Seamos amigos, amor mío. CAPÍTULO 2
Después de planear la reunión con Candy, Albert y Terry se despidieron; éste último continuó con los planes para la "cita". Se dirigió a una tienda de ropa para tener algo que usar para la ocasión, compró un elegante traje negro y una camisa con lo que se veía realmente apuesto. Al terminar de pagar fue directo con su tío, al que le explicó sobre la reunión con sus amigos y le pidió hacer algunos platillos especiales para Candy.
— no te preocupes Terry, todo estará listo, ¿sabes?, tengo una idea cerraremos temprano y así podrán estar solos sin ninguna preocupación o interrupción de tus admiradores— sugirió Eric, el tío del joven actor.
— Te lo agradezco mucho, no había pensado en eso, que sólo se quede un camarero por favor—
— descuida primo, yo me quedaré, claro si no te molesta— dijo Zara, una joven de la misma edad de Terry, delgada, con un hermoso cabello castaño largo, y unos angelicales ojos color miel.
— ¡claro que no me molesta Zara!, de hecho se los agradezco infinitamente— corrigió el actor a su prima, a la que en poco tiempo le había tomado un gran aprecio, junto con su tío Eric.
Poco después de que éste salió del restaurante para ir al banco, Terry estaba con su prima Zara en la cocina del lugar:
— ¿Zara?—
— dime Terry—
— quiero pedirte un favor, ¿podrías ayudarme?—
— si está en mis posibilidades, lo haré— dijo Zara.
— Gracias estoy seguro que sí, escucha, quiero hacer algo especial por Candy—
— ¿algo más?, vaya Terry, acaso ¿quieres que te baje las estrellas?—
— ¿las estrellas?, no claro que no, aunque no es mala idea, pero lo que quiero…
En la mansión Andley, Candy estaba impaciente porque llegara Albert, para poder preguntarle lo que harían al día siguiente.
— ¡Albert! Por fin llegas, ¿por qué tardaste tanto?— dijo Candy mientras empujaba a Albert a la sala de estar.
— ¡ah! hola Candy, estoy bien, fue un día tranquilo en la oficina, gracias por preguntar— dijo Albert burlón.
— Me alegro, pero dime, hablaste con Terry, qué te dijo— preguntó la joven rubia impaciente.
— no te preocupes, nos veremos aquí en la casa, y después iremos a no sé dónde, pero tú tranquila, que en menos de 18 horas lo verás.
— gracias Albert, y dime ¿cómo te fue en la oficina?— preguntó Candy ya más tranquila—
Albert soltó tremenda carcajada, y Candy hizo pucheros: — ¿de qué te ríes?
— Candy, desde que llegue te dije cómo me fue en la oficina, claro que no me escuchaste, estás tan enamorada— contestó el rubio todavía riendo.
Candy se sonrojó tanto que su rostro parecía un tomate; — ¡oh Albert!, disculpa— dijo un poco apenada.
— tranquila Candy, no tienes que avergonzarte, el amor es el sentimiento más hermoso del mundo, y cuando es correspondido lo es aún más— dijo Albert mientras se ponía de pie para ir al comedor a cenar.
— Pero, él, ¿todavía me ama?— preguntó Candy.
Albert giró para ver a su hermana, — claro que te ama Candy, de no ser así, no habría venido hasta aquí sólo para verte. — dicho esto Albert continuó su camino hacia el comedor, ya que tenía un hambre voraz.
Durante la cena Candy estaba un poco más relajada y entabló una trivial conversación con Albert, hasta que la joven comenzó a hacer preguntas diferentes a las habituales.
— ¿Albert?, ¿alguna vez te has enamorado?— preguntó Candy.
— ¿Yo?, no, bueno sí, no lo sé Candy— contestó Albert no muy seguro de su respuesta.
— ¡¿cómo que no lo sabes?!—
— Así es Candy, he sentido cariño por algunas mujeres, pero creo que con ninguna ha sido amor, no me mires así, por favor— dijo Albert al ver la cara de Candy, que parecía enojada y confundida— supongo que algún día encontraré a la dueña de mi corazón, y de mi estómago también— bromeó el rubio.
— ¿qué?—
— Si Candy, dicen que a los hombres se nos conquista desde el estómago—
— ¿En serio?— preguntó la joven.
— bueno, es solo un dicho, tu bien sabes que hay muchas maneras en que el amor se puede dar, y en todas las parejas es muy diferente— explicó Albert.
— Sí, tienes razón, hay muchas maneras, pero todas son muy bellas, y te dejan grandes recuerdos— contestó Candy pensativa.
— bueno, bueno, cambiando de tema, mañana tendré que ir unas cuantas horas a la oficina a revisar algunos pendientes, así que tendrás que atender a nuestro invitado tu sola— dijo Albert, mientras le guiñaba un ojo a Candy, motivo por el cual esta se sonrojó de la emoción.
En el restaurante donde se llevaría a cabo la cena al día siguiente Terry terminaba de aprender una lección impartida por su prima Zara.
— bueno Terry, y así es como se hace, ¿entendiste?— preguntó Zara.
— Creo que sí, no es tan difícil como parece— dijo el actor viendo la mesa de la cocina.
— ¿difícil?, pero si es de lo más sencillo, además no te voy a dejar hacer el trabajo a ti solo, yo te ayudaré, no quiero que quemes la cocina, o peor aún todo el restaurante— bromeó Zara
— descuida, no lo haré, y una vez más gracias. Dijo Terry sinceramente.
— no me agradezcas hasta que funcione, dime Terry, ¿la quieres mucho verdad?— dijo la señorita.
— sí, Zara; la quiero, o mejor dicho la amo con el corazón— contestó el castaño.
— ¿Y por qué no se lo dices?— cuestionó Zara.
— Porque no quiero cometer errores esta vez, quiero volver a conquistarla, ya sabes, cortejarla, mimarla, llevarle flores, recitarle poesía, o lo que sea que tenga que hacer para volver a estar con ella— contestó el muchacho muy serio y decidido.
— ya veo, entonces, manos a la obra, que mañana todo tiene que salir perfecto— dijo la joven, y le regaló una sonrisa a su primo.
— Gracias— repitió Terry.
Poco tiempo después de limpiar la cocina, Zara y Terry salieron del lugar, éste decidió acompañar a su prima hasta su casa, para después irse al hotel en el que se hospedaba. Después de llegar Terry se cambió de ropa y se metió directamente a la cama, soñando con un futuro al lado de su querida Pecosa; — mañana Candy, mañana, podré verte otra vez— suspiró y musitó un "te amo", para que segundos después quedara completamente dormido.
En la habitación de Candy, algo similar sucedía, después de asearse y ponerse un camisón, Candy rogaba para que el tiempo transcurriera más rápido, para que en pocas horas pudiera estar cerca de su rebelde duque: — te amo Terry, te amo, y siempre lo haré— dicho esto la joven rubia quedó profundamente dormida.
