Los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer, yo solo deje fluir mi imaginación creando una historia un tanto diferente.


Let me go – Three doors down.

First time – Lifehouse.


Capítulo 1.

"Ambos hemos estado buscando a algo .Hemos estado asustados al encontrar .Es más fácil estar en pedazos .Es mas fácil esconderse."


Edward se sentía enfermo, despertar a esas horas con el golpeteo insistente del agua contra las baldosas no era agradable, sobre todo cuando tu hermana de tan solo quince años recorría la casa con sus pequeños pies en pose de bailarina. La lluvia chocaba contra el tejado de su pequeña pero acogedora casa, y toda la familia Cullen comenzaba con premura todas las actividades que tenían pendientes.

El muchacho, frotando sus ojos, se levantó de su cama con rapidez y tomó la toalla de su armario dispuesto a golpear la puerta del baño hasta que su hermano mayor se dignara en darle permiso y poder tomar una ducha. Su mañana transcurrió con normalidad, saludar con sus padres, pelear con Emmett por un espacio en la ducha, rogarle a su hermana Alice intentando conseguir que bajase el volumen del radio, y al final, desayunar con todos ellos sentado en una mesa de madera con forma circular, bebió leche fresca con canela, un par de tostadas elaboradas por su madre y se preparó para salir a sus clases universitarias.

Tomó el colectivo emocionado, en compañía de sus hermanos, por primera vez en su vida deseaba con ansias entrar a la facultad de medicina y poder observar su sonrisa, aquella sonrisa que hace meses no encontraba en ninguna mujer, y que solo ella tenía. O tal vez, perderse en ese par de ojos, tan profundos e hipnotizantes como el chocolate, escuchar su risa y acariciar sus mejillas después de haberla avergonzado, tan solo verla, así de sencillo.

La conocía desde primer año en la facultad, Bella, su nombre sonaba tan perfecto con tan solo pensarlo. Habían sido amigos gracias a la intervención de Ángela y su novio Ben Cheney, quienes muy amablemente los habían presentado después de varias súplicas por parte de Edward.

La primera vez que la vio fue en aquella clase de biología avanzada, no pudo ser su compañero ya que trabajaba con Jasper, su mejor amigo exteriorizando a Emmett, claro está. En cuanto ambos cruzaron una mirada él sintió que el mundo terminó y tan solo quedaron ellos dos enfrascados en una burbuja de amor, donde se respiraba paz y un sentimiento extraño, que de vez en cuando hacía a Edward estremecerse.

Busco amigos que la conocieran, o alguno que siquiera compartiera una clase con ella, y al final, después de una exhaustiva búsqueda, encontró a su compañero de escuela, Ben, y le rogó, con diplomacia, que se la presentara.

Edward la notó distante al comienzo, siempre cansada, exhausta, y huyendo de las invitaciones colectivas de las que era motivo. Sin embargo no perdía las esperanzas de conquistarla ni por un solo momento, la buscaba en la hora de receso, y en cada hora que tenía libre, se hizo su amigo uno de tantos días, y por insistencia de él, ella terminó cediendo con una invitación al cine. Para Edward la salida fue lo más mágico que pudo haber ocurrido en su vida, la forma en que ella lo trataba, lo cuidadosa y delicada que se veía, lo frágil que lucía en cuanto preguntaba de su vida personal, cada detalle de Bella lo enamoró por completo y terminó cayendo en esas redes del amor que a muchos corazones les han armado la guerra.

Salieron a todo lado en el primer mes de vacaciones primaverales. Si bien es cierto, Edward no pertenecía a una familia de dinero, tenía lo suficiente como para sobrevivir y poder con sus gastos ya que trabajaba a medio tiempo por un sueldo acomodado, además repartía el dinero de tal manera que podía compartirlo con sus padres y con sus necesidades de hombre joven. Sin embargo Edward se las ingeniaba para llevarla al parque, para regalarle una flor o una tarjeta, siempre estaba allí para ella, y sin saberlo, Bella también correspondió a ese sentimiento tan fuerte que el cobrizo exudaba.

