ESTOS PERSONAGES NO ME PERTENECEN NI TAMPOCO EL MARCO NARRATIVO.

Capitulo 2: ¡Menuda sorpresa!

Tras una espera interminable para los sombrero de paja, por fin, anclaron en la isla. Era muy hermosa de no ser porque la niebla había ennegrecido sus bellos paisajes. En el barco todos estaban ansiosos por anclar, excepto Nami. Estaba temblando, más que a la hora de la comida, miraba la isla con terror mientras sus presentimientos se cumplían. Vio algo moverse entre los árboles con sigilo, espantándose por completo y a punto de llorar.

-Navegante –preguntó Robin–. ¿Te pasa algo?

-No –dijo Nami intentando tranquilizarse, seguramente sería algún animal.

Robin se estaba dando cuenta de que algo podría estar pasando, pero ni siquiera se imaginaba, ni la desesperación de su compañera ni tampoco la crueldad de la situación. Mientras tanto todos se dirigían a la isla, andando sobre el destartalado muelle. Todo estaba vacío y no se oía ni un solo ruido. Todos estaban asustados, exceptuando a Luffy.

-Chicos tengo el mal de no seguir adelante en esta isla –dijo Usuf temblando.

-Vamos al barco, que aquí no hay nada –dijo Copper lloriqueando en la pierna de Zoro.

Sanji miraba los muelles en busca de comida o algún mercado, lo cual era imposible. Cada uno iba a su aire pero Robin ahora estaba concentrada en Nami pues, quería saber cual era la razón de sus miedos. Observó que Nami miraba a todas partes, como si buscara algo. Pasaron un pequeño camino de bosque y empezaron a oír a mucha gente hablando a la vez. Cuando el camino se terminó, vieron un mercado muy agitado y gente por todas partes. Parecía que hubieran anclado en el lado descuidado de la isla. De momento no se preocuparían de eso porque habían visto una cara conocida, leyendo un cuento a los niños del parque. Ella era muy hermosa, al menos ahora, y llevaba un vestido blanco corto si estampado. Parecía feliz. Todos se quedaron de piedra ante ella, jamás imaginaron que se la encontrarían en una isla como aquella. Ella también los vio y también pareció quedarse muy sorprendida, pero a todos se le calló el alma a los pies cuando ella les sonrió y les saludó como si nada. Volvió a su tarea contando el cuento, esta vez hasta Nami había dejado de temblar, la persona a la que estaban viendo jamás hubiera echo eso en el pasado mucho menos con ellos. Estaba sentada en un banco con un niño en brazos, varios a los lados y los que no cabían ya en el banco no les quedó más remedio que sentarse en el suelo a su alrededor.

De los sombrero de paja solo Sanji devolvió el saludo y los demás empezaron a sudar de los nervios. Sanji se quedó embobado ante la belleza de la mujer con sus típicos ojos en forma de corazón pero los demás no sabía ni que decir, ni que hacer. Siguieron caminando muy despacio mientras pasaban de largo. Sanji se acercó a ella para despedirse y darle una rosa roja.

Tan roja como la cara que se le quedó a ella, le dijo gracias entre tartamudeos avivados por los niños, que cuchicheaban y se reían.

Ella y Sanji también empezaron a reírse, y para más sorpresa todavía, Sanji vino corriendo hacia los sombrero de paja que al escuchar su pregunta se vinieron abajo.

-Chicos, ¿Os importa que me quede con ella un rato? –dijo Sanji sonrojándose.

Todos se quedaron echos añicos, pensaban que Sanji estaba loco.

-Bueno –dijo Luffy – espero que te lo pases...

-¡Fatal! Alguien tiene que comprar las provisiones. – dijo Nami mientras se alejaba.

Un rato después todos los de sombrero de paja, estaban por su lado, mientras Nami se sentía estúpida. Con la rabia del momento se había marchado sola a comprar la cartografía de la isla. Ahora si que temblaba de verdad y todo empeorá cuando empezó a recordar la sombra que había visto antes. La bolsa que tenía en la mano, con los instrumentos que necesitaba para elaborar su mapa, se le calló al suelo. Empezó a dar pasos hacia atrás, ese ruido era inconfundible.

Esto no puede estar pasando, no, por favor, no... -pensó Nami.

El sonido se escuchó de nuevo, ella no paraba de temblar y no pudo evitar echarse a llorar. Al momento la figura a la que tanto temía apareció frente a ella, que intentó correr pero la agarró del brazo. Después la atrajo hacia sí y cogió sus muñecas tras se espalda cun una mano y su cintura con el brazo que le quedaba libre.

-No... por favor...piedad –dijo ella con un hilo de voz mientras lloraba.