Konnichiwa!
Nota: Actualizo este capítulo de mis 1886 primero; pues ya lo tenía escrito. Como se darán cuenta; la historia da un giro antes de llegar a cuando Hibari es golpeado por la bazuca. Está algo revuelto, pero no es porque ande divagando –no tanto– ni porque me vaya a salir de la trama; todo tiene un por qué :D (aunque sea muy, muy después).
Advertencia: Personajes Ooc conforme avance la historia (nunca me salen Ic ¬¬ T-T); gomen! ["Pero… qué mujer u hombre no dejan de ser sí mismos cuando encuentran el amor…" — Frase propiedad de quién la haya dicho —]
Disclaimer: KHR! No me pertenece, es de Amano-sensei.
Sonrió de lado; sí todo marchaba bien. Pronto Hibari sería capaz de conquistar a la mujer que ama desde hace años en el futuro; pero que en la actualidad no tiene ni la más remota idea de a dónde van sus sentimientos. Ni siquiera sabe que tiene sentimientos.
—¿Todo listo? —preguntó Reborn al mecánico de la familia.
—Por supuesto —exclamó feliz con la bazuca de los 10 años en sus manos.
—Bien, ahora dejémoslo en manos de la vaca estúpida. Hn —. Giannini colocó el arma a lado de un durmiente Lambo de 5 años.
—¡Mamá~! Lambo-san quiere Takoyaki —pronunció babeando la almohada.
[***]
Al día siguiente; domingo. El pequeño se levantó antes de Tsunayoshi, colocó su preciosa bazuca en su cabello; y corrió escaleras abajo ante el aroma del desayuno.
Sawada despertó de una patada dada por su tutor. Se sobó su mejilla roja, y gritó el nombre de su tutor; este sonrió maliciosamente; espantando a su alumno.
—Inútil-Tsuna. Levántate rápido; tenemos cosas que hacer —. Saltó de la cama, caminando rumbo a la puerta.
[***]
En otro lado; un joven de hebras oscuras y afilados ojos; despertaba con un bostezo.
El himno de su escuela cantado por Hibird le desperezó por completo. Levantándose observo su guardarropa; dentro de este, había varios uniformes iguales al que siempre usaba. Asintió satisfecho al ver todo en orden; sus bandas, sus sacos, su calzado, sus camisas; etc.
La demás ropa no diferenciaba demasiado de su uniforme.
Se fue a dar una ducha; cepillar sus dientes; y finalmente ponerse una de tantas camisas blancas, un pantalón oscuro, y sus zapatos negros; con un seguro afianzó la banda de su cargo a su brazo.
Hibird había salido volando por la ventana; libre, como el ave que era.
Hibari con calma salió de su casa; dejando atrás una residencia sencilla, ni pequeña ni grande; pero básica y cómoda para sus necesidades.
Miró su reloj.
8:30 a.m.
Namimori debía de ser protegida y cuidada por él. El pueblo que sus padres amaron, pero no tuvieron la oportunidad de verlo como es actualmente. Además estaba esa extraña sensación en su pecho; seguramente sí seguía ahí, velando por su querida Namimori, algún día pagaría su deuda con aquel niño que conoció en su infancia.
[***]
Tenía cinco años; sus padres habían perecido hace unos días. Varios le miraron con lastima. Pobre niño, pensaban.
Él; como el hombre-niño japonés debía de ser; no lloró ni soltó un gesto de tristeza o desesperanza. Tanto su madre como su padre eran la perfecta representación de lo que es ser un japonés; recto, fuerte, con honor, sin mostrar flaqueza e independiente cuando se necesita, pero bondadoso y protector ante lo que quiere.
Otros adultos le miraron con indiferencia. Era un niño de tantos que se quedaba solo en el mundo. Lo entendía, no tenía a nadie sin sus progenitores; y a pesar de recibir malas habladurías, él sabía que; sí no demostraba nada, era porque sus padres no querían verlo indefenso; así que se mantenía como el varón que era.
Un día, uno de sus tíos le visitó; era alto, al menos desde su percepción a los 5 años; pero no recuerda más. Su rostro oscurecido por el reflejo de la luz le cegaba. Recuerda que este le propuso vivir con él, pero el pequeño se negó. No necesitaba de nadie, podía valerse por sí mismo, siempre y cuando no le enviarán a un orfanato.
