¡Sorpresa! Se que ha pasado un tiempo y que esta historia estaba completada, pero tras las sugerencias de Valepotterica sobre continuar este relato, he estado pensando y he decidido continuar escribiendo. En un principio, al ser la primera historia que escribía y publicaba, pensé en algo corto de un solo capítulo. La verdad es que ya había pensado en sí seguirla o no, pero me faltaba inspiración y alguien que me empujara a hacerlo. Y, bueno, este es el resultado. Espero que os guste y prometo que a partir de ahora actualizaré antes.

Como siempre, si tenéis alguna sugerencia o alguna idea de los caminos que puede coger la historia, no dudéis en comentarlo. ¡Son de gran ayuda!

Por cierto, los datos sobre los hermanos de Molly los encontré en la Wiki de Harry Potter, puesto que en los libros las referencias a ellos son muy escasas (creo recordar que solo se menciona a Fabian cuando Molly le regala a Harry el reloj)


Capítulo 2. Una mala decisión

Había pasado un mes desde la muerte de James y la vida en Grimmauld Place parecía transcurrir lentamente. Sirius y Lily apenas hablaban, ninguno tenía ganas de enfrentarse de nuevo al mundo, ese en el que James ya no estaría a su lado.

El pequeño Harry observaba, sin entender que ocurriría, a su madre y a su padrino. Todo en aquella casa era extraño y oscuro. No tenía juguetes, su padre no había vuelto desde que su madre y él habían ido a vivir a esa casa nueva, y todo parecía triste.

Una mañana apareció en su retrato el viejo Phineas Nigellus Black, sobresaltando a los habitantes de la casa.

―Señorita Potter, el director me ha pedido que le diga que debe presentarse en su despacho de inmediato.

―Gracias Phineas ―Sirius contestó por Lily―. Ahora mismo vamos.

Los dos magos se prepararon en silencio. Cuando estuvieron listos, Lily cogió a Harry en brazos y entró en la chimenea, seguida de Sirius. Cuando ya estaban en el despacho del director, se sentaron ante la gran mesa de Dumbledore. El director les miró por encima de sus gafas de media luna.

―Señorita Potter, permítame que le diga que, tras ponerme en contacto con algunos miembros de la Orden, creemos que quien-usted-sabe ha muerto. Después de un mes no ha habido noticias de él, sus seguidores andan escondiéndose o siendo capturados por los aurores. Creo que tanto usted como Harry están a salvo.

―Señor, ¿Seguiremos bajo el hechizo protector? ―La voz de Lily sonaba esperanzada. A pesar de seguir hundida en la tristeza, sabía que Harry no podía crecer en Grimmauld Place, rodeado de aquella oscuridad―. Puedo pedirle a mi hermana que nos acoja. Así Harry crecería en un hogar y podría ir al colegio muggle.

―Es su decisión, señorita Potter. Sin embargo, déjeme que le diga que, de no encontrar refugio en casa de su hermana, los Señores Weasley le han ofrecido la casa de la familia de Molly. Desde que su madre murió, nadie vive allí. Ustedes ya conocían a sus hermanos, Fabian y Gideon, pertenecían a la Orden.

―Gracias profesor. Pero primero me gustaría ir a visitar a mi hermana. Iré hoy mismo, espero que nos acoja en su casa.

―Muy bien ―volviéndose hacía Sirius―. Señor Black, me complace comunicarle que el ministro viene hacia aquí para tratar con usted ciertos temas de un puesto vacante como auror. Espere aquí, no tardará.

Sirius y Lily se despidieron, quedando en que se encontrarían después de la reunión en los jardines de Hogwarts. La joven salió del despacho, con la ilusión de recorrer de nuevo esos pasillos por los que había paseado millones de veces con James.

Cuando llegó al vestíbulo se encontró con la profesora McGonagall, que salía de la sala de profesores. Lily fue a hablar con ella, siempre había sido una de sus profesores favoritos.

―¡Profesora McGonagall! ―Lily se sorprendió del cambio que se había producido en su voz, ahora sonaba un poco más alegre. Aquel castillo siempre le había hecho sentir bien.

―Señorita Potter. Me alegro de verla por aquí. ¿Qué tal se encuentra?

―Mejor, profesora. Pasear por estos pasillos me ha hecho pensar que debo ser fuerte, por Harry. Necesita un hogar donde crecer feliz. James lo hubiera querido así.

―Es una sabia decisión. Usted es una Gryffindor, debe ser valiente y fuerte para continuar. Y si alguna vez necesita algo, Hogwarts siempre tendrá la puerta abierta para darla la bienvenida de nuevo.

―Muchas gracias, profesora ―continuaron hablando de los momentos que había vivido la joven en aquel castillo.

Lo que no sabían era que, tras una de las columnas que adornaban el vestíbulo, había un joven de pelo lacio y negro como el carbón. Las observaba con tristeza. No podía seguir viviendo sin intentar recuperar a la que, mucho tiempo atrás, había sido su mejor y única amiga.

Al ver que Lily abandonaba el castillo y se dirigía hacia los jardines, decidió seguirla. Tenía que hablar con ella, hacerla saber que sentía su pérdida, a pesar de tratarse de aquel cretino de James Potter. Por eso, sin hacer ruido, llegó hasta el árbol bajo el cual se había sentado la chica. Sabía qué solo tendría aquella oportunidad.

―Lily... ―dijo casi en un susurro. Ella hizo como si no le hubiera escuchado―. Yo...yo...quería decirte que lo siento... Si alguna vez quieres hablar o algo...somos amigos...

―No Severus ―dijo contándole. La ira contenida estaba saliendo al exterior―. No somos amigos. Tu y yo dejamos de ser amigos hace muchísimo tiempo, cuando decidiste unirte a aquellos asquerosos mortífagos. Dejaste que me insultaran, que me llamasen sangre sucia. Después de todo, te dio igual nuestra amistad. Por magos como tú, James y muchos otros magos y muggles están muertos. Hazme el favor de no volver a dirigirme la palabra.

Diciendo esto se levantó y se fue, dejando a Snape sin saber que contestar. La única oportunidad que había tenido de recuperar a Lily, su Lily, había desaparecido. Ella no quería saber nada de él. No le había dejado contarle que se arrepentía de la decisión que tomó al unirse a Voldemort, ella no sabía que había sido él quien dio el aviso para que la Orden les sacara de allí antes de que llegara Voldemort. Quería que todos sobrevivieran, incluido James Potter.

Unas horas después, cuando Lily y Sirius se iban del colegio, Snape volvió a cruzarse con ellos. Sin embargo, esta vez no dijo nada, simplemente se limitó a ver como el amor de su vida, su mejor amiga, se marchaba de nuevo.

Fue entonces cuando tomó la decisión de que nunca iba a permitir que nadie descubriera esa parte de él. Nunca verían que Severus Snape tenía algún tipo de sentimiento en su interior.

...

Al llegar a las afueras de Hogwarts, Lily y Sirius se desaparecieron, apareciéndose en un callejón cercano al número 4 de Privet Drive. Decidieron que Sirius se transformaría en perro y, haciendo aparecer un carro de bebé, Lily sentó a Harry. Debían parecer gente normal, una mujer normal paseando con su hijo y su perro normal.

Cuando llamó al timbre de la casa de su hermana, Lily respiró hondo, pensando bien las palabras adecuadas para no asustar a su hermana Petunia y a su marido Vernon. La puerta se abrió mostrando a una mujer delgada que sujetaba en brazos a un bebé regordete.