Hola! Viernes de actualización. Muchas gracias por el recibimiento chicas, no esperaba tantos review, así que estoy súper feliz por como recibieron esta segunda parte.

Aclaraciones: Sé que algunas me odiaron por el rompimiento y no soy cruel, intenté subirlo cuando las Brittana estaban bien, pero eso no pasó y ya no pude seguir esperando. Lo otro, ni Rachel ni Brittany son malas, son personas y se equivocan como lo hacen la mayoría de los personajes de la historia, en este se muestran más por lo que no se hagan una idea con un solo cap.

Bonus: No chicas, no habrá Quinntana romance-tiempos sexy-cachetadas hot, ella son amigas, muy buenas amigas. (Algunas lo preguntaron en sus review)

Eso. Espero que les guste tanto como el anterior.


Capitulo dos: Rencuentro

Santana no sabía cuanto habían tardado en salir del departamento y volver al aeropuerto. Pero ya estaban ahí. Tomaron las mismas maletas que habían ocupado para ir a Lima y salieron.

Lo que más las demoró fue que Quinn no salía de su estado de shock, la rubia no se movía y aún no emitía palabra. Por lo que fue la latina quien la sacó casi a rastras del departamento, consiguió un taxi y ahora discutía aireadamente con la señorita de los boletos para que le diera dos al vuelo más próximo con destino a Boston que al parecer estaba lleno.

Quinn se mantenía al margen, sentada en una butaca a unos metros de ahí donde Santana la había dejado, totalmente ausente, con su mirada fija en un punto pero no viendo nada realmente, como si sus ojos fueran totalmente incapaces de reaccionar a las imágenes.

"Colisión frontal…lesiones graves…ambas inconsciente…operación de emergencia….diagnostico reservado…"

Esas eran las únicas palabras que pasaban una y otra vez por la mente de Quinn Fabray, como una película en mal estado en la que se repite una y otra vez la misma escena.

-Quinn, ya los tengo…Q…levántate tenemos que registrar el equipaje-Le hablaba Santana-.

Pero la rubia no escuchaba nada, sabía que estaba ahí, la veía mover los labios pero ninguna palabra era procesada por su cerebro, para ella era otra imagen borrosa como cada acción que había llevado a cabo después de recibir la llamada.

-¡Joder Q!-Le gritó-.

Santana sabía que era inútil, debía darle el tiempo necesario para que se repusiera por lo que tomó la maleta de Quinn y fue ella a registrarla para después volver y subir a la rubia al avión.

La latina estaba desesperada, no sabía que decir para sacar de ese estado a Quinn, ella lamentablemente en esto no podía decir que la entendía, no era una ruptura amorosa que podía ayudarla a superar, esto iba más allá. Era su hija la que estaba en peligro.

Dos horas y quince minutos había durado el vuelvo desde Nueva York a Boston, y por ese mismo tiempo se había prolongado el silencio de Quinn.

Al llegar nuevamente Santana se encargó de todo.

-Necesitamos que nos lleve a un hotel-Le dijo Santana al taxista-.

-No-Era la primera palabra que pronunciaba Quinn después de horas de silencio-.

-Quinn, necesitamos ir a dejar el equipaje y tener un lugar donde dormir, yo no conozco esta ciudad-.

-No, quiero ir al hospital de inmediato-.

Santana sabía que no iba a haber ninguna manera de convencer a Quinn de irse primero a un hotel, aunque le dijera que tardarían el tiempo que demoraran en registrarse y dejar el equipaje.

-¿Cuál es?-Preguntó Santana resignándose-.

Quinn comenzó a llevar su mente hacia atrás para recordar cuál había sido el nombre del Hospital que le nombró la chica al teléfono.

-Hospital General de Boston-Contestó-.

-Llevemos ahí-Indicó nuevamente al taxista Santana-Y apresúrese-.

El hombre hizo una señal de que había entendido y apretó el acelerador. Boston tenía un clima aún más frío que Nueva York y en sus calles que mesclaban el patrimonio de una de las ciudades más antiguas de los Estados Unidos con modernos edificios se podían ver aún rastros de nieve de la última tormenta.

-Quinn, no sé que es lo que sientes porque yo no soy madre y aunque me esfuerce no podría entenderlo, pero estoy aquí, y me quedaré aquí contigo-Dijo Santana tomándole la mano-.

La rubia sonrió de manera triste mientras por sus ojos volvían a caer lágrimas.

-Gracias-.

Santana la abrazó con fuerza intentado transmitirle todo su apoyo, diciéndole que ella no la dejaría sola.

-Todo va a estar bien Quinn, tú pequeña es tan fuerte como tú-.

-La estoy recién conociendo San, la estoy recuperando no podría soportar perderla otra vez-Susurraba con la voz totalmente quebrada.

-Eso no pasará Q, no pasará-Repetía Santana-.

El Hospital General de Boston era la institución con más prestigio de todo el Estado, contaba con profesionales de excelencia y muchos casos que no habían podido ser resueltos en otro centro medico llegaban ahí. Era una gigantesca construcción pintada de blanco, con ventanales en la fachada y varios pisos de altura.

Santana le pagó al taxista y éste le ayudo a sacar las maletas de la cajuela. Quinn se quedó estática en la entrada.

-Vamos Quinn, ya no hay más tiempo que perder-La apuró la latina-.

-Y si me dicen que…-

-No, eso no va a pasar y ahora entremos, tú bebé te necesita Q-La interrumpió segura-.

Esa frase despertó a Quinn, "tú bebé te necesita", Beth la necesitaba y esta vez no pensaba fallarle, no pensaba dejarla sino quedarse con ella hasta que saliera de ahí. Así sacando toda esa fuerza que la caracterizaba tomó su maleta y comenzó a caminar decidida.

Santana la siguió y juntas se acercaron hacia el modulo de informaciones. Les dijeron que debían subir al quinto piso donde estaba la unidad de cuidados intensivos y ahí preguntar por las pacientes.

Subieron y buscaron el sector en donde pudieran darles información.

-Buenas noches, necesito información sobre Beth y Shelby Corcoran-Se apresuró a preguntar Quinn-.

-¿Es familiar?-Interrogó la mujer-.

-Soy la madre de Beth-.

La mujer que estaba familiarizada con el caso alzó una ceja interrogante.

-La madre de la niña también esta en la UCI, así que repito ¿Quién es usted? Si quiere información tiene que ser familiar no se permite darle algún tipo de…-.

-¡Joder ya cállese!-La interrumpió Santana impaciente-Ella es la madre biológica de Beth y la llamaron para informarle que habían tenido un accidente así que apresúrese y digamos ya que está pasando antes que pida hablar con su jefe-.

Quinn sabía que Santana había sido levemente agresiva, pero en ese momento lo agradecía puesto que la mujer ya estaba buscando un archivo que leía atentamente.

-¿Usted es Quinn Fabray?-Preguntó-.

-Si yo soy-.

-La señora Corcoran la tenía como numero de emergencia de Bethany Corcoran en caso de que ella no pudiera asistirla es por eso que se le ha llamado…-.

Quinn se sorprendió ante esa información que desconocía totalmente, pero lo agradecía enormemente porqué si hubiese sido de otra manera probablemente habría tardado días es saber del accidente.

-¿Qué…pasó?-Preguntó con miedo-.