Tiempo después supo que aquel familiar era muy lejano, y que sí le ofreció cuidarle fue por la herencia que sus padres dejaron al niño. En pocos días, perdió su mansión, quedando en la calle; no tenía ni el conocimiento ni la fuerza para valerse por sí mismo; de eso se percató cuando empezaba a perder cada recuerdo y objeto de sus progenitores.
Vagó por las calles; tenía unas ojeras que resaltaban en demasía por su pálida piel. Llegó a un parque; las flores de cerezo caían como una nevada de color blanco y rosado.
Observó el gran árbol, y cobijándose bajo la sombra se durmió.
—Kyoya… —escuchó en sueños la voz de su padre y de su madre; tierna y amable.
Su cuerpo infantil veía las siluetas de sus progenitores alejarse; corría hacía ellos, pero no les alcanzaba.
Abrió sus ojos al sentir unas gotas de agua sobre su cuerpo pequeño; llovía. Observó a los niños que jugaban en el parque irse con sus respectivos tutores; su mirada azul se intensifico y cerró se por milímetros. No les envidiaba, pero empezaba a sentir un gran odio a las multitudes; porque eso eran esos débiles niños que se refugiaban en sus padres; débiles seres reuniéndose en multitud para evitar salir heridos.
Miró el cielo repleto de nubes grisáceas; y el agua de la lluvia cayó cerca de la comisura de uno de sus ojos; parecía una lágrima. Se recostó ahí, sin esperar nada.
El sonido del agua sobre el pasto y las hojas incrementaba. Mantenía sus ojos cerrados, concentrándose en no tener frio ni sentirse adolorido.
Sintió que algo picaba su mejilla, abrió sus ojos con fastidio; encontrándose con unos resplandecientes y preocupados ojos chocolate. Le observó detenidamente; era un niño más pequeño que él, delgado con el cabello sumamente corto; sin flequillo de color castaño oscuro; llevaba un short azul y una camisa muy afeminada para su gusto, pues tenía estampados de figuras extrañas y coloridas por todos lados.
El chiquillo le sonrió con sus mejillas rosadas; preguntándole.
—¿Estás bien? —. El serio niño rodó los ojos fastidiado; sin expresión más allá de eso respondió seco.
—Vete, eres molesto —. Pero el pequeñín se quedó mirándole como sí no entendiera lo que decía. Eso molesto al azabache. Se levantó de su lugar de descanso, y empezó a caminar; sin prever que el chiquillo le seguía de cerca. El mayor de los dos; preguntó con poca paciencia, pero lentamente.
—¿Tus padres? —. La carita del menor se dirigió al suelo.
—Hahi! —exclamó sin decir más.
—Los padres de… —y en sus memorias; observa los labios del pequeño decir su nombre, pero no le escucha —están trabajando, así que llegarán tarde.
'Perfecto. Otro debilucho que busca compañía hasta dejar de estar solo'.
En ese momento sintió una calurosa mano tocar la suya.
—Hahi! Estás frio desu~ —. El castaño tomó ambas manos del moreno entre las suyas, que aunque más pequeñas; brindaban calor. Los ojos cacao brillaron felices; seguramente con eso el niño que acababa de encontrar ya no tendría tanto frió.
Se sorprendió, no sabía qué hacer; ladeó su rostro arrebolado, y jaló sus manos de aquel tacto tan delicado.
—No necesito actos de débiles —pronunció, alejándose de nueva cuenta. Confundiendo al pequeño castaño.
—Mou~ —quejó se, pero siguiendo al malhumorado azabache; provocando una leve sonrisa en este. Era interesante; tal vez podría hacerse amigo de este niño, pensó.
Un carro aparcó en la orilla del parque. Un señor con gafas bajó del automóvil; tomando al niño en sus brazos; sintió como este se jalaba. Alcanzó a ver a un pequeño; unos dos años más grande; sonrió, y se llevó al otro chiquillo como sí lo estuviera secuestrando; pues protestaba. El señor únicamente dijo.
—En casa estarás seguro; luego podemos avisar a tus padres —. Y el forcejeó del chico cesó.
[***]
Dirigió sus pasos a su amada escuela. Fue a la terraza y contempló la ciudad desde aquel alto.
Todo era tranquilo; le gustaba la paz y la quietud. Odiaba a quién le destruía esos momentos de solitud.
[***]
Tsunayoshi salió corriendo de su casa. Lambo había lanzado varias granadas por pelear con Reborn; este con un ligero golpe se las devolvió una a una, pero termino enviando al bovino volando muy lejos debido a la explosión.