El tiempo pasó, los meses se convirtieron en días para ambos, y las horas se las llevaba el viento mientras esperaban verse, nació un amor puro, y ambos podían aceptarlo sin vergüenza. Edward le pidió una oportunidad y ella no dudó en dársela, el amor que sentía por él era tan grande que su pecho parecía explotar cada vez que lo veía.

Pero estas vacaciones de navidad se tornaron un poco distintas para el muchacho. Bella tuvo que regresar con su familia a Forks, dejando a su novio solo en Phoenix. Se escribieron por correo, y hablaron por Skype la mayoría de veces, pero nada se igualaba a sentir el calor latente de la otra persona a su lado, ambos coincidían en esa forma de pensar.

Fue casi un mes y medio de amor a distancia, y la relación realmente se deterioró en el ámbito físico, tanto él como ella sentían la falta de aquel cosquilleo en los labios después de un beso, o del simple roce cálido de un abrazo, y lo soportaron solo por el gran amor que se tenían.

Así que el resto de vacaciones él las pasó solo con su familia, cenó con sus padres, salió a bailar con sus amigos una que otra vez, y hasta ayudó en la decoración a su pequeña hermana Alice durante fin de año. Trataba de cerrar el vacío de su pecho ocupando la mayor parte de su tiempo, dejar de pensar en ella a veces le resultaba muy difícil, y recordar la mentira clavada en su voz le dolía aún más.

—¿Te irás a Forks?—le preguntó mientras caminaban por una calle amplia, lejos de la Universidad.

—Si—titubeó ella entrelazando ambas manos, necesitada de un tipo de contacto—quiero ver a mis padres.

—Tal vez…—Edward se rascó la nuca, debatiéndose por causa de la indecisión—tal vez podría ir contigo, así conocería a mis futuros suegros.

Ella le regresó la mirada temerosa, y con la negación grabada a fuego lento. El viento golpeó sus cabellos y le permitió a él percibir aquel perfecto perfume a fresas.

—No Edward—habló ella con la voz quebrada—tú no puedes dejar a tu familia, tienes que quedarte aquí para tomar cursos de anatomía avanzada y mejorar en tu carrera.

—Quiero ir contigo—le susurró él abrazándole por la espalda—Bella, no podría pasar estas vacaciones sin ti, te necesito demasiado.

Ella suspiró, y su cuerpo poco a poco comenzó a temblar.

—No quiero que vayas conmigo—murmuró herida por alguna razón-las cosas no son tan fáciles como tú crees—y con ello separó aquel profundo abrazo que habían compartido.

Edward sintió la frustración correr por cada fibra de su cuerpo, en un ataque, tomó la muñeca de su novia y la obligó a mirarlo.

—¿Qué es lo difícil?—cuestionó para ambos—No entiendo porque armas tan problema por esto Bella, yo te amo, tú me amas, ¿Por qué narices no podemos estar juntos?

—Estamos juntos—le recordó ella después de un largo suspiro, donde ella buscaba tranquilizarse—soy tu novia, y es todo lo que puedo darte.

—¿Y si quiero convertirte en mi esposa?—habló él con voz dura, aumentando la fuerza de su presión en la mano de ella—yo quiero todo contigo, y no comprendo porque tu niegas que también lo deseas.

—Edward—susurró ella mirándola con el temor incrustado en los ojos—por favor, suéltame, me haces daño.

Él reaccionó después de varios segundos, alejó su mano de la de ella y miró la marca de sus dedos en aquella cremosa piel.

—Yo…—su boca se abría y cerraba sin ningún sonido que emitir, y de repente se sintió algo enfermo por causa de sus actos—yo no quise…

—Lo sé—le cortó ella negando la cabeza con una sonrisa triste en sus labios—nadie quiso…

—Bella—murmuró él abrazándola con fuerza, sin poder resistir el impulso de rozar su frágil piel—no me dejes, por favor, quédate conmigo, te amo tanto.

Ella sollozó en su pecho y empuñó sus manos en la camisa de él, hundió su cabeza en el hueco de su cuello y respiró aletargada sintiendo como cada músculo de su cuerpo se entumecía.

Edward se culpó al notar la reacción de su novia.