-Tiempo de tormenta de nieve mezclado con imprudencia, un adolescente borracho a exceso de velocidad impacto el auto de la señora Corcoran, cuando adelantó a otro vehículo, ella no alcanzó a evitarlo, manejaba una camioneta por lo que ellas se llevaron la peor parte-Resumió la ayudante que ahora sabían era una enfermera-.

Quinn al escucharla sintió como se le revolvía el estómago en una mezcla de rabia e impotencia.

-¿Cuál es su estado?-Preguntó la morena ante el silencio de su amiga-.

-La señora Corcoran ya salió del quirófano y está en la UCI, aún no despierta pero esperamos que lo haga en las próximas horas, Beth esta siendo intervenida, con la pequeña costo más estabilizarla para poder ingresarla a la sala de operaciones-Respondió-.

-¿Hay algún doctor con el que podamos hablar?-Interrogó Quinn quien quería saber más-.

-Cuando la doctora termine la operación le diré que venga a hablar con usted-.

-Gracias-.

La mujer les señaló la sala de espera que como era típico en los hospitales no es para nada cómoda ni acogedora. Ahí se quedaron esperando el término de la cirugía de Beth y por fin saber como estaba.

Mientras en el mismo Hospital una joven doctora luchaba contra la hemorragia que estaba teniendo una pequeña niña. Llevaba demasiado tiempo y sabía que debía apurarse en encontrar el origen de la hemorragia.

-¡Más gasas!-Pedía a los internos que la ayudaban-.

Sus manos parecían moverse a la velocidad de luz buscando dentro de ese pequeño y frágil cuerpo la causa de aquel torrente de sangre que no quería detenerse.

-A esos idiotas que conducen borrachos deberían cortarles las bolas-Decía enojada-Niñas como ella no deberían estar aquí-.

Los presentes ya estaban acostumbrados al carácter de la doctora Clayton, cirujana pediátrica quien no se guardabas nunca sus opiniones, ni menos se reprimía de decirlas con palabras fuertes, que eran suavizadas nada más que por su acento inglés.

Después de unas horas críticos, la doctora pudo detener completamente la hemorragia causada por el impacto. Respiró profundamente aliviada, pero ese suspiro no alcanzó a finalizar cuando la maquina la alertaba con ese sonido agudo.

-¡Llama a cardio!-Le gritó a una de las enfermeras mientras comenzaba con el masaje cardiaco una y otra vez-.

Uno tras de otro, pasos acelerados en no más de cinco metros de largo son los que daba una desesperada rubia al no tener ninguna noticia de su hija. Ya llevaban casi dos horas y nadie se había aparecido a darles información.

-Quinn voy a ir por café, vuelvo en unos minutos-Dijo Santana levantándose-.

La latina sabía que les esperaba una larga noche, por lo que un café además de ayudar a ahuyentar el sueño serviría para entrar en calor. Mientras esperaba que la maquina terminara el proceso, se quedó pegada viendo por el gran ventanal que daba una vista a la ciudad, gotas de lluvia comenzaban a caer avecinando una nueva tormenta.

Santana sentía como las lágrimas cubrían su rostro sin saber el exacto origen de ellas. Quizás es que era el primer segundo en donde podía relajarse después de la llamada, quizás la impotencia de no poder hacer nada más por su amiga o quizás que en ese preciso momento lo que más necesitaba no lo podía tener, porque un abrazo de Brittany sin importar lo que pasara siempre la hacía sentir mejor.

-¿Cuál es la situación?-Preguntaba la nueva doctora entrando a la sala-.

-Niña, 9 años, lesiones múltiples a causa de un fuerte impacto…-.

-¡Clayton lo importante!-Exclamó acercándose a la mesa de operaciones ya lista-.

-Detuve la hemorragia pero luego su corazón hizo paro, la hemos estabilizado pero no sabemos que lo causó-.

La cirujana cardiotorácica comenzó a buscar que era lo que había producido esa reacción.

-Joder, vamos a tener que cerrarla y volver a operar en unas horas-Dijo con frustración-.

-¿Qué es?-.

-La presión sobre el pecho daño en arterias subcutáneas, necesito un plan para llegar hasta ahí, no puedo operarla ahora-Respondió-.

-Operare contigo, cerremos, le informó a los familiares y nos reunimos en la sala de descanso a pensar en algo- Decidió la doctora Clayton-.

Santana había secado sus lágrimas antes de volver donde estaba Quinn, su amiga no podía verla así, no ahora cuando lo que más necesitaba era alguien que le dijera que todo estaría bien, no alguien que se derrumbara junto con ella.

-¿Aún no viene alguien?-Preguntó Santana entregándole un café-.

-No-Respondió recibiéndolo-.

La latina se sentó al lado de su amiga y juntas bebieron el café.

-Los familiares de Bethany Corcoran-Habló una joven mujer aún con el traje y gorro de cirugía puesto-.

Quinn se levantó tan pronto como había escuchado la primera letra del nombre de su bebé, Santana la siguió de inmediato.

-Yo-Respondió de frente a la doctora-.

-Soy la doctora Sophia Clayton, soy cirujana pediatra y estoy a cargo del caso ¿Usted es?-Le preguntó-.

-Soy su madre biológica, mi nombre es Quinn Fabray y ella es mi amiga Santana López, ahora me dice que tal salió todo-Contestó Quinn cansada de ese protocolo-.

-Beth iba en el asiento del copiloto, por lo que además de las múltiples lesiones cuya hemorragia pudimos controlar, tiene un daño en el corazón que no previmos…-.

-¿Cómo?-Interrogó Quinn quien había llevado una mano a su boca controlando sus lágrimas-.

-La fuerza con la que sale el airbag le oprimió el torax, que a su vez produjo lesiones en el corazón, con mi colega de cardio nos reuniremos para preparar un plan, esperamos volver a intervenirla en las próximas horas entre más tiempo pasé más se desgasta el corazón de Beth- Explicó-.

Sophie no era una doctora que se quebrara ante cualquier situación, ella trabajaba con niños por lo debía ser el doble de fuerte que sus colegas, pero apenas vio a esa pequeña rubia algo dentro le había dolido, la niña había entrado semiconsciente, asustada, con sus ojos verdes cargados en lágrimas, tal como los que veía ahora, porque esa mujer que tenía al frente era reconociblemente la madre.

-Le aconsejo que se vaya a dormir, yo me encargaré que sea informada del resultado de la operación-Ofreció la doctora-.

-No puedo, no me voy mover de acá sin antes ver a Beth y saber como se encuentra, yo me voy de acá junto con mi bebé-Respondió segura sin dar lugar a una insistencia-.

-Quinn, quizás sea mejor que le hagas caso a la doctora, necesitas descansar para estar fuerte cuando Beth despierte-Dijo suave la latina-.

-No San, no me voy a ir-.

Sophie se la quedó viendo por algunos minutos, esa mujer parecía ser algo más joven que ella y por lo que tenía escrito en la ficha legalmente la madre era la otra mujer involucrada en el accidente, así que ella debió haberla dado en adopción, seguramente fue un embarazo adolescente, pensó. Si así era, ya había perdido a su pequeña una vez, probablemente le había costado mucho volver a verla.

-Puedo dejar que la veas, pero máximo cinco minutos-Habló la doctora Clayton interrumpiendo esa conversación que se había formado en donde la latina intentaba convencer a Quinn de que debía descansar.

Los ojos de la rubia de inmediato se posaron en los casi negros de Sophie, de inmediato brillaron con esperanza.

-¿De verdad?-.

-Si, venga, acompáñeme-Le pidió-.

