By Annie-ly-chan

Hola ^^ Muchas Gracias por leer y Gracias angel de acuario y AliceSaguiz por los reviews, me alegra que les vaya gustando. :D

Cómo no sé si podré subir algo este fin de semana les dejo dos capítulos más de este fic.

***Nota: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este capítulo. Pertenecen al bueno de Don Kuru. No escribo esto con fines de lucro, sólo soy una amante del Universo de Saint Seiya con inumerables musas en la cabeza que aman a estos Dorados tanto como yo.***

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene mención de castigo corporal a menores (NO muy explícito, SIN connotación sexual). Si esto te ofende, o va en contra de tus valores, por favor abstente de leer. O sáltatelo XD Bueno una vez advertido os lo dejo a su criterio.


—¡Ten cuidado!

—¡Ay me caigo!

—¡Aioria!

—Uy esto no se ve bien. Saga nos matará.

—Es tu culpa, te dije que no debíamos entrar.

—¿Mi culpa? Fuiste tú el que quería ayuda.

—Creo que alguien se acerca.

—¡Oh, oh! ¡CORRE POR TU VIDA!

El gato no tardó ni dos segundos en poner pies en polvorosa y dejar al pobre alacrancito solo ante la furia de Saga.

—¡MILO! ¿DÓNDE ESTAS?

—Ma-maestro Saga.

—¡Ah, ahí estas! Puedes explicarme qué pasó aquí.

—Yo… ah… no ha sido mi culpa señor… el… ah… Aioria y yo… solo quería… lo siento mucho.

—No lo sientes lo suficiente aún. —Saga lo tomó del brazo.

—¡NO! ¡Espere maestro!

Milo intentó zafarse.

—No es justo.

—¿No es justo dices? ¿Te parece justo que mi templo este en ese estado?

—Pero… todo fue culpa de Aioria.

—No lo dudo, ese gato también tendrá lo suyo en cuanto lo atrape. Escucha Milo, como tu maestro tienes que seguir TODAS mis órdenes. Debes respetarme y por lo tanto también a mi templo, que es donde vivirás por el momento. Recuerda que yo soy responsable de ti y no tolerare este tipo de cosas ¿Entendido?

—Sí señor. Lo siento.

—Bien. "Así que ahí estas gato". —Pensó percatándose del cosmo de Aioria.

Dio dos palmadas al trasero de Milo.

—Creo que es suficiente, sólo porque es tu primera falta. Pero escucha con atención, Milo, la próxima vez no seré tan condescendiente.

—No habrá próxima vez señor. —Sollozó el alacrán.

—Eso espero. Ahora no te muevas de ahí, mientras yo me encargo de cierto gato.

Saga fue en busca de Aioria. Lo encontró tras uno de los pilares, y antes de que pudiera escapar, ya se encontraba forcejeando bajo el brazo de Saga.

—Bájame, bájame.

—Por qué no me sorprende que seas la mente maestra de este alboroto.

—No fue apropósito Saga. —Puso la cara más inocente que tenía. —Fue sólo un accidente.

—Eso tal vez funcione con tu hermano, pero no conmigo.

—¿Qué sucede Saga?

Apareció de pronto Aioros. Echó un vistazo a Milo que aún trataba de contener sus lágrimas; para luego volver su vista a su hermano en la embarazosa posición, bajo el brazo de Saga.

—¿Qué hizo esta vez? —Dijo el arquero con voz cansina.

—No hice nada malo hermano, todo fue un accidente.

—Estos dos niños decidieron semi-destruir mi templo, puedes entrar a mirar si quieres.

—No creo que sea necesario; eres un hombre justo Saga, confió en ti.

—¿Y no confías en mí? —Preguntó Aioria con los ojos llenos de lágrimas.

—No has hecho muchos méritos últimamente. Saga sino te molesta, quiero encargarme personalmente de él.

Saga lo miró un momento serio, luego asintió bajando al gato, quien antes de siquiera poder pensar en escapar, fue tomado del brazo por su hermano.

—Quiero que me pongas atención Aioria. Tengo que ir a entregar el informe de mi ronda al Gran Maestro, mientras tú vas a arreglar el desastre que causaste en el templo de Géminis, en cuanto termines te vas directo a mi templo, ¿entendido?