Su mamá; Nana. Le pidió que fuera por Lambo-kun para ir a comprarle unas cosas al pequeño; al correr hacía la salida se topó con su auto-nombrado mano derecha; Yamamoto y Miura Haru.
—Ciaossu! —saludó el arcobaleno; los jóvenes respondieron el gesto.
—¿Qué sucede décimo? Se le ve preocupado, ¿va a alguna parte? —inquirió el albino. El aludido estaba por contestar cuando su tutor le golpeo, y mirando al resto de los chicos les dijo explicarles lo ocurrido en el camino.
Al arribar al lugar destinado; se encontraron con un Lambo llorando cerca del instituto Namimori. Reborn sonrió.
—Ahou-ushi; todavía no vales como hitman —se burló el arcobaleno del sol; intentando provocar al pequeño. Este de inmediato se levantó y sacó varias granadas de su cabello.
—¡Ya verás Reborn! ¡Lambo-sama acabará contigo! —gritó al tiempo de lanzar los misiles.
—¡Hahi! Ese juego se ve peligroso desu~ —chilló la única chica que iba en ese momento.
—Jaja, se ve divertido
—¡Tenga cuidado! ¡Décimo! —. Y mientras eso transcurría, la quietud en un lugar cercano empezaba a terminarse.
[***]
Escuchó varias voces a las puertas de Namimori. Eran molestos, asomó se mejor para divisar a quién mordería hasta la muerte; y los observó. La manada de herbívoros liderada por Sawada Tsunayoshi.
Apretó los dientes, y empezó a bajar por las escaleras; les daría segundos extras de vida.
[***]
Nuevamente el ataque de Lambo fue neutralizado; Reborn era el vencedor. Sólo que en esta ocasión, el menor de todos no se aguantó y empezó a llorar; reteniendo la mucosidad que amenazaba por salir.
—D-Debo… de… aguantar —se forzaba a decir; pero las lágrimas fueron más fuertes; gritando —¡No puedo aguantar!
[***]
Se acercaba a la entrada; escuchó el gritó agudo del mocoso en traje de vaca; frunció las cejas. Definitivamente los mordería hasta la muerte por irrumpir la paz en Namimori.
Sacó sus preciadas tonfas; sus ojos brillaron un poco, sentía la emoción de golpear a alguien nuevamente.
Se acercó hacía sus objetivos; observó al bebé patear la cabeza afro del mocoso chillón. Luego sintió algo caer sobre él; y después...
Todo el lugar era oscurecido en humo rosado.
El rey herbívoro tosía.
El escandaloso de italia gritaba el título del herbívoro mayor.
Escuchó un "—¡Hahi!—" agudo.
El mejor jugador de beisbol se carcajeó.
La molesta neblina empezó a desaparecer; la perspectiva de su visión era extraña; veía todo más grande, incluso a los herbívoros; su enfado e ira creció ante la confusión.
—Los morderé hasta la muerte — siseó. Observó al supuesto Vongola abrir sus ojos. Y por extraño que parecía, escuchó su propia voz cambiada; como cuando tenía siete años, molestándose más.
—¿Hi-Hibari… san? —oía. Elevó su mirar; observó al bebé sonreír con la vista oculta bajo el sombrero; a Sawada caer inconsiente; al niño-vaca llorar; al albino gritar; y a la mujer ruidosa pronunciar el nombre de Tsunayoshi.
Reparó en sus tonfas; eran igual de amoldables a sus manos, pero se sentían diferentes. Seguían siendo de metal, pero… parecían pequeñas. Las observó por largo rato; abstrayéndose de todo; repentinamente un aura oscura emanó de su ser con su irritación.
Acababa de percatarse de que era pequeño; de sus manos infantiles y su rostro de niño.
Escuchó otro hipar femenino; sintió unos brazos cargarle. Intentó golpear a la persona que le había levantado, pero la tonta mujer pensó que estaba nervioso y le sonrió.
—¡Hahi! No tienes que preocuparte; chibi-chan. Haru te llevará sano y salvo a tu casa.
—Suéltame…—soltó las palabras como veneno; mirando a todos los demás calmados, y Sawada ya despierto; al parecer se había quedado un buen rato reflexionando su estado infantil.
Yamamoto cargaba a un dormido Lambo; Tsuna veía aterrorizado al peque-Hibari.
El azabache miró al arcobaleno.