Santana le dio una sonrisa de profundo agradecimiento a la doctora, ella por algunas cosas que le comentaba su padre sabía que una persona, más un niño casi recién salido del quirófano no podía recibir visitas, por lo que todo aquello era toda una consideración por parte de la doctora.

Las vio perderse por el pasillo, se volvió a sentar un poco más tranquila, esperando que el poder estar con su hija le sirviera a Quinn para recuperar fuerzas. Las necesitaba porque esa situación tenía para largo.

Sacó su celular del bolso y vio como la luz le anunciaba que tenía la batería prácticamente agotada. Marcó otra vez el número de Brittany esperando que está vez le contestara, ya que las veces que lo intentó mientras esperaba los cafés no lo hizo. Otra vez el tono, otra vez directo al buzón de mensajes.

La luz de advertencia dio paso al mensaje que le decía que se estaba apagando. Maldijo por lo bajo y se resignó.

En Boston era de madrugada pero en Paris el día ya había comenzando hace varias horas por lo que Brittany debía estar en sus ensayos. Con ese último pensamiento cerró los ojos, tenía los parpados pesados y el sueño la estaba venciendo.

Quinn había seguido a la doctora y escuchaba atenta cada instrucción. Ahora estaban en una sala donde debía ponerse uno de esos trajes que usan los cirujanos ya que la zona donde estaba internada Beth requería de máxima higienización. Una puerta la separaba.

Las manos de la rubia temblaban por lo que no lograba amarrarse la máscara.

-Déjame ayudarte-Se ofreció Sophie quien redujo al mínimo la distancia y con facilidad le amarró la mascara que era lo último que faltaba-.

Cuando tuvo a Sophie cerca, Quinn por primera vez en horas se sintió tranquila. Reprimió las ganas que tuvo de ser abrazada por esa mujer que se veía impenetrable pero que tenía unos ojos bondadosos.

-Cinco minutos, yo te esperaré aquí para que tengas privacidad con tu hija-Señaló-.

-Gracias-.

Quinn abrió la puerta aun temblando. Había una sola cama y varias maquinas de las que salían tubos, cada uno con una función en especifico que mantenía a Beth estable.

Se fue acercando y si cabía más angustia en su corazón, ese espacio se lleno con la imagen que tenía ante sus ojos. Su pequeña estaba con sus ojitos cerrados, la máscara de oxigeno le cubría la mitad del rostro, en su frente tenía hematomas y algunos rasguños en las mejillas, no quería imaginar en que condiciones estaba el resto de su cuerpo.

-Mi bebé-Le habló sosteniendo su mano-Tienes que ser fuerte…-Su voz se quebró totalmente-Sé que no tengo derecho a pedirte nada, que para ti tú madre es Shelby, ella se ha ganado su lugar, pero te lo pido…lucha, quédate conmigo, dame la oportunidad de recuperar el tiempo perdido…dame la oportunidad de ser tú madre…-.

Quinn acariciaba la pequeña mano de su hija, no recibía ninguna señal de ser escuchada pero en su interior quería creer que su bebé la había escuchado, que lucharía.

-Te amo Beth, y espero que tú me puedas decir lo mismo alguna vez-.

Dejó un beso en su frente, uno de esos que deseo darle por años cuando se fuera a dormir, como lo hacía su madre con ella.

No quería dejarla ahí pero sabía que los minutos habían pasado, le acarició el cabello con dulzura y salió de la habitación. La doctora la estaba esperando tal como había dicho. Quinn sin pensarlo demasiado se le arrojo a los brazos, la doctora la estrechó para darle seguridad.

-Tranquila, tienes que ser fuerte-Le susurraba para tranquilizarla-.

Pero la rubia no dejaba de llorar, toda la angustia se estaba transformando en lágrimas que no dejaba de derramar. Sophie necesitaba hacerla sentir mejor, era algo que no entendía porque la acaba de conocer, pero necesitaba hacerlo.

-Quinn, mírame-Dijo tomándole el rostro entre sus manos- Te doy mi palabra que todo va a salir bien, te prometo que daré todo de mi para que tú hija este bien-Agregó con convicción-.

La rubia la miró fijo, detuvo su llanto y creyó en ella. Con toda la esperanza que tenía, creyó en ella.

-¿Me lo prometes?-.

-Te lo prometo-.

A Santana la despertaron unos pasos y una voz.

-Señorita-Dijo un joven que no había visto antes-.

-Si-Contestó somnolienta-.

-¿Es usted familiar de Shelby Corcoran?-Preguntó-.

-No, pero vine con alguien que esta acá por ella y por Beth ¿Qué sucede?-.

-¿No es usted Rachel Berry?-Interrogó-.

La latina al escuchar ese nombre se despertó completamente y se levantó de la silla para colocarse frente al chico.

-No, ¿Por qué lo pregunta?-.

-Hemos llamado a la señorita Berry hace algunas horas, su nombre y número telefónico estaba en la ficha de la señora Corcoran-Explicó el joven interno-.

-San-Dijo Quinn quien venía entrando-.

-Es ella…-.

-No, tú guarda silencio-Le dijo al chico con una mirada amenazante que causo el efecto esperado-.

-¿Qué pasa?-Preguntó la rubia-.

-Nada-Se apresuró a contestar Santana-.

Quinn comenzó a buscar en su bolso sus documentos.

-Debo volver, Sophie me va a hacer algunos análisis por si Beth necesita algún tipo de donación de sangre durante la operación, quiere saber si soy compatible-Dijo Quinn-.

-¿Sophie?-.

-La doctora Clayton-Rectificó- San, si quieres puedes ir a descansar, tú no tienes que quedarte acá-le dijo mirándola-.

-Claro que tengo que quedarme acá-Respondió de inmediato- Me voy a quedar acá contigo Fabray, no puedes deshacerte de mi-.

Quinn la miró y sabía que aunque Santana se hiciera la chica dura no lo era, estaba lejos de ser esa bitch que aparentaba en la secundaria.

-Gracias San-Dijo y la abrazó-.

-Ya vete, no querrás hacer esperar a "Sophie"-Enfatizó para distender el ambiente-.

Quinn le dio una mirada reprobatoria por la intensión con que su amiga nombró a la doctora, y luego se fue tan rápido como salió.

El joven interno cuyo apellido en la bata blanca se leía Wilson, había estado en silencio tal y como le dijo la atemorizante latina.

-Ahora habla ¿Hace cuanto llamaron a Berry?-Preguntó preocupada-.

Flashback.

Rachel no había parado desde su llegaba a Los Ángeles, que había sido hace ya seis meses, el rodaje de la película se había extendido y a eso después agregarle las promociones, fiestas y entrevistas que debía hacer como protagonista la tenían con muy poco tiempo para si misma.

El día a día en Hollywood era mucho más agotador que en Broadway, aunque le proporcionaba otros beneficios que quedándose en Nueva York no iba a lograr, como el reconocimiento masivo de un público que había adorado su debut en la pantalla grande. Tanto había sido el éxito de la cinta que ya estaban preparando una segunda parte, manteniendo el mismo equipo de trabajo.

No sabía si volvería pronto a la gran manzana, tenía contrato para una película más y en Los Ángeles se sentía profundamente valorada. Sin contar que esos nuevos aires le habían servido para romper esa insana rutina que llevaba antes de mudarse. Ahora desde hace algunos días habían comenzado con los ensayos y pruebas de vestuario para la segunda.