—Tranquila—le susurró besando su oreja con delicadeza—lo haremos a tu manera, irás a Forks y verás a tus padres, y yo…—suspiró tomando fuerzas para mencionar aquellas palabras que le dolerían tanto en el próximo período—esperaré por ti.

Sin embargo había notado cierto temor en su voz, y aunque pareciese imposible, unas gotas de mentira con la influencia del dolor.

Edward no era tonto, sabía que la amaba y que ese sentimiento era correspondido, y por ello reconocía la falta de comunicación que tenían entre ambos, ella si le guardaba una serie de secretos y no pensaba decírselos.

—¡Hey!—saludó Ben palmoteando su espalda-te ves un poco ido.

Edward sonrió.

—Estoy bien, ya sabes, la extraño demasiado.

—Hoy volverá—le animó su amigo caminando juntos hacia el salón de química orgánica dos—la tendrás en tus brazos al final del día, y podrás hacer lo que quieras con ella—levantó las cejas sugestivamente y Edward se rió por causa de la vergüenza.

—Sabes mejor que nadie, que no hemos pasado a tercera base—tomaron asiento en la mesa sexta del salón—la quiero, y la respeto.

—Bueno Eddie, es tu forma de pensar—Ben abrió su libro en la clase que habían quedado y tomó su lápiz—yo soy otra historia.

—Lo eres—repitió Edward rascándose la nuca, el profesor entró después de varios segundos y ambos se concentraron en la clase como nunca antes lo habían hecho.

El resto del día transcurrió entre libros y maestros algo inescrupulosos que regalaban notas a sus alumnas gracias a una noche junto a ellas.

Llegado las cuatro de la tarde, Edward decidió comprar un sándwich en la cafetería de la universidad y una lata de coca-cola como almuerzo. Tomó el colectivo y llegó a aquella cafetería donde la vería por primera vez después de tanto tiempo. Le resultó algo cómico entrar a un establecimiento de servicios alimenticios con su propia comida dentro de una bolsa de papel.

Saludó a un par de meseros que conocía y se dirigió directo a la barra de comida rápida donde su novia laboraba, la buscó desesperado, con los ojos bailándole por la necesidad de verla. Recorrió con la mirada el numeroso grupo de bancas color amarillo chillón y al final del camino la encontró de espaldas, con su cabello chocolate cayendo en forma de ondas por aquella blusa blanca que tanto amaba.

Caminó impresionado, después de tanto tiempo sus manos picaban por abrazarla y sus labios clamaban por un beso.

—Bella—le llamó con voz delirante.

Ella se giró emocionada, y al verlo la alegría le volvió a los ojos.

—¡Edward!—exclamó saltando la barra en busca de sus brazos.

Hace tanto que no se veían, Dios. Parecían siglos sin ella y su dulce calidez.

La abrazó con fuerza, inhalando su perfume, grabando la esencia de su novia en cada célula de su cuerpo, le acarició las manos y se deleitó con la suavidad de aquellos delgados dedos, besó su frente reiteradas veces y peinó aquellos cabellos que tanto lo enloquecían.

—Te extrañe—le susurró al oído, desesperado por escuchar su voz dulce y frágil.

—También yo—le respondió ella con la voz un poco temblorosa, él quiso pensar que fue por causa de la separación, sin embargo no pudo creer su propia excusa.

—¿Podemos salir de aquí?—le rogó prácticamente la muchacha, a quién también le afectaba el ambiente, para poder expresar sus emociones.

Edward asintió, intrigado, feliz y con un cúmulo de emociones dentro de su alma.

—¿Cómo está todo por allá?—intentó entablar conversación el muchacho, ambos tomados de la mano caminaban por la avenida contigua a la facultad de medicina.

—Bien—respondió ella algo indecisa—todos están bien.

—¿Y tus padres?—insistió él tentado por la curiosidad.

—Te he dicho que bien—respondió ella sin fuerzas en la voz—Edward, yo…quiero hablar contigo, necesito que me ayudes.

Él asintió, y por primera vez después de meses de relación, sintió que ella confiaba al menos un poco.

—Verás…tal vez tenga que mudarme—le habló ella apretando su palma contra la de él—la renta no…no me alcanza—y eso a él, le sonó a fiasco.

