella me esperaba y me pasó un extraño objeto, que parecía un reloj de arena con anillos alrededor de él.
-Eso Hermione es un giratiempo- me dijo la profesora al ver mi cara de confusión frente a lo que me había pasado.-¿Cómo pretendes llegar a todas tus clases? Basta con una vuelta y vuelves a la clase que tenías en el mismo bloque, te pido imperantemente que no le digas nada a nadie, te lo ganaste con tus méritos académicos y espero que sigas siendo una estudiante destacada.-
Sólo me limité a asentir puesto que en aquel primer bloque tenía adivinación con Hufflepuff y runas antiguas, así que antes de aquello tenía que faltar a una de las dos semana por medio o más bien clase por medio, le di las gracias a McGonagall y me dirigí a mi clase de runas mágicas, para después no parecer sospechosa con los chicos además después tenía clases con Hagrid. Hagrid y los Slytherin, tendría que enfrentar la realidad más temprano que tarde, al fin y al cabo yo deseaba saber la verdad y yo le había insistido a Malfoy. La clase de runas me pareció fascinante, el poder leerlas y que además se pueda interpretar cosas tanto del pasado como del futuro.
Le di una vuelta al giratiempo como me dijo la profesora McGonagall y me dirigí a mi clase de adivinación. Aquella clase fue un total desastre, leímos las hojas del té, pero la profesora al parecer tenía una fijación con la desgracia porque a todos les decía que iban a morir o que una desgracia rondaba por sus vidas, por lo cual cuando llegó a nuestra mesa y le leyó la suerte a Harry, rodé los ojos porque era lo que le venía diciendo a todo el mundo y ya no me importaba mucho si se daba cuenta o no. El bloque terminó y mis nervios volvieron a hacerse latente ¿Por qué me sentía así con alguien que odiaba? Seguramente porque podía ser un truco, un truco para humillarme como lo hizo todo el segundo año. Cuando bajamos por la colina que llevaba a la casa de Hagrid, quien sería nuestro profesor de cuidado de las criaturas mágicas, les comenté a mis amigos que odiaba la clase de adivinación y no la encontraba para nada objetiva.
Llegamos y ahí estaba la casa de Slytherin con "El monstruoso libro de los monstruos" bajo el brazo al igual que nosotros, los demás Gryffindor no tardaron en llegar y vi la cabeza dorada, al lado de sus amigos y de Pansy Parkinson, quien perseguía a Malfoy desde que entramos al colegio, traté de ignorarlos por algún buen tiempo hasta que sentí una mirada en nuestra dirección y vi que Draco me miraba, mantuve nuestros ojos conectados por un momento y luego bajé la mirada y la desvié hacia mis amigos.
Fuimos hacia el bosque prohibido, donde tendría lugar la primera clase de nuestro profesor y amigo Rubeus Hagrid, donde había una criatura que era mitad ave y mitad caballo, Hagrid nos pide abrir el libro y nos habla acerca de los Hipogrifos, animales que son sumamente cordiales y orgullosos. En el acto que pidió un voluntario para tratar con el hipogrifo de plumas grices al cual llamaba Buckbeak todos dimos un paso hacia atrás y sólo quedó Harry de los primeros, por lo cual Hagrid pensó que era porque él deseaba ser voluntario.
El profesor (sonaba medio extraño decirle así) le explicó cómo debía hacerle frente al hipogrifo y no salir dañado, tenía que inclinarse y hacer una reverencia, si el hipogrifo hacía lo mismo podía acercarse a acariciarlo, no resultaba tan difícil bastaba tener tan sólo un poco de modales. Harry se inclinó de a poco, lentamente y el hipogrifo reaccionó levantando sus patas delanteras y agitando sus alas, yo me aferré al brazo de Ron, que estaba al lado mío puesto que pensé que el hipogrifo iba a herir a Harry, pero no fue así ya que mi amigo se alejó y el animal se inclinó haciendo la misma reverencia que él. De a poco, nuevamente, Harry se levantó y Hagrid le dijo que podía acercarse a Buckbeak y lentamente lo hizo, la tensión se hizo presente y el silencio rondó al bosque, el animal chasqueó su pico y yo me obligué a tomar la mano de mi amigo y compañero, puesto que nuevamente pensé que le iba a pasar algo a Harry. Sentí que una mano se posaba en mi hombro y me separaba de Ron, era Malfoy.
-Quiero ver cuando ese pajarraco desmiembre a Potter- Dijo con su típico tono burlesco.
Lo fulminé con la mirada y dije con firmeza -Sólo en tus sueños-
Y mi designio se cumplió, porque Harry pudo acariciar a Buckbeak y montarlo incluso, estuvo volando por al menos 10 minutos y cuando volvió tanto el gigante como mi amigo se distrajeron, en eso Malfoy se acerca al majestuoso hipogrifo y le dice:
-Seguro no eres tan peligroso, bicho asqueroso-
El animal nuevamente se levanto sobre sus dos patas traseras, las de caballo y con sus garras de ave rasguñó su antebrazo con el cual se cubrió, de lo contrario tendría una herida profunda en su rostro, Hagrid lo tomó en sus brazos y lo llevó a la enfermería, supongo que el lugar de encuentro había cambiado.
