Bueno, ya tenía listo este capítulo. Para quiénes no lo sabían, esta será una historia que contiene Yaoi. Dada dicha aclaración, espero no se asusten.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen. Son de Kishimoto y agradezco que haya creado este Manga.


La noche transcurrió rápida, dando paso a una mañana soleada que auguraba un día caluroso. Naruto y su acompañante se levantaron cerca de las ocho de la mañana, realizando el ritual habitual consistente en una ducha y un desayuno en silencio. Ordenaron y limpiaron la casa, dejándola impecable, aunque Kyuubi normalmente se encargaba de eso, en compañía de uno de los habituales clones del rubio.

Salieron de la casa y caminaron con rumbo a la sala de conferencias del señor feudal, al otro extremo de la villa. El aire que rodeaba a ambos lograba acaparar las miradas de los aldeanos y aldeanas que los veían caminar juntos. Nadie era capaz de reconocer al de cabellos rojizos, aunque tenían la impresión de haberle visto anteriormente, especialmente los más ancianos. Los niños se acercaban y saludaban alegres al rubio, invitándole a visitarles a la academia de la aldea, otros a jugar. Él les prometió hacerlo un día que su agenda como Hokage no estuviera muy ocupada, siendo el día perfecto los domingos.

- Tu día de descanso donde podemos compartir y quieres dedicárselo a esos niños – bufó molesto y celoso el pelirrojo.

- Si todo sale bien podrás salir y compartir más tiempo conmigo, fuera de casa – fue la respuesta del menor. Estuvo a punto de llamarle Kyuubi, pero tuvo que contenerse por los siempre bionicos oídos de los chismosos.

Llegaron al enorme recinto con diez minutos de atraso. Un guardia ANBU vigilaba y le esperaba, aunque no contaba con la compañía del pelirrojo al costado de su Hokage.

- ¿Ya están adentro? – Preguntó Naruto, recibiendo una afirmativa. Le regaló una radiante y tranquilizadora sonrisa al incómodo ANBU – Viene conmigo – le aclaró.

- Hokage-sama, el consejo también llamó a los Jounins – le advirtió el ninja.

Naruto alzó una ceja, visiblemente molesto. No esperaba contar con tanta audiencia, aunque era esperable si la situación era respecto a él y una reunión con los altos mandos de la aldea. Decidió que era hora de enfrentarles. Sintió un cálido chakra muy conocido por él rodeándole, distinto en emisión que puso en alerta al ninja frente a ellos.

- Vamos, te acompañaré. Si algo sale mal, no te preocupes por mí – le dijo Kyuubi, abrazándole protectoramente, aun cuando había un ninja viéndoles.

Entraron y dejaron al ANBU custodiando el lugar, no querían verse interrumpidos en lo que probablemente podría fácilmente desatar una guerra civil en el país del fuego. Caminaron por un pasillo que daba hasta el salón. Antes de entrar, el pelirrojo se separó del rubio y caminó a un costado de él. Aún sin tocarse, Naruto sentía como las nueve colas del zorro le rodeaban de forma invisible, dándole fuerza y confianza, además de su apoyo incondicional.

Estaban todos sus amigos sentados a los costados del salón, como Jounins que eran desde hace ya algún tiempo. Los miembros del consejo estaban cerca del puesto del Hokage. Cuando les vieron ingresar, a ambos, más de alguno se puso de pie, dispuesto a abalanzarse contra aquel que iba con su amigo y Hokage.

- Viene conmigo, Kiba. No te preocupes – alzó una mano hacia el moreno que ya sacaba sus dientes para lanzarse contra el pelirrojo.

- Su olor… - murmuró el Inazuka, encontrando el aroma de Naruto en el cuerpo del otro y viceversa. No tenía que ser un genio para entender que esos dos eran más que amigos.

- Por favor, si viene conmigo es porque quiero que esté presente en esta reunión – aclaró, caminando con calma hacia su escritorio, sentándose en la silla que le correspondía. Kyuubi se quedó de pie, al lado derecho de éste, en calma.

Sasuke, sentado cerca del lugar, no pudo más que pensar en qué idiotez iba a cometer su mejor amigo. Aunque le costara admitirlo, lo consideraba como tal y no quería que éste volviera a sufrir, menos por culpa de la villa, como él lo hizo en un pasado.

Tanto Neji como Hinata activaron su byakugan de forma silenciosa, dirigiéndolo hacia su rubio amigo, pero no pudieron más que ver una muralla de color rojo que les impedía ver con claridad el flujo de chakra de ambos. Kyuubi sonrió ligeramente, cosa que no pasó desapercibida para Naruto.

