WARNING: Este capitulo contiene Lime ¡disfrútenlo! XD

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CAPITULO 2: LOS VERDADEROS SENTIMIENTOS DE HEERO

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-Baka, hasta que al fin notas que soy yo -dijo Heero inclinándose mas hacia el trenzado.

Duo se sintió al borde del desmayo cuando Heero le confirmo su presencia. ¿Pero que demonios hacia Heero en su colonia? Se lo hubiera preguntado pero se le hacía casi imposible hablar.

-Duo, la tormenta esta empeorando, debemos ponernos al cubierto. -Mientras hablaba se quitó el abrigo, debajo llevaba una ligera camisa azul oscura de mangas largas y un jean del mismo color de la camisa. Con gesto tierno puso su abrigo sobre los hombros de Duo, pero el trenzado estaba demasiado sorprendido por la presencia de Heero, como para percatarse de la galantería de éste.

Heero suspiro al ver el estado de total confusión en el que se encontraba Duo y con suavidad pasó uno de sus brazos por sus hombros y lo condujo hacia su coche.

-Eres un baka irresponsable, Duo. Veo que esa maldita costumbre tuya de actuar primero y pensar después, aun no se te ha quitado. ¡Solo a ti se te ocurre salir a dar un paseo a estas horas de la noche y sin llevar encima un abrigo!

-¡Deja de criticarme! .¡Además, no quiero subir a tu coche! -grito Duo.

-Quizás prefieras quedarte aquí y ahogarte, pero yo desde luego no. Ahora puedes elegir entre entrar en el coche antes de morir de una pulmonía o que te meta yo mismo. ¡Tu eliges!

-¡Deja de darme ordenes!

-¡Deja de actuar como un imbecil!

-¡Vete al diablo, Heero Yuy! .¡Me voy de la misma forma que llegué aquí! -Duo dio media vuelta, y se estaba felicitando mentalmente por mandar al diablo al insoportable de Heero cuando una mano asió su brazo, reteniéndolo con firmeza.

-¡Suéltame! .¡No iré contigo a ningún lado!. ¡No tengo porque soportar tu odioso temperamento!

-Cierra la maldita boca de una vez, Duo. Quizás no te preocupe tu propia seguridad, pero a mí me gustaría dormir tranquilo esta noche, cosa que no voy a poder hacer si la paso en vela preocupándome por un cabeza hueca como tu.

-¿Desde cuando Heero Yuy "el soldado perfecto" se preocupa por alguien?

-Deja de llamarme soldado perfecto. Ya acabo la guerra y con esta mi titulo de "soldado" y jamás he sido ni seré perfecto. Simplemente soy un ser humano con todo lo que implica serlo.

-¡Pues de todas maneras no creo en tu supuesta preocupación! Tu no eres del tipo que se preocupan por los demás, .¡solo eres una maldita maquina insensible, no se como Relena tuvo el valor de casarse contigo, esa pobre no sabe que esta durmiendo con el enemigo!

-Pues puede que ella ya se haya enterado, porque para tu información, la perfecta y distinguida Relena me ha abandonado -dijo Heero con voz más fría que el hielo, los ojos azul cobalto brillaron con hostilidad.

-Oh, Dios, lo siento mucho Heero, yo no quería decir eso -Duo estaba espantado por sus propias palabras, había lastimado sin querer a Heero, quien solo se estaba preocupando sinceramente por él.

Era increíble que a Heero le hubiera pasado lo mismo que a él. ¡Sus respectivas esposas los habían abandonado! Con frustración se llevó la mano a la cabeza, sintiendo el roce metálico de su anillo de casado contra la frente. Sus grandes ojos se quedaron mirando el anillo dorado que, según decían, simbolizaba un principio sin fin. Para siempre, pensó con una sensación de agonía. Ahora el anillo ya no representaba nada. Las esperanzas y los sueños que un día había simbolizado estaban muertos. Con enfado se quitó aquel trozo de oro frío y reluciente, lo apretó con fuerza en el puño y lo lanzó hacia la oscuridad a la que pertenecía. Un momento después, alzó la cabeza y vio un destello de compasión en Heero. Podía aguantarse la burla, el sarcasmo, incluso la hostilidad abierta, pero la compasión era algo superior a sus fuerzas. Súbitamente se lanzó a los brazos de Heero buscando el consuelo que le era tan necesario en ese momento. Nadie más que aquel gruñón piloto lo podía comprender. Desde que se habían conocido se había formado entre ellos un mudo entendimiento. Apreciaba a los otros pilotos, pero era con Heero con quien mas tranquilo y cómodo se sentía. No importaba cuanto pelearan, cuantas palabras crueles se lanzaran el uno al otro, no importaba cuantas bromas desagradables le hiciera, Heero siempre había sabido comprenderlo y era el que mas lo soportaba. Y ahora tal parecía que al chico estoico le había sucedido lo mismo que a él, .¿como se sentiría por el abandono de Relena?. Tal parecía que el soldado perfecto estaba llevando el asunto de manera indiferente, cosa que no le sorprendía para nada.

-Tranquilízate Duo -le dijo Heero abrazándolo con fuerza y lo condujo después con suavidad al coche.

-Hilde se ha ido. ¡Después de un año y medio de matrimonio me ha dejado para irse con otro! -dijo Duo con voz quebrada por la tristeza. Heero se acomodo mejor en el asiento del conductor y acerco a Duo todo lo que pudo.

-¿La amabas? -pregunto el 01 con voz apagada.

-Me había acostumbrado a ella, a su voz, a su sonrisa...

-¿Pero la amabas?

-Creo que si.

-¿Crees que si? -pregunto Heero alzando una ceja.

Duo puso las manos sobre su regazo y miró inexpresivamente la marca del anillo, mientras que la evidencia de su tristeza hacia temblar sus labios. Intentó tragar saliva y comenzó a hablar casi inaudiblemente.

-Yo supongo que la amaba, .¿que se yo acerca del amor?. Solo se que Hilde se fue esta tarde. Hacía meses que sabía que algo le preocupaba. Pero como soy tan tonto no me di de cuenta de la situación.

Heero apretó los dientes, y una extraña expresión asomó durante un momento a sus ojos. Comenzó a hablar, pero pareció cambiar de opinión con sorprendente brusquedad. Apartando la vista, arrancó el coche.

-¿Adónde vamos? -pregunto Duo con voz afligida.

-¿Adónde quieres ir?

-No quiero ir a casa. Por favor, no me lleves a casa.

-No lo haré -prometió Heero apresuradamente, mirándolo con aire preocupado -Pero tienes que quitarte esas ropas empapadas y secarte, o te vas a enfermar.

Duo temblaba convulsivamente, con expresión atormentada.

-No puedo volver...

