Después de la guerra algunos sangrepura habían desaparecido del país en búsqueda de un poco de paz. Él, junto a su madre, se había instalado en Francia, en una propiedad muy antigua, que había pertenecido a los Black desde hace siglos. Recorriendo las calles de París, había reconocido a la hermana menor de Daphne, se acercó a la guapa bruja y desde ese momento fueron casi inseparables. Ella también estaba huyendo, aunque él nunca supo de qué. Con el mutuo compromiso de no decirle a nadie su ubicación, comenzaron una relación muy pasional.

Pero hace poco más de una semana todo se había terminado. Tory lo dejó por Valentino, un italiano estúpido que era el encargado del edificio muggle donde ella tenía su departamento. Nunca pensó que fuera capaz de engañarlo, la había encontrado en su cama con el italiano de dos metros. ¿La excusa? Que Draco había olvidado su aniversario hace tres meses. Aún recordaba sus palabras "Eres tan arrogante Draco, nunca podría pasar el resto de mi vida con una persona como tú. Yo no soy Granger, no me puedes humillar y pisotear, me voy". Nunca nadie lo había lastimado tanto, apareció en su mansión y sin cruzar palabra con su madre se había encerrado en el estudio a beber whisky.

A la mañana siguiente se levantó como si nada hubiera pasado y continuó su rutina normal. Pero el enorme dolor que sentía cada vez que pensaba en ese momento era imposible de controlar. Solo en ese instante logró comprender el daño injustificado que le había causado a la loca de Granger y por primera vez en su vida se quiso disculpar. La semana siguiente mientras leía el periódico francés vio el anuncio de empleo del Ministerio Británico de Magia y no lo dudó un segundo. En la tarde recibió la respuesta y alistó sus maletas, los Malfoy volverían a Inglaterra.

Entró al Departamento de Misterios muy confiado. No sabía con quién iba a trabajar, era "secreto" pero fuera quien fuera, le habían asegurado que era el mejor. Apresuró el paso hasta llegar a una oficina muy espaciosa, que, según le habían dicho, compartiría con su nuevo compañero. No le agradaba mucho la idea de compartir, sin embargo se sentó en el escritorio vacío y empezó a organizar sus cosas. Treinta minutos después se abrió la puerta y una mujer, con lindas curvas y un extraño cabello castaño entró de espaldas, gritándole a un hombre.

-¡Vete al Diablo Pucey! – gritó la bruja con una voz chillona que Draco creyó conocer - ¡Si esos informes no están mañana te maldeciré de manera que nunca te vuelvas a sentar!

-¡Esta bien! ¡Y vete al Diablo tú también Granger! – la voz de su excompañero de habitación lo alteró ¿Gran…ger?

Cuando la chica loca se volvió Draco se dio cuenta de que había escuchado bien. La leona lo miraba con la boca desencajada y una expresión asesina en los ojos aunque estaba pálida y parecía a punto de desmayarse.

-Granger – saludó levantándose de su asiento, en un gesto caballeroso.

-¿Qué haces aquí? – preguntó apretando los dientes, sin registrar el saludo.

-Trabajaré aquí en los nuevos giratiempos – explicó con voz dura, sintiéndose molesto por su mala educación - ¿Eres mi compañera?

-Si – dijo con voz fría y controlada – Esto debe ser un error- murmuró más para ella misma que para él - ¡No puedo trabajar contigo! ¡No voy a hacerlo! ¡No quiero!

-¿Qué mierda te pasa? – exigió perdiendo la paciencia. Él se estaba comportando como un profesional y ella como una niña.

-¡Es obvio lo que pasa! – gritó perdiendo la compostura – Te odio.

-Wow. Muy profesional Granger – respondió con sarcasmo – Si es por lo que pasó hace años, ya estás grande y creo que deberías superarlo – respiró profundo al ver que un flash de dolor atravesó el rostro de la bruja, recordó su resolución de pedir perdón y se calmó un poco – En realidad quería disculparme por lo que pasó, fui infantil y cruel. Ahora que dejamos eso de lado, a trabajar.

