Círculo de Venganzas

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y su casa editora, la historia salió de un sábado de 5 horas seguidas de inglés. ¡Espero que les guste!


Capitulo 1

Una misión


Langley, Washington D.C. (CIA HEADQUARTER) 6:15 am

Una mañana preciosa, pensó el Director de la CIA al mirar por su ventana. Desde hacía casi seis años que podía apreciar la belleza de un amanecer desde ese especifico lugar. Seis años en los que llevaba siendo el flamante jefe de todo aquello.

Cuando Porter Goss fue nombrado Director General de la CIA estuvo a punto de empezar el apocalipsis dentro de la agencia, desde ese momento Carlisle Cullen decidió no ser sólo un alfil dentro del juego, no cuando un político estaba mandando a la mierda el trabajo de miles de personas.

Por primera vez en su vida eligió ponerse al frente, algo que no era muy recomendado dentro del ambiente en el que se desenvolvía, pero eso no fue un impedimento para el respetado agente que había puesto la mitad de su vida al servicio de la CIA.

Un año después del nombramiento del que para muchos era conocido como "El peor director de la historia" El Agente Cullen por fin estaba en el lugar donde debía estar, habiendo aprendido de los errores de su antecesor. Nunca te metas en política

Había muchas opiniones con respecto a la Agencia Central de Inteligencia, la mayoría se resumía en frases llenas de sarcasmo e ironía "La CIA no hace nada", "Son unos malditos mercenarios" "Son terroristas" mientras que otros los miraban con curiosidad y temor. Después de todo nadie sabía exactamente lo que pasaba dentro de ese enorme edificio.

"Todo es sobre el poder del secreto"

Y Carlisle comprendía esas palabras perfectamente.

Mientras la gente no supiera lo que se montaba y desmontaba dentro de la CIA, todo estaría bien.

Su oficina era cálida y acogedora, un regalo especial de su amada esposa Esme, que no había tenido ningún reparo en gastar lo que fuera para que su marido se sintiera a gusto, pero comodidad era lo que menos sentía en ese momento sabiendo lo que le esperaba.

Dos golpes en la puerta anunciaron la llegada del visitante. Miró su reloj, 6:30 a.m.

– Tan puntual como siempre.

No necesitó girarse para saber que él ya estaba dentro de la oficina, a pesar de su juventud la fuerza que emanaba era demasiado poderosa como para ignorarla.

– Carlisle – dijo el joven a sus espaldas, su tono era frio y desprovisto de emoción.

Extrañaba al muchacho que solía correr a abrazarlo cuando llegaba a visitarlo, siempre con una sonrisa en el rostro y una mirada risueña. Esperaba que ese niño no se hubiera perdido para siempre.

– Es un gusto volver a verte Edward, ha pasado mucho tiempo.

Carlisle por fin se decidió por mirarlo y sí, no había cambiado nada desde la última vez que lo vio.

Alto y ligeramente musculoso, cabello corto, como se requería para el servicio; tez blanca casi pálida, no entendía como después de pasar ocho meses en África todavía no se bronceaba, y sus ojos verdes profundos, tan oscuros e impenetrables…. ¡Cómo añoraba al pequeño Edward!

– Sí me extrañabas tanto una llamada hubiera estado bien

No esperaba otra cosa, hasta él con su carácter diplomático se hubiera disgustado.

– No había otra manera.

– No estoy de acuerdo. ¡Joder! Me hiciste coger un avión a las tres de la mañana, acabo de llegar de un vuelo de más de veinte horas y tengo que venir directo a tu oficina. ¡Por Dios! Debería odiarte.

Sin proponérselo su semblante se oscureció, no era algo agradable lo que tenía que decirle

– Lo siento, pero es un caso importante.

Edward lo miró apretando los puños, tenía unas ganas inmensas de golpearle, pero en el fondo sabía que nunca sería capaz. Carlisle era su padre a fines prácticos.

Sin pedir permiso se sentó en unos de los cómodos asientos al frente del escritorio de Carlisle, estaba cansado, enfadado y hambriento. Si no fuera él quien lo había mandado a llamar seguramente hubiera despachado al idiota que se atreviera a hacerlo volver a Estados Unidos de esa manera.

– Entonces habla rápido que tengo sueño – dijo él de manera adusta.

Carlisle caminó sin ninguna prisa fuera de la oficina, Edward suspiró. Estaba acostumbrado al trato enigmático del todo poderoso Agente Cullen y lo siguió en silencio.