Heero tomó el volante, miró un momento por si venía alguien y aceleró.

-Vámonos a la colonia vecina. Llevo viviendo allí poco mas de un mes, aun estamos a tiempo de tomar un trasbordador que nos lleve. En la parte trasera del coche llevo una maleta con ropa, puedes ponerte lo que quieras mientras yo me bajo a comprar los boletos y después dejaremos guardado el coche en un lugar seguro ¿estas de acuerdo?

Duo asintió. Cualquier cosa era mejor que regresar a su apartamento vacío.

-¿Heero?

-¿Hmmm?

-¿Te puedo preguntar algo?

-¿Que?

-¿Que haces aquí?

-Vine a recuperar algo valioso.

-¿Que cosa?

-Veras, hace algunos años por culpa de mi indecisión y quizás cobardía, perdí lo mas valioso de mi vida. Ahora estoy decidido a recuperar ese valioso tesoro y no me daré por vencido porque no estoy dispuesto a seguir viviendo solo y vacío.

-¿Eso de lo que hablas está en esta colonia?

-Si y esta muy cerca a mi, tanto que puedo tocarlo.

-¿En serio? -pregunto Duo con inocencia sin poder entender del todo las palabras de su amigo.

-¿Duo?

-¿Que?

-Eres un baka.

-¡Oyeeee! .¿Por que dices eso?

-Porque eres un despistado de primera.

Heero no dijo más y Duo decidió no seguir preguntando cosas que no eran de su incumbencia. Conocía a Heero y sabía que él odiaba tanta preguntadera. Tratando de hacer a un lado su depresión reconoció que se sentía seguro al lado de Heero. El frío que lo atenazaba iba dando paso a una sensación de calidez, una calidez que emanaba de la intensidad con la que Heero miraba su rostro.

-Por favor, no me mires. Estoy hecho un desastre.

-Estas tan encantador y guapo como siempre. Solo hace falta tu inmensa sonrisa para que tu belleza sea aun más deslumbrante.

A Duo el corazón le dio un vuelco ante la calmada sinceridad de las palabras de Heero. Le resultaba increíble escuchar ese tipo de palabras amables saliendo de labios del "señor perfección".

-Thank you, Heero.

-De nada, baka -dijo Heero con ojos brillantes al oír nuevamente su nombre pronunciado por los sensuales labios de Duo. Dios, como había extrañado eso, solo Duo podía llamarlo de esa manera tan dulce y calida. Una semi sonrisa traviesa asomo a sus labios, casi era feliz por tener nuevamente a Duo a su lado, y desde ese momento haría todo lo posible por mantener a ese trenzado para siempre a su lado.

Sin percibir nada anormal en su compañero, Duo reclinó la cabeza en el confortante respaldo tapizado. Mientras el coche avanzaba por la oscuridad, se sintió extremadamente contento.
El trenzado no noto que su antiguo compañero de guerras miraba su perfil repetidas veces, ni que una luz especial asomaba a sus ojos. La boca que rara vez sonreía se suavizo, cargada de sensualidad.

-Lo que Hilde pierde, yo lo gano, mi dulce baka trenzado -se dijo Heero a si mismo.

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Heero hizo entrar a Duo con un sentimiento de ansiedad. Quería que le gustara su casa, que había construido y decorado a su gusto. Cielo santo, pensó sin poder creerlo, hacía dos años pensó que había perdido a Duo para siempre y mas cuando supo que se casaba con Hilde, y ahora volvía a tener al trenzado consigo. Su vida se volvió un infierno cuando se entero de que Duo se casaba y se sintió tan traicionado, tan solo y tan perdido que termino cediendo a los caprichos de Relena.

Se había casado con Relena por despecho y solo entonces pudo ver la frialdad que había en el alma de aquella rubia. Con regia elegancia, ella le había regalado su presencia, como haciendo un obsequio inmerecido a un vasallo. Y eso era todo lo que le había dado, una cáscara sin nada en su interior. Nunca había sentido verdadero amor por él, ella solo deseaba triunfar a cualquier precio en su puesto de "Representante de relaciones exteriores" y había triunfado gracias a la ayuda de Heero. Y entonces le dio la espalda y siguió con su trabajo, poniéndole el sello de "utilizado y despachado" y dejándolo atrás.

Con tranquila fascinación, miró a Duo mientras cruzaba el vestíbulo cubierto de madera y descendía los escalones que llevaban al salón. Estudiaba su comportamiento con intensidad, y se sorprendió al darse de cuenta que Duo le gustaba aun más que antes, más que nunca. Los cortos cabellos que habían logrado escaparse de la trenza formaban pequeños rizos que enmarcaban su rostro como un sedoso halo castaño; sus grandes ojos violáceos, bordeados de largas y espesas pestañas, conservaban esa chispa traviesa que era tan característica en el divertido y loco Duo de antaño, y su pequeña y deliciosa boca estaba curvada por el cansancio y la aflicción.

Quería borrar a besos la tristeza de sus labios, quería arrancarle aquella ropa prestada y darle todo el calor de su propio cuerpo. Tuvo que admitir que quería muchísimo a Duo, nunca lo había dejado de querer, solo que durante la guerra se le había hecho imposible dejarle entrever sus sentimientos y después de la guerra Duo se caso con Hilde, cosa que obligo a Heero a acallar sus sentimientos por el 02. Pero ya no los callaría mas, llevaba muchísimos años relegando al olvido sus propios sentimientos. Pero él ya no era el mismo de antes, después de un sermón de Quatre y de esos dos años de separación, él había aprendido que lo que no se dice a tiempo, aunque sea algo verdadero, al final no habrá sido mas que una ilusión. Por eso era importante decirle a Duo, ahora que tenía la oportunidad, todo aquello que por culpa de su frialdad e indiferencia no había podido decirle antes.

Sabía que no tenía oportunidad de ser correspondido, guardo esa esperanza antes de que Duo conociera a Hilde, pero después la perdió ya que Duo parecía guardar fuertes sentimientos por ella.

Además no sabía que opinión tenía Duo acerca de la homosexualidad, y era eso lo que le había impedido acercarse a Duo de manera diferente a la de compañero y amigo. Pero por lo visto jamás iba a tener oportunidad con Duo, sin lugar a dudas Duo estaba enamorado de Hilde y la partida de ella lo había entristecido hasta el punto de dejarlo sumido en esa depresión que ahora invadía cada parte de su ser. Era realmente raro para él ver al trenzado tan apagado, .¿donde había quedado el loco y despreocupado Duo que él había conocido durante la guerra? .¿A donde había ido a parar toda esa vitalidad que caracterizaba a su trenzado boca floja y vanidoso?

