Y bueno, después de un prólogo corto, está aquí el primer capítulo.

Todos los personajes, nombres, lugares y demás cosas le pertenecen al autor, no gano nada con esto.
Ya dije las advertencias, así que sin más, aquí está.


Principio de los tiempos, Parte I.

El hambre es poca pero te obligas a comer lo que te han dado ese día, mirando como los demás interactúan, juegan, bromean y pasan un buen tiempo con sus amistades, todos acompañados, y tú siempre tan solo.

Y tú solo sientes, envidia, esa es la palabra que usaría tu madre. Envidia.

Algo desvía tu mirada del piso, una multitud que forma un círculo en uno de los patios, una multitud que grita y abuchea y que cada vez se vuelve más numerosa.
Un profesor se acerca y como si de algún tipo de truco se tratara dicha multitud se va desvaneciendo rápida y sigilosamente, y gracias a esto te permiten ver el show desde tu lugar.

Sobre el piso, ensangrentado y con la camisa sucia y rota yace un chico que se cubre gran parte del rostro, y sobre el, un pelirrojo, con su camisa llena de sangre y el labio roto, con los puños tan apretados que los nudillos se le vuelven blancos. Sus ojos perdidos y llenos de una ira que extrañamente puedes entender, ya que en tus propios ojos la has cargado.

A el si le ubicas.

Va un año por delante de ti y solo les conoces por los rumores que se escuchan de él, una chico con problemas, sin futuro y al parecer eso le hace tener fama entre algunas chicas.
Sabes que han intentado expulsarlo por problemas relacionados con la violencia, pero solo Dios sabe por qué no lo han hecho.

Ves como el profesor se acerca con cuidado, casi con dudas pues no se fía del pelirrojo. Al igual que muchos.

Lo miras atentamente, como se aleja un poco e intercambia palabras con el profesor mientras frunce el entrecejo y comienza a caminar a los edificios de la rectoría, no sin antes mirarte, pues eres el único que sigue ahí, mirarte fijamente y luego seguir su camino. El profesor también se a dado cuenta de tu presencia y te pide que te acerques.

- ¿Sabes lo que sucedió? –

Pudiste haber dicho que no, haber dicho que sí, decir la verdad o cualquier otra cosa, pero en cambio, mientes.
Por alguna extraña razón mientes.

Dices haber visto al que yace en el piso molestar y confrontar al pelirrojo, que él fue el que inicio todo y que lo último que viste fue cuando estaba tirado en el piso lleno de carmesí.

Te cree, quizás porque se fía de tu palabra o porque en realidad no le interesa saber. Pero te pide que le ayudes a llevar al chico a la enfermería y tú no eres fuerte pero aun así le acompañas ayudando realmente poco.

Ahí está él, sentado en una de las camillas mientras una enfermera le aplica un tipo de pomada en el labio, te quedas parado y las palabras te cosquillean en la punta de la lengua, pero te mantienes callado. Lo ves salir y le preguntas al profesor si puedes marcharte, pero parece demasiado "ocupado" hablando con la enfermera por lo cual ni siquiera te presta atención.

Lo ves caminar por el pasillo y estas tentado a preguntarle si se encuentra bien pero un rápido recuerdo te detiene, tus pertenencias, eres un imbécil por haber dejado todo.

Regresas corriendo a donde anteriormente estabas, pero es más que obvio que no encontraras nada, tu padre, si tu padre se entera de eso.

Buscas todo desesperadamente, tu mochila, tus libros, no importa lo que haya pasado con la comida.


Esperas frente a la puerta en la que tantas veces has esperado, la incomodidad del labio desaparece, al igual que la de tus nudillos.

Ese hijo de puta, esperas haberle roto la nariz y sabes casi con toda confianza que así fue.

El profesor con el que anteriormente te has encontrado llega y la secretaria les dice que ya pueden pasas.

Y como siempre hay esta ese hijo de puta, sentado en su escritorio con su maldita postura de altanería y en un gesto les obliga a sentarse.

- ¿Qué ha pasado esta vez? –

El profesor comienza a hablar pero te sorprende lo que dice, así que eso era lo que conversaba con aquel chico. El muy hijo de puta te intenta salvar, ¿Por qué?

Termina de hablar y tú no sabes desaprovechar la oportunidad y aseguras que eso fue lo que paso. El director le pide que se retire y te quedas a solas con ese cabrón.

Le miras y el hace lo mismo.

-A mí no me tomas por pendejo, Eustass –

- Eso fue lo que paso- serio, mantente sereno y serio.

- Como si no conociera al hijo de puta que eres –Y se levanta para caminar hacia donde tu estas.