Conocía cada pasillo de la enorme ala administrativa del Headquarter, prácticamente había vivido y respirado aquel lugar. El deber y la responsabilidad de su padre, el misterio de toda una nación, la representación pura de la superioridad de la inteligencia al servicio de la milicia y por último, lo que para él significaba todo. El lugar donde se encontraban las respuestas a todas las preguntas que se había hecho desde los doce años.

Esa era la misión de su vida. Encontrar la verdad.

Carlisle abrió la puerta de la sala de conferencias y le indicó que pasara. Conectó la pantalla de presentaciones y se preparó mentalmente para lo que venía. Sabía que a Edward no le gustaría nada.

– Me gustaría que vieras algo.

Ya tenía preparado todo el discurso que le daría a continuación, estaba dispuesto a hacer lo imposible para que él aceptara voluntariamente la misión.

La pantalla se iluminó, un fondo blanco antes de que aparecieran las desgarradoras imágenes.

En la primera se observaba un revoltijo de piernas y brazos envueltos en sangre a lado de lo que evidentemente era el resto del cuerpo. Un desmembramiento. Las siguientes imágenes mostraban diferentes ángulos del mismo crimen. Fotos y fotos de un acto atroz.

Edward ni siquiera pestañeó, pero no pudo evitar sentirse sobrecogido por lo que veía.

– Susan Warbeck, 27 años, fue asesinada el 24 de julio en Philadelphia junto a un motel en las afueras de la cuidad – dijo Carlisle con voz monocorde.

Después presentó la foto de una hermosa rubia que en su día fue una muchacha con infinidad de sueños, pero que desafortunadamente siguió el camino equivocado.

– Ella fue Christine Harrison, 24 años.

Después la foto de una mujer desnuda sumergida en una tina llena de sangre, varios mechones de su cabeza habían sido arrancados y todo su cuerpo estaba lleno de moretones y hematomas. Pero lo más escalofriante era la mirada fija que tenía, todavía no le habían cerrado los ojos, sus pupilas miraban fríamente hacia el techo. Edward se preguntaba por su último pensamiento.

– Violada y brutalmente golpeada, la encontraron en su casa dos días después de su muerte el 29 de julio en Chicago.

Edward estaba acostumbrado a ver ese tipo de escenas, no era agradable, pero era algo que no podía evitar en su trabajo. Sin embrago no comprendía por qué Carlisle trataba de impresionarlo.

La siguiente imagen mostraba una casa totalmente calcinada, después tres cuerpos con gravísimas quemaduras, dudaba que alguien hubiera sobrevivido.

– Según el informe forense fue una pequeña explosión con un dispositivo remoto, la casa no tardó más de veinte minutos en desplomarse totalmente mientras ocurría el incendio. Dentro estaban los tres integrantes de la familia Suárez.

– ¿Por qué me muestras todo esto? – preguntó Edward con tranquilidad.

– Hay algo en común entre estas personas y los otros diez casos que me falta por mostrarte.

Se miraron fijamente. Edward no podía anticipar la respuesta.

– Todos estaban dentro del Programa de Protección de Testigos – dijo Carlisle con una voz llena de muerte, sabiendo lo que eso significaba para Edward.

Edward se tragó el grito de exclamación que estuvo a punto de dar. ¿Cómo podía pasar eso? Y entonces inmediatamente se le vino a la mente el rostro de Jacob.

– Jacob…. – fue lo único que logró decir antes de que Carlisle bajara la mirada, el chico no merecía todo lo que le había pasado en la vida.

– Lo siento

No podía decir nada más, ese asunto nunca estuvo en sus manos.

Edward sentía un extraño frío por todo su cuerpo ¿Jacob? ¿Muerto? ¿Cómo?

Se suponía que estaba dentro de uno de los mejores sistemas de protección del mundo, ¿cómo era posible que de un día para otro todo se hubiera ido al carajo?

Apretó con fuerza los respaldos de la silla, el corazón le latía rápido y cada boom venía con un recuerdo de su valiente amigo.

Recordaba haberle pedido que no declarara, que tenía un mal presentimiento, pero Jacob como siempre le dedicó una sonrisa amable y un golpe amistoso en el hombro diciéndole que todo estaría bien. Meses después su amigo había sido reinsertado en la sociedad bajo el nombre de Thomas Redfort a miles de kilómetros de su ciudad natal.