Era tan sencillo descubrirla en sus mentiras, la forma en que hablaba, como temblaba o mordía su labio inferior, gestos simples que Edward amaba y que al mismo tiempo odiaba porque demostraban las inseguridades y deshonestidades de su novia.

—¿Dinero?—le preguntó él siguiendo la corriente de la conversación.

—No—negó Bella desesperada al encontrar en los ojos de su amor una serie de sospechas—es decir…no quiero tu dinero.

—Pero necesitas dinero—argumentó Edward acercándose a una de las tantas bancas descoloridas y anticuadas del parque. Ella se deslizó a su lado y le abrazó por inercia, escondió su rostro en el pecho varonil de su novio y Edward se sintió en casa por primera vez, después de mucho tiempo, ese era su lugar, con su mujer en su pecho.

—Cuéntame—le pidió acariciando el brazo desnudo de Bella con cuidado—quiero saberlo.

Ella suspiró y levantó el rostro para mirarlo directo a los ojos.

—En realidad…mis padres viven solos en Forks, y me han pedido de favor que les ayude con la renta, y yo…no quiero dejar la facultad pero el tiempo me resulta demasiado corto, he considerado vivir con ellos por una temporada hasta encontrar un empleo donde ejerza la enfermería como apoyo principal, pero eso tomará tiempo y dinero.

—¿Te irás a Forks?—le preguntó alterado, ajustó sus brazos alrededor de la cintura de su novia y besó su coronilla reiteradas veces en busca de una negación. El miedo que le infundía la sola idea conseguía erizar cada vello de su piel.

—No quiero—le susurró ella con un escalofrío recorriéndole el cuerpo—no puedo ni pensar en regresar a ese pueblo, pero tengo que hacer algo para ayudar a mis padres. Yo…Edward, ¿Podrías conseguirme un empleo en la facultad como ayudante del profesor?

—¿Ayudantía?—murmuró él un tanto aliviado por la negativa a viajar—cariño—tomó el rostro de su novia entre aquellas fuertes y níveas manos y le besó la punta de la nariz con ternura- tienes doble turno en la cafetería y con eso, apenas y estudias para los exámenes finales. Bella, no estoy de acuerdo en tu idea de trabajar más, tienes el tiempo copado.

—Lo sé—susurró ella, perdida en los ojos de su novio—pero necesito el dinero, y no tienes idea de cuánto, ¿Podrías hacer esto por mí? Edward, tienes entablada una relación diplomática con el señor Banner, yo…no quiero hacer esto, créeme, no quiero pedirte esto, pero eres lo único que tengo en esta ciudad y…

Edward escuchó la desesperación grabada en aquella melodiosa voz, y su corazón no tardó en estrujarse por causa del dolor. Bella jamás le había pedido nada, y si en algo tenía razón era en lo que decía, su novia no poseía ningún otro apoyo en esta ciudad aparte de Edward, y sus amigos Ángela y Ben. Estaba prácticamente sola y nunca comprendía—por más vueltas que le diera al asunto—la manera en la que mantenía su carrera y su vida en aquel pequeño departamento compartido con otras dos muchachas solteras.

—Lo intentaré—le prometió besando sus cabellos con mucha delicadeza-te conseguiré el empleo si puedo, pero si no se da la ocasión quiero que sepas, que cuentas con todo mi apoyo, estoy aquí cielo y…

—No—murmuró ella besándole la mejilla—Edward se que estás aquí, y sé que no me dejarás, pero no puedo aprovecharme de ti, no cuando has sido el mejor hombre del mundo conmigo.

Él se rió, claramente no había entendido la idea de su novia.

—Bella, soy solo un hombre más, un hombre que te ama con todo el aire de sus entrañas, pero a fin de cuentas un simple hombre.

—No digas eso—le pidió la muchacha acercando su rostro al del joven-eres simple hombre.

—De acuerdo—susurró él, antes de que sus labios chocaran contra los de ella en la mayor de las caricias, demostrando el gran amor que él uno profesaba por el otro. El sabor de Bella era intoxicante, un efluvio tan natural y tan seductor a la vez. Las fresas y el chocolate predominaban en aquella sonrosada boca, dueña de los más bajos deseos de Edward. Él siguió besándola hasta que el aire de los pulmones se le acabó, la había necesitado más que nada en el mundo y el hecho de no verla por tres, casi cuatro meses, transformó su vida en un inmenso infierno en donde su familia era lo único que tenía cabida, y podría aliviar ese horrible vacío que se formaba en su pecho infinitamente.

