Anakin despertó sonriendo, sin saber muy bien por qué. Después de mucho tiempo sentía que las cosas se encausaban, que de a poco todo volvía a tener un sentido real. Que, tal vez, todo lo que había pasado se podía dejar atrás y se podía empezar a construir un futuro a largo plazo. No quería pensar en lo que había hecho hacía 7 meses pero era importante, tenía que dejarlo ir. Mucha gente había muerto, muchos sueños, muchos ideales. Y, si bien Darth Sidious ya no estaba ahí para poner en peligro la democracia de la galaxia, aún persistían residuos de la horrible guerra. Se permitió pensar en los Jedis que lo habían acompañado la mitad de su vida, en Padmé. La extrañaba muchísimo, pero sentía su presencia en Luke, todo el tiempo. Ella estaba ahí cada vez que su hijo reía, cada vez que lo miraba con la devoción de la inocencia. Tal vez algún día Luke podría perdonarle todo lo que había hecho. Sólo una persona podía ayudarlo a cumplir ese cometido. Esa misma persona que ahora entraba a su habitación.
-Buenos días – Saludó Obi Wan, levantando una remera del piso y negando con la cabeza. Anakin sonrió divertido. –Estás de buen humor por lo que veo.
Había dormido profundamente y sin pesadillas, no recordaba la última vez que se había sentido tan descansado, tan en paz. Se levantó y se desperezó relajadamente. Obi Wan lo miraba con una ceja levantada. Algo muy extraño estaba pasando.
-Hice el desayuno – Escuchó que decía el mayor, mientras él se disponía a entrar al baño. Giró, todavía sonriendo y le guiñó un ojo a su maestro. Acto seguido entró al baño, dejando muy confundido y turbado a Obi Wan. –Se volvió loco, Dios mío.
Cuando salió de la ducha fue recibido por un aroma delicioso. El café que hacía Obi Wan era una delicia y solía llenar toda la casa de un perfume que adoraba. Por eso él no se ocupaba del desayuno. Bueno, por eso y porque tampoco le gustaba hacerlo. Fue atraído hacia la cocina como flotando en el aire. Se sentía tan liviano esa mañana. No sentía ya ese angustioso cansancio de la guerra, los pensamientos oscuros, las pesadillas. Se sorprendió al ver que Luke no estaba desayunando con ellos.
-¿Y Luke? – Preguntó sentándose y tomando una tostada del plato de su maestro.
-Ey, eso es mío – No alcanzó a quitársela de la mano. Estaba corto de reflejos. Anakin le sonrió, masticando.
-Te hice una pregunta – Dijo, con la boca llena. Ganándose una mirada reprobatoria. Ay, viviría su vida entera haciendo las cosas que a Obi Wan le parecían fuera de lugar para ver esa expresión de molestia.
-Duerme como un tronco. Creo que siente la tranquilidad en la casa. ¿Café?
-Por favor – Asintió vehementemente. Obi Wan le pasó la taza y la acercó a su nariz. Inhaló profundamente. –Mmmmmm… - Abrió los ojos - … haces el café más rico del mundo – Y esa fue la primera vez que vio a su maestro sonrojado.
-Voy a hacer algunas compras hoy – dijo el maestro Jedi, volviendo a la realidad - ¿Necesitas algo?
-No, voy a aprovechar a ordenar un poco este chiquero y lavaré la ropa, supongo.
-A ver, a ver… -Comenzó gesticulando Obi Wan-… Ayer te encuentro bañándote a cualquier hora, hoy te levantas todo sonriente y encima ahora me decís que vas a ordenar y lavar ropa. Quiero saber qué está pasando acá.
Anakin entornó los ojos. Siempre recordándole sus defectos. No podía aceptar que quisiera ayudar un poco en la casa. No, siempre tenía que pensar que había una doble intención.
-Si no hago el desayuno te quejas, si lo hago te quejas también. ¿Quién te entiende?