Nunca había conocido a alguien tan valiente como él, un humilde mecánico que por cuestiones de la vida había sido testigo del asesinato de un congresista del gobierno por parte de una famosa banda de malnacidos que se hacían llamar "Los justicieros" que más bien pertenecían a una de las tantas filiales de la mafia de Chicago.

Gracias a su testimonio pudieron encarcelar a tres integrantes, incluyendo a los dos asesinos, pero el juicio todavía continuaba. Nadie se había atrevido a delatar al jefe de todo aquello.

Edward comprendía la necesidad de justicia, toda su vida estaba encaminada al cumplimiento de la ley, pero su profesión en sí no la buscaba. La CIA, como pocos sabían, en realidad era un pequeño ejército bajo las órdenes del presidente de los Estados Unidos para acabar contra cualquier amenaza al país. Nunca se identificó con ese ideal, pero era la única manera de llegar a lo que quería.

Sus ideales eran egoístas y malsanos y sin embargo continuaba allí, estaba vivo, mientras que Jacob con su corazón de oro no había salido bien parado. ¿Podía ser más irónica la vida?

Su alma se había perdido con el paso de los años, de las diferentes torturas y entrenamientos por los que había tenido que pasar para convertirse en el hombre que ahora era, pero a pesar de todo, la muerte de su amigo logró lo que pensó que ya no era posible. Endurecerlo más todavía. La furia ciega crecía dentro de él.

Ya no importaba nada más, sólo sabía que tenía otra venganza por cumplir.

Carlisle vio el cambio en el semblante de Edward, sabía lo que estaba pensando. Fue la misma expresión que tenía cuando le contó sobre la muerte de su padre.

– Lo asesinaron hace dos días de un tiro en la cabeza cuando iba de camino al trabajo

– ¿Su padre lo sabe?

– Sí, no lo tomó bien, pero sus hijas lo están cuidando. Estuvo a punto de darle otro ataque al corazón.

Pobre Billy, pensó Edward. Jacob lo había sido todo para él, pero sus valores estuvieron sobre el sentido común. Billy nunca dejaría que su hijo faltara a todo lo que le había enseñado desde niño.

– ¿Cuántas personas han muerto?

– Veinte y cinco en el lapso de dos meses, en algunos casos hay familias enteras.

Carlisle se estremeció ligeramente al recordar los otros asesinatos, podía decir que el de Jacob había sido el más inocente. La mayoría eran actos atroces de carnicería humana.

– ¿Qué pasa con el servicio de alguaciles? ¿No se supone que ellos están a cargo de esto? – preguntó Edward con furia.

¡Dos meses! ¡Dos! en los que ya habían estado advertidos de lo que sucedía y sin embargo la gente seguía muriendo.

– Está fuera de sus manos, la situación es incontenible. Se han hecho todas las investigaciones, ha intervenido el FBI, pero nadie puede dar con los culpables.

– ¿Cómo los encuentran? Los testigos prácticamente son borrados de la faz de la tierra después de entrar al WITSEC*

Carlisle se alejó de la pantalla y se acercó al hombre que consideraba su hijo.

– Ése es el problema, hay un infiltrado dentro de la red del WITSEC. Alguien accedió al sistema y extrajo los archivos de casos recientes, según los especialistas todos los testigos de los cuales fue robada la información ahora están muertos. El FBI está de acuerdo en que esto se trata de un caso de espionaje cibernético, están rastreándolo pero hasta ahora no hay resultados.

Edward no entendía como un montón de aficionados a los computadores podían ser tan peligrosos y causar tanto daño. Sólo con haber manejado sus aparatos habían logrado la muerte de veinte y cinco personas.

– ¿Y los asesinos?

– No hay rastro, ni una huella, nada. Pero el FBI ya está investigando a los acusados por los testigos. No hay duda que todo esto está relacionado al negocio de las venganzas.

De repente Edward recordó la cara de los malditos a quienes Jacob había mandado a la cárcel, en especial la del tal "Johnny", nunca olvidaría la mueca de asco y odio que le dirigió cuando lo vio por primera vez. Él representaba todo lo que aborrecía. No podía imaginar al cretino mandando a matar a Jake. Simplemente es algo que nunca creyó posible, ni él ni nadie. Todos tenían una fe ciega en que una vez dentro del WITSEC su vida estaba a salvo.

Nada es seguro.

Edward alzó la mirada y observó a Carlisle

– ¿Por eso me hiciste volver? ¿Para que asistiera al funeral de Jake? Debiste haberme dicho antes de esto, si ya había personas muertas debieron proteger al resto de testigos.

