CAPITULO 2

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-¿Por que no te llevas mi auto? Hoy no voy a usarlo, así que será mejor que te lo lleves -dijo Quatre mientras tomaban una taza de café en la cocina.

-Bueno, si estas seguro de que no te importa... -suspiró Duo, muy agradecido -Aunque no estoy seguro de poder encontrar esa casa. Llegamos por un sendero y entramos por la reja de atrás...

-Tengo un mapa del pueblo. La casa no será difícil de localizar.

Quince minutos después se puso en camino en el precioso auto de Quatre. Todo lo que podía hacer él era consolar a Thomas y señalarle que corría muchos peligros al escapar de su casa. Que lastima que Heero Yuy no se hubiera tomado la molestia de encontrar a una persona mas simpática y comprensiva que la señora Une para cuidar del pequeño Thomas, ya que era obvio que no estaba dispuesta a darle al niño el apoyo emocional que necesitaba.

Duo encontró con facilidad la entrada principal de la casa. Unas rejas automáticas se abrieron cuando él se acercó.

La vista frontal de la casa revelaba que era mucho mas grande de lo que Duo imagino al principio. Pasó por debajo de un arco de ladrillos, estaciono el auto y se dirigió al frente de la casa y se detuvo para admirar los geranios que bordeaban el sendero. En la distancia, pudo ver un estanque y una fuente. Pensó que debía costar una fortuna darle mantenimiento a esto y al jardín. Subió por los escalones y tocó el timbre de la casa.

No recibió respuesta durante un largo rato y se preguntó si Heero Yuy le habría ordenado a la señora Une que no lo dejara entrar. De pronto, la puerta se abrió hasta donde lo permitía la cadena de seguridad.

-¿Eres tú, Duo? -inquirió una vocecita conocida.

-Hola, Tom... ¿en donde esta Une-san? -preguntó Duo cuando el niño se alzó de puntas para soltar la cadena y abrir la puerta.

-Se fue a su casa -comentó Thomas, dejándolo entrar -Dijo que no le pagaban por cuidar a una peste como yo y que ya estaba harta de mí -añadió con tristeza.

El vestíbulo tenía un techo de vigas y suelo de madera pulida. En un extremo, había una enorme chimenea. Todo estaba inmaculado, mas no era acogedor.

El cofre de roble que estaba contra el muro se habría visto mejor con un florero lleno de rosas y el suelo habría tenido mejor aspecto con una colorida alfombra. Una escalera vieja y muy ornada llevaba a los pisos superiores de la casa. A la mitad de la escalera, había una ventana con amplio alféizar, pero a nadie se le había ocurrido poner allí un cómodo cojín. Mientras Duo admiraba un antiguo candil de hierro forjado, se dijo que la casa estaba muy limpia y brillante, pero que tenía apariencia desolada.

-¿Estas solo? -le preguntó a Thomas cuando él lo tomó de la mano y lo llevó hacia una de las puertas que daban al vestíbulo.

-Sí, mi padre se fue a trabajar.

-Y Une-san, .¿va a regresar?

-No -negó el pequeño con la cabeza -declaró que no volvería a poner un pie en esta casa... al menos no lo hará mientras yo esté aquí. Dijo que los niños son una molestia y que hay muchas casas donde ella puede trabajar y no tener que soportarlos -sus ojos azul cobalto se llenaron de lágrimas -Mi padre se va a enojar muchísimo conmigo, .¿verdad? Pero no fue mi culpa derramar la leche. Me resbalé en el suelo de la cocina.

Duo fue invadido por la rabia. ¿Cómo podía dejar Heero Yuy a su hijo a cargo de una mujer tan poco apropiada como la señora Une, y como podía esa mujer abandonar a un niño tan pequeño cuando no había nadie mas en la casa y ella sabía lo vulnerable que estaba Thomas?

Este abrió una puerta. Era la cocina. Duo frunció el ceño al ver el charco de leche en el suelo. Había fragmentos de vidrio también. ¿De veras se fue la señora Une sin recoger los vidrios rotos?