-Anakin
-¿Qué? – Estaba molesto ahora. No quería que lo siguiera tratando como si tuviera 15 años.
-Nunca, desde que te conozco, lavaste ropa. NUNCA. No te estoy acusando. ¿Me puedo sorprender?
-Bueno algún dia tenía que pasar. Tengo 23 años, un hijo. No puedo pretender que sigas haciendo todo por mí. Pero en vez de ayudarme y tratarme como el adulto que soy, te empeñas en recordarme todo el tiempo lo inútil que soy.
-Nunca dije que eras un inútil, Anakin. Perdón, a veces me olvido que ya no sos mi padawan, que mis sermones ya no tienen poder sobre vos –Sonrió, triste. Quería seguir hablando pero tal vez no era el momento. Anakin estaba mejor y no quería hacerlo sentir mal de nuevo. No podía evitar preocuparse por él, quería cuidarlo. El menor iba a contestarle cuando un llanto lejano los interrumpió.
-Andá a comprar, yo me ocupo – Obi Wan asintió y sin decir nada, se fue.
Anakin se encaminó a la habitación de su hijo. Lo alzó en brazos y le secó la carita.
-Ya. Fue una pequeña discusión entre papá y Obi Wan. Nada grave – El nene puchereó. Tendría que tener más cuidado con estos ataques de enojo suyos porque su hijo sentía todo a través de la fuerza. No quería que creciera en un ambiente hostil y mucho menos creado por él. Buscó la mamadera de Luke en la cocina y respiró profundo. Todavía estaba ahí el delicioso aroma del café. Qué estúpido había sido. Obi Wan nunca tenía malas intenciones con él. Y él siempre buscaba pelea. Por una razón o por otra. Porque disfrutaba las caras de enojo de su maestro, porque quería una reacción. Quería saber que Obi Wan sentía las cosas de manera tan avasallante como él. Pero su maestro simplemente no era así. Era el Jedi perfecto. Regresó a la habitación de su hijo, pensando las disculpas que debía pedirle a Obi Wan. Una vez que Luke se había vuelto a dormir, se encaminó a la habitación de su maestro para buscar la ropa para lavar y poder ponerse a hacer algo que lo distrajera un poco.
Tomó la remera de dormir de Obi Wan que se encontraba sobre la cama y casi sin quererlo la acercó a su nariz. Si un aroma podía describirse como excesivamente varonil, esa era la palabra. Tenía olor a hombre. Un aroma casi parecido al café de su maestro. Algo un tanto intoxicante. Cerró los ojos y lo disfrutó tanto como pudo. Tanto que no supo cuánto tiempo pasó y cuando se dio cuenta, se sonrojó. ¿Otra vez? ¿Qué estaba haciendo?. Primero el sueño de la noche anterior, ahora esto. Arrojó la remera sobre la cama. No la iba a lavar, iba a perder ese aroma delicioso. La volvió a tomar. Si la iba a lavar, estaba desvariando. Otra vez la estaba acercando a su nariz y cerrando los ojos. La soltó como si quemara. Se fue de la habitación tan rápido como pudo. Ya no tenía control sobre sus propias acciones. Se estaba asustando. Resolvió ordenar un poco su habitación y lavar, por lo menos, su ropa y la de Luke. Ya se le ocurriría alguna excusa para no haber lavado la ropa de su maestro.
Obi Wan regresó un tiempo después para encontrar toda la cocina ordenada, los platos y tazas del desayuno lavados y los juguetes de Luke que se encontraban en el living cuando se había ido, ya no estaban ahí. Se reprendió mentalmente por haber insultado las capacidades de su padawan anteriormente. Lo más extraño es que no había ningún sonido en la casa. Buscó al joven a través de su unión en la fuerza y lo encontró en su habitación. Llamó a la puerta. Nada. Llamó otra vez. Nada.