Con la pluma en mi túnica seguí al profesor con sigilo, no quería que los de Slytherin me vieran y menos mis amigos que me odiarían a muerte si conversaba una palabra que no fuera para atacarlo, yo también debería odiarme si el año pasado me había tratado tan mal, me había hecho tanto daño con sus palabras… en fin esperé escondida hasta que salieran sus amigos, Pansy Parkinson fue la última, suspiré y como en primer año me di ánimos para entrar y hacerle frente a la situación, para relajarme un poco.
Entré a la enfermería y saludé a la señora Pomfrey que cada cierto tiempo tenía que callar a Draco, por lo cual no se me hizo muy difícil encontrarlo.
-Eres un estúpido, ¿Lo sabías?- le dije apenas lo vi.
-Buenos días para ti igual Granger- No me había insultado, algo iba mal en ello ¿O no?
Fruncí mi ceño y con la voz un tanto temblorosa le hice frente sin más.
-Quiero que me digas, ¿Por qué inventaste la absurda historia de la pluma? Era imposible que fuera mía, además es demasiado fina.- Dije haciendo una mueca un tanto despectiva.
-Cierra la cortina- Me dijo y le hice caso, dejándonos a nosotros dos aislados del mundo. Estaba conmocionada y no entendía nada.- Si te digo que quiero hacer las paces contigo ¿Me creerías?-
Estaba alucinando, ¡Hacer las paces! ¿En qué estaba pensando? ¿Dónde quedaban los ideales de su familia de no fraternizar con los hijos de muggles? Dejé la pluma en la mesita de noche a su lado, se estaba volviendo loco completamente, después de todo lo que me había dicho el año pasado ahora quería fraternizar, no lo podía creer. Me di la media vuelta y me propuse ir a la sala común cuando dijo:
-Déjame intentarlo, no quiero ser como mis padres y si contigo puedo revertir las cosas…-levanté mi mano, no quería seguir escuchándolo y lo entendió porque no insistió.
-Debo… Debo pensarlo, meditarlo, asimilarlo- abrí la cortina y me alejé, la señora Pomfrey me vio y no podía creer que estuviera hablando con aquel que debería ser mi peor enemigo, una pluma, ¿Por qué una pluma para fraternizar conmigo? ¿Sería porque soy una estudiante destacada? ¿Sería una emboscada para una nueva humillación? De nada estaba segura.
Cuando llegué a la sala común vi a Ginny Weasley, quien me vio conmocionada y me abrazó de inmediato, de a poco nos hacíamos más cercanas y era bueno tener una amiga en aquel colegio, era bueno puesto que habían cosas que yo no podía hablar con los chicos y aquella situación era una de las cuales estaba determinantemente prohibido mencionarles. Le conté a Ginny todo, desde mi encuentro en el tren, hasta nuestra conversación en la enfermería.
-Quizás sólo quiere cambiar, podrías darle una oportunidad para que te demuestre que no es el mismo Draco- me dijo
-Pero los chicos no lo aceptarían… nunca, menos después de cómo me trató el año pasado- Una lágrima recorrió mi mejilla y bajó hasta mi mentón.
-Pero no tienes por qué contárselo a ninguno de los dos- susurró mi amiga y en ese momento aparecieron, mis dos mejores amigos, preocupados me preguntaron donde había estado la mayor parte de la tarde y fingí diciendo que había vagado por el castillo y después había ido a la biblioteca, sabían que era mi lugar favorito y aunque fueron a buscarme allí pensaron probablemente que no nos habíamos topado porque yo había llegado después, mucho después.
Me limpié la lágrima con la manga de mi túnica y me levanté para ir a la habitación con Ginny, necesitaba pensar, reflexionar, ¿Una pluma, una tregua?
Creo que la pluma me había confortado un poco más la noche anterior, pero aquella noche no la tenía se la había dejado a Draco, ¿Por qué empeñarse? Eso era todo lo que pensaba, yo era una impura, una sangre sucia, ser amigo mío le podría causar hasta la muerte, entonces ¿Para qué? Podría seguir con todo su teatro y fingir… Fingir… aquella quizás era la respuesta, podría darle una oportunidad, pero ya no sabía cuando hablaría con él. Mi madre una vez dijo que si alguien estaba interesado realmente en algo, lo conseguiría a toda costa, entonces sólo había que esperar, esperar a que estuviera mejor del brazo y me buscara. Quizás necesitaba que alguien lo ayudara con sus deberes… Pero estaba Pansy, no necesitaba a nadie más, tenía a sus amigos… Quizás nunca lo vuelva a ver, quizás desista de arreglar las cosas, quizás sólo fue un truco para ver si caía o no, quizás es su próximo plan contra impuros… Mi cabeza daba vueltas mientras más le daba vueltas al asunto, el me buscaría o al menos eso esperaba ¿Lo esperaba? Sí, lo esperaba, algo me decía que esa alianza podría ser provechosa, quizás al fin la rivalidad entre casas no existiría… Pero recordé las palabras de Ginny, nadie tiene que saberlo, sería la traidora de Gryffindor, traidora a la casa, traidora a mis amigos. Mis ojos comenzaron a cerrarse y me introduje en el mundo de los sueños, repitiendo las palabras nadie debe saberlo, nadie. Tengo dos cómplices mi amiga Weasley y la señora Pomfrey, pero nadie más debe saberlo nadie, nadie nadie…