Duo le dijo a Thomas que no se acercara y se dispuso a limpiarlo todo.

Mientras el trenzado realizaba la limpieza, Thomas le explicó con voz llorosa cómo se derramó la leche cuando él la servía en su cereal durante el desayuno.

El frigorífico tenía congelador en la parte superior, de modo que la manija era demasiado alta para que Thomas pudiera alcanzarla.

Cuando se entero de que Thomas había arrastrado una silla y trepado en ella para abrir la puerta, en tanto la señora Une bebía una taza de té, Duo fue invadido por el enojo. Finalmente se dijo que era mucho mejor que ni la señora Une ni Heero Yuy estuvieran en la casa en ese momento, pues de lo contrario ventilaría su furia contra ellos.

El ama de llaves debió darse cuenta de que era muy peligroso que un niño de la edad de Thomas subiera a una silla para abrir la puerta del frigorífico. Y además, el niño no debió servirse el desayuno.

Duo le preguntó por que la señora Une no le sirvió la leche en el desayuno.

-Dijo que su trabajo no era alimentarme -explicó el niño -Y además, estaba muy molesta conmigo. Dijo que yo no merecía desayunar, después de lo que hice ayer; que debía darme azotes y encerrarme en mi cuarto -se tornó sombrío y temeroso -No... le dirás a mi padre lo de la leche, .¿verdad, Duo?

-No si tú no quieres que se lo diga -le aseguró el trenzado, pero tenía la intención de que Heero se enterara de lo que él pensaba de un hombre que deja a su hijo a cargo de una mujer como la señora Une.

Ya casi era hora del almuerzo. Duo descubrió que, debido al accidente, Thomas no había desayunado, así que abrió el frigorífico y frunció el ceño al ver el contenido. El congelador estaba lleno de alimentos para ser preparados en el horno de microondas, pero no había algo adecuado para que un niño se alimentara. No había fruta fresca, ni verduras... nada que pudiera considerarse comida balanceada para un niño que se encontraba en crecimiento.

Cuando encontró la caja del pan, Duo vio que tenía media hogaza ya rancia, aunque la caja de las galletas estaba llena. Duo frunció el ceño y anunció con firmeza:

-Tom, tú y yo iremos de compras.

Hacía el calor suficiente para que Thomas saliera con su camiseta y sus shorts. Antes de irse, Duo sacó un pedazo de papel de su bolsillo y escribió una nota, dejándola en la mesa de la cocina, en caso de que la señora Une le hubiera avisado a Heero que había dejado a Thomas solo y que el padre viniese a la casa para asegurarse de que el niño estaba bien.

Como Duo no tenía llaves, tuvo que dejar la puerta de la cocina abierta. Al meterse en el auto y alejarse, rezó para que nadie entrara a robar en la casa.

Ya en el supermercado estacionaron el auto y fueron a buscar un carrito para las compras. Duo le pregunto a Thomas que le gustaba comer y él lo complació al darle las respuestas. Al parecer su madre había sido muy estricta en cuanto a que el niño tuviera una dieta sana y balanceada.
Sin embargo, cuando Duo le hizo el comentario, Thomas negó con la cabeza y aclaró, sorprendiéndolo:

-Yo no vivía con mi mamá y Erick. Yo vivía con mi abuela. No había lugar en la casa de mi mamá para que yo estuviera allí y además -el niño frunció el ceño y arrastró un poco el pie al caminar -Yo no le agradaba a Erick. Pero el papá y la mamá de mi amigo Misaki sí jugaban con él -añadió con melancolía y algo de envidia.

Pobrecito, pensó Duo al escucharlo. El trenzado ansió abrazarlo y decirle que no era su culpa, que lo único que pasaba era que él no había tenido suerte con los adultos en su vida. Duo comprendió que Thomas se sentía culpable por el rechazo que sufrió primero por parte del amante de su madre y luego por su propio padre.

Sin embargo, a Duo le pareció extraño que después de que la madre de Thomas luchó tanto por la custodia de su hijo, luego lo enviara a vivir con su abuela. Duo meditó al respecto mientras veía los anaqueles del supermercado.