-Tu casa es preciosa, Heero -susurró Duo, sin salir de su asombro. Miró las grandes plantas que invadían todos los rincones, los helechos que colgaban del techo, y se reflejaban en los cristales ligeramente ahumados, y los escasos pero elegantes muebles. ¿Ese calido hogar realmente pertenecía al gélido e imperturbable de Heero? -Siento como si estuviera en un claro del bosque.

La sala estaba bañada por la suave luz de los apliques ocultos en las vigas del techo, y Heero contemplo fascinado como los ojos azul-violeta de Duo parecían absorber la luz y las sombras.

Duo seguía estudiando la casa, y Heero descubrió de repente que le costaba un gran esfuerzo respirar. El trenzado parecía tan vulnerable e indefenso, tan condenadamente solo. Sus puños se crisparon en los costados. Ningún chico tan dulce, gentil y extrovertido como Duo debía estar solo.

-Duo, tienes que darte un baño caliente. Yo voy a darme una ducha arriba y a cambiarme de ropa, así que no tengas prisa. Quédate en el agua hasta que te salga el frío de los huesos.

-Thank you, Heero.

Duo fijo su mirada en otro lugar, estaba haciendo todo lo posible para no mirar a Heero, se sentía extrañamente nervioso ante la presencia del 01, pero al tiempo se sentía feliz como nunca. Estar nuevamente con Heero era como regresar a casa después de un largo e insoportable viaje.

Heero por su parte, deseaba hundir sus dedos en aquellos rizos castaños, quería apretar los labios contra aquella vena que latía casi imperceptiblemente en su garganta y dar calor con su cuerpo a aquella piel sedosa.

Con gran dificultad rechazó sus pensamientos y abrió de par en par la puerta de la habitación de invitados. Para él no significaba nada la belleza de los muebles de madera color cereza y las cortinas adamascadas que cubrían la enorme ventana arqueada. Estaba demasiado preocupado por aliviar la tensión que todavía reinaba entre ellos.

Con estudiada indiferencia, Heero señalo una puerta al fondo de la habitación.

-Hay un tercer cuarto de baño al final del salón, pero creo que te gustara el jacuzzi de este. El interruptor y el regulador de la temperatura están en el panel de madera enfrente de la bañera. Detrás de la puerta esta colgada una bata y hay un secador en el armario del centro y toallas limpias en el toallero. Creo que encontrarás todo lo que puedas necesitar -dijo en formal cortesía.

-Y cuando acabe... ¿A donde voy?

-Prepararé un café caliente y te esperaré en el salón.

La sonrisa de Heero parecía forzada, y su cuerpo estaba rígido cuando se volvió, rechazando una tentación que se hacía más insoportable a cada segundo.

-Heero...

Él se detuvo como movido por un resorte, deseando que Duo le pidiera que se quedara. La visión de sus propias manos despojando a Duo de aquellas ropas inundó su cabeza. Sólo el pensamiento de compartir el baño con él fue suficiente para hacerlo temblar de deseo.

Quería proponérselo, pero tenía miedo de su reacción. Aclarándose la garganta, consiguió responder:

-¿Si?

-Gracias de nuevo -susurró Duo con voz trémula.

Duo lo vio alejarse con una confusa mezcla de sentimientos bullendo en su pecho. Sentía los fuertes y discordantes latidos de su corazón en todo el cuerpo, y con un gesto nervioso apretó el pecho con una mano. Entró en el baño y miró a su alrededor, confundido. Estaba experimentando una extraña sensación de disociación, como si la imagen que lo contemplaba desde el espejo no fuera él mismo.

¿Donde había quedado el poderoso Shinigami? .¿A donde había ido a parar su naturaleza divertida y desenfadada?

Pero por lo visto él no era el único que había cambiado, Heero también lucia diferente, parecía más amable, mas... humano. Quizás su matrimonio con Relena le había dulcificado el carácter... eso le recordaba que Heero le había confesado que ella lo había abandonado de la misma manera en que Hilde lo había abandonado a él. ¿Que habría pasado entre Relena y Heero? Siempre había pensado que ellos dos se llevaban muy bien. Relena era muy posesiva con Heero y por eso se le hacia raro que fuese ella quien lo abandonara.

¿En que habría fallado Heero, entonces? Quizás el 01 fuese insípido en la cama, "el señor perfecto" después de todo no era tan perfecto y había dejado a Relena congelada en la cama.
Pero Heero no parecía ser un amante egoísta, preocupado solo de su satisfacción. Por más frío que él fuera, Heero tenía apariencia de ser sumamente apasionado y gentil.

Sorprendido por el temblor que agitó su cuerpo al imaginarse el cuerpo de Heero desnudo y caliente, sacudió la cabeza enérgicamente, rechazando esa imagen. ¿Acaso se estaba volviendo loco? .¿Que diablos le podía importar a él la sexualidad de Heero?, se preguntó, mientras empezaba a despojarse de la ropa.

Aunque no relajado, Duo se sintió mucho mejor después de un baño caliente. La gran bañera a ras del suelo era todo un lujo pero sintió que no podía disfrutar de tal opulencia. Era un chico demasiado sencillo, decidió.

Mientras se secaba con una de las grandes y esponjosas toallas que encontró pulcramente dobladas sobre un calentador, reflexiono sobre el rumbo que estaba tomando su vida. Muy pronto dejaría de ser el esposo de Hilde y eso significaba que volvería a quedarse solo y vacío. Nuevamente había dejado de pertenecer a un lugar y eso lo deprimía mucho. Todos los demás ex-pilotos parecían haberse habituado a su nueva vida y habían encontrado un lugar al cual pertenecer. Quatre y Trowa mantenían una relación, mientras que Wufei parecía sostener un romance clandestino con Sally Po. Al parecer Heero también estaba cómodo con su nueva vida aunque su relación con Relena se había terminado. ¿A que se dedicaba ahora Heero?. ¿Que clase de trabajo normal podía llevar a cabo un tipo como él?. La verdad es que eso era lo de menos, después de todo Heero era lo suficientemente inteligente, adaptable y perfecto para llevar a cabo cualquier trabajo que le pusieran en frente. Sabía por Quatre que el último trabajo que había desempeñado Heero era como guardaespaldas de Relena y además era un miembro importante en las asambleas que realizaba la rubia. Pero todo eso era antes de que se casaran y tenía mucha curiosidad por saber a que se dedicaba el 01 ahora que estaba divorciado y distanciado de Relena.

Con un suspiro, Duo tomó la bata color borgoña que colgaba de la puerta. Acarició con las manos el suave tejido y luego apretó momentáneamente la suave tela antes de deslizar los brazos en las mangas. Después de ajustarse el cinturón recogió la ropa que Heero le prestó y salió de puntitas del baño. Cruzó apresuradamente el lujoso dormitorio y dejó escapar un suspiro de alivio cuando salió al pasillo.