- ¿Podrían dejarle en paz, por favor? – Haciendo acopio de toda su paciencia, tomó la palabra – Si llamé a esta reunión es para informarles de quién es la persona a mi lado, no para que intenten averiguarlo ustedes mismos – rebatió, haciendo que sus amigos desistieran de sus intenciones.

- Naruto, ¿De qué se trata todo esto? – Suzaku, la mujer del consejo, ya se encontraba muy impaciente.

Una mano se posó sobre su hombro. Sabía que era de Kyuubi, dándole el último empujón antes de soltar la verdad.

- Sé que algunos de ustedes se han preocupado por mi estado, y se los agradezco – comenzó su pequeño discurso – Mi condición es perfecta, y dado que soy un Uzumaki, pueden verme aquí con ustedes, disfrutando de la vida – sonrió, logrando tranquilizar algunos corazones de la sala – Aquí, a mi lado, está mi novio desde hace ya seis meses – escuchó algunos murmullos y sorpresas, aunque nadie se atrevía a criticarle.

- Felicidades, pero eso no lo hace acreedor de participar en estas reuniones, Naruto-sama – le criticó Suzaku, molesta.

- ¿No? – El rubio alzó una ceja, sin maldad – Pero si aquí tenemos a Kyuubi, mi bijuu – soltó, con cierto tono de burla – Les presento a Kyuubi, el zorro de nueve colas – y dejó la noticia en el aire.

Un minuto había pasado y nadie decía palabra alguna. Dos segundos bastaron para que cinco jounins y tres ANBU se lanzaran contra el pelirrojo. Un segundo para que tanto Sai como Sasuke protegieran a Naruto y lo alejaran del ataque. Medio segundo para que ocho colas del Kyuubi se materializaran y detuvieran a sus atacantes. Su novena cola seguía enroscada al cuerpo de Naruto, al nivel de la cintura y torso.

- ¡Deténganse, maldición! – Gritó enfurecido el rubio, soltándose del agarre del Uchiha y apartando a Sai para acercarse al pelirrojo. Con sus manos se soltaba la cola que le impedía moverse libremente. Dio pisadas fuertes y se acercó a grupo que ya estaba dispuesto a volver a atacarle – Van a volver a sus asientos, vamos a seguir esta reunión y no quiero que ninguno de ustedes vuelva a atacarlo – afiló esa eterna mirada cálida y pasó a ser una muy fría, incluso tornándose ligeramente roja por la furia que le invadía – Sasuke, Sai, muchas gracias – volvió a sentarse en su silla detrás del escritorio, frotando el arco de su nariz con fuerza, tratando de conservar la calma.

- ¿Piensas que nos quedaremos tranquilos, Hokage-sama? – Preguntó Byakko, el hombre que también era uno del consejo – Liberaste al Kyuubi, tiene forma humana, está frente a nosotros y es tu novio – enumeró - ¿Tenemos que creerle y confiar en que no destruirá la villa? No seas ingenuo, Naruto – golpeó con rudeza la mesa frente a él.

- El monstruo que destruyó la villa, mató a cientos y separó familias completas está suelto, sin siquiera una miserable protección que evite un desastre – añadió la mujer al lado de Byakko.

- Naruto sigue teniendo su sello en su estómago, puede volver a encerrarme cuando quiera – Por fin, la voz aterciopelada y algo grave salía de la boca del pelirrojo – Si estoy aquí, frente a ustedes, es porque les estoy pidiendo una oportunidad – se alejó del rubio, haciendo desaparecer sus colas a excepción de la que rodeaba a Naruto. Se acercó al centro de la habitación, donde podría fácilmente recibir un ataque de todo el grupo de ninjas – No volveré a hacer esto, pero quiero el perdón de esta villa, a cambio de mis servicios y permitirme vivir con mi anterior contenedor y actual dueño de mi vida – agachó su cabeza y puso sus brazos a sus costados, en señal de reverencia.

Un silencio tenso y palpable se podía sentir en toda la extensión del salón. Nadie podía comprender que aquel mitológico ser estaba totalmente calmado, incluso domesticado. Naruto se impacientaba, temía una respuesta negativa. Se puso de pie y se acercó a Kyuubi, ayudándolo a enderezarse.

- Ustedes representan a la villa – dijo el rubio – Si la villa no lo acepta, tampoco me están aceptando a mí. Puedo ser su Hokage ahora, pero antes fui un Jinchuuriki, tenía a Kyuubi dentro de mí y negarlo ahora es negarme a mí como en un principio –

- No es eso, Naruto – Shikamaru tomaba la palabra – Nos sentíamos seguros porque tú calmabas y encerrabas al zorro, pero ahora es libre. Puede hacer lo que quiera, moverse con libertad. Aunque le vigilemos, siempre existirá la forma de evadirnos y crear un desastre – explicó, recibiendo algunos murmullos que apoyaban sus palabras.