Le pareció increíble que un ama de llaves como la señora Une se conformara con alimentar a un hombre joven y aun niño en crecimiento con alimentos congelados. No había nada de malo en hacer uso de ellos en una emergencia o cuando no era posible cocinar, pero si se usaba eso como único recurso...

Duo se detuvo para preguntarle a Thomas si le gustaba el pescado, y trató de imaginar la reacción de Heero cuando descubriera que él había interferido en la alimentación de su hijo.
Cuando pagaron todo, se dirigieron al auto. Thomas le contaba cosas acerca de su abuela y Duo se dio cuenta de que la extrañaba mucho... más que a su madre. Claro que eso era natural, dado que el niño había vivido con su abuela, lo cual también explicaba el porque el niño se comportaba con la seriedad y madurez de un adulto.

Cuando llegaron a la casa, Duo sintió alivio al ver que no había entrado nadie, aunque la señora Une tampoco había cambiado de opinión y no había vuelto.

¿Acaso esa mujer no tenía el menor sentido de responsabilidad para dejar solo a un niño de seis años?

Después de prepararle la comida a Thomas y ver como el pequeño devoraba todo lo que le era servido, Duo le preguntó a que hora solía regresar del trabajo su padre. Una cosa era segura: Duo no pensaba dejar solo a Thomas, lo cual significaba que tendría que esperar que Heero Yuy volviera a casa.

El pequeño se encogió de hombros al oír la pregunta. Parecía que su padre regresaba a casa a horas distintas. Duo se quedó atónito al descubrir que el niño no fue ayudado en nada por el ama de llaves; el mismo niño debía prepararse la cena solo y meterse en la cama. Al parecer, la señora Une lo amenazó diciéndole que él se metería en problemas si su padre regresaba a la casa y lo hallaba despierto.

Esa ama de llaves había reforzado el miedo que Thomas sentía por su padre al amenazarlo con la ira paterna. Sin embargo, por muy indignado que Duo estuviera con la señora Une, estaba más furioso con Heero Yuy. De seguro él debió darse cuenta de lo que ocurría¿no? Eso implicaba que a Heero no le gustaba ocuparse de su hijo, o peor aun, que el niño no le importaba en absoluto.

Duo y Thomas lavaron los platos de la comida mientras tarareaban una canción de moda, luego el trenzado llamo a Quatre para explicarle la situación y decirle que iba a quedarse allí hasta que el padre volviera a casa.

Duo se pasó la tarde en el jardín jugando con Thomas. Con cada segundo que pasaba al lado del niño se sorprendía por la aguda inteligencia que este poseía. No había duda de que el pequeño niño era una preciosidad, pero se veía aun mas precioso cuando reía y Duo se prometió a si mismo que siempre que le fuera posible dibujaría mil sonrisas en ese rostro angelical.
A las seis de la tarde, entraron en la casa. Duo le sugirió que se bañara antes que le preparara la cena. El niño insistió en que lo acompañara y Duo acepto, reacio. No quería que Heero Yuy volviera y pensara que él estaba husmeando en su hogar.

Por esa razón, se había quedado en la cocina, reprimiendo la curiosidad de ver la casa.

Sin embargo, ahora Thomas le pedía que lo acompañara, de lo contrario no se bañaría, y Duo lo siguió por la escalera. Llegaron a una galería con suelo de madera pulida y cuadros en los muros.
En contra de una pared, había otro arco de madera, tan desprovisto de calidez hogareña como el que estaba en el vestíbulo principal. Había tantas flores en el jardín que Duo ansió poder cortar algunas y alegrar un poco esa sombría casa.

Dos pasillos daban a la galería. Thomas lo tomó de la mano y lo condujo por uno de ellos, deteniéndose frente a una puerta que estaba al final del corredor.

Su habitación era amplia y estaba bien equipada para un niño de su edad. En un extremo había un enorme cajón con juguetes, un escritorio y una silla, además de una cama individual muy cómoda con una colcha de Pokemon (XD). También había una puerta que daba al baño.

