T_T después de mil años!!!!!
gracias por todos los revius que me mandaron, me tardé un montón pero aquí está!!! después de ser atacada por el virus de mi-hermana-me-odia-y-borró-mis-historias es un poquín cortín pero bueno, me comentan plis??????!!!!!!!!!!
siii masss reviuuuuuuuussssssssssss!!!!!!
Cap 2 ángel y demonio
Esos maravillosos instantes en los que uno despierta y no piensa en nada, como si estuvieras en coma o algo parecido. Lo malo era el duro golpe que te dabas al caer en la realidad.
Como su hubiera sonado el timbre de mi despertador, me levanté de golpe. La presión de la sangre, subió de golpe a mi cabeza; haciendo que ésta girara y me palpitara. Después de que las molestas lucecitas que me impedían ver se fueran, me arrastré hacia el lado derecho de la cama, puesto que el izquierdo estaba contra la pared…
Parpadeé varias veces al ver que no era la imagen familiar de mi habitación. Estaba en una cama doble (o seguramente tamaño King), sobre un suave edredón hecho de una tela que reflejaba la pálida luz que iluminaba la habitación. Miré a mí alrededor, de ninguna manera en encontraba en casa. Miré mis manos, me pellizqué para comprobar si era un sueño; aunque la verdad no ayudó de a mucho. Me levanté de la suntuosa cama y me dirigí a tientas a la fuente de la luz blanquecina; era la luz de la luna que se filtraba por la ventana, por una amplia ventana. Me quedé inmóvil contemplando el paisaje nocturno de la ciudad, era hermosísimo, el lugar donde me encontraba debía ser muy alto, para ofrecerme tal vista.
Busqué en la habitación un interruptor de luz, al prenderlo me dolieron un poco los ojos. Tal como pensaba, me encontraba en una hermosa habitación; de tapete color crema de aspecto caro. Todo era de colores neutros, dando un aspecto impersonal al lugar; como si perteneciera a nadie en específico. Caminé hacia la puerta de la habitación, temiendo que estuviera cerrada. Giré el pomo con el sudor frío en la frente, pero ésta se abrió fácilmente. Caminé por el pasillo que se extendía al otro lado de la puerta, todo estaba oscuro; inclusive la sala común –bueno eso me pareció, no podía ver mucho en la oscuridad-. Prendí las luces de todo lo que encontré, mientras pensaba. ¿Había soñado eso del callejón…?
-Veo que ya estás despierta.
Me estremecí al escuchar esa voz que había roto el denso silencio. La encontré parecida a la de mi sueño, por lo que deduje que no era un sueño. Bien, ¿podía pelear? No, era una niña; no habría opción. Me aterrorizó el hecho de que estaba resignada, ya había sufrido trece años de mi vida; sabía que no había más opción. Bueno, sería otra clase de sufrimiento; o tal vez había caído en manos de un asesino en serie, si, eso era más reconfortante.
-No te haré daño- espetó la voz. Bien; por lo menos sonaba agradable, dulce y viril.
Di media vuelta para observarlo. Era el mismo tipo del callejón –sorpresa, sorpresa-, sonreía ampliamente –lo más amplio que puedes sin mostrar tus dientes-, tenía el cabello húmedo, llevaba una toalla -casi tan blanca como su piel- alrededor de su cadera. Las gotas de agua en su cabello reflejaban la luz amarilla de la habitación confiriéndole un halo; cual si fuera un santo.
-Eh, si, eso sólo te lo crees tú- murmuré, si podía hacerme la dura; por los infiernos que lo iba a hacer- ¿Qué? ¿Un baño antes de joderme en tu gran cama?
Su frente blanca y lisa de llenó de arrugas, sus cejas doradas se juntaron.
-Pero que boca tan sucia tienes- comentó disgustado- ya te dije que no te voy a hacer nada, deja tus ideas locas que ya me duele la cabeza.
-Ah seguro, ¿entonces que quieres que piense?
Nos enfrascamos en una pelea de ceños fruncidos, al final él perdió.
-Bien, pues creo que empezamos con el pie izquierdo- comentó, parecía calmado- Mi nombre es Alexandre, mucho gusto en conocerte Elena.
¿Le había dicho yo mi nombre? Vaya que era una niña que buscaba problemas.
-Anda, que nombre tan raro tienes- señalé mientras observaba sus piernas, blancas, con los músculos torneados; ¿sería bailarín?- Y pues ya que estamos de amigos Alexandre pues ¿dime que diablos hago aquí?