-Hola cariño-Saludó Brody- ¿Tomándote un descanso?-Preguntó amoroso, dándole un pequeño beso en los labios-.

-Si, estoy algo cansada de los ensayos-Respondió con una fingida sonrisa-.

Lo cierto es que aún no se acostumbraba a estar con Brody, era sin duda un chico agradable, tremendamente sexy, atento con ella y hacía lo mismo por lo sabía las exigencias del medio. Era en pocas palabras el chico perfecto, el que millones de chicas soñaban con tener, pero algo le hacía falta en todo eso, y ella sabia perfectamente que era. O quien era.

-¿Quieres ir a cenar esta noche?-La invitó-Han inaugurado un local y tiene buena crítica, quizás eso sirva para que te relajes un poco-.

-Es una buena idea-Contestó-.

Brody escuchó como una asistente de producción lo llamó, así que le dio un pequeño beso y salió del tráiler de Rachel para volver a su trabajo.

-Te veo luego-Se despidió-.

La diva se sentó en uno de los pequeños sofás que tenía en su tráiler. Ese día en particular había estado muy nostálgica, ese día la había extrañado más de lo normal. Porque siendo sincera no había día en que no echara de menos algo de Quinn. Un día eran sus ojos, otro sus besos, sus caricias, esa forma tan única que tenía de tocarla, de decirle cuanto la amaba.

Hoy extrañaba todo, cada centímetro de su rubia. Sabía que si Quinn había roto su noviazgo había sido por su culpa, por todas esas veces que prefirió su trabajo antes que a ella, por todas esas veces que se negó a hacer pública su relación. Ella entendía, incluso sabía que para su carrera había sido lo mejor que le pudo haber pasado, pero eso no evitaba que aún doliera.

-Esa relación tuya va a matar tú carrera-Le repetía una y otra vez su representante-.

Y dejarla a ella me esta matando a mi, pensó Rachel. Sabía que no era justo estar con alguien cuando aún no superaba su rompimiento anterior, pero Brody se había esforzado por conquistarla, por hacerla sonreír y algunas veces lo lograba, en los dos meses que llevaban juntos el chico había sido el novio ideal y ella se estaba esforzando por quererlo, por sentir algo más que cariño.

Su móvil sonó, le llamó la atención porque no reconocía el número y ese era personal por lo que sólo lo tenían contadas personas. No iba a contestar pero su instinto la hizo aceptar la llamada.

-Hola- Saludó insegura-.

-¿Señorita Berry?-Preguntaron por la otra línea-.

Rachel desconfió más ante la interrogante.

-¿Quién habla?-Interrogó la diva-.

-¿Usted es la hija de la señora Shelby Corcoran?-Preguntó-.

Ok, ahora si estaba totalmente perdida, porqué alguien iba a llamarla interesado en saber si Shelby era su madre, eso era totalmente extraño.

-Mire, si busca información sobre mi para algún diario o revista, yo no hablo sobre mi vida privada, así que no vuelva a llamar-Expresó molesta-.

-No, yo llamó del Hospital General de Boston-Se adelantó a decir el joven antes que le cortaran-.

-¿Hospital?-.

Aquella palabra no le gustaba, cada vez que a alguien lo llamaban de un hospital no era para algo bueno.

-Yo soy Rachel Berry, dígame que ha pasado-Cambió su tono de inmediato-.

El joven interno le explicó lo sucedido a nivel general puesto que no era mucha la información que tenían en ese momento, Shelby aún estaba siendo intervenida.

-Oh dios-Fue lo único que salió de la boca de la diva-.

-Le aviso porque su número es el contacto de emergencia de la señora Corcoran usted…-.

-Yo viajo en el primer avión a Boston-Interrumpió-.

Cuando cortó la llamada, se quedó congelada en el sofá. Si bien tenía muchos sentimientos encontrados con Shelby, esa mujer era su madre. No hacía mucho que tenían contacto, menos de un año, una noche que Shelby apareció en el teatro donde trabajaba. Fueron por un café, la mujer le pidió perdón por haberla dejado dos veces, le dijo lo arrepentida que estaba y que sabía que no merecía su perdón pero que por lo menos le diera la oportunidad de estar en su vida.

Después de ese encuentro tomaron la costumbre de hablar por teléfono semanalmente, Rachel había encontrado en Shelby quizás no una madre por completo pero si alguien en quien podía confiar y eso lo valoraba.

Una vez hace tres meses la había ido a visitar a L.A. junto a Beth. A la diva le costó mucho ver a la niña sin pensar en Quinn, ya que era la viva imagen de su rubia. Su cabello dorado, sus ojos verde esmeralda, esa ceja que alzaba con superioridad mientras se cruzaba de brazos. Todo. Y al verla Rachel no podía evitar el pensar si sus hijos con Quinn se hubiesen parecido a Beth. Seguro salen igual de hermosas e inteligentes, tal y como ella, pensaba cada vez que se quedaba pegada mirando a la pequeña.

Quinn. El joven le había dicho que Shelby iba con Beth en el automóvil al momento del impacto por lo que su ex novia debía estar al tanto de la situación. Eso la desesperó. Rachel sabía que Quinn siempre había añorado a su hija, que siempre había querido poder verla, lo notaba cada vez que pasaban por algún parque y la rubia se quedaba ida viendo a los niños. Quinn debía estar mal, muy mal.

Se levantó y fue directamente a donde la productora, le explicó la situación y que necesitaba viajar de urgencia. La mujer no tuvo problemas, luego de eso se acercó a Brody.

-¿Qué sucede?-Le preguntó preocupado por la expresión que tenía Rachel-.

-Shelby tuvo un accidente, debo viajar de inmediato a Boston-Respondió-.

-¿Shelby? ¿Tú madre?-.

-Si, no saben bien como está porque aún no sale de la operación de emergencia así que debo ir-.

-Yo voy contigo-.

-No, tienes que quedarte aquí, con uno de los dos que se vaya ya es suficiente problema-.

-Rachel quiero estar contigo en esto-.

-Lo sé-Dijo acariciándole el rostro-Pero de verdad no es necesario, llamé a mis padres y mañana se irán a Boston, si te necesito te llamo ¿Bueno?-.

-Pero me llamas-.

-Si-.

Brody le sonrió y la besó, ella se soltó rápidamente para dirigirse a su auto, debía arreglar su equipaje para mínimo algunos días. Y por sobretodo debía tomar fortaleza de alguna parte para después de más de un año volver a ver a Quinn.

Fin flasback.

-¿Entonces te dijo que vendría?-Interrogó Santana-.

-Si, la señorita Berry dijo que vendría-Respondió-.

-Lo único que faltaba, Quinn no va a poder con todo esto-Susurró-.

Santana se dio cuenta que el interno la miraba no entendiendo mucho de porqué era tan terrible que la "señorita Berry" viajara, era lo normal, después de todo era su madre la que estaba en el Hospital. A la latina no le estaba gustando esa mirada que le estaba dando el joven.

-¿No tienes algo más que hacer?-Le preguntó- Creo que ya te has dado cuenta que Berry no ha llegado, y no sigas preguntando por eso, ya te darás cuenta cuando lo haga, seguro que hace una gran entrada al estilo estrella de Hollywood-.

El joven se dio la vuelta para irse, no le discutiría a esa latina que lo atemorizaba.