Heero había encendido la chimenea y estaba de pie, absorto en la contemplación de las vacilantes llamas. Aunque se moría de ganas de acercarse al fuego, Duo estaba paralizado por una tonta y extraña timidez que se había apoderado de él. Desesperado, se aclaró la garganta, pensando que si no conseguía llamar su atención pronto, iba a salir corriendo. Tuvo que combatir con todas sus fuerzas un irresistible deseo de reír, y apretó los labios con fuerza.

Heero levantó la cabeza, sorprendido. Cuando sus ojos se encontraron con los de Duo, la distancia que los separaba se hizo patente. La mirada de Heero se deslizó desde sus castaños y largos mechones hasta la punta de los dedos de sus pies descalzos.

-Aquí esta tu ropa, Heero.

Con una pequeña sonrisa de aprobación, Heero se aproximo a él con ese andar seguro de si mismo que Duo tanto envidiaba. Tomó la ropa y señalo con la otra mano una mesita de cristal.

-Sírvete una taza de café mientras meto esto en la secadora con tu ropa. No tardo nada.

Aquella voz tan agradable para sus oídos, le produjo un escalofrío en la espina dorsal, y lo miró alejarse con el aliento contenido. Se movía con una gracia y sinuosidad que Duo no había notado antes y se dio cuenta de que era incapaz de apartar los ojos de aquel cuerpo bien proporcionado.

Algo asustado, Duo se preguntó que le estaba ocurriendo. Desde que había vuelto a ver a Heero, su cuerpo parecía un manojo de nervios a flor de piel y hormonas enloquecidas. Nunca antes había reaccionado ante Heero de una forma tan... tan física. ¿Por que demonios le estaba pasando eso? .¡Él no practicaba la homosexualidad!

-¿Ves? No he tardado nada.

Al oír la voz de Heero a su lado, Duo dio un salto y dejó escapar un grito ahogado.

-Duo, relájate y tómate el café. No voy a saltar sobre ti en cuanto bajes la guardia.

Duo sonrió levemente ante el comentario de Heero y se dirigió con pasos vacilantes hacia el sofá. Se alegró de poder sentarse, ya que las piernas no podían sostenerlo ni un momento más.
Heero se sirvió un poco de café para él y se sentó junto a Duo reclinándose perezosamente sobre el almohadón que estaba allí. Se había puesto una camisa roja y unos desgastados jeans negros. Tras mirarlo apresuradamente por el rabillo del ojo, Duo se concentró en la superficie de su café. Se dio cuenta de que se fijaba mas de lo que hubiera querido en la forma en que el jean se adaptaban a sus formas y en como la camisa roja colgaba blandamente, resaltando su firme pecho.

-¿Vas entrando en calor? -pregunto Heero.

No era simplemente calor lo que Duo estaba sintiendo, pero decidió que no era momento para dar detalles.

-Ya estoy bien, thank you. Heero.

-¿Que acaso solo sabes decir "gracias"?. Empiezo a extrañar tu palabrería sin sentido.

-Y yo empiezo a extrañar tus "¡CALLATE DUO!" -confesó el trenzado traviesamente -Nunca pensé que te escucharía decir que extrañas mi charla incesante y molesta.

-Y yo nunca pensé que te escucharía decir que extrañas que te calle.

-Pensé que odiabas mi voz.

-Eso es lo que saca una persona como tu del pensar.

-¡Heero! Sigues siendo el mismo antipático de siempre -dijo Duo haciendo un puchero y sintiéndose de repente feliz de volver a discutir por tonterías con aquel gruñón de mirada cobalto -¿Heero?

-¿Hmm?

-¿Por que se acabo tu relación con Relena?

Heero casi se ahogo con su café al escuchar la pregunta de Duo.

-Relena no es el dulce ángel que todos creen que es. Esa mujer estaba obsesionada con su importante trabajo, yo solo era un capricho para ella y cuando al fin me tuvo como quería, decidió que ya había dejado de ser un reto para ella y después de utilizarme y sacar provecho de todos mis conocimientos me abandonó.

-¿Te dolió mucho el abandonó de Relena? -pregunto Duo asombrado por aquellas. La verdad es él nunca se imagino que la rubia fuera así.

-No. La verdad es que no. Al contrario, me alegre cuando ella me pidió el divorcio.

-¿Acaso no la amabas?

-Claro que no. Solo sentía que debía protegerla ya que ella representaba la paz de las colonias y la tierra. Pero tanto ella como el resto de la gente malinterpretaron y pensaron que yo estaba enamorado de ella. Me casé con Relena porque no tuve otra opción.

Duo abrió los ojos sorprendido. ¡Él habría podido jurar que Heero estaba loco por Relena!

-¿Que vas hacer ahora que Hilde se fue? -preguntó de repente el 01.

-Lo que llevo haciendo desde que nos separamos todos los pilotos. Seguiré trabajando en el depósito de chatarra.

-¿Eso te satisface?

-Estoy acostumbrado a ese trabajo. Ahora que Hilde se ha ido me toca hacerlo todo solo. Oye Heero.

-¿Que?

-¿Por que no me escribiste nunca? Siempre estuve esperando recibir noticias tuyas y hasta estaba esperando que asistieras a mi boda.

-No pude ir, estaba demasiado ocupado -mintió Heero. La verdadera razón por la que no había asistido era porque no quería ver a su Duo casado y feliz con otra persona que no era él.

-Entiendo. Tu trabajo al lado de Relena y luego tu matrimonio debieron de haber absorbido todo tu tiempo. Los demás tampoco pudieron venir, solo Wufei y Sally Po estuvieron presentes.

-Al menos tuviste a uno de ellos en tu boda.

-Yo habría asistido a tu boda si tú hubieras tenido la delicadeza de invitarme.

-No pude invitar a ninguno de ustedes. No quería que mis compañeros asistieran a esa farsa de boda.

-Pero al menos debiste de contestar alguno de mis mails. Te envié más de cien.

-Lo sé. Yo los leí todos.

-No se que diablos te costaba responderme algo como: "Duo estoy bien, gracias por preocuparte por mi trasero sin valor, eres un gran amigo".

-...

-Si claro, quédate callado. Eres un insensible, yo preocupándome por ti, extrañándote como un condenado y tú jamás te tomabas la molestia de escribirme una sola línea.

-¿Me extrañabas, Duo? .¿Acaso durante tu relación con Hilde tuviste tiempo de extrañarme? Pensé que estabas demasiado feliz como para extrañar a alguien como yo.

-No digas eso. Sabes perfectamente que siempre me sentí mas unido a ti, nunca pude compenetrar con los otros de la misma manera que lo hacía contigo.

-¿Ni siquiera con Quatre?

