D·E


Tanto Elena y Damon habían aprovechado dormir un poco y al día siguiente comenzar a trabajar en las fotos, con unos pucheritos y ojos de cachorro, Damon convenció a la chica que esperara un día mas.
Pero hoy Elena estaba al cien por ciento despierta y madrugadora, desde que el sol hizo acto de presencia la chica ya comenzaba a preparar sus mejores cámaras. Con un rollo de ojos fue golpeando la puerta de su jefe socarrón por más de quince minutos y nadie contestaba.

Disgustada, intento una vez más.

- ¡Damon, despierta ya es tarde! - nada ni un ruido - ¡Si no despiertas ahora, me voy sin ti! - anuncio por última vez.

Escucho ruido de cosas cayendo, algunas maldiciones antes que el diablo se presentara.

- ¿Qué pasa? - dijo con un bostezo y rascándose los ojos soñolientos.

Elena se quedo sin voz al ver a un Damon semidesnudo con nada más que unos boxer, el cabello azabache alborotado por el sueño, los músculos del brazo y el pecho bien esculpidos que daban ganas de saltar por sus huesos y esos ojos perezosos con tanta malicia y la pequeña sonrisa en esos labios irresistible. Todo Damon gritaba perfección y sexo en las piernas. Contrólate Elena, maldita sea.

Damon se percato de que la chica estaba con la boca abierta mirándolo sin pudor, su sonrisa creció más.

- Oye Elena - con eso la chica se sobresalto al oírlo, se acerco a su oído y le susurro - Se te está cayendo la baba.

Elena le empujo pasando de él, mientras que el se reía de su conducta.

- Elena espera, fue solo una broma - la atajo.

Ella resistió un vistazo mas antes de enfrentarse a él muy seria. Tenía esa mirada que te hacia las piernas temblar. No te dejes engañar por esos ojos. Damon se relajo, soltándola mientras suspiraba, una mucama se quedo a medio andar boquiabierta viendo el desnudes de Damon, se le cayó las toallas limpias al piso, tartamudeo una disculpa al ver a Elena atrapada en la pared y se fue corriendo. Elena se sonrojo furiosamente empujando a Damon que ni se inmuto en la reacción de la chica de la limpieza.

- ¿Nos vemos en el desayuno? - pidió con una pequeña sonrisa.

- Bien. Ahora ve a vestirte - dijo torpe mirando sus manos.

- ¿Qué, te molesta? - Y ahí estaba de nuevo esa sonrisa picara, alterando todos sus nervios.

Uh, mala idea.

- No, claro que no - Con eso se alejo lo más rápido posible.

El día no fue tan horrible como Elena se imaginaba, Damon fue atento y respondió todo lo que sabía de la isla, mientras que Elena anotaba en su cuaderno, apuro al chico que desayunara más rápido recibiendo quejas de él. Elena saco su primera foto del hotel, las múltiples comidas tradicionales y a los empleados que posaban felices con sus uniformes coloridos. Damon la llevo en todos los sitios inimaginables. Su primera parada era un pequeño zoológico en medio del bosque con animales de lo más raros, Elena sonreía como tonta haciendo caretas a los bichitos sacándoles más fotos.

Damon disfrutaba ver a la chica tan feliz, le encantaba su sonrisa y su compañía. Agradecía que su padre les haya dejado hacer este viaje, nada más verla lo feliz que esta le hacía sonreír como bobo, quizás este viaje pueda romper el hielo que los dos han construido con tanta pasión. La chica no es fácil de darse por vencida, pero el intentaría a cada minuto ganar su corazón. Su pequeño plan le hizo sonreír mas grande, la chica se dio cuenta y alzo las cejas curiosa.

- ¿De qué sonríes tanto?

- Nada, nada - dijo rápido, no quería arruinar la sorpresa. Ella se encogió de hombros distraída.

Después del zoológico la llevo a las montañas rocosas el trayecto fue caluroso, el sol en lo alto los hacía sudar demás, pararon para sacar más fotos del paisaje, Elena se limpio el sudor de la frente, su camisa blanca se pegaba a ella como una segunda piel marcando su cuerpo curvilínea, la pequeña brisa soplaba relajante en su piel aceitunada, desabrocho un botón mas por el intenso calor. Fue un error que supo tarde al ver a Damon mirándola igual que a un depredador, sus ojos azules casi negros de lujuria sin apartarse de su cuerpo, ella quería ocultarse de esos ojos hambrientos que la hacía sentir cosquillas en el estomago.

Las cosas empeoraron mientras más pasaba el tiempo, la chica maldijo a la camisa blanca en todo el día, eso encendió al Damon juguetón que no perdía oportunidad en provocarla, se cepillaba sus caderas accidental a su cuerpo, le susurraba cualquier cosa si no quería que los escucharan, o debes en cuando colocaba sus manos en las suyas para darle un mejor ángulo en algunas fotos.

Y Elena no podía resistir mirarle algunas veces a escondida mordiéndose los labios cuando hablaba con tanta devoción. Con el uno nunca se cansaba de charlar, siempre tenía algo que decir. Así siguió todo el día con ella intentando en no correr a sus brazos y besarle hasta que pierda la razón.

- ¿Entonces qué dices?

- ¿Eh? - dijo despertando de su sueños sucios. Se ruborizo como loca al ser pillada distraída.

- Dije que si vendrás a cenar conmigo - tenía esos ojos suplicantes.

- Oh, sí claro - respondió rápidamente antes que perdiera la cabeza.

- Te recojo a las 8:00 entonces - la acompaño hasta la puerta de su habitación se quedaron torpemente parado sin saber cómo despedirse. El se aproximo lentamente, Elena pensó que la iba a besar viendo como se acercaba mas y mas a ella que con ansia cerró los ojos esperando sus labios. El cepillo los labios en su mejilla tiernamente que el corazón de Elena bombeo rápido. Abrió los ojos y lo vio con una sonrisa - Hasta más tarde, Elena - y se metió en su habitación, dejando a la chica desconcertada.

Elena proceso lo que había pasado hace cinco minutos, Damon invitándole a cenar, Damon besándole la mejilla. Espera. ¿Ella acepto a cenar con él? Se dio una torta mental, ella estaba tan distraída que ni se dio cuenta que la había invitado a cenar.

Se dejo caer en la cama cansada, tapándose los ojos molesta gruñendo internamente, esto no estaba pasando a ella.


Próximo capítulo, sabremos más del plan de Damon.