– Eso fue una falta de profesionalismo del servicio de alguaciles, cuando se dio el primer asesinato lo atribuyeron a un descuido del propio testigo, pero cuando los casos empezaron a ser más frecuentes el FBI intervino. Nadie sabe acerca de esto, la prensa sólo informa de una red de homicidas. Nadie sabe que esas personas estaban bajo la protección del WITSEC.

Edward bajó los hombros y miró hacia el suelo.

– Ya no puedo hacer nada por él Carlisle, tú debes saber lo que se siente – dijo Edward con un pequeño reproche en la voz. No podía evitarlo aún a sabiendas de que Carlisle no tuvo la culpa.

El otro hombre lo entendió claramente, se alejó de él y miró hacia la ventana. Después de tantos años todavía podía recordar la sensación de ahogo que sintió cuando supo de la muerte de su mejor amigo, Edward Masen Sénior.

– Hay algo que puedes hacer. Algo que debes hacer.

Edward lo entendió inmediatamente.

– ¿Esa es la razón por la que me mandaste a llamar?

– Sí

– La CIA no tiene jurisdicción sobre este tipo de casos.

Carlisle lo miró de regreso, estaba esperando ese momento.

– En realidad sí. Estamos autorizados por el gobierno. Nosotros nos haremos cargo – dijo rotundo.

Edward no tuvo que pensarlo demasiado, era algo que le debía a Jacob por todos los años de amistad y aventuras que compartieron.

– Muy bien, no me opongo, pero recuerda que todavía tengo un asunto pendiente en África.

Las insurrecciones de países como Libia, Egipto y demás tenían a la CIA más que ocupada y él estaba a cargo de la misión.

– Emmett ya está en ello.

Se reclinó contra su asiento y pensó en la nueva misión que le imponían. No sería nada fácil. Ni siquiera tenía una ligera idea de cómo empezar.

– Ya lo tenías pensando todo ¿no? Sabías que no me negaría.

– Tenía sólo una ligera esperanza, si Jacob no hubiera estado metido en este follón estoy seguro que me hubiera costado mucho más.

Edward bajó la mirada y le dedicó un momento de silencio a la memoria de su amigo, no estuvo para él en el momento que lo necesitó, pero se aseguraría que los infelices que le quitaron la vida se pudrieran en la cárcel y mejor si era una de las cárceles secretas de la CIA. Esos lugares eran el infierno en la tierra.

– ¿Vamos a trabajar con el FBI?

Carlisle se quedó en silencio durante un momento, se acercó a su escritorio y sacó una carpeta a la que le estuvo dando vueltas durante un minuto.

– Esto es sólo entre nosotros, el FBI no se involucrará. Más bien nadie sabrá que estamos metidos.

Edward no contestó. Ése era el estilo de Carlisle.

– ¿Has hablado con alguien más de esto? – dijo Edward minutos después.

– No, es una orden directa de gobierno. El Director de Inteligencia Nacional y el Presidente son los únicos que saben.

Edward bajó la cabeza y sonrió.

– ¿El imbécil de Travers? Pensé que el "todo poderoso Carlisle Cullen" no le daba ni la hora.

Carlisle también sonrió.

– No me importa lo que diga, pero es bueno mantenerse a bien con tus superiores – dijo haciendo un gesto displicente con la mano.

Elton Travers le recordaba al idiota de Porter Goss, lo bueno era que no tenía que tratar muy seguido con él. El gobierno tenía plena confianza en Carlisle, no por nada había conservado su cargo por 6 años.

– ¿Así que una misión secreta? – dijo Edward analizando la situación. No le gustaban esas misiones, por lo general los implicados no siempre salían bien parados. Tal como su padre.

Sin embargo, no pudo evitar que la adrenalina recorriera con fuerza por todo su cuerpo. Le gustaba el peligro, había nacido para eso.

– Así es, tengo toda la información acerca del caso. Actuar con el FBI sólo entorpecería más la situación. Todavía hay miles de personas en peligro.

Carlisle volvió a mirar la carpeta en su mano, dudó un momento, pero al final se resignó. No quería que nadie supiera de ella.

Edward lo miró interrogante antes de tomar la carpeta con cautela. Era un sencillo folder de plástico negro. Lo abrió y leyó para sus adentros.