-Ni siquiera con él.

-Yo también te extrañe, Duo. Te extrañe como no tienes idea.

Duo miro fijamente a Heero. ¿Realmente el soldado perfecto lo había extrañado?

-Pensé que habías estado demasiado ocupado como para desperdiciar un solo minuto de tu tiempo pensando en mí.

-Realmente todo mi tiempo estuvo puesto en ti. Para lo que no tenía tiempo era para pensar en algo que no fuera tu.

Duo contuvo el aliento cada vez mas sorprendido por las palabras de Heero. Y sus ojos se encontraron una vez mas mientras una corriente casi invisible se estableció entre ellos cuando Heero rozó con un dedo acariciante su labio inferior.

Duo quería desesperadamente entender el mensaje que veía en aquellos ojos cobalto, pero la suave caricia de Heero no lo dejaba entender lo que quería decirle aquel brillo inusual.

-Por... por favor, Heero, no hagas eso.

-¿Que? -murmuro Heero con voz acariciante.

-Mirarme de esa forma.

Las oscuras cejas de Heero se alzaron con un gesto malicioso que se compenetró perfectamente con la curva de su boca.

-Si lo prefieres, puedo cerrar los ojos y tocarte.

-Te estas burlando de mi, .¿verdad? -musitó Duo con gesto acusador.

-No me estoy burlando de ti, solo quiero que estés cómodo conmigo.

-Estoy tan cómodo contigo como si estuviera sentado sobre una bomba.

-Si, parece que reaccionamos el uno hacia el otro de una forma bastante explosiva -murmuró Heero con la voz ronca -¿Que vamos hacer al respecto?

La pregunta hizo endurecer los rasgos de Duo en un gesto defensivo.

-¿Que sugieres? -consiguió decir con tono beligerante.

A Heero esa actitud le hizo pensar en un gatito enfurruñado.

-Que nos dejemos llevar.

Duo le lanzó una mirada cargada de aprensión, y el tono desenfadado de Heero desapareció de repente. Su mano se había ido deslizando hasta el hombro de Duo, y lo aferraba con fuerza casi dolorosa. Su boca tenía una expresión sombría mientras estudiaba el perfil de Duo, que intentaba apartar la cara.

-Sé que te asusta mi comportamiento, pero no puedo evitar sentir ganas de tocarte.

Los ojos de Duo estaban muy abiertos y su expresión era de incredulidad. Su voz estaba cargada de indignación.

-¡No te atrevas a hacerlo! A mi no me llama la atención ser tocado por otro hombre.

-Duo, no te atrevas a negar lo que estas sintiendo en este momento. Tu también quieres que yo te toque, .¿verdad?

Atrapado bajo la intensidad de aquella mirada, fue incapaz de negarlo.

-Si -susurró ahogadamente -Si quiero que me toques.

-¿Entonces? -pregunto Heero rápidamente al percibir la duda en su voz.

-Tu y yo somos hombres. ¡Somos del mismo sexo! Esto no va a funcionar, será un desastre, y yo, por lo menos no quiero mas daño.

-¿Que acaso Trowa y Quatre no son hombres?

-Si.

-¿Y?

-Pero eso es diferente. ¡Al menos ellos se aman!

-¿Y tu que sabes acerca de mis sentimientos por ti? .¿Que sabes de tus propios sentimientos?

Duo no pudo responder ya que Heero deposito un beso en la comisura de sus labios. Otro beso siguió al primero, y otro, cada uno más dulce que el anterior. Muy pronto cada milímetro de su rostro hubo probado el tierno contacto de aquellos labios, y se debatió en su abrazo como un pájaro atrapado.

-¡Heero, esto no esta bien!

-¿Que no esta bien en que dos personas que se atraen se busquen?

La mente de Duo quedó en blanco mientras intentaba encontrar una respuesta, y el no hallarla provocó en él pánico. ¡Heero tenía razón!. Sería una cobardía no aceptar que sentía una fuerte atracción por él. El soldado perfecto le gustaba desde que lo había conocido y estaba tan cegado que no se había dado de cuenta sino hasta ahora. Por eso era que no podía dejar de pensar en él, por eso era que lo extrañaba tanto, por eso era que su cuerpo reaccionaba ante su presencia. ¡Pero él no era gay!. ¿O si?

-Heero, por favor...

-Por favor, .¿que?

-Por favor, detente. No quiero hacerlo contigo y sentirme después usado.

-Me alegra oírlo porque jamás te usaría como un objeto sexual.

-No pienso…

-Esta vez me alegro de que no pienses.

Heero le dio un beso en la frente y otro en la punta de su nariz respingona. Luego de eso poso su boca en la ardiente y calida boca del 02. Duo sintió un zumbido en los oídos y notó como el calor que fluía de los besos de Heero iba inundando su cuerpo. No conseguía reunir energía suficiente para rechazarlo. Por el contrario, sus manos abrazaban con desesperación a Heero. Pensó que era asombroso, mientras se dejaba llevar por una pasión que no había sentido jamás. ¡Era hermoso, maravilloso, eróticamente asombroso!.
Heero se sentía violentamente excitado, pero sabía que debía controlarse ya que Duo aun estaba indeciso y él quería satisfacerlo por encima de todo. Precisamente porque el trenzado dudaba de su sexualidad, necesitaba de él para descubrir así su verdadera inclinación sexual.

Duo había llegado a la misma conclusión. No tenía idea de porque ni como había llegado a suceder, pero era consciente de que necesitaba a Heero con una intensidad que al mismo tiempo lo asustaba y lo enloquecía. Dejando escapar un leve gemido, levantó las manos hasta apoyarlas sobre el calido pecho de u piloto favorito. Sus dedos se curvaron, aferrando el suave tejido de la camisa. Un gruñido de Heero vibró contra sus ávidos labios, y una lengua atrevida acaricio los rincones de su dulce boca.

Apartándose de la abierta tentación de su boca, Heero habló con un susurro.

-Quítame la camisa. Quiero sentir tus manos en mi cuerpo.

Con afán Duo arrancó la prenda por encima de la cabeza de Heero y la arrojó al suelo. Duo se asombró de lo lejos que había llegado en tan poco tiempo. Por fin estaba dispuesto a reconocer que por ahora lo que mas deseaba era estar con Heero.

Con mirada anhelante, recorrió aquel cuerpo perfecto. Los músculos se dibujaban bajo la suave piel de sus brazos y torso tostados por el sol.

-Adelante, Duo, tócame. Aprende la forma y textura de mi cuerpo y déjame a mí conocer el tuyo.

Como en un sueño, Duo comenzó a deslizar sus dedos a lo largo de los fuertes hombros, haciendo una breve pausa en las venas que latían en la garganta. Continuaron descendiendo hasta los pequeños y morenos pezones, endurecidos por la excitación. Con una avidez que lo habría aterrado si se hubiese parado para analizarlo, se inclinó sobre él y posó sus labios sobre el cálido pecho.