Santana sabía que tenía que decirle a Quinn que Rachel venía hacia Boston. Debía prepararla para que todo aquello no fuera a tomar por sorpresa a su amiga, pero, ¿como le decía?, ya era suficiente con tener a su pequeña internada para ahora agregarle el hecho que tendría que lidiar con su ex novia.

La latina fue cerrando los ojos y otra vez la venció el sueño, después de todo ya eran pasadas las cuatro de la mañana y no habían tenido descanso en horas, su cuerpo le reclamaba algo de tiempo para recobrar energías.

-Cuando vuelva veré como le digo-Murmuró antes de cerrar sus ojos y acomodarse en ese duro sofá -.

Quinn se había dirigido a una de las salas presentando sus documentos de identificación a la enfermera que le tomó los datos y le hizo unas preguntas de rutina, luego le indicó que se subiera a la camilla y se recostara para esperar ahí que llegara la doctora.

-Hola otra vez-Saludó Sophie con ese acento inglés encantador-.

-Hola-Respondió nerviosa, siempre había sentido cierta reticencia a las agujas-.

La doctora se puso los guantes y preparó la aguja para la extracción de la muestra de sangre, le volteó hacia la rubia y vio el pánico en sus ojos.

-¿Sucede algo?-Preguntó-.

-No, todo esta bien-Mintió mirando fijamente la jeringa-.

Sophie que ya tenía la suficiente experiencia en esto se dio cuenta que la rubia no era muy amiga de las agujas.

-Cierra los ojos-Le dijo-.

-Sí estoy bien, no es…-.

-Mis pacientes son niños así que sé como tranquilizar a las personas, supongo que a ti no te tengo que ofrecer una paleta para que no llores ¿verdad?-Expresó para que se fuera relajando-.

Quinn sonrió.

-No es necesario- Contestó con sus mejillas sonrojadas-.

-Hazme caso, cierra los ojos, sólo será un segundo, relájate-.

Quinn cerró los ojos y sintió como las yemas de los dedos de la doctora le acariciaban suavemente el brazo buscando la vena. Se concentró tanto en aquel toque que apenas sintió cuando la punta de la aguja traspasó su piel y le extrajo la sangre necesaria.

-Ya está-Dijo una vez que había terminado-.

La rubia abrió los ojos y sólo vio un pequeño trozo de gaza que cubría el pinchazo.

-Toma- Le ofreció sacando de su bolsillo una paleta de dulce- Te lo ganaste por no llorar-.

La rubia la tomo divertida, con una sonrisa sincera que no tenía en su rostro desde que supo del accidente.

-Ahora voy a dejar esto al laboratorio y luego iré a ver como van el plan para la operación de Beth-Explicó-.

-¿Tú la operaras verdad?-Preguntó-.

-Si, aunque la parte delicada la hará mi colega, ella es la especialista en cardiología-Contestó-.

-¿Y ella como es?-.

-Como persona es totalmente desagradable pero sabe hacer su trabajo-Respondió dándole una sonrisa-.

-Crees que pueda hablar con ella antes de que Beth entre al quirófano- Pidió-.

-Claro, hablaré con ella y juntas iremos a informarte-Aceptó-.

-Gracias, de verdad por todo doctora Clayton-Dijo sincera levantándose de la camilla-.

-No hay porqué y puedes decirme Sophie-Expresó- Supongo que no voy a lograr que te vayas a descansar-Agregó-.

-No, ni aunque me fuera podría pensar en dormir, no mientras no vea a Beth abrir sus ojitos y hablarme-.

-Lo entiendo, una enfermera te avisará si eres compatible apenas estén los resultados, yo no podré estar para sacarte sangre, así que sé valiente bueno-Señaló dándole una sonrisa de apoyo-.

-Lo seré-Contestó-.

Juntas salieron de sala.

-Te veo luego-Se despidió Sophie perdiéndose por el pasillo-.


Brittany había comenzado su día de mala manera. No había podido dormir en los últimos días las horas suficientes para recuperarse, dos máximo tres horas por noche era lo que estaba durmiendo la bailarina desde que Santana dejó su departamento en Paris.

Por lo que ese día que debía estar a las 7:00 a.m. en los ensayos se quedó dormida y todo su día se vio trastocado. Acelerada se duchó, comió algo no mucho, pero lo suficiente para mantenerse en pie y salió casi corriendo hacia su auto.

Cuando ya estaba en el auto y tenía más de medio camino recorrido se dio cuenta que no llevaba su celular, seguramente se le había quedado encima de la mesa de la cocina o en la mesita de noche.

Golpeó el volante con frustración.

-Nada va bien si no estás conmigo-Susurró para si misma-.

La extrañaba, había pasado casi una semana y ella no aguantaba más la soledad de estar sin Santana.

-Así es como te sentías-Pensó- Cada vez que yo no estaba, así es como te sentías-.

Porque tenía claro que la soledad había sido la causa del porqué Santana había decidido irse por un tiempo, ella se había dedicado a su carrera, a cumplir cada uno de sus sueños y tal vez sin darse cuenta había dejado el más importante de lado. Construir su vida con Santana.

No se había detenido cuando pudo, no había dejado de hacer giras aunque veía que el brillo de los ojos de su latina se había ido apagando, aunque cada vez que llegaba era menos la felicidad con la que era recibida, aunque cada vez menos Santana le decía que la amaba. Ella tampoco lo dijo lo suficiente, los te amo, nunca son suficientes cuando son verdaderos.

No podía culparla, aunque fuese más fácil. No podía decir que había hecho todo por salvar su relación cuando no era cierto, tenía que ser sincera consigo misma y asumir su responsabilidad, porque sólo así podría dar el próximo paso que era recuperar a su latina.

Llegó al estudio de danza que había sido asignado para ensayar y se fue de inmediato a los camarines, seguramente la estaban esperando ya que además de ser la bailarina principal estaba a cargo de parte de la coreografía.

Como predijo los bailarines y bailarinas ya estaban calentando cuando ella entró a la sala, las miradas se posaron de inmediato a ella. No había que ser un genio para darse cuenta que la rubia no estaba en toda su capacidad, la ojeras marcadas y la poca energía que tenía no era nada típico de la Brittany Pierce que conocían.

-Hola Britt-Saludó Emma-.

-Hola Em-Respondió-.

-¿Cómo estás hoy?-Preguntó con marcado acento francés-.

-¿Cómo me ves?-Respondió flexionando sus piernas en la barra para precalentar-.

-No muy bien-Respondió sincera-.

Con Emma Jussieu se habían conocido en la academia en primer año y juntas habían entrado al mismo grupo de danza una vez que se graduaron, lo que no resultó sorprendente porque ambas eran las mejores de su generación. La francesa había ayudado a la rubia con el idioma y la adaptación a la ciudad, pronto y dentro de la academia eran inseparables.

A Santana no le había caído del todo bien Emma cuando la conoció, le decía a Britt que la chica tenía otras intensiones con ella, pero la rubia bailarina con toda su ingenuidad le decía que no eran más que amigas. Muy buenas amigas.

Cuando la latina se fue, Brittany a la primera que llamó fue a Emma para desahogarse, necesitaba el apoyo de una amiga.

-¿Has hablado con ella?-Preguntó Emma-.

-El sábado la llamé, de ahí no hemos vuelto a hablar-Respondió recordando aquella conversación-.

-Yo creo que deberías aprovechar este tiempo-.

-¿Cómo?-Preguntó sin entender cuál era el punto-.

