2) Bajo la fría lluvia
La hermana de alrededor de 8 años se levanto precipitadamente tomando de los brazos a su menor con el afán de reubicarla, pero esta simplemente parecía no reaccionar.
-Por lo que más quieras hermana, reacciona, ¡vamos, reacciona!- Al final de ese desesperado grito la niñita de 4 años despertó de su transe volviendo la mirada directo a los ojos de quien le sostenía.
-Los mato- dijo en susurro con las pupilas aun contraídas -Mato a nuestros padres hermana-
-Deja de decir tonterías y levántate- Decía fingiendo una sonrisa después de ese encontronazo de emociones que tuvo a causa de la espantosa noticia.
-No Sumire, así estaremos con ellos, moriremos para estar a su lado- La pobre quedo totalmente confundida a causa de la locura que reflejaba el rostro de su hasta entonces dulce y pequeña hermana, era tal el impacto que con esas simples palabras, logro hacerla olvidar lo importante que era salir de inmediato, y es que aun que no lo admitiese empezó a considerarlo una buena idea.
"¿Qué sentido tiene seguir viviendo sin ellos?, tarde o temprano moriremos de hambre o devoradas por las bestias cercanas, el pueblo más próximo está a 2 semanas de este punto" pensaba, la mayor mientras más ideas de cómo terminarían sus días salían a flote. Y cuando menos lo esperaba algo le golpeo en algún punto entre su cuello y hombro izquierdo dejándola caer en seco al suelo.
-Discúlpame hermana, pero tu mente es muy débil para soportarlo- la pequeña sin aviso alguno, recobro un rostro con estabilidad y dejando muy en claro que no sería nada fácil perturbarle, arrastro el cuerpo inconsciente de su acompañante para poder envolverla entre varias sabanas y colchas arrojándola por la ventana. –Tú no tienes agallas para esto-
Tranquilamente salió de la habitación de Sumire, ya las escaleras estaban quemándose, pero a ella no le importaba, paso de largo hasta su cuarto, saco una caja de por debajo de su cama y salto desde la ventana, igual, envuelta en las sabanas que quedaban, junto con su gatita que esperaba paciente hasta que todo ya estaba a punto de derrumbarse, sus ojos que anteriormente estaban llenos de luz y ternura ahora se notaban fríos y atormentados, cuando cayó sobre el pasto, noto como un liquido rojizo emanaba de su brazo, se levanto con dificultad y se dirigió a donde se encontraba Sumire, sin tomar importancia a su incesante dolor.
La noche ya se encontraba avanzada y la mayor de las hermanas aun no despertaba.
-Miray, ¿no crees que esto es muy aburrido?- dijo la niña de solo 4 años empapada por las gotas de lluvia que parecían interminables y a la vez por ese liquido vital de color rojo, engendrando un gran temor en la criatura por la frialdad de su aspecto y sus palabras.- Sigue viva, pero igual me da su presencia, es más, tú serás una carga para ambas-levantándola levemente con el brazo que no tenia lastimado y sin derramar una sola lágrima, aun que se notaba, que en el fondo de su alma, intentaba llorar hasta morir de cansancio.
La pequeña mascota se moría de miedo con la cara carente de expresiones cálidas que ahora tenía su dueña, en ese momento la hermana mayor se levanto con lágrimas en los ojos, notando la presencia de su pequeña compañera justo al lado izquierdo.
-¡Eres una tonta, permitiste que mataran a nuestros padres!- le reclamo al tiempo que se le abalanzaba golpeándola en repetidas ocasiones, no paro de golpearla sino hasta el momento en que la dejo sangrando contra un árbol. – Si no fueras tan débil hubieras podido detener a ese tipo-
-¿Y qué me dices de ti? Siquiera despertaste y eres mayor que yo- dijo con dificultad por lo grave de su estado- más te valdría callar y dejar de culpar a tu hermana de 4 años de no detener ¡A un sujeto armado!-
-Tú no tienes derecho de hablarme así, de ahora en adelante debes de hacer todo lo que yo te diga, eso si no quieres morir en mis manos- contesto rabiosa por las osadas palabras que acababa de escuchar.
-¿Es una advertencia o una amenaza?- esbozó una mueca difícil de descifrar, pero se asemejaba a una mueca de dolor y una risa prepotente.
-solo levántate y camina mocosa- fue lo último que se dijeron antes de que ambas empezaran ese brutal camino aun con el conflicto presente, y es que ya no había nada más que hacer, el seguir aquel sendero inexistente era la única opción si ambas deseaban sobre vivir.