El corazón y los sentidos de Heero se estremecieron por el impacto de aquella caricia sensual. Sintió el deseo primitivo del animal salvaje que reclama a su pareja, y tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para contenerlo.

Interpretando mal el endurecimiento de sus músculos, Duo levantó la cabeza y lo miró con timidez.

-¿He hecho algo mal, Heero?

El aliento que Heero había contenido con dificultad, surgió de sus pulmones, y su tenue sonrisa era tensa mientras negaba con la cabeza.

-Has hecho algo, muy, muy bien.

No convencido del todo, Duo frunció ligeramente el ceño.

-¿Me creerías si te digo que no tengo ni idea de como tocarte? Sigo pensando que esto es una locura... pero también confieso que no quiero detenerme.

Heero estaba hipnotizado por su boca, y su voz sonó distraída.

-Hasta ahora lo has hecho muy bien, no tengo ninguna queja.

Heero asió con los dedos las muñecas de Duo y llevó sus manos a su pecho, comenzando a describir con ellas lentos círculos.

-¿Duo, no puedes sentir como me gusta que me toques? -dijo con voz encendida -¿No sientes tus manos en mi cuerpo con tanta fuerza como yo?

-Sí, sí -murmuró Duo, fascinado por el contraste de sus pálidas manos contra aquel cuerpo caliente y moreno. Con el rostro encendido por la curiosidad, comenzó a arañar con los dedos el pecho de Heero. Él se sacudió involuntariamente.

-¿Te gusta, Heero?

-Lo estas haciendo muy bien, Duo. Sabes que lo que me estas haciendo me gusta. Pero me gustaría mucho más si te pudiera devolver el favor.

Con un aire de indiferencia que estaba lejos de sentir, Heero apartó con los pulgares las solapas de la bata. Milímetro a milímetro se fue abriendo la suave tela y sus ojos cobalto rebosaron de placer anticipando la visión que les aguardaba. Ante él apareció el exquisito pecho del trenzado, luciendo unos endurecidos y erectos pezones.

-Tan hermoso como el dios que eres. Eres realmente hermoso, Duo.

Incapaz de resistir la tentación un momento más, Heero inclinó la cabeza e hizo revolotear su lengua sobre uno de los erectos pezones. Cuando Duo arqueó la espalda y gimió, una sonrisa de satisfacción se dibujó en las comisuras de los labios de Heero. Con voz cargada de sensualidad repitió la pregunta que el trenzado le había hecho momentos antes.

-¿Te gusta, Duo?

Los pensamientos de Duo volaron como hojas barridas por el viento. Las sensaciones recorrían su cuerpo, desde la raíz del cabello hasta la punta de los pies. Su interior ardía con una intensidad casi dolorosa que lo hacía temblar.

-¿Te gusta, verdad? -musitó Heero, sabiendo la respuesta sin que se la dijeran.

Con una risa de triunfo mordió con avidez su garganta. Sus manos acariciaron aquel sublime torso con una ternura que rayaba en la adoración.

-Oh, Duo, eres tan dulce, tan hermoso, tan deseable... Nunca en mi vida había sentido esto. Desde el momento en que te vi por primera vez te metiste dentro de mi piel y formaste parte de mi. Déjame amarte, Duo. Déjame formar parte de ti.

Con una gentil inseguridad que llegó al fondo del corazón de Duo, desató el cinturón que ceñía su cintura. La bata se abrió, revelando completamente su exuberante desnudez. La expresión del rostro de Heero, fue una revelación para Duo y barrió cualquier recelo o timidez que pudiera haber sentido, mientras Heero lo hacía tenderse en el sofá. Una oleada de alegría lo sacudió al ver la emoción de aquellos ojos cobalto, y su inseguridad se evaporó ante la fuerza de su masculinidad.

El pecho de Heero subía y bajaba con creciente rapidez, aunque él intentaba respirar con naturalidad. Un rubor de excitación había ensombrecido sus fuertes pómulos. Sacudió la cabeza en un intento por aclararse la mente, confusa por la pasión. Su cabello oscuro cayó sobre su frente, ocultando a medias su expresión arrebatada. Con un gesto tan natural como el respirar, Duo apartó del rostro de Heero aquellos mechones rebeldes.
Como si hubiera quedado petrificado por la espontánea ternura del gesto, Heero perdió la batalla que había estado librando con su autocontrol. Quería tener a Duo desnudo y gimiendo bajo su cuerpo, necesitaba volverse uno con él o se volvería loco.

Un gruñido surgió de sus labios entreabiertos, y en sus ojos resplandeció un brillo salvaje mientras le terminaba de quitar a Duo la bata.

Se dio cuenta, por la repentina tensión del cuerpo del trenzado, de que iba demasiado rápido, pero no podía dominarse, llevaba mas de dos años amando y deseando a Duo en silencio y ahora que su mayor sueño se realizaba no podía detenerse ni aunque quisiera.

Cuando Duo emitió un débil murmullo de protesta, él lo ahogo con su hambrienta boca. Las manos que presionaban su pecho lo animaban dulcemente, más que detenerlo, y con rapidez se encaramó sobre aquel cuerpo tembloroso.

Heero se fue moviendo hasta que su palpitante virilidad se apoyó sobre la encendida virilidad de Duo. Sólo el dolorosamente ajustado tejido del jean evitaba el contacto que tanto ansiaba, y la insignificancia de la barrera lo hacía volverse loco. Heero gruño y apoyó la sudorosa frente contra el perfumado pecho del trenzado en un gesto curiosamente vulnerable.

-Lo siento -murmuró con voz atormentada -No me dejes asustarte, Duo. Quizás voy demasiado rápido pero llevo deseándote por mucho tiempo y ahora que te tengo no puedo mantener mi cuerpo y mis sentimientos bajo control.

Duo abrió inmensos los ojos al escuchar aquellas palabras de Heero. ¿Realmente el soldado perfecto llevaba deseándolo desde hacia tiempo? .¿Pero solo era deseo lo que sentía Heero por él?. Nunca, durante todo el tiempo que estuvo luchando hombro a hombro con Heero, se imagino que él pudiera desearlo. ¡Heero nunca demostró nada mas que indiferencia por él! .¿Como diablos se suponía que iba a sospechar que Heero lo deseaba si este no hacia mas que llamarlo "baka, molestia, insensato y vanidoso" entre otras cosas mas? Además... por su cabeza jamás había pasado la idea de que Heero fuera gay, siempre pensó que estaba enamorado de Relena. ¡Pero que bien guardadito se lo tenía el 01!. Quatre nunca se tomo la molestia de ocultarlo y quizás Heero tampoco, pero su forma de ser y actuar jamás lo había delatado. Pero, si el imperturbable Yuy ya era gay desde ese entonces, .¿por que diablos se caso con Relena? Tendría que preguntarle eso, pero no seria correcto que lo hiciera en ese momento. Después de todo el soldado estoico ya le había dicho que nunca la había amado y ahora que lo recordaba, Heero también había dicho: "Me casé con Relena porque no tuve otra opción". ¿A que se refería con eso el soldado perfecto?