-Con esto Santana ha demostrado que no entiende lo que haces Britt, nuestra carrera es corta, cuando tengamos treinta seremos veteranas y tendremos que conformarnos con dar clases y establecernos obligatoriamente, es ahora cuando tenemos que aprovechar, viajar, conocer, vivir la vida…quizás lo mejor que te pudo haber pasado es que ella se fuera- Explicó mientras le clavaba esos ojos café verdosos en la rubia-.

Brittany se molestó con aquella última frase de su amiga, ¿Cómo podía decir eso?, Santana era lo mejor que le había pasado en la vida, por ella había luchado con todo lo que tenía y su latina había dejado todo por irse con ella a Paris, ellas nacieron para estar juntas, eran almas gemelas.

-No quiero que vuelvas a decir eso-Le advirtió seria-.

La francesa se dio cuenta que no había elegido las palabras correctas para llegar Brittany.

-No quiero verte triste, eso es todo, lamento si lo que te dije no te gustó yo sólo buscaba subir tú ánimo, llevas una semana sintiéndote mal y me da rabia que te haga sentir así, soy tú amiga y me importa lo que te pase- Expresó siendo mucho más suave-

-La culpa no es de ella-La defendió de inmediato-.

-Tampoco tuya, tú sólo estás persiguiendo tú sueño, no te puede dejar por eso, no puede ser tan egoísta- Atacó nuevamente-.

-No me dejo, es sólo un tiempo…sólo un tiempo-Se repitió más bajo para convencerse de que así sería-.

Pronto ambas comenzaron con sus labores de coreógrafas, los ensayos eran realmente agotadores pero por lo menos le habían servido para mantener la mente ocupada. Les quedaban nada más que dos semanas para tener la coreografía perfectamente implementada, el próximo teatro que visitarían era el de Berlín, y aunque la rubia no estaba especialmente excitada por ir a Alemania, sabía que ese era su trabajo y debía realizarlo de la mejor manera posible.

-¿Qué haces más tarde?-Le preguntó Emma una vez que ya habían terminado los ensayos-.

-Ir a mi casa e intentar dormir, no tengo ganas de nada más-Respondió caminando hacia su auto-.

-¿Porqué no vamos a cenar hoy en la noche?, seguro que beber una copa y charlar te ayuda a subir el ánimo-La invitó sonriente-.

-No sé, de verdad estoy cansada y no…-.

-Vamos Britt, hace mucho que salimos juntas-Insistió-.

-No puedes decir eso, en cada ciudad que visitamos me llevas a algún bar para "familiarizarnos con la cultura"- Ironizó la rubia-.

-Tienes razón, pero igual quiero salir contigo esta noche y no voy a aceptar un no, así que paso por ti a eso de las ocho-Finalizó dándole un beso en la mejilla y apurándose hacia su auto-.

Brittany le dio una media sonrisa e hizo un gesto de afirmación con la cabeza. Subió a su auto y se dirigió al departamento.

-Donde nadie te espera-Pensó-.

Estacionó y cuando llegó al lugar comenzó a buscar su celular, esperando no tener ninguna llamada demasiado importante. Cuando por fin halló el aparato su corazón dio un vuelco, tenía siete llamadas perdidas de Santana.

-Idiota, idiota, idiota-Exclamaba enojada consigo misma- Va pensar que no quieres hablarle-.

Marcó una y otra vez con desesperación, pero el mensaje era el mismo que el número al que estaba llamando no se encontraba disponible. Recordó que tenía el número del teléfono de la casa de Quinn, e intentó ahí pero nadie le contestaba.

-Quizás también se olvido del celular en casa-Se resignó la bailarina-.

Rendida se fue a tomar una ducha más larga, eso de compartir algo tan privado como una ducha con más personas siempre le había incomodado así que en camarines no demoraba más de diez minutos en hacerlo. Prefería llegar a casa, regular el agua a temperatura perfecta y ahí sacarse todas las frustraciones del día.

Santana, Santana y Santana. Esos eran todos los pensamientos de la rubia. ¿Qué estaría haciendo? ¿La extrañaría tanto como ella lo hacía? ¿Le costaría dormir de noche al no sentirla a su lado? ¿Pensaría en volver o esto era definitivo?. Tantas preguntas la atormentaban y entre ellas, a lo lejos comenzó a escuchar el sonido de su móvil.

Con su cabello goteando y con la toalla a medio enrollar por su cuerpo se apresuró en salir para esta poder contestar.

-Amor-Dijo de inmediato-.

-Creo que esperas la llamada de alguien más, porque el único amor que yo tengo está acá a unos metros de mi-Bromeo-.

-Hola Ethan, lo siento es que pensé que era Santana-.

-Me di cuenta Britt, ¿Cómo estas?-Preguntó cordial su ex maestro-.

-No muy bien en realidad-Contestó sincera y sentándose en uno de los apoyos del sofá intentado que su cabello mojado no cubriera ese lugar también-.

-¿Qué pasó?-Preguntó preocupado- ¿Te lesionaste?-.

-No, es Santana…ella se fue Ethan, hace casi una semana que dejo el departamento y se fue a Nueva York-Respondió con la voz quebrada como cada vez que hablaba del tema-.

Ethan se mantuvo en silencio por algunos segundos.

-No puedo decir que me sorprende Britt, yo te lo dije-Expresó intentando no sonar duro-

-Lo sé-Aceptó la bailarina-.

-Yo te entiendo, hago o hice lo mismo que tú y sé lo complicado que es encontrar un equilibrio, sé que tienes grandes sueños, yo mismo te ayude a ambicionar, te alenté a luchar por ser la mejor pero en algún momento te centraste y dejaste de lado lo otro y en una relación también hay que ambicionar y luchar Brittany-.

La bailarina escuchaba atenta las palabras de Ethan, sabía que él en varias ocasiones le había advertido que estaba dejando demasiado tiempo sola a Santana. Que la latina era de esas mujeres que necesitaba sentir que tenía a alguien y no sólo una llamada diaria desde distintos puntos del mundo. Le dijo que no tenía para que hacer cada gira, que como bailarina podía hacer unas y rechazar otras, pero la rubia quería destacar, quería tener un nombre y brillar entre todos. El costo de aquello lo estaba viviendo ahora.

-No sé que hacer para arreglarlo, creo que Santana ya no me ama como antes-Dijo con pesar-.

-Ya encontraras una forma, la recuperaste una vez, puedes volver a hacerlo-Expresó optimista-.

-Gracias Ethan, siempre me hace bien escucharte-

-Sé que quizás no es el mejor momento pero yo llamaba por algo en particular-Cambió de tema-.

-Dime-.

-Tengo un nuevo proyecto y creo que tú eres perfecta para hacerlo conmigo-.

-Eso suena para una larga explicación y yo estoy medio desnuda y mojada en mi sofá, te puedo llamar más tarde- Expresó-.

-No necesitaba tantos detalles Britt, si Claire estuviese escuchando me golpearía porque hubiese pensado que tenía una charla sucia y la estaba engañando-Bromeo-.

-Te llamo-Se despidió la bailarina-.

-Hablamos-.

La rubia se dirigió a su dormitorio, se puso ropa interior y se tiró en la cama boca abajo. Tomó la almohada que usaba Santana y aspiró con fuerza los rastros de perfume que aún quedaban en ella. Eso le daría fuerza para estar un día más sin ella.

A eso de las siete y treinta comenzó a vestirse, sabía que Emma era muy puntual y que se molestaba cuando se atrasaba o debía esperarla. No se puso nada muy especial, con un jeans y una blusa bastaría.