—S-sí

—Entonces qué esperas, a trabajar.

—Sí, ya voy. —Corrió dentro del templo.

—Milo, ve a ayudarle.

—Sí señor.

—Espero que no sea contraproducente, amigo.

—Los tendré vigilados.

—Lo siento… yo.

—No tienes por qué, anda vete ya, te lo mandaré más tarde.

—¡Gracias! —Le sonrió aún apenado.

.c-o-c-o-c-o.

—Ya terminamos maestro. —Informó Milo.

—Bien chicos, espero no se repita —Dijo severo.

—No señor.

—Aioria, tu hermano te espera en Sagitario.

—Lo sé, ya voy… escucha Milo…

—Maestro, ¿puedo retirarme a descansar? —Lo ignoró el bichito.

—Seguro Milo. Aioria no pierdas más el tiempo.

—S-sí.

.c-o-c-o-c-o.

—Her-hermano, ¿estás en casa?

—En el cuarto Aioria.

—El templo de Géminis ya está como nuevo. —Se asomó tímidamente.

—No esperaba menos.

—Y ya aprendí mi lección hermano, lo juro.

—Ven acá.

—No me pegues hermano, ¡por favor!

—Es una orden.

Aioria caminó arrastrando los pies hasta la cama donde estaba Aioros sentado.

—Ahora, explícame qué pasó.

—Todo fue un malentendido. Milo y yo intentábamos hacer algo especial para Saga. Tú sabes, para dar una buena impresión.

—Humh vaya que lo lograron.

—Te digo que fue un accidente, la televisión se cayó por sí sola cuando intentábamos detener que el librero se desplomara con todos los libros aburridos de Saga.

Aioros enarcó una ceja.

—Pensamos que con tanto libro, podría aguantar nuestro peso. —Explicó. —Sólo queríamos colgar muy alto el súper dibujo que hicimos, para que Saga pudiera verlo en cuanto entrara.

Aioros suspiró y acarició su cabeza tiernamente.

—Sé que eran buenas tus intenciones, pero crear disturbios en Géminis de ninguna forma es un buen método de causar una buena impresión, además metiste a Milo en problemas en su primer día con tu brillante plan.

Aioria comenzó a llorar.

—No puedes irrumpir y hacer tu voluntad en los templos sin el permiso de los santos a su cargo. Estoy seguro que te he explicado la importancia de esto, con anterioridad, ¿no?

—S-sí —Dijo casi en un murmullo.

—¿Y entiendes que debo castigarte, cierto?

Aioros solía tolerarle muchas de sus travesuras, pero cuando decidía que necesitaba un castigo, se aseguraba que su hermanito aprendiera bien la lección.

El pequeño lloraba cada vez más fuerte, se había rendido totalmente a sus instintos. Después de todo, por muy aprendiz de Santo Dorado que fuese, era sólo un niño.

—¿Estás bien? —Aioria lo abrazó con fuerza y sollozó en su pecho.

—Sa-ga y Mi-ilo… aún mee o-di-ian.

—No te odian, solo están molestos. Verás que se les pasará cuando hables con ellos mañana.

—Mii-lo nooo lo ha-raaa, vi s-su o-dio enn s-sus o-jooos, echa-mmoos a perr-d-er ss-u pri-mer-aa im-pr-sióoon y ah-or-a Saa-ga no lo vaaa a qu-er-eeer.

—Milo no te odia. Mañana estarán bien otra vez porque le enseñarás la mejor forma de ganarse a Saga.

—¿L-lo ha-ree?

—Claro, Saga es uno de los santos más dedicados, si Milo trabaja duro en sus entrenamientos se lo ganará en un santiamén, y sé que tú puedes ayudarle y darle algunos consejos.

—¿Y cr-ees que ff-uncio-nne?

Aioros le ayudó a ponerse la pijama.

—Estoy seguro. Ahora a dormir, verás que las cosas son mejores mañana.

Lo recostó y arropó. Luego le besó la frente.

—Buenas noches cachorro de león.

—Aioros. —El arquero se detuvo a pocos pasos de la puerta. —Te quiero.

—Y yo a ti Aioria. Descansa.

—Buenas noches.


Próximo Capítulo: "El niño estaba desconsolado. Kanon se giró hacia él algo culpable."

Gracias por los reviews ^^