-Esta bien, Heero -susurro por fin Duo, con voz tierna mientras le acariciaba la cabeza -Tú no me asustas, me asusta lo que esta ocurriendo.

Heero apoyó todo su peso sobre los codos y alzó la cabeza, contemplando aquellos ojos violeta de una profundidad infinita.

-Nos está ocurriendo a los dos, Duo.

-Esto es increíble, Heero. Mientras estuvimos juntos durante la guerra, me ignorabas y nunca hubo algo más allá de un roce casual entre nosotros. Siempre fuiste un misterio para mí, nuestras personalidades eran y son tan opuestas como el día y la noche. Te me desapareces por dos años y ahora después de tanto tiempo llegas otra vez a mi vida, salido de la nada y me tomas entre tus manos moldeándome como si yo fuera arcilla. Los dos somos hombres, somos del mismo sexo y aunque se que esto no es correcto, aun así...

Duo apretó los dientes, y Heero acarició con un dedo su tensa mandíbula en un gesto tranquilizador.

-¿Aun así, que?

-Aun así... ardemos juntos -murmuro sin fuerzas. -No se que diablos estas haciendo en mi, solo se que te deseo y aunque se que esto es una locura no quiero que nos detengamos.

-¿Por que dices que esto es una locura?

-Oh, Heero, .¿Acaso no es obvio? .¡Los dos somos hombres!

-¿Y que?. ¿Acaso no vas a dejar de decir lo mismo una y otra vez? Tu palabrería ya me suena a disco rayado.

-¡Pues para tu información yo no soy gay!

-¿A no? -pregunto Heero mirándolo de forma muy significativa.

Duo se sonrojo al ver lo que esa mirada cobalto le estaba diciendo. Heero tenía razón... ¿Si él no era gay, entonces porque estaba a punto de hacer el amor con otro hombre?. Pero no era su culpa, era culpa de su cuerpo que reaccionaba con vida propia ante Heero.

No. Ahora que lo pensaba todo era culpa de Heero y su arrollador atractivo. Todo era culpa de Yuy por tratar de provocarlo con esa hermosa cara y ese cuerpo atlético. La culpa la tenia Heero y su personalidad que aunque sombría resultaba interesante.

Heero y nadie más que Heero tenía la culpa de que se hubiera sentido atraído por él desde que lo había visto en aquel lugar tratando de matar a Relena. Solo aquel imperturbable moreno tenía la culpa de que le empezara a gustar cuando estuvieron juntos aquella vez que el muy descarado se robo repuestos de sus maquinas para reparar su Gundam. También culpaba a Heero por verse demasiado bien en su uniforme de deportes cuando jugaban juntos basket en aquel instituto. Y no debía olvidar culparlo por verse demasiado sexy cubierto solamente por unos boxers azules cuando solía pasearse de un lado a otro de la habitación que tuvieron que compartir cuando estuvieron en ese instituto del cual no recordaba el nombre... ¡Un momento! .¡Stop! Se dijo así mismo Duo. ¿Pero que diablos acababa de pensar? .¿Todas esas tonterías de que Heero le gustaba, le parecía atractivo, sexy y demás que acababa de decir, eran realmente ciertas? .¿Acaso durante todo ese tiempo Heero le había gustado y había sido tan necio y despistado como para no darse de cuenta? .¿Estaba tan ocupado con la guerra que no se había percatado que se la pasaba mirando a Heero mas de lo que debía? .¿Entonces eso significaba que ya era gay desde ese entonces y que solo hasta ahora se daba de cuenta? .¿Era por eso que no había dejado de pensar y de extrañar a Heero después de que la guerra termino y se separaron? .¿Entonces por que se caso con Hilde?. Se suponía que la amaba, .¿o no? .¿Acaso se sintió tan solo cuando se separo de Heero que creyó que podía reemplazarlo con Hilde? .¡No, eso era imposible! .¡Heero era irremplazable! Hilde jamás hubiera podido llenar aquel vacío que había quedado en su corazón cuando al terminar la guerra, el 01 se fue sin siquiera despedirse...

-Oh, Heero, nunca hasta hoy me había dado de cuenta que... que... -¿De que, que? Se pregunto a si mismo Duo. ¿De que se sentía tan atraído por él que se había casado con Hilde para inconscientemente sacárselo de su mente? -Heero, por favor, bésame.

Heero hizo lo que Duo le pidió. Hundió con suavidad su lengua dentro de la calida humedad que Duo tan generosamente le ofrecía. Él estaba consciente del dilema por el que pasaba en ese momento el trenzado, no se necesitaba ser adivino para saber que Duo estaba sumergido en un remolino de dudas y temores, sus ojos tan honestos y transparentes lo delataba, dejaban ver claramente la turbulencia que en ese momento se desarrollaba en el interior del trenzado.

Duo ahondo el beso todo lo que pudo mientras sus manos atrajeron a Heero contra si, y se maravilló ante el placer que le producía abrazarlo.

Ese placer se multiplico mil veces cuando los dedos de Heero comenzaron a juguetear con uno de sus duros pezones. Cuando Duo arqueó la espalda, sus bocas se separaron, pero Heero no le dio tiempo a quejarse. Instantáneamente hizo descender su boca y tomó en ella aquel pezón palpitante, gruñendo de placer. Las ondulaciones rítmicas de sus caderas se compenetraban con la ardiente humedad de su boca, y, con una dulce queja, Duo elevó sus caderas buscando un contacto mas estrecho. Heero dejo escapar un grito cuando el calor de Duo atravesó la tela de su pantalón, y todos sus músculos se rebelaron cuando se aparto de él.

-¿Heero? -murmuro Duo con una débil protesta. El chico de mirada cobalto se puso de pie y sus temblorosos dedos lucharon con los botones de su pantalón, mientras sus ojos resplandecían.

-No puedo resistir mas tiempo -dijo entre dientes con voz grave -¡Tiene que ser ahora, Duo!

Su voz sonaba tensa y exigente, pero había un ruego en sus ojos bajo la intensidad de su mirada. Duo se maravilló de la vulnerabilidad que Heero mostraba hacia él, y sus brazos se alzaron llamándolo.

-Hazme el amor, Heero.