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ISABELLA MARIE SWAN WEBBER

Fecha de nacimiento: 13 de septiembre de 1985

Edad: 25 años

Lugar de nacimiento: Hamilton, New Jersey

Lugar de residencia: Washington DC, Columbia Distric.

Fecha de incorporación a la unidad: 04 de marzo de 2008

Equipo de trabajo: Sistema de Investigaciones Cibernéticas

Estado de actividad: Pasivo

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Había algunos datos más referentes a las misiones que había ejecutado. Algunas de ellas las reconoció rápidamente mientras que otras eran totalmente ajenas para él. Estaba impresionado, en especial con el caso FENG-HANG.

Hace dos años aproximadamente la CIA descubrió una empresa de armamento chino involucrada con la Mafia Rusa, por supuesto los magnates pusieron al mejor abogado y todo quedó solucionado. Las pruebas desaparecieron misteriosamente y no hubo manera de hacer nada, pero para Carlisle la cosa no quedó ahí. Envió un equipo especial a investigar a la empresa, pasaron meses de investigación y seguían sin encontrar nada. Dos días después Carlisle tenía en su mano todas las pruebas que inculpaban a FENG-HANG ARMAMENTO de ser una empresa tapadera de la Mafia Rusa, además de proporcionarles armas y otro tipo de enseres.

Edward nunca entendió cómo logró tener esa información cuando su propio equipo no consiguió nada. Carlisle nunca dio explicaciones.

Siguió analizando los datos breves de la muchacha. Nunca había oído hablar de ella, pero al observar con mayor detenimiento los documentos descubrió que gracias a ella todos esos casos habían tenido una solución. ¿Pero cómo?

Todos tenían algo en común. Información salida de la nada.

Ella no figuraba en ninguna lista de la CIA, o por lo menos no dentro de la que todos conocían. Nunca hubo un reconocimiento por su labor. ¿Cómo diablos pasó eso?

Nunca había escuchado ese nombre siquiera y sin embargo y a fines prácticos, ella solita había resuelto cinco casos diferentes de un solo zarpazo sin que nadie lo notara.

Edward alzó su mirada confundida hacia Carlisle ¿Quién demonios era esta chica?

– ¿Sorprendido? – dijo Carlisle con cinismo.

Edward no dijo nada, esperaba a que diera algunas explicaciones. ¿Por qué todo lo que rodeaba a ese hombre tenía que ser tan misterioso?

– A parte de mí nadie más ha visto esos datos

– ¿Pero no es ella una agente?

– Lo es, pero trabaja directamente para mí. Hizo el entrenamiento y aprobó. Consta en nómina y se le paga, pero nadie sabe lo que hace.

Edward alzó las cejas con inquietud.

– ¿Por qué?

– Isabella es especial y no quiero arriesgarla.

Edward lo miró aún más sorprendido ¿Qué tenía esa chica de especial para que Carlisle la escondiera del mundo?

El otro hombre leyó la pregunta en sus ojos.

– Es una hacker– dijo con simpleza

Edward no dijo nada. En estos tiempos ser un hacker no le hacía especial a nadie. En realidad la intromisión informática ilegal era un crimen.

– ¿Y qué tiene de especial eso? Tienes decenas de esas sabandijas trabajando para ti

Carlisle se quedó en silencio durante un momento.

– Es la mejor hacker del mundo.

Edward volvió a mirar la carpeta entre sus manos. Nunca le llamaron la atención las computadoras ni demás. La tecnología no tenía gran valor para él. Más valía un puño fuerte, un cerebro espabilado y buena puntería. Eso era todo. No entendía como a Carlisle podía importarle tanto una niñita nerd.

– ¿Por qué quieres que sepa sobre ella?

– Van a trabajar juntos

Edward abrió sus ojos con sorpresa, no esperaba eso.

No le había dado muchas vueltas a su petición hace unos minutos porque inconscientemente sabía que él tendría la opción de escoger a su equipo, pero todo se fue al traste cuando Carlisle mencionó a la chica.

– ¿Estás loco? ¿Qué voy a hacer con una hacker?

Carlisle le dio una mirada dura.

– Ante todo ella es una agente. Ya te lo dije, recibió entrenamiento. No pienses que te dejaría en esta misión con una niña.

Edward se levantó con furia de su silla. No podía creer que Carlisle fuera tan negligente.

– Así que nos vas a dejar solos para que resolvamos esto. Sin equipo, sin nadie que nos respalde. Nos matarán en dos segundos.