- Creo que en ese aspecto somos iguales, no lo crees, padre –

El dorso de su mano se impacta contra tu mejilla y te obliga a girar el rostro, te ha abierto nuevamente la herida y comienzas a sangrar. Y la sangre se te hierve, y quisieras matar a ese cabrón, cortarle el cuello de una puta vez y mandar todo a la mierda. Tus nudillos se vuelven blancos nuevamente.

- ¿Sabes lo caro que me cuestas, imbécil, todo el puto dinero que tengo que dar para poder mantenerte aquí? – Y grita lo suficientemente fuerte para que te moleste el oído, pero no lo suficiente para que alguien más lo escuche.

- Yo no te pedí estar en esta mierda de lugar –

- Así que eso es lo que quieres- regresa tranquilamente a su lugar – Terminar como tu hermano – y él te mira directo a los ojos – muerto, con una bala entre las cejas, dime, ¿eso es lo que quieres? –

Toda tu rabia te aumenta la respiración, todo el odio que sientes por él te hierve en la garganta.

- No –

- Entonces hazme un favor, déjate de tus idioteces porque créeme que no voy a tolerar una pendejada más, por cierto, deberías agradecerle a ese chico, te ha salvado el culo y a mi dinero , ya lárgate –

Te levantas violentamente y abres la puerta.

-Dile a tu madre que no me espere –

Azotas la puerta con tanta violencia que el cuadro que está detrás de la secretaria cae produciendo un estruendoso sonido.

Y ese era el gran misterio, el Director es tu padre y por ello es que nunca te han expulsado.

Gracias a Dios te pareces más a tu madre que a ese pendejo, por ello es que nadie se ha dado cuenta.


Imbécil, te lo repites una y otra vez, no has encontrado nada, ¿acaso esperabas hacerlo?.

Tu padre va a enojarse, va a enojarse bastante y todo ha sido tu culpa.

Te sientas en una de las mesas y tus lágrimas se resbalan sigilosamente por tus mejillas.

Has sido un imbécil, y todo va a ser tu culpa.


La gran mayoría se ha ido ya, solo algunos pasean con sus amigos y otros tantos esperan en las escaleras la llegada de sus padres. Pero hay alguien sentado en una de las mesas, apoyando su cara entre sus manos mientras el cabello rubio le cae por la espalda, es el chico de antes. "Deberías agradecerle a ese chico, te ha salvado el culo"

Obviamente no lo harás, pero te das cuenta de algo, está llorando.

Te detienes, piensas que lo mejor es dejarle solo, pero por alguna extraña razón continuas caminando, esta vez hacia él.

- Oe, ¿estás bien? – y tu mano se posa en su hombro y levantando el rostro en un gesto asustado y tímido te mira, recuerdas aquel anillo que tu madre tiene, ese hermoso anillo con zafiros claros que siempre has querido tener, pues él tiene esos hermosos zafiros, los cuales se miran acuosos.

No, nunca le habías visto hasta el día de hoy, y de alguna extraña y estúpida manera te sientes molesto por ello, ¿Cómo es que nunca lo habías visto?

Te sigue mirando, y vez el miedo en sus ojos, pero no es por ti, no, no lo es.

- ¿Estas bien? – Repites la pregunta. ¿Te has dado cuenta que estas sentado junto a él?

Se le derraman más lágrimas y te sientes tan tentado a secarlas con tu pulgar ¿Por qué carajos estás haciendo esto?

- Tu labio está sangrando – Finalmente te ha hablado y casi te sientes emocionado por ello, el labio, el maldito labio, cómo pudiste olvidarlo.

- Eh, es por lo de hace rato, yo, eh… quería darte las gracias por lo hiciste – se ve tan hermoso mientras se limpia las lágrimas, casi te recuerda a ti cuando eras un niño, te masajeas el cuello en un acto desesperado por pensar en que decir -¿Estas esperando a alguien? –

Niega con la cabeza y su mirada se vuelve sombría nuevamente, vacía.

- Buscaba mis cosas, pero no pude encontrarlas –

- ¿Te las han quitado? –

- No es la primera vez que pasa – se levanta – será mejor que me vaya, será peor si llego tarde –

- ¿A que te refieres con peor? – y te levantas detrás de él.

Miras ese miedo nuevamente, se siente un poco acosado por ti, y creo que es algo completamente normal, ¿Cuándo has sido tu una persona que se preocupa por los demás, Eustass?

- De verdad tengo que irme, por favor –

- Lo siento, eh, si pudiera ayudarte en algo, solo dímelo ¿vale? –


Nota del autor:

Así es, así es como se trabajara en general este fic.