El baño estaba tan bien equipado como la habitación. Tenía una ducha y una tina, pero en esta había manchas de suciedad. Una pila de toallas húmedas estaba en el suelo.

-Une-san dijo que no iba a limpiar mi baño porque yo era un niño malo -explicó Thomas al ver que Duo miraba las toallas. Añadió con temor -En la casa de mi abuela, yo tenía mis cosas especiales, mi pato y mi barco para la tina, pero la señora Une me lo tiró todo. Dijo que eso sólo era para bebés.

Duo se compadeció del niño mientras lo invadía una rabia indecible al conocer la falta de sensibilidad y comprensión de esa mujer.

-No importa. Tal vez podríamos hacer un barco de papel para que juegues esta noche -sugirió el trenzado con una enorme sonrisa en su rostro -aunque no va a navegar muy bien.

-¿De veras? -el bello rostro infantil se iluminó de inmediato, muy emocionado por la sugerencia.

-Sí, si podemos encontrar algo de papel -añadió.

-No tengo papel. Une-san se lo llevó porque dijo que yo lo estaba ensuciando. Aunque creo que hay papel en el estudio. Podríamos ir a buscar unas hojas.

Duo vaciló. No quería empezar a inspeccionar la casa de otra persona. A él mismo le desagradaría mucho que alguien mas invadiera sus dominios. Sin embargo, le había hecho una promesa a Thomas y si el niño sabía donde estaba el papel...

El estudio era mas bien una biblioteca, pues tenía varias repisas llenas de libros. El espacio era dominado por un amplio escritorio en cuya superficie había una computadora.

Dos ventanas amplias daban a los jardines y el emplomado brillaba con el sol del atardecer. Había cojines en los asientos de las ventanas y esa tela algo descolorida le daba un aspecto mas acogedor a un cuarto que de otra manera sería muy austero.

Thomas anunció que el papel estaba guardado en el último cajón del escritorio. Cuando trató de abrirlo, dijo que era demasiado pesado para él. Reacio, Duo se arrodilló a su lado y lo ayudó.

-¿Que rayos están haciendo?

Duo se quedó helado al oír la pregunta y sintió que Thomas se repegaba a su cuerpo. La furia de Heero Los envolvió a ambos.

Como un ladrón atrapado con las manos en la masa, Duo se volvió con lentitud y ansió estar de pie y no arrodillado. No era una buena posición para poder defenderse, sobre todo cuando ese hombre lo miraba con enojo, sospechando lo peor a partir de lo que había presenciado.

-Estábamos buscando algo de papel para poder hacer un barco y ponerlo a navegar en la tina -la vocecita incierta y nerviosa de Thomas rompió el silencio.

Duo lo miró con ternura y le acarició la mejilla para ofrecerle algo de seguridad, mientras que su padre se tornó más sombrío e irritado.

-¿Que? .¿Les importaría explicarme que es lo que sucede aquí? -Heero se dirigió a Duo -¿Y en donde demonios esta Une-san? Ella es quien debía quedarse con Thomas hasta que yo volviera.

Duo se dio cuenta de que Thomas empezaba a temblar y se percató de que el niño temía que su padre lo culpara por la desaparición del ama de llaves.

Sin ponerse a pensar cuál sería la opinión de Heero respecto a lo que él estaba haciendo, Duo tomó a Thomas del brazo y le susurró con seriedad:

-Tom, .¿por que no subes para ponerte tu pijama mientras yo hablo con tu padre?

El niño estuvo feliz de obedecerlo. Se puso de pie de inmediato y casi salió corriendo del estudio. Una vez estuvo seguro de que no los podía oír, Duo se puso de pie. Se irguió con firmeza y alzó la barbilla. Miró al hombre atractivo que estaba frente a él, con una mezcla de desafío y decisión.

El silencio se tornó aún mas intimidante. Claro que Duo no tenía porque sentirse acobardado ante Heero Yuy; después de todo, ese hombre era responsable del bienestar de Thomas y lo había dejado solo en la casa, sin tener la supervisión de un adulto.

Duo recordó eso y sintió algo de valor para decir:

-Parece que la señora Une se ha ido...