-No acepto tu disculpa Malfoy y no pienso trabajar contigo.

Sin darle tiempo para responder, la insolente mujercita dejó el despacho.

Draco se volvió a sentar confundido. ¿Era permitido rechazar una disculpa? Maldita bruja, se había humillado para nada, todo por culpa de Tor… Astoria. ¿Le quitarían el trabajo? No necesitaba el dinero pero realmente quería ese trabajo. Además, debía enseñarle a la maldita Gryffindor a aceptar una disculpa.


Granger no volvió a aparecer ese día, ni el día siguiente. El martes Kingsley le envió un comunicado diciendo que la loca había pedido una semana libre y volvería el próximo lunes, le ordenó a Draco que se fuera a casa también. Pero como un Malfoy no acepta ordenes de nadie, se quedó. Eso le dio tiempo para pensar en una manera de hacerla aceptar su maldita disculpa. Decidió comenzar a elaborar un esquema general de lo que necesitarían, todo iba bien hasta que llegó a una encrucijada ¿Escamas de Dragón o pelo de cola de unicornio? Tendría que esperar a su queridísima compañera.

Se levantó para deambular por la oficina y revisar el archivo cuando algo captó su interés. Granger tenía una foto de él cuando era niño, era una foto muggle y en lugar de una túnica estaba usando ropa muggle. Una voz en su mente gritaba "ACOSADORA". Se sentó en la silla de la leona para inspeccionar la fotografía cuando otra interceptó su atención. Una niña rubia, con un lindo vestido rosa de la misma edad que Draco en el otro portarretratos.

Al parecer era una de esas acosadoras obsesionadas y peligrosas. Hasta había intentado recrear sus hijos juntos. Pobre chica, sabía que era bueno en la cama, pero no hasta qué punto, sin embargo algo no cerraba, no creía que Granger fuera ese tipo de persona.

Mordido por la curiosidad registró el escritorio hasta encontrar la foto de dos niños rubios, de unos cuantos meses. Cada uno estaba sentado en una rodilla de Granger. Había guirnaldas por todas partes y Zabini, lunática, una camada de pelirrojos y San Potter estaban ahí. "23 de enero de 2001. Primer cumpleaños de Rose y Scorpius Granger" la foto era mágica, por lo tanto era real. Esos niños eran reales. Tenían un poco más de 4 años.

Un momento… el cerebro de Draco comenzó a trabajar a máxima velocidad. Mierda.


El resto de la semana fue horrible.

Draco se convenció a si mismo de que todo había sido parte de su imaginación. Nadie podría tener tan mala suerte. Se rio de su propia estupidez y el sábado salió a reencontrarse con sus amigos.

Theodore Nott y Blaise Zabini estaban encantados de volver a saber de él. Aunque lo demostraron de la manera Slytherin. Con insultos

-Eres un imbécil – continuó Nott – Sin importar que tú y tu madre quisieran dejar todo atrás por un tiempo debiste escribir. ¿Dónde estabas metido?

-¿Te has comunicado con alguien del colegio?

-Cuéntenme de ustedes.

Hicieron mala cara al ser ignorados en sus esfuerzos por sonsacar información, pero lo conocían bien, así que lo dejaron pasar. Ya les llegaría el momento.

-Estoy saliendo con Lovegood – dijo Blaise orgulloso – Nos casaremos en diciembre.

-Lo imaginé – confesó con una sonrisa burlona – Vi una foto tuya rodeado de pelirrojos. Pansy también estaba ahí, por cierto ¿Por qué no vino?

-Está de vacaciones con Weasly – respondió Theo quitándole importancia -¿Dónde viste la foto? – preguntó poniendo cara de póker. Malditas malas vibras.

-En mi oficina, la comparto con Granger.