No quería morir. No es que le tuviera miedo a la muerte, pero no podía dejar las miles de preguntas que le atormentaban desde hace años sin respuesta. Sabía que lo que le pedía Carlisle terminaría matándolo. Dos personas, eso sin contar que uno de ellos era un simple nerd, contra quien sabe qué. Esta misión no pintaba nada bien.

– Tranquilízate ¿quieres? No te estoy poniendo en riesgo. ¿Ya no confías en ti mismo? ¿En tus habilidades? Nunca has fallado Edward ¿por qué piensas que lo harás ahora? No es algo simple lo que te pido, pero con Isabella a tu lado el trabajo será más fácil. Debemos mantener esto entre nosotros por la seguridad de todos.

Carlisle sabía que se pondría histérico, pero no le daría opción de echarse para atrás. Nadie podía hacer esto más que Edward.

– Mira, las personas que accedieron a la información de los testigos son hackers no puedes involucrarte en esto sin uno a tu lado. Necesitas a Isabella.

Edward dejó de dar vueltas por la habitación, ni siquiera se había dado cuenta que lo estaba haciendo.

– ¿Por qué yo? Podrías poner a cualquier otro. Dos personas no pueden hacer esto solas.

Carlisle respiró profundamente tratando de calmarse. Mantenerse sereno era lo más importante.

– Claro que pueden y no estarán solos. Tal vez sean ustedes los que den la cara de la investigación, pero si tanto te preocupa Jasper y Alice serán su apoyo.

Edward no estaba conforme, por alguna razón no le molestaría trabajar con alguno otro, pero la mención de la chica lo había sacado de sus cabales.

"Maldición, me estoy volviendo un jodido misógino"

– No tenemos por qué hablar de los detalles aún – dijo Carlisle con paciencia.

– No has respondido a mi pregunta

– ¿Cuál?

– ¿Por qué yo? – dijo Edward mirándolo fijamente a los ojos.

– Me reservo esa respuesta – dijo Carlisle enigmáticamente.

– Como siempre

Edward bajó la mirada concentrándola en el piso. No quería aceptar la misión, sólo con saber los detalles sabía que le tomaría mucho tiempo, eso si no los exterminaban primero, pero a su mente vino el rostro de su amigo.

– ¿Aceptas?

Se lo debía a Jacob.

Se dio la vuelta y abrió la puerta sin cuidado.

– Ya sabes la respuesta – dijo sin emoción.

Estaba enojado, tenía hambre y se moría de sueño. Tal vez estando descansado y bien alimentado podría enfrentarse a su jefe.

– Te llamaré

– Como sea – dijo dando un portazo.

Sólo Jacob podía lograr que él aceptara semejante locura, pero en este momento no quería pensar en eso.

Bajó con cuidado hasta llegar al hall de entrada, dio un vistazo a su alrededor y casi sin querer, como si sus piernas tuvieran consciencia propia se acercó al muro de los recuerdos leyendo la inscripción.

"Y entonces conocerán la verdad y la verdad los hará libres"

Había leído esa inscripción miles de veces, sabía lo que significaba. Para cualquier idiota era obvio, pero sin embargo cada vez que la leía era como la primera vez.

"Sólo cuando podamos controlar la verdad este país podrá salir adelante Edward. La libertad es el conocimiento, y el conocimiento implica búsqueda. Nunca dejes de buscar hijo, porque cuando dejas de buscar el camino se acaba y si no hay camino tampoco un lugar al cual llegar. No lo olvides. "

La voz de su padre era tenue ahora, aunque se esforzara por recordar con claridad, todas las palabras y momentos se desvanecían con cada segundo.

Edward acarició la inscripción tratando de entender.

– La verdad los hará libres – musitó para sí mismo.

Edward no estaba de acuerdo con eso, sólo existía una frase para él.

La venganza me hará libre.

Camino a paso lento hasta perder de vista aquellas palabras que se escribieron hace miles de años. Edward jamás había comprendido realmente lo que significaba ni lo que su padre quiso decirle… pero eso estaba por cambiar.


Hola

Me aparezco después de tanto tiempo, pero no voy a dejar de intentar actualizar por lo menos una vez a la semana. No lo prometo, pero haré mi mejor esfuerzo porque ustedes lo valen.

Acabo de empezar el nuevo semestre, que triste! : ( Las vacaciones se acabaron, pero aquí estoy de vuelta. Espero que les haya gustado este primer capítulo de esta historia que ronda todo el tiempo en mi cabeza y me tiene pensando constantemente.

Las quiero, fer92