El corazón de Duo latía con rapidez. Hubo un largo silencio antes que Heero Yuy dijera algo. En esa pausa, el ambiente se torno muy tenso y Duo supo que Heero lo culpaba del abandono de la señora Une.

-¿Que? -Heero no lo podía creer.

-Se fue antes que yo llegara -señalo con rapidez Duo y añadió con tono cortante antes de que Heero culpara a Thomas de lo sucedido -Como padre de Thomas, usted debió asegurarse de dejarlo bajo los cuidados de alguien compresivo y responsable, y no de una mujer que tiene fama de detestar a los niños.

Vio que su comentario daba en el blanco. La mirada cobalto de Heero se endureció y brillo con desprecio. Duo no lo dejó hablar y prosiguió con enojo:

-¿Sabe usted que esa mujer ni siquiera lo alimentaba como es debido? Cuando yo llegue, Thomas no había desayunado. En esta casa no había comida adecuada para un niño de su edad y...

-Vaya, usted ha estado muy ocupado, .¿verdad?

Ese susurro venenoso lo silenció. Heero Yuy lo miró si fuera un intruso. Duo fue invadido por un sentimiento de culpa y mortificación. ¿Y que debía yo hacer, dejar que Thomas muriera de hambre?, quiso decirle Duo. Pero tenía demasiado orgullo como para tratar de defenderse. Después de todo, no era culpable de lo que sucedía.

-Si usted estaba tan preocupado por el bienestar de mi hijo, lo más sensato habría sido que me llamara por teléfono, .¿no le parece?

Esas palabras tan ácidas minaron la compostura del trenzado.

-Si yo hubiera sabido donde llamarlo, tal vez lo habría hecho -susurró Duo con voz airada.

-Thomas sabe el número de teléfono de mi oficina.

Duo se ruborizo. Debió pensar en eso... se mordió el labio y deseó, ahora que ya era demasiado tarde, no haber reaccionado con tanto ímpetu e impulsividad. Esas eran emociones que una persona como Heero no podría entender nunca.

Su primera prioridad había sido atender a Thomas... ver por su bienestar. Ahora, no podía defenderse.

-Yo creí hacer lo correcto.

¿Como había sucedido?, se preguntó Duo con enojo y desesperación. ¿Como se habían invertido las posiciones, de modo que ahora era el culpable y Heero la parte acusadora? Después de todo, era Heero quien tenía la culpa de lo que pasó, mientras que él solo quiso proteger a Thomas.

Lo único que Duo pudo hacer fue lanzar lo que pensó, sería un desafío para ese hombre.

-Aun si yo hubiera sabido a dónde llamarlo, Thomas parece estar mas dispuesto...

Se interrumpió, pues no podía acusarlo de que permitía que su propio hijo le tuviera miedo, aunque pensara que esa era la verdad.

Era muy sensible y se concentraba en las necesidades de los demás; por ello, era demasiado vulnerable para ser un buen profesor. Eso fue lo que sus superiores le dijeron a Duo y ahora recordaba sus criticas. Había creído tener el derecho de acusar a Heero Yuy de no darse cuenta de lo que su carácter irascible le ocasionaba a su hijo. Sin embargo, Heero no era culpable de que el niño le tuviera miedo, pues no parecía ser consciente de la desdicha e infelicidad del pequeño.

Mientras Duo guardaba un incomodo silencio, Heero hablo con voz ominosa:

-¿Thomas esta mas dispuesto a que? Mi presencia lo atemoriza en vez de darle seguridad... ¿es eso lo que usted quiso decir? -Heero hizo una mueca de desprecio y añadió -Déjeme darle un consejo, Maxwell-san. Una vez que empiece a criticar a alguien, no se detenga a media frase. De lo contrario, eso revela que no cree en lo que dice.

Duo se lanzó al ataque de inmediato. Estaba tan enojado que no importaba si hería o no a ese hombre gruñón.

-Pues le diré una cosa. Thomas le tiene miedo a usted. De no ser así... -se volvió a interrumpir Duo.