- Si alguien debe proteger a su villa de cualquier ataque, ese es su Hokage – habló el demonio – Y no me enfrentaría a Naruto, porque sería hacerle daño a la persona que me enseñó a vivir –

Otra ronda de murmullos se escuchó, dándole un poco de razón. Amenazar a la villa, al país, era enfrentarse al rubio y toda su ira. Ambos estaban conectados y Naruto fácilmente podía encerrarle de nuevo en su cuerpo, hasta el día de su muerte o que le traspasaran el demonio a otro contenedor.

- Kyuubi – le llamó el Uchiha – Si le haces algo a Naruto, te mataré – le amenazó, con sus sharingans activos en sus ojos. Una ligera sonrisa apareció en los labios de ambos. Sasuke le daba el primer apoyo a que el zorro pudiera quedarse.

- Yo te aplastaré la cabeza como a un tomate – el puño de Sakura daba miedo, y también le daba su respaldo.

Así, todos sus amigos y Jounins de la aldea le apoyaron casi por unanimidad. Algunos simplemente prefirieron callar, ya que era imposible poder dar vuelta esa votación.

- Como líder de ANBU y de raíz, solo puedo decirles que usen protección – bromeó Sai, recibiendo golpes de parte de Sakura y Naruto.

- No te separarás de Naruto, serás su sombra – Advirtió Suzaku – Si se te asigna una misión, Naruto será tu acompañante. Integrarás la célula llamada equipo siete – eso sorprendió al zorro, que no se esperaba le asignaran tan rápido un escuadrón.

- Y si algo le sucede al Hokage, serás encarcelado y sellado mientras se decide qué hacer contigo – Añadió Byakko, poniéndose de pie y dejando el salón atrás.

Naruto pudo por fin respirar con calma. Y desmayarse por la tensión acumulada. Nunca cayó al suelo gracias al agarre de la cola del Kyuubi, quién sintió el peso extra en una de sus colas y se acercó al rubio, preocupado.

- ¡Naruto! – Exclamó alarmado, girándose y quedando frente al rubio. Sintió tres kunais en torno a su cuello, recordando que si algo le pasaba al rubio a él se le encarcelaría. Los ANBU no perdían minuto alguno en cumplir las órdenes recién impuestas.

Pero esos tres ANBU fueron a la vez apuntados por los amigos de Naruto, protegiendo a Kyuubi. No dejaron de apuntar a los ninjas hasta que se alejaron lo suficiente del pelirrojo, dándole espacio para ver al Hokage tendido en su cola.

- Sólo se desmayó – anunció Sakura luego de revisarlo – De seguro estaba muy nervioso y ahora su cuerpo lo desconectó para descansar – se puso de pie. Nuevamente la cola de Kyuubi volvió a envolver a Naruto, la cual sólo se había alejado para que la pelirosa pudiera revisar al menor.

- Uchiha, Nara y Hyuuga, Neji – enumeró Sai – Nos quedaremos para esperar a que Naruto despierte. El resto puede retirarse. Incluyendo los ANBU. Nos encargaremos de Kyuubi si algo sucede – se dirigía a todos como el líder de ANBU, probablemente la persona más cercana al Hokage en poder militar de la aldea. Se retiraron con calma, comentando la reunión.

Decidieron dejar a Naruto sobre el escritorio, con tres colas del Kyuubi sirviéndole de colchón y almohada, dejándole descansar. El pelirrojo se sentó en una silla.

- ¿Por qué nosotros, Sai? – Cuestionó el Uchiha, visiblemente molesto.

- El estratega, el que todo lo ve, el ilusionista y el artista – los enumeró Sai de forma graciosa, recibiendo muecas de enfado de parte de todos, lo cual respondió con una falsa sonrisa – Y porque Naruto confía en nosotros que no le haremos daño a su novio mientras él toma una siesta –

- Bueno, aprovecharé el tiempo – Shikamaru se afirmó en el escritorio - ¿Qué se siente ser libre, Kyuubi? – Se cruzó de brazos.

El pelirrojo suspiró. Comenzó contando su historia, el día que aún estaba dentro de Naruto, cuando lo sintió incómodo, dudando. Le invocó al lado de su pórtico, y le miró fijamente.

- ¿Qué te pasa, niño? – Le pregunté, pero no quiso responderme de inmediato. Lo dejé, hasta que se sentó en el suelo, mirándome.