-¿Anakin? – Finalmente abrió. Su padawan se encontraba profundamente dormido, completamente estirado en la cama, boca abajo. Mucho ejercicio por un dia. Sonrió. Se encaminó a la habitación de Luke y encontró al bebé despertándose. El nene le sonrió ampliamente y estiró sus bracitos para que lo alzara.
-BWAN! – Exclamó cuando el maestro lo alzó. Obi Wan rió y le besó la frente. Aprovecharía para almorzar con Luke y luego jugaría un rato con él. El descanso nunca le parecía suficiente con Anakin, valoraba cada segundo que podía asegurarle tranquilidad a su padawan.
Obi Wan sentó a Luke en la alfombra del living y fue a buscar su juguete preferido: un peluche de Ewok. Cuando volvió y Luke vio lo que tenía en sus manos, estiró sus bracitos para tomar el peluche y se lo llevó directamente a la boca. Obi Wan rió. Se sentó en posición de indio frente a ese bebé que no hacía más que sacarle sonrisas. Suspiró. Últimamente las cosas estaban tan bien. Quería que fuera así para siempre. Pero en cualquier momento Luke crecería y él y Anakin se irían. Se sentía estúpido al pensar que no quería que eso pasara nunca. Lo hacía sentirse un viejo necesitado. Anakin ya no era su padawan, por mucho que quisiera creer que sí. Ya no tenía que cuidarlo. Y Luke no era su hijo, no era nada de él. Pero lo adoraba y no quería perderse un segundo de su vida. Quería que fueran una familia…
Le dolía pensar que traicionaba el código Jedi y le dolía pensar que ese mismo código le prohibía lo que tan feliz lo hacía. No había escapatoria. Por el momento pensaba disfrutar cada momento que pasaba con Luke, cada mejoría que notaba en Anakin. Y cuando terminara, seguiría con su vida. No sabía cómo, pero lo haría.
-Hola –Una voz adormilada lo despertó de sus cavilaciones. Levantó la vista y ahí estaba Anakin, frotándose los ojos y bostezando. Se acercó a su hijo y le besó la frente. Éste se agarró a su padre, obligándolo a sentarse en el piso frente a Obi Wan. –Quería pedirte disculpas por lo de esta mañana. Me pasé. Y actué como un nene de 10 años
-No, tenías razón. Yo te traté como un nene. Debería haberte agradecido la ayuda, en vez de sermonearte
Se miraron extrañados. Anakin respondió: -Creo que pocas veces tuvimos un intercambio tan diplomático vos y yo
Obi Wan rió, se levantó y apoyó una mano sobre el hombro de su padawan. –Ustedes jueguen un rato que yo me ocupo de guardar las compras y empezar a preparar la cena.
Cenaron amenamente. Luke estaba particularmente contento esta noche y no paraba de reír. Era contagioso. Una vez que hubieron terminado, Anakin se dispuso a llevar a su hijo a la cama. Le dejó su peluche de Ewok y un beso en la frente. Volvió a la cocina y un aroma conocido lo sorprendió.
-¿Café? – Escuchó que decía su maestro dándole la espalda
-Por favor – Susurró en medio de una sonrisa. Se sentó a la mesa y recordó algo pero a la vez se olvidó de la excusa. –No te lavé la ropa porque… porque…
Afortunadamente Obi Wan lo salvó esta vez -..porque no había nada para lavar. Lavé todo yo ayer – Asintió, aliviado. Era un idiota. Tenía que pensar antes de hablar.
Su maestro le pasó la taza.
-Gracias
-Es sólo un café
-No, no es eso. Gracias por… todo.
Tomaron el café en silencio. No un silencio incómodo. Un silencio en el cual ambos entendían la tranquilidad que había en la casa. Una tranquilidad interna que estaba trayendo felicidad consigo. Obi Wan se levantó, estaba muy cansado. Su cama parecía llamarlo en susurros. Luego de saludar a Anakin, se encaminó a su habitación. Sentía que cada día se despertaba con un día mejor que el anterior y eso lo llenaba de esperanza.