-De no ser así, acudiría a mí en busca de consuelo y apoyo y no a usted -concluyó Heero con voz dulce -¿Es eso lo que quería decirme?

Duo miro fijamente a Heero y este se pasó los dedos por el alborotado cabello castaño. Era un gesto de vulnerabilidad extraño en él y sus bellos ojos cobalto se oscurecieron.

En ese momento, Duo se dio cuenta de que ya no lo consideraba como a un enemigo, sino como un hombre muy cansado. No debía ser fácil para un hombre tan joven con Heero Yuy tener la responsabilidad de un niño atemorizado y suspicaz, que a pesar de ser su hijo, le resultaba un completo desconocido. Un niño que además estaba pasando por el trauma de haber perdido a todas las personas a las que quiso.

De cualquier manera, haber dejado a Thomas a cargo de una mujer como la señora Une... Era obvio que Heero era un hombre adinerado y que podía proporcionarle a su hijo una niñera bien entrenada. Como si Heero leyera su mente, añadió con menos amargura:

-Me he pasado la mayor parte de este día entrevistando a niñeras para Thomas y hasta ahora no he tenido éxito -endureció la boca un poco y Duo recordó que Trowa comentó que Heero tenía muchos problemas en hallar una niñera adecuada para el pequeño -Mañana me pasaré el día haciendo lo mismo y espero tener mejores resultados.

Aunque Duo sabía que eso no era asunto de su incumbencia, no pudo contenerse más y sugirió:

-Como esa persona cuidara de Thomas, .¿no sería mas prudente dejar que el niño influyera en la decisión final?

-¿Para que escoja a una rubia guapa y tonta igual a su madre? -declaró disgustado.

Duo se estremeció. Después cuando analizó ese temblor, se dio cuenta que era debido a algo muy parecido a los celos, aunque no sabía porque tendría que sentirse celoso de la madre de Thomas. Aunque las palabras de Heero fueron burlonas y peyorativas, Duo intuyó que la madre de Thomas debió ser muy bonita... muy femenina y tal vez muy caprichosa y voluntariosa, como solían ser esas mujeres, además de que quizás recibió atención masculina en grandes cantidades.

Duo meditó un poco acerca de lo mucho que Heero lo perturbaba y se obligó a enfrentarse a la verdad que lo asaltó desde que conoció a Heero. Él era diferente de todos los hombres que había conocido. Era más peligrosamente masculino y de alguna manera... más sensual. Duo tuvo que reconocer que era muy consciente de la presencia de Heero y esto lo inquieto y perturbo más porque la actitud de Heero era muy contraria a lo que buscaba en un hombre. No había amabilidad, ternura, tampoco buen genio en Heero Yuy, ni siquiera parecía humano. Y sin embargo, Duo no podía acusarlo por ser tan masculino ni de usar su poderosa sensualidad para su provecho; ni siquiera de ser consciente de esa sensualidad. Heero sólo le demostró irritación, impaciencia, enfado. Y ahora, Duo era un intruso en su casa. Tuvo que admitir que tampoco estaría contento si al regresar a casa descubriera que un extraño había invadido su hogar.

-Yo... será mejor que me vaya -se apresuró a decir Duo -Ahora usted ya esta de regreso...

Se dirigió hacia la puerta, ansioso por marcharse y librarse de la presencia perturbadora de Heero.

-¿Sin despedirse de Thomas?

Se detuvo al oír la seca pregunta cínica. Y lo que resultó aun peor fue que, sumido en sus propios miedos y emociones, Duo casi se olvido del niño.

-No, claro que no. Iba a preguntarle si le molestaría que yo subiera a decirle adiós.

Heero lo miró de una manera que lo hizo sentirse más avergonzado y culpable.

-Por supuesto, vaya -hizo una mueca sarcástica -Estoy seguro de que no será necesario que yo le muestre el camino.

Duo quiso protestar... explicarle que su intención no fue tomar ventaja de su ausencia ni de la inocencia de Thomas para allanar su casa. Pero supo que sus protestas se enfrentarían a una incredulidad cínica. Además, .¿por que debía justificarse o disculparse?