El timbre de su departamento sonó a las ocho menos tres. No necesitaba mirar los el agujero para saber de quien se trataba.

-Hola-Saludó alegre la francesa-.

-Hola Em-.

-Me encanta cuando estás lista esperando por mi-Expresó con algo de coquetería que la rubia no alcanzó a notar-.

-¿A dónde iremos?-Preguntó tomando su bolso-.

-A un lugar nuevo que me recomendaron mis amigos, buena comida y un amplia carta de tragos, perfecto para esta noche-.

Brittany no objetó y salió junto a su amiga. Fueron en el auto de Emma y después de aproximadamente veinte minutos ya estaban afuera de un local que se veía con bastante público.

Primero se bajó la francesa que de inmediato atrajo miradas, ese vestido negro ajustado que contrastaba con lo blanco de su piel, hacía relucir todas sus curvas de bailarina.

-¿Piensas quedarte ahí?-Preguntó mirando a Britt que estaba apoyada en el auto-.

-Ya voy-Contestó desganada-.

La rubia bailarina mantenía su celular en la mano y marcaba en número de Santana por si esta vez tenía éxito y lograba comunicarse con ella, pero el aparato seguía apagado. Allá es de madrugada, pensó.

-Puedes dejar ese teléfono y ponerme atención-Exigió Emma-.

-Lo siento, es que he intentado comunicarme con San pero no he podido, cuando regrese a casa tenía varias llamadas perdidas de ella-Explicó-.

-Recuerda las horas de diferencia- Comentó con desinterés-.

-Lo pensé pero es raro que lo tenga apagado-.

-Quizás está haciendo algo más interesante-Dijo con insidia-.

Brittany levantó la cabeza y cuando iba a defender a su latina, la camarera llegó para tomar sus órdenes. Mientras leía la carta, pensaba en la última vez que había hablado con Santana. Le preguntó directamente si había alguien más y le había respondido que no, y francamente no tenía por qué desconfiar, su latina nunca la había engañado.

No demoraron en llevarle los platos que habían pedido y se formó un incómodo silencio.

-¿Y que hiciste hoy en la tarde?-Preguntó la francesa-.

-Me di una larga ducha e intente dormir un poco-Respondió-También hable con Ethan-

-¿Con Ethan?-.

-Si, me llamó para hablarme de un proyecto, pero no me lo detallo y más tarde cuando lo llamé no pude comunicarme-.

-Pensé que estaba alejado de los escenarios, ahora que es el novio de Claire Carpentier seguro no necesita trabajar para ganarse la vida-Comentó con burla-.

Brittany frunció el ceño, Emma podía ser muy mal intencionada a veces, eso de lanzar comentarios maliciosos eran común y ella de cierta forma se había acostumbrado a eso. Lo que la había descolocado del comentario había sido otra cosa, si, ese fantasma que acechó su último año, el apellido Carpentier aún era difícil de digerir para la rubia bailarina.

-Ethan nunca ha dejado de ejercer su carrera, sólo que ahora se dedica a enseñar-Le rebatió defendiendo a su mentor-.

-Eso he escuchado, que tiene su academia en Londres, igual, seguro no lo necesita-Insistió-.

La rubia no quiso seguir con el tema y se concentró en su comida, luego pidió un trago y otros más a medida que fue pasando la noche.

-Ya quiero irme, es tarde y necesito dormir-Dijo Brittany-.

-Pero si aún es temprano-Reclamó la castaña-.

-¿Te vas conmigo o llamo un taxi?-Le preguntó en una postura firme-.

Emma rodo los ojos y le hizo un gesto de afirmación. Pidieron la cuenta, pagaron y salieron del local.

-Te estás volviendo realmente aburrida-Comentó encendiendo el auto-.

Brittany la ignoró y focalizó su vista en la ventana. En cada calle buscaba un recuerdo, un aroma, un tiempo en donde todo fue mejor. Cuando recién llegaron muchas veces se perdieron intentado localizar alguna dirección, esa ciudad se les hacía tan inmensa en comparación a Lima, nada tenían en común y vieron en esas muchas ocasiones en que se perdieron la oportunidad de conocer. Siempre terminaban riendo, entrelazando sus dedos y sintiendo que si estaban una con la otra jamás estarían perdidas realmente.

Otra vez ese nudo en su garganta, esos ¿Por qué? Que le inundaban la cabeza, ¿Por qué había permitido que todo se rompiera? ¿Por qué no verlo antes?, y así muchas interrogantes que la hacían sentirse más y más culpable.

-Ya llegamos-Dijo Emma rompiendo sus pensamientos-.

-Gracias-Expresó con la voz casi rota-.

-Britt no-Le pidió la castaña con ternura-No quiero verte llorar otra vez-.

-No puedo evitarlo-.

Emma se acercó y la abrazó cariñosamente, acariciándole el cabello.

-Quizás no lo entienda, pero me tienes aquí, cualquier cosa que necesites incluso si es un hombro donde llorar o tarde enteras comiendo helado y viendo películas masoquistas de amor, me tienes aquí-repitió-Te quiero y haría cualquier cosa por hacerte sentir mejor- Expresó con sinceridad-.

-Gracias Em-.

-A la hora que sea, me llamas y estaré afuera de tú puerta-.

Britt se distancio y le hizo un gesto de afirmación con su cabeza.

-¿Quieres que me quede hoy contigo?-Preguntó esperanzada-.

-No, sólo quiero dormir, te veré mañana-.

-Está bien, pero cualquier cosa me llamas-.

-Lo haré-.

Emma se acercó para despedirse con dos besos, uno en cada mejilla. Brittany salió del auto y subió rápidamente a su departamento. Se quitó la ropa y se puso su pijama, entró al baño a cepillarse los dientes y se acostó. Tomó su celular e intentó por última vez marcando el número que se sabía de memoria, pero no obtuvo respuesta.

Cerró sus ojos frustrada.

-Necesito aunque sea escuchar tú voz-.

Se quedó con el teléfono en la mano mientras sus ojos se cerraban por el cansancio.


El tronar de unos tacones caminando de un lado para otro, era lo que despertaba a Santana. Estaba somnolienta y le costó ubicarse en donde estaba y porqué.

-Puedes dejar de hacer eso…-Le pidió colocándose ambas manos en la sien frotándolas en forma circular-.

-Lo siento-Se disculpó Quinn deteniéndose-.

-¿Qué hora es?-Preguntó-.

-Las siete con quince-Respondió sentándose al lado de la latina-.

-¿Has dormido algo?-Preguntó aunque la respuesta fuera obvia-.

-No, después de los análisis, me quedé esperando acá, no te quise despertar porque tú tampoco has descansado y luego llegó la enfermera, soy compatible así que me sacaron sangre por si Beth la necesita en la operación- Explicó-.

-Ya veo-.

Quinn se notaba en extremo nerviosa, golpeaba la punta de su pie contra el suelo y jugaba con la paleta que le había dado Sophie girándola una y otra vez.

-¿Qué haces?-Le preguntó a Santana quien le iba a quitar el dulce-.

-Estoy recién despertándome, necesito azúcar y tú más allá de jugar con ella no parece que te la vayas a comer-Le respondió-.

-No, es mía, ahí hay un dispensador de dulces ve y cómprate algo, esta me la gané yo- Expresó atrayéndola hacía su cuerpo para que Santana no se la quitara en un gesto totalmente infantil-.