- ¿Te gustaría salir, Kyuubi? – Me preguntó, cosa que me sorprendió. Pensé en donde estaría la trampa de todo eso – No hay ninguna trampa, solo quisiera que nos lleváramos bien. Me has prestado tu fuerza, tu cuerpo, tu chakra… Me gustaría agradecerte de alguna manera – soltó con sinceridad.

Yo había decidido cooperar con Naruto. Logró convencerme y hacerme entender que no quería sólo usarme, sino que estaba agradecido de tenerme en su interior, aunque su vida de pequeño haya sido un infierno por mi culpa. Y olvidaba que nuestras mentes estaban conectadas, así que podía saber lo que yo pensaba.

- Extraerme te mataría, Naruto – le advertí – Y si tú no estás, sólo saldría a un mundo donde tarde o temprano me atacarán, les devolveré la mano y será un caos –

- Kyuubi, mi cuerpo puede soportar la extracción. Soy un Uzumaki, como mi madre – me recordó, trayéndome a la mente un recuerdo no muy agradable – Sólo necesitaré que alguien me cure luego de que seas libre –

Lo tenía planeado. Naruto iba a hacerlo porque sabía que aceptaría. Pero no consideró un pequeño gran detalle.

- ¿Y dónde me harás salir? Soy un poco grande, se darán cuenta que me liberaste – Le hice ver. Estaba ansioso por mi posible liberación.

- Será en el monte Myobokuzan. El Gran Sapo está de acuerdo en hacerlo ahí – Respondió, pero aún lo encontraba pensativo – Solo te pido que te comportes hasta que esté despierto, por favor – el brillo en sus ojos denotaba que quería verme, así que le prometí hacerlo.

Algo en Naruto me convencía de obedecerle, además de que era el primer humano en el que confié.

La ceremonia empezó unos días después de nuestra charla. Un lugar alejado, donde solo estaría una rana llamada Shima, una que no permití unirse con Naruto en su entrenamiento de ermitaño. Se encargaría de curarle luego de mi salida.

Naruto quitó el sello de la reja y se acercó. Me dio un cariñoso abrazo en el hocico. Cuando me soltó, me di cuenta que lloraba. Y me dieron ganas de matarme por haber causado más dolor en ese niño.

Mi extracción, aunque era voluntaria, no dejaba de ser dolorosa para Naruto. Tardamos casi una hora en que pudiera encontrar la forma adecuada de salir, y ya Naruto estaba prácticamente inconsciente por el cansancio. Finalmente salí, pero el daño que le causé estaba más allá de los límites de cualquier curación normal. Probablemente solo la vieja gruñona y apostadora compulsiva podría haberle curado.

-No puedo curarle – me dijo la rana – Está vivo, pero Naruto no vivirá mucho si no lo llevamos de vuelta a Konoha. Necesita un hospital – Ahí entré en furia. No iba a aceptar que se sacrificara por mí ese mocoso, así que hice lo único que podía.

Me transformé en humano, reduciendo mi chakra y dejando cuatro de nueve partes de él en Naruto. El sello estaba abierto, así que introduje el chakra y lo manipulé de tal forma de poder curar a Naruto. No podía tocar el sello, así que quedaría abierto hasta que el propio Naruto pudiera cerrarlo.

- Y se quedó toda esa noche conmigo, cuidándome – Contó Naruto, incorporándose y escuchando la historia de Kyuubi. Reconocía el relato, ya que él mismo lo escuchó de boca de Shima, que decía no creer que había estado frente al Kyuubi y no le había atacado - ¿Crees que ahí te enamoraste de mí? – Preguntó travieso, sentándose en la orilla del escritorio, dejando que dos colas desaparecieran y una le siguiera envolviendo sobreprotectoramente.

- Ni lo sueñes, niño. Aún tenía ganas de matarte en ese entonces – sonrió y rió, asustando ligeramente a los otros ninjas ahí presentes – Esa es otra historia que no contaré frente a tus amigos. Al menos no lo haré yo – se puso de pie y extendió una mano al rubio para invitarle a ponerse de pie.

Naruto correspondió el gesto y entrelazó sus dedos con los del pelirrojo, mientras la última cola se desvanecía y dejaba libre al Hokage, aunque siempre iba a estar unido al Kyuubi, por mucho que no se viera la cola, seguía estando ahí. Y nada haría cambiar la decisión del zorro para soltarle.


Bueno, fin del capítulo dos. Ya tengo listo el siguiente, pero quiero revisarle la ortografía y gramática. Espero no decepcionarles... Al menos, no mucho *risas*

No saben lo difícil que es leer y no imaginarse esto como si fuera un manga o una animación. Pero se me hace muy genial.

¿Review?