Él se dirigió hacia la habitación donde yo había despertado, no lo seguí. Me senté en un sillón color crema de la sala; me deshice de mi chaqueta, y aproveché para contemplar mi ropa, no parecía rasgada; aunque probablemente Alexandre se las hubiera apañado para hacerme algo sin que me diera cuenta –o tal vez yo sólo era una paranoica de miedo-. Volvió al rato, con una bata color crema que le llagaba hasta después de las rodillas.
-Disculpa, es que mi ropa está hecha un desastre- comentó, al parecer se veía obligado a darme explicaciones.
-Ah claro, si haz lo que se te venga en gana igual no es mi problema- me quejé mientras me ponía de pie- ahora me voy, tengo lugares que visitar, gente que ver…
Me cogió de la muñeca - con su mano extrañamente suave y fría-, fuerte y firme pero sin hacerme daño.
-¿Acaso crees que te dejaré ir así como si nada?- preguntó arqueando una ceja.
-pues claro chico listo, no vez que me esperan en casa- mentí, ya me estaba asustando el violador rubio con aspecto de supermodelo- ¿o prefieres lidiar con la poli?
Él me mantuvo la mirada firme, totalmente calmado.
-¿quieres ir a tu casa?- preguntó sin ninguna inflexión en la voz- ¿entonces por qué huyes de ahí?
Me quedé horrorizada de inmediato. ¿Cómo había averiguado eso?
-Déjame ir- halé de mi brazo, un fútil intento de liberarme puesto que él no cedía- por favor, yo sólo quiero irme, no quiero que me hagas daño.
-Ah por favor- exclamó en tono cansino- no te haré daño pequeña, sólo quiero que te quedes esta noche conmigo; ¿es tan terrible estar aquí a mi lado que prefieres pasar la noche en la calle?
Sacudí la cabeza, exasperada.
-me das miedo- admití- no se que quieres de mí, no te conozco; ¿No crees que es mi derecho negarme?
Una hermosa sonrisa iluminó su rostro perfecto; sus ojos brillaban de una manera encantadora. Nunca había visto alguien como él, hermoso en todo el sentido de la palabra; en el mundo donde yo vivía sólo había monstruos terribles, con grandes fauces y rostros desfigurados por la ira; ¿podía ser malo?, ¿podía ser malo este ser de aspecto etéreo y buenos modales? No podía estar segura.
-No mi pequeña, sólo confía en mí; no puedo dejarte afuera, aterida de miedo y frío-. Murmuró en voz baja, como si enviara una plegaria, rezándole a alguna virgen.
-Volveré a casa- le dije para reconfortarlo, para que no se sintiera culpable- no hay problema.
Una extraña expresión cruzó su rostro, algún tipo de ira asesina que me heló la sangre.
-Quítate la camisa- eso estaba lejos de ser una sugerencia.
Incapaz de apartar la mirada de su rostro furioso, era como observar al mismo demonio; hermoso e increíblemente mortal.
-hazlo- dijo con la mandíbula apretada.
Estar aterrorizada adquirió un nuevo significado. Hice lo que me pidió, temblando y manteniéndole la mirada; sus ojos se habían vuelto de un azul tan oscuro que parecían pozos sin fondo, son alma. Él era un ángel, sin duda alguna; porque ninguna otra criatura era capaz de tener tal mezcla de hermosura e ira.
Cerré los ojos, y supliqué que no me hiciera daño.
Pero un sopor de extraña naturaleza invadió mi cuerpo cuando él rozó con delicadeza mi piel. La tensión se diluyó, como si me hubieran inyectado una maravillosa droga.
-¿Por qué te hace esto?- su voz era calma, dulce- ¿por qué te hace daño?
Ya sabía de qué hablaba él, de los moretones y heridas en mi espalda. Sólo dios sabe que vergüenza sentí.
-No debes volver a aquel lugar- susurró- yo cuidaré de ti, mi pequeña.
Temblé, mientras sus manos rodearon mi cintura. Me levantó con suma facilidad y me llevó en sus brazos.
-No temas- insistió- no habrá nada que temer, estás a salvo conmigo.
Me dejó sobre la cama, acostada boca abajo mientras sus dedos seguían deslizándose por mis heridas.
-¿Crees en el destino?-susurró- ¿Crees que todos estamos atados por cuerdas invisibles?
Algo húmedo cayó sobre mi piel, provocándome un maravilloso hormigueo en las heridas abiertas. Como si una dulce corriente fluyera por mi piel y alcanzara mi columna vertebral, mandándola a todo mi cuerpo. Mi cuerpo se convulsionó, incapaz de soportar esa sensación agradable.
-duerme- susurró como una canción de cuna- bajo los impertérritos ojos del dios de mármol, que ni el más perverso, ni el más fuerte humano podrán arrebatarte de su gélido abrazo…