—Bebé. Explica —ordenó; el infante sonrió.
—No te impacientes Hibari; además no es malo que estés en brazos de Haru.
El moreno se tensó. ¡Rayos! Había olvidado que lo estaban cargando y por eso ahora veía a los herbívoros directamente a la cara. El hitman sonrió nuevamente.
—¡Reborn! Explícate; yo también quiero saber qué está sucediendo —demandó el futuro capo. Ahora toda la atención estaba en el tutor.
—No tengo opción. —. El arcobaleno saltó de la cabeza de Tsuna al piso, y empezó a caminar en sentido contrario a los muchachos; diciendo.
—Tsuna. Eres el jefe y tu deber es arreglar los problemas de tus subordinados; arréglalo —. El castaño estaba por replicar cuando el infante desapareció; dejando a un furioso Hibari.
—Eh… bueno… —tartamudeó el capo al mirar a Hibari-san —la bazuca dura cinco minutos, así que…
—Decimo; si me permite —interrumpió Gokudera —. Ya pasaron cinco minutos y no ha cambiado nada. Según una experiencia previa de este suceso en mi persona, Hibari debería de regresar a la normalidad al anochecer; así que no se preocupe —. El prefecto, de un forcejeó se separó de la mujer que lo sostenía; y golpeó con sus tonfas al patético de Tsunayoshi.
Este sintió un fuerte dolor en sus piernas.
Haru por su parte soltó otro chillido; y alejó al niño de su futuro-esposo.
—¿Estás bien? Tsuna-san —preguntó con verdadera preocupación, este asintió.
—Si; gracias.
Miró al problema que tenía que resolver y observó a cada uno de los presentes.
—Alguien tiene que estar con Hibari-san mientras regresa a la normalidad… —empezó a pensar en voz alta.
—No necesito de nadie —se escuchó la infantil voz siseante sentenciar.
—Que lo haga la ahou-onna; ella no tiene nada qué hacer y sirve que por primera vez en su vida realiza algo productivo.
—¡Haru no es una ahou-onna desu! Y además; hago cosas más productivas que Gokudera-san; Hmp —se cruzó de brazos.
—Ma~ Ma~ No se enfaden; pero creo que Gokudera tiene razón. Haru es la más indicada, ella cuida de Lambo y está acostumbrada a los niños, jaja
En ese momento el prefecto ya estaba varios pasos alejado de aquella multitud; cuando Tsunayoshi se viró a la morena y con suplicante mirada le pidió.
—Haru; p-por favor, cuída de Hibari-san —. Las orbes cafés de ella se abrieron; ella había prometido no estar cerca de Hibari Kyoya, aunque ahora que lo pensaba; no estaba por ahí. Así que… ¿por qué lo tenía que cuidar?.
—Haru no entiende Tsuna-san. Hibari-san no está aquí desu —expresó confundida.
—Eh.. bueno; ese niño es…— "piensa Tsuna, piensa…" — es el hermano menor de Hibari-san; se llama Kyo-chan.
Haru asintió dudosamente; luego sonrió y corrió hacía el niño que se estaba alejando.
—¡Haru cuidará bien de Kyo-chan desu!; no hay problema Tsuna-san —. Y alzando su mano al aire en señal de despedida; se perdió en los terrenos de la escuela Namimori.
El Vongola suspiró.
"Espero que de verdad el efecto pase al atardecer y que Haru no salga herida. Ahora le pediré a Reborn una explicación".
[***]
Mientras tanto; en la residencia Sawada.
—Giannini. La idea era que Hibari cambiara mentes con su "yo" de 10 años en el futuro; pero al parecer arreglaste mal la bazuca y en vez de que Hibari tenga la mentalidad de un hombre de 27 años con cuerpo de adolescente; piensa como un joven de 17 años pero en el cuerpo de un niño.
—Lo lamento tanto Reborn-san; pero al parecer fue un pequeño desliz. Lo arreglaré —expresó.
—No hace falta; esto también puede ser interesante.
Disculpen sí se les hizo tedioso; espero que no. Bien; sus sugerencias, comentarios, etc; los espero con ansias :D
Muchas gracias por sus reviews a; Mary-chan, Yuuni Nero, Vicki27 y Valeria. Espero este capítulo haya sido de su agrado :D [y disculpen no responder de forma personal a sus reviews T-T, pero de verdad que gracias :D]
y gracias a todas-os- mis demás lectoras-res- por leer =)
Ja ne~!