Se dirigió a la puerta y se detuvo frente a Heero, esperando que él se hiciera a un lado para poder pasar. Al hallarse junto a Heero se dio cuenta de que contenía el aliento, pero Heero se apartó aun más y le dio mucho espacio para que pasara. Tampoco hizo el menor intento por acompañarlo a la habitación de su hijo.

El niño estaba tomando un baño en la tina. Alzó la cabeza cuando él entró y sonrió al ver a Duo. El trenzado le explico que ya debía marcharse y trató de endurecerse ante la súplica del niño de que se quedara.

Le prometió esperar a que terminara de bañarse y luego, lo ayudo a secarse y a ponerse el pijama que encontró en un cajón. Duo notó que era nuevo y que todavía tenía puesta la etiqueta del precio. Mientras la quitaba, Thomas comentó con inocencia:

-Mi mamá iba a comprarme unos pijamas nuevos pero no tenía mucho dinero.

Duo frunció el ceño y lo ayudó a vestirse. Tenía la impresión de que la madre y la abuela de Thomas tenían una buena posición económica. O bien se equivoco o la madre de Thomas fue tan egoísta que no se dio cuenta de que su hijo necesitaba ropa nueva. Tal vez ella quiso ocultar ese descuido al decir que era por falta de dinero.

Sólo cuando lo metió en la cama, Duo sintió que ya podía irse. Al bajar por la escalera, consultó su reloj y se dio cuenta de que había tardado mucho en despedirse de Thomas.

Todas las puertas del vestíbulo estaban cerradas. Eso era tal vez una señal de que Heero esperaba que se fuera sin que le impusiera su presencia indeseable por segunda vez... después de todo, era muy clara la opinión que tenía ese hombre de la presencia de Duo en su casa.

Duo estaba a punto de abrir la puerta principal, cuando lo oyó hablar.

-¿Se va sin despedirse de mi, Duo Maxwell?

Había tanto sarcasmo en esa voz, tanto rechazo por la manera en que Duo se iba, como si el trenzado estuviera a punto de escabullirse sin respetar las reglas de buena educación, que Duo se sintió tan culpable como cuando Heero lo sorprendió tratando de abrir el cajón del escritorio.

-Yo... no quería molestarlo -Duo se puso visiblemente nervioso.

-No, de eso estoy seguro -Heero lo miraba con detenimiento y el nerviosismo de Duo fue reemplazado por una percepción aguda de Heero. Fue como si Yuy lo hubiese conmovido en un plano sexual, y todo el cuerpo del trenzado pareció vibrar ante su masculinidad.

-Que lastima que eso no ocurrió antes, .¿verdad? -añadió Heero observándolo.

Y se acercó, obligando a Duo a retroceder para poder guardar cierta distancia entre ambos. Por un extraño y absurdo momento, Duo pensó que Heero iba a tocarlo, a abrazarlo, a... tragó saliva y le miró la boca sin querer. Su pulso se aceleró al preguntarse qué se sentiría ser besado... abrazado por Heero... una cosa era segura; Heero Yuy sería un amante maravilloso y apasionado.

Duo cerró los ojos y trató de reprimir sus pensamientos. Oyó que Heero abría la puerta principal.
Se dio cuenta en ese momento de que Heero no tuvo nunca la intención de tocarlo, sino que sólo se portaba con la cortesía de un anfitrión que acompañaba un visitante, deseado o indeseado, a la puerta. Eso lo mortifico y decepciono muchísimo.

Cuando Heero abría la puerta, Duo trató de salir con rapidez, desesperado por alejarse y olvidar su idiota reacción ante ese hombre. Al dirigirse al auto, no cedió a la tentación de volver la cabeza y confirmar si Heero Yuy lo observaba con la intensidad que sentía en su espalda.
Por la forma en que dio marcha atrás para salir de la casa en el auto de Quatre, Heero lo miró con una expresión insondable. Duo se dio cuenta de eso al mirar en dirección a la puerta principal, antes de alejarse de la casa.

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CONTINUARA...