El tiempo que siguió fue más mágico de lo que ninguno de los dos hubiera creído posible. Duo respondía instintivamente a la ávida exploración de su 01, trazando con sus manos nuevos senderos en su cuerpo y estremeciéndose en sus brazos. Cuando Heero finalmente entró en su cuerpo, el cerebro de Duo ya estaba a punto de explotar, presa de sensaciones demasiado exquisitas para oponerse a ellas. Murmurando su nombre se arqueó bajo su cuerpo en una agonía de plenitud.

-Sí, Duo... -musitó Heero junto a su garganta -¡arde por mi... como yo estoy ardiendo por ti!

Entonces, con un definitivo y violento golpe de sus caderas, Heero se fundió con su trenzado, y se aferraron el uno al otro como dos seres sacudidos por la tormenta en alta mar. Duo permaneció abrazándolo fuertemente hasta que su pulso fue retornando a la normalidad, abrigándose con el cuerpo de Heero mientras intentaba comprender el milagro que acababa de ocurrir. Con lágrimas en los ojos supo por fin lo que era el verdadero placer.

¡Nunca hasta ese momento había conocido lo que era entregar no solo su cuerpo sino también su alma! La entrega fue tan completa y tan mágica que su placer había sido no solo a nivel físico sino también a nivel espiritual y más allá. Ahora si acababa de comprobar por si mismo que Heero era un amante dulce, cariñoso, apasionado y gentil.

Heero se echó a un lado y meció el cuerpo de Duo en sus brazos. Mientras buscaba sus labios para besarlo, percibió la humedad de sus mejillas. Un aguijonazo de alarma atravesó su cuerpo.

-Duo, .¿estas bien? .¿Te he hecho daño? -preguntó con voz cargada de miedo.

Duo parpadeo levemente y se incorporó para examinar el preocupado rostro de su amigo-amante. Se mordió el labio inferior, enrojecido por la fuerza de sus besos. Luego intento sonreír pero el intento fue en vano, estaba tan abrumado por todo lo que había sucedido que ni siquiera podía esbozar una sonrisa tranquilizadora.

-Yo... estoy bien. No te preocupes, Heero, te aseguro que en ningún momento me hiciste daño.

-¿Entonces por que lloras? .¿Acaso... acaso te arrepentiste? .¿Sientes asco por mi y por lo que acabamos de hacer?

Duo vio como el dolor explotaba en el fondo de aquellos ojos azul cobalto y se apresuro a explicarle a Heero la situación.

-No entiendes, Heero baka. No siento asco por ti ni por lo que acaba de ocurrir entre nosotros. Si estoy llorando es de felicidad, por la cantidad de sensaciones que me envolvieron durante esta entrega, por todo lo gentil que fuiste conmigo y por lo querido que me hiciste sentir. Oh, Heero fue tan maravilloso, tan hermoso, tan perfecto.

La boca de Heero se curvó con una sonrisa indulgente.

-Ya sabía que sería así entre nosotros. Desde el momento en que te vi supe que eras un chico apasionado y sensual. Muchas veces cuando te ponías a hablar como lora, deseaba con fervor poder acallar tu palabrería con un beso. Muchas veces mientras dormías en la cama de al lado cuando estábamos en el instituto, tuve ganas de colarme en tu cama y dormir abrazado a ti. Muchas veces cuando nos quedábamos a solas deseaba tomarte entre mis brazos y borrar con besos todas aquellas preocupaciones que cruzaban en ese momento por tu rostro. Tu hacías tus cosas con tanta entrega y pasión, en cada batalla dabas lo mejor de ti y siempre nos animabas a todos nosotros, tu siempre fuiste la luz al final del túnel y si no hubiera sido por ti, que nos alegrabas y nos mostrabas lo positivo de todo, los demás pilotos y yo hubiéramos caído en la locura que la guerra producía en las mentes y corazones de los seres humanos.

Los labios de Duo asomaron una gigantesca y placentera sonrisa al escuchar las palabras de Heero. Las lágrimas cesaron y solo quedo dibujado en su perfecto rostro el agradecimiento que sentía, pero no solo era agradecimiento... había algo mas... algo mas que agradecimiento... eso que sentía era mas intenso, mas grande...

-Heero.

-¿Que?

-Heero, .¿desde cuando supiste que eras gay?

-Desde que te conocí y supe que me gustabas y que te deseaba.

-¿Por que nunca me lo demostraste?

-Baka, te lo demostré a mi manera. Con miradas, con leves sonrisas, estando siempre contigo... te lo demostré de muchas maneras pero tú no te diste nunca de cuenta... Solo Quatre pareció notarlo.

-Quatre era el más perceptivo de los cinco. ¿Pero por que nunca me dijiste como te sentías?

-Tenía intenciones de decírtelo cuando acabara la guerra. Pero al final cuando todo acabo, temí que me rechazaras, que yo fuera gay y que tu me gustaras no garantizaba que tu lo fueras también y que sintieras lo mismo que yo.

Duo comprendió las palabras de Heero, el soldado perfecto tenía razón, la guerra los había tenido tan ocupados que habría sido imposible tener un romance. Además, si Heero se lo hubiese propuesto en ese momento, lo mas seguro es que le habría roto la cara a golpes por atreverse a pedirle que llevaran una relación homosexual. Él no era gay y jamás habría aceptado a Heero en su vida... aun cuando él ya le había empezado a gustar. Y para cuando la guerra acabo y hubo oportunidad, termino casándose con Hilde y alejando con esto a Heero.

-Oh, Heero ¿que es todo esto que nos esta pasando?

-Magia -respondió Heero con voz ronca.

-¿Magia? .¿Desde cuando tú crees en ese tipo de cosas?

-Desde siempre, Duo. Recuerda que también soy un ser humano y como tal creo en la magia y en otras cosas más que si las supieras te sorprenderías. Tú nunca te tomaste la molestia de conocer que había más allá de mi supuesta perfección.

-Quizás fue porque tú nunca me permitiste entrar en ti.

-Las puertas siempre estuvieron abiertas para ti, solo tenias que entrar y conocerme.

-Yo te veía tan hermético, tan perfecto, tan inalcanzable que jamás se me ocurrió pensar que querías que te conociera. Heero, yo quisiera que esta magia de la que hablas no desaparezca jamás.

Lentamente Heero se puso de pie y tomó a Duo en brazos con gran ternura. Le dio un suave beso en la sien mientras lo conducía por la escalera hacia el dormitorio. Cuando subía lentamente, Duo apoyo el rostro en su cuello y dejó escapar un suspiro.

-Esta es la primera vez que he tenido este tipo de magia en mis manos, pero sé que no va a desaparecer, Duo -aseguró Heero, con la voz temblando de emoción.

.-.

CONTINUARA...