Cuando ambos cuerpos se separaron tan solo unos instantes en busca de aire, Edward deslizó su boca al cuello de su novia para dejar pequeños besos mariposa regados por toda la extensión de la zona, si bien, sus labios lo enloquecían, la piel de su novia resultaba siendo una bendita heroína que lo llevaba a límites insospechados, le hacía volar, imaginando que un día ella se volvería su esposa, y entonces tendría una familia amplia y grande a la que si podría cuidar.

—Edward—susurró ella, perdida en la suavidad de su cabello-te amo.

Y entonces su mundo comenzó a funcionar, poco a poco las máquinas dentro de su cabeza tomaron lugar y cada página del libro de su memoria se leyó a toda velocidad, solo centrándose en ella y en lo poco que valía el tiempo lejos de su presencia.

Edward suspiró y besó su nariz de nuevo, como indicativo del cierre de la sesión de besos en el parque.

—También te amo—le correspondió abrazándola con fuerza-y me encanta la idea de tenerte de vuelta.

—Me quedaré cuanto quieras—le prometió ella con los ojos húmedos, y a él eso le sonó a una promesa de despedida, de esas frases que se dicen cuando se sabe que algo malo ocurrirá dentro de un tiempo.

—Todo estará bien—habló Edward más para él que para su novia, tratando de conformarse con lo poco que quedaba dentro de su alma. Estar con ella, a veces le resultaba tan bueno como volver a nacer, pero a un mundo diferente, uno donde al miedo de vivir el cariño y la comprensión por primera vez no le afectaba a él, sin embargo parecía tener el efecto contrario en Bella, a ella si le resultaba temeroso caer en las garras del primer amor por primera vez. A pesar del gran amor que profesaba a su familia y a la hermosa mujer que tenía entre sus brazos en estos momentos, él sentía que algo andaba mal en esa relación, y que de repente, su burbuja colorida y llena de amor podría reventar en cualquier momento, y eso…eso era justamente lo que trataba de evitar.

.

Recostado sobre su cama, mirando el techo tal y como había comenzado su rutina, comprendió que el día a fin de cuentas, no le había resultado tan malo. Bella había regresado a su vida, y si de él dependía jamás la dejaría ir, no importaba cuantas veces, ni de cuantas formas la vida y el destino se confabularan para separarlos, él se quedaría allí, enfrentando al mundo si fuere necesario, por primera vez tomó una decisión en cuanto a su relación con Bella, y la esencia de ella era seguir adelante a pesar de todo. Y se durmió con aquel pensamiento en la cabeza, sin saber siquiera lo que le esperaba dentro de tan solo un par de semanas.


Hola!

V:Bueno, este capítulo lo escribí yo. Espero que les haya gustado y siembre en ustedes el bichito de la duda. De las mentiras de Bella y el gran amor de Edward. ¿Qué es lo que ambos ocultan? Descúbranlo en el próximo capítulo, por la misma página y el mismo link. A la misma hora..creo . Queremos agradecer públicamente *Aclarándose la garganta* a la hermosa señorita supattinsondecullen quién nos regaló la dicha de que tener nuestro primer review. "Linda, te agradecemos con toda nuestra alma tus palabras."Y a toda la gente que se pasó por aquí. O a la está leyendo la historia. Muchas gracias por visitarla. Muchísimas gracias a nuestra hermosa beta "Erised Black" y no olviden visitar nuestro !formspring!. El link en el perfil.

*¿Nos dejan uno de esos reviews bonitos? Sus palabras son las más hermosas para alegrar días y dibujar sonrisas.

*El link de la canción está en el perfil. Esperamos que les guste la lista de reproducción que poco a poco se está formando.

*No olviden que está semana si habrá adelantito. Y el siguiente cap va a estar igual de bueno que este.

"Arriba esos ánimos. Besos y abrazos al estilo Emmett para todas."

V&I