CAPITULO 2

Amanecía en la mansión Black. De la cocina comenzó a salir un agradable olorcillo a tostadas y huevos con bacon, que pronto comenzó a extenderse por gran parte de la oscura mansión. En una de las habitaciones, Sirius Black comenzó a despertarse de un agradable sueño sobre Hogwarts y sus amigos. Dio un gruñido cuando sus ojos se abrieron y descubrió que no estaba en Hogwarts, sino en su casa, y con una muy desagradable visita por delante. Sin dejar de murmurar y gruñir se levantó y se puso la túnica que Kreacher le había preparado para la ocasión, con el escudo de los Black bordado en la parte delantera. Su hermano Regulus irrumpió sin llamar en la habitación y lo miró con su habitual sonrisa irónica.

-¿Qué quieres? –gruñó Sirius.

-Padre dice que bajes a desayunar. –contestó el muchacho. Llevaba una túnica parecida a la de su hermano y con el mismo escudo en la parte delantera.

-Ahora voy. –contestó Sirius. -¿Acaso no ves que me estoy preparando¡Sal de aquí¡Y no vuelvas a entrar sin llamar!

Regulus soltó una pequeña risa burlona.

-Uy uy uy... -sonrió con una mueca. –Mal empiezas... ten cuidado con lo que haces y dices hoy, hermano mayor... puedes salir muy malparado.

Sirius tiró al suelo el cepillo de dientes que acababa de coger. Sabía que los comentarios que hacía su hermano no iban del todo en serio, pero no podía evitar molestarse. Eran tan diferentes… su hermano pequeño estaba tan equivocado en sus ideas…

-¡¡¡SAL DE AQUÍ!!! –gritó furioso.

Regulus volvió a reirse, pero esa vez salió de la habitación.

Sirius suspiró. "Contrólate" Se dijo a si mismo. "o esta noche lo pasarás muy mal".

Al cabo de unos minutos, el Gryffindor entró al comedor de la mansión y se sentó en su sitio, a la derecha de su padre. Esa jerarquía siempre le ponía nervioso: su padre en la cabecera de la mesa, él (como primogénito) a su derecha, su hermano a su izquierda y su madre en la otra cabecera (de espaldas a la puerta por la que entraba el servicio para indicar menor rango que su marido).

-Llegas tarde, Sirius. –refunfuñó su padre sin quitar la vista de encima al "Profeta" que estaba leyendo.

-Lo siento, padre. –dijo Sirius con voz resignada. Su padre lo miró duramente.

- Espero que esta noche, cuando el lord venga, seas puntual. Conozco tu manía de irte a pasear al bosque y no acordarte de volver.

- Lo seré, padre. –dijo Sirius apretando los puños por debajo de la mesa.

- Tendrías que ser tú el que diera ejemplo a tu hermano Regulus, y no al revés. –intervino su madre, Walburga Black. –Si a veces pienso que no mereces ser de nuestra sangre...

Tras estas palabras, la copa de Sirius explotó debido a la furia de éste.

- ¡Niño! –exclamó el señor Black mientras se levantaba y pegaba a Sirius un bofetón –Cuida esos ataques de furia, no los quiero ver más.

Sirius respiró hondo, sin darse cuenta de la mirada incómoda de su hermano pequeño. ¿Hasta cuando más podría aguantar en esa casa?

- Lo siento, padre. –murmuró bajando la vista. –No volverá a suceder.

- Espero que no. –dijo el señor Black mientras volvía a sentarse. Kreacher se acercó y comenzó a limpiar el estropicio del vaso de Sirius.

- De verdad... -comentó la señora Black. –No se dónde o de quién ha aprendido este niño a ser tan rebelde...

-Probablemente de esos amigos que tiene... -contestó el señor Black. –James Potter, el primogénito de tu tía Dorea y de Charlus Potter, auror del Ministerio y traidor a la sangre; Remus Lupin, hijo de Julius Lupin, del que se murmura que está enganchado al juego por lo poco que tiene y lo mucho que gana; y Peter Pettigrew, hijo de Levis Pettigrew y una sangre sucia... ¿Te extraña que con esos amigos este niño sea así?

- No, por supuesto... -dijo la señora Black. –Desde luego, con esos amigos con los que pasa todo el año... pero aún así debería prevalecer en él la vena Black.

- Si... esperemos que algún día te des cuenta, Sirius, de lo equivocado que estás al comportarte así. –dijo el señor Black dirigiendose a su hijo, que trataba de hacer caso omiso a los comentarios sobre sus amigos.

- Si, padre... –contestó con voz resignada, ya que no quería que lo castigasen antes de tiempo.

Después del desayuno, Sirius se fue al pequeño bosque que rodeaba la mansión. Le encantaba ese bosque, ya que era el único lugar donde no se sentía enjaulado ni vigilado por su familia. Ese bosque siempre lo tranquilizaba, y cuando paseaba por debajo de los altos árboles mientras sentía la suave brisa en la cara y oía el suave canto de los pájaros, sentía que sus problemas desaparecían. Ese bosque siempre lo acercaba al mundo de Hogwarts, aunque no sabía por qué. Kreacher lo llamó amplificando mágicamente su voz a la hora de comer, y Sirius dejó el bosque.

Nunca se hubiera imaginado que aquél había sidosu último paseo por ese bosque...


Bueno, hasta aquí el segundo capítulo. Sé que es corto, los siguientes serán un poco más largos.

¡Un beso!

¡Gracias por leer!

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