Eso hizo la magia. Theo escupió su cerveza de mantequilla y a Zabini le dio un ataque de toz. Algo estaba muuuuuuuy mal.

-¿Qué mierda les pasa? – demandó estudiando con sospecha a sus amigos.

-¿Hermione te vio? – la voz de Blaise era un mísero intento de tono casual.

-Claro, pero solo el lunes, no ha vuelto – ¿Hermione? no quería parecer muy interesado pero las dudas lo estaban devorando. Necesitaba respuestas – Respondan. ¿Qué-mierda-les-pasa?

-Nada. Iré por una botella.

Pasaba algo y Draco, lastimosamente, intuía qué.


Como cualquier Slytherin, Draco decidió que haría lo que tuviera que hacer para llegar al fondo del asunto. Estaba seguro de que su cabeza lo estaba engañando. ¡Él no había hecho nada tan malo como para merecer ese castigo! Ser guapo, inteligente, divertido, hábil, poderoso y millonario no era motivo de semejante sentencia. No podían hacerle eso.

Regresó a la oficina y comenzó a buscar en las gavetas por alguna pista. Escuchó voces en el pasillo y sabiendo que no debía estar allí usó un hechizo desilusionador. Se fue con cuidado a una esquina deseando no ser descubierto.

-¡Pero no entiendo porque tuve que traerlos Mione! – reclamó una voz masculina.

-Porque él volvió Harry – debatió con voz cansina ¿Granger? – Si los periódicos publican una foto suya Malfoy los verá, es un cerdo, pero no es estúpido.

La puerta se abrió dejando ver a cara rajada y a la leona. Draco se dio cuenta de que traían algo en brazos. Dos niños, profundamente dormidos. Eran tan rubios como él. No puede estar pasando, estoy loco, es imposible. Respira… inhala, exhala.

-¿Qué necesitas con tanta prisa? – inquirió el Salvador en voz propia de un padre exasperado.

-Las fotos de los niños, no quiero que Malfoy las vea por error – explicó con voz preocupada la castaña, haciendo que Draco se desesperara más.

Por los pantalones de Merlín deja que sea una pesadilla.

-Mione necesitas tranquilizarte, vamos por un café.

-No podemos dejarlos aquí – lo regañó haciendo un gesto hacia los pequeños bultos.

Con más habilidad de la que Draco lo creía capaz, Potter movió su carita y el pequeño sofá se convirtió en una cama lo suficientemente grande para ambos infantes, con barandas y cobijas.

-Hay una maquina en el pasillo – le recordó con autoridad – Vamos.

Arrastró a la castaña fuera de la habitación dejando a Draco con los enanos. A punto de un ataque de pánico se acercó a ellos. Tenía que reconocer que eran los niños más lindos que había visto. Tenían una piel hermosa, parecían muñecos de porcelana. Sus mejillas rellenas los hacían verse muy dulces y dormidos eran lo más cercano a un par de ángeles que podía existir en la tierra. Aun así Draco rogaba porque no fueran suyos. Necesitaba quitarse la estúpida idea que le había surgido. Existían miles de hombres rubios y Granger había demostrado no ser difícil de llevar a la cama, sin embargo no podía evitar escuchar su voz susurrándole después de terminar "He esperado tanto tiempo por esto, te amo Malfoy".

Si eran sus hijos, cosa prácticamente imposible, tendría la pequeña marca en el oído derecho: una mancha gris. Se acercó a ellos cuando escuchó a Granger acercándose con el idiota de San Potter. Fue hasta la chimenea y entró en las llamas verdes. Tendría que esperar un poco más.

Cuando entró a la nueva Mansión Malfoy (había quemado el lugar donde esas horribles cosas pasaron) fue directo a la biblioteca. En alguno de esos periódicos que habían guardado sus elfos debía decir algo del embarazo de Granger.

Todo esto tiene que ser una mala jugada de mi cerebro. Nadie puede tener tan mala suerte.