La latina bufó sonoramente y se levantó caminando los escasos pasos que la separaban de la maquina de dulces.

-Eres una egoísta Fabray- Dijo fingiendo molestia- Un momento… ¿te la ganaste? Alguien hizo una competencia para ganar paletas de dulce y yo me la perdí porque dormía-.

-No, Sophie me la dio cuando me hizo la prueba, fue porque no llor…-Quinn se detuvo sabiendo que lo que acaba de decir le daba material para ser la burla de Santana por mucho tiempo.

No tuvo que ni siquiera mirar para saber que expresión tenía Santana. La latina estaba que soltaba la carcajada pero se reprimió por el lugar en donde estaban.

-Creo que la doctora sexy con acento inglés quiere darte mucho más que una paleta, Fabray-Bromeo, porque aunque estaban en una situación delicada ella era Santana López y ese comentario era inevitable-.

-Idiota- La regañó- Es la doctora de mi hija que se está comportando de manera impresionante tomando en cuenta que no tengo nada legal que me respalde, ni siquiera tengo el derecho a entrar a verla pero ella me lo permitió y por eso le estoy muy agradecida-.

Santana notó que la voz de Quinn se tornó triste otra vez, así que no dijo nada más, la rodeo con su brazo por lo hombros y dejo que la rubia se apoyara en su pecho.

-Todo saldrá bien Quinn, Beth y Shelby estarán bien y la niña pasará sus vacaciones contigo tal y como lo tenías planeado-.

-Ojala San, ojala-.

Santana le ofreció de su bolsita de M&M de chocolate que había sacado de la maquina y se quedaron en esa posición.

Sophie por otro lado había tenido que atender otra emergencia que surgió durante la noche por lo que no había podido estar todo lo que quisiera pendiente del plan para la operación de Beth. Lo que la tranquilizaba era la confianza que tenía en su colega, habían estudiado juntas y sabía que era muy capaz.

Entró a la sala en donde la doctora estaba inserta leyendo.

-¿Ya está listo?-Preguntó acelerada Sophie-.

-Eso creo-Respondió-.

-¿Crees?-Interrogó ubicándose a su lado, no le gustaba ese tono de duda-.

-Es una operación difícil, más si pensamos que es en una niña de su edad, quizás sea mejor que llames a Carter, él tiene más experiencia que yo, que por si se te olvida aún soy residente-Explicó-.

-Confió más en ti, ambas sabemos que tienes más habilidad que Carter, eres la residente estrella en este Hospital, confió en tus manos para que toda la operación de Beth salga bien, además yo estaré ahí también- Expresó segura para convencer a su colega-.

-Te noto demasiado involucrada en este caso, sabes que eso no es prudente, nos quita la objetividad- Expresó de manera dura-.

-Trabajo con niños, suelo involucrarme-Se defendió- ¿Entonces?-.

-Lo haré, pero igual iré antes a consultar unos detalles con Carter, te veo en el quirófano-.

-Necesito que vayas conmigo a hablar con la madre, está nerviosa y quiere saber cuál es el plan-.

La cirujana cardiotorácica la miró suspicaz.

-Leí el expediente, la madre fue operada y aún no despierta, así que me estás explicando en este momento de quien me estás hablando-.

La cirujana pediatra suspiró para darse paciencia, sabía lo que vendría después de dada la explicación.

-De la madre biológica-Respondió- Beth fue adoptada por la señora Corcoran al nacer, que es la otra paciente, pero su madre biológica está acá y ha estado muy nerviosa, es su pequeña después de todo y no puedo negarme a darle información aunque no sea obligatorio-.

-Ya veo por donde va el "involucramiento"-Ironizó-.

-¿Vas conmigo o no?-La presionó para cambiar de tema, la estaba cansando esa actitud-.

-Sabes que odio hablar con los familiares, no es más que una perdida de tiempo porque finalmente no entienden nada de lo que uno dice-.

-¡Joder!-Exclamó perdiendo la paciencia- Que para tener corazones en tus manos todos los días, no usas mucho el tuyo, un poco de empatía-Pidió ofuscada la inglesa quien recibió una risa sarcástica-

-El corazón es un órgano, no le des propiedades que no tiene-Respondió- Pero iré, te veo en la sala de espera-.

Suspiró cansada y mentalmente pensó en algo agradable para tranquilizarse. Si, era su amiga, con quien había coincidido sus últimos años de estudio en Oxford. Sophie era unos años mayor, se había graduado antes y luego juntas habían aventurado hacia Boston, pero eso no evitaba que en ocasiones le dieran ganas de asfixiarla por ese modo de ser tan frío que tenía, no lo entendía, porque si bien era cierto que debían mantener cierta distancia con los pacientes, eran personas, seres con sentimientos que no podían mantenerse ajenos a la situación.

Dio el último suspiro y se dirigió a la sala donde sabía estaría Quinn. Cuando vio a la rubia le produjo ternura la escena. Quinn estaba aún apoyada con los ojos cerrados en el pecho de Santana.

-No ha dormido nada-Comentó la latina al verla-.

-Lo imagine-Respondió la doctora- Quizás sea mejor dejarla descansar-.

-Estoy despierta-Susurró la rubia-Sólo necesitaba unos minutos para cerrar los ojos ¿Ya está todo listo?-.

-Si, lo está-.

-¿Y la otra doctora?-Interrogó-.

-Fue a hablar con el otro especialista para ultimar detalles, no demora en estar acá, le dije que querías hablar con ella-.

-Gracias Sophie, de verdad no sé como agradecerte todo lo que has hecho por mí- Decía la rubia-.

-Es mi trabajo Quinn, y me gusta hacerlo bien-.

Santana observaba en silencio ese intercambio de miradas que se daban la doctora y su mejor amiga, no había que ser demasiado inteligente para darse cuenta que allí había una química muy especial. Estaba en eso, cuando escuchó una voz que la descolocó por completo, que la hizo congelarse y cerrar los ojos pensando que aquello se lo estaba imaginando.

-Clayton, ya estoy acá-.

Santana no se giró para saciar la duda que de repente se la estaba comiendo. No lo tuvo que hacer, en la expresión de Quinn supo que aquella, era esa voz que había escuchado hace ya tanto tiempo.

Fue casi en cámara lenta, como esas escenas de película antigua en las que para darle emoción alargaban el tiempo, sus ojos se detuvieron en los de ella, su corazón comenzó de repente a latir más rápido y en su garganta se ahogó su nombre.

-Kayle-Pronuncio Quinn-.

Kayle tampoco reaccionaba, se había quedado a unos dos metros de las chicas. Pestañaba más rápido para que si eso era una ilusión se acabara, pero por más que giraba su cabeza en negación, ellas seguían ahí.

-¿Se conocen?-Preguntó Sophie totalmente desconcertada-.

-Quinn-Se escuchó-.

La rubia se volteo y eso fue demasiado para su cansado cuerpo que no había tenido descanso alguno, pensó por un momento que estaba alucinando, que esos ojos cafés grandes y expresivos no la estaban viendo a centímetros de distancia. Eso no podía estar pasando justo ahora, no podía.

Negro, ese café brillante de los ojos de Rachel se fue a negro en Quinn quien se desvaneció perdiendo la conciencia.


Y...chan! Se lo esperan? las sorprendí? comenten!

Nos leemos el próximo viernes o tal vez antes, depende de como ande la inspiración.

Saludos chicas!

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