Moría por re encontrarse con las chicas, pero su madre no iba a ceder a su deseo de mantenerla encerrada en la casa hasta asegurarse que su salud fuera la óptima.

Como cada tarde, se encontraba asomada en la ventana sintiendo la suavidad de la brilla golpeando su rostro. Aún se preguntaba si toleraría la idea de cortarse el cabello, si ya sentía que había hecho demasiado tiñéndolo de negro y modificando su normal manera de llevar como para hacer algo tan drástico.

Luna se encontraba desaparecida desde la visita al hospital y podía entender que estuviera presa de la incomodidad de la situación, aunque sabía que no era para tanto, al fin y al cabo, en un par de meses todo sería parte del pasado, o al menos eso quería creer.

Isuko fue puntual llevándole la cena en una bandeja, la cual esta vez acomodó sobre la cama para tener la libertad de ir hacia su hija y plantarse a su costado, simulando concentrarse en lo mismo que ella.

–Mañana podrás salir, sé que deseas ver a tus amigos.

–Sí, en realidad estoy muy aburrida.

Itsuko tomó en sus manos un mechón de cabello de Serena que caía del lazo que lo acomodaba en una coleta–Aún no me acostumbro, me parece tan raro que hayas decidido tintarte y deshacerte del peinado que has llevado desde toda la vida.

La muchacha miró a su madre con curiosidad.

– ¿Cómo se te ocurrió hacerme ese peinado?

–No lo sé–cruzándose de brazos y adoptando expresión pensativa–. Creo que lo vi en alguna parte y se me ocurrió que era perfecto para ti.

–Ah–regresó su atención al exterior–. Pensé que es un peinado para niñas y decidí cambiar, estando a puertas de la verdadera adolescencia no es muy apto que lleve algo tan infantil.

–A tu padre casi le da un ataque cardíaco cuando apareciste con este cabello–Confesó la mujer–. Y yo, bueno, el impacto no fue menor.

–Ya te acostumbrarás mamá. –dijo sonriendo.

Al día siguiente Serena recibió el visto bueno de su madre; lanzó su pijamas a lo profundo del closet y se dirigió al templo de Rei, donde estimaba que las chicas y la princesa estarían reunidas. Ciertamente esta vez le costó demasiado subir los escalones, sin saber si era por la falta de ejercicio o simplemente porque en realidad el peso de la realidad que debía enfrentar había decidido agregar peso extra a su cuerpo. Pero llegó a destino, y la que otrora fuera su reflejo, vestida con ropas normales y no el exuberante traje real, salió a recibirla. Ella, la que al final de cuentas se iba a quedar por destino con el hombre que amaba, y sin embargo, no podía odiarla. Se abrazaron con la misma pasión que recordaban de sus vidas en el reino lunar, luego sonrieron la una a la otra.

–Me alegra que estés bien, Serena. –Pero el impacto hizo presencia en la aludida, aterrorizada por recordar muchas cosas y no lo más importante, bajó la mirada con un poco de vergüenza. –Serenity. Es Serenity.

Las chicas se asomaron en el exterior, por un largo rato Serena fue presa de las consultas acerca de su estado de salud, de su radical cambio de look y ella respondiendo tan normal como siempre aunque por dentro moría al darse cuenta que todo parecía normal entre ellas, que nada había pasado, que nada había cambiaron.

Se adentraron en el recibidor, Rei de inmediato fue por unos panecillos y té que dispuso en la mesita en torno a la cual se reunían.

Amy no pudo contenerse y fue la primera en abrir la boca.

–Ahora explíquenos princesa, cómo fue posible.

Serenity paseó su mirada por los rostros de las chicas y se detuvo en la de Serena.

–Cuando Endimion y yo huíamos creyendo poder escapar…El mal nos alcanzó y lo último que recuerdo de aquél día fue ver el rostro de Sailor Moon tratando de levantarme, aunque ella se veía muy mal–respiró profundo cerrando sus ojos–. En ese momento ya sabía que mi madre intentaría liberar el poder del Cristal de Plata porque era la última alternativa, así como sabía que era nuestro fin. Pero de alguna manera mi corazón confiaba, yo creía con todas mis fuerzas que si alguna de nosotras sobrevivía, esa debía ser Sailor Moon, la que siempre me había demostrado lealtad ante todas las cosas. De alguna forma lo que quedaba de mí en ese momento se traspasó a ella en nuestro último contacto.

Rei sacudió su cabeza enérgicamente –No entiendo cómo Serena fue capaz de utilizar el Cristal de Plata tal como lo haría usted princesa.

–Tranquila Rei–Serenity se permitió sorber un poco de té, siempre muy tranquila y elegante–.Entre todas ustedes Sailor Moon fue elegida para ser mi protectora personal; dado nuestro parecido algunas veces nos permitíamos cambiar de lugar, ella fingía ser yo para distraer la atención en el palacio y así nadie podía darse cuenta que yo me encontraba secretamente con Endimion. Y como lo dije, mi esencia se traspasó a ella al final de la batalla, es esa la razón principal por la que podía utilizar el Cristal.

–Yo no recuerdo nada de eso–acotó Lita –, me refiero a la relación cercana de ustedes dos.

–Ni yo–dijo Serena–. Lo cierto es que después de liberar el poder del Cristal de Plata mi mente se abrió a los recuerdos, más de lo que ustedes mismas podrían.

–Pero liberaste ese poder–Mina insistió–. Conseguir eso acabó con la vida de la reina Serenity y tú…bueno tú…

–No fui sólo yo–Serena sonrió–. Afortunadamente durante la batalla ustedes estuvieron a mi lado, y sé que la única razón por la que sobreviví es porque conté con su ayuda.

–Sí. –afirmó Serenity–Esa es la explicación, y es algo que jamás se había hecho.

Todas guardaron silencio hasta que Serena lo rompió al percatarse que ni Luna ni Artemis estaban allí.

– ¿Dónde están los gatos? –preguntó.

–Realizando una misión personal–Contestó Serenity–Vendrán cuando llegue el momento, por ahora es necesario que analicemos la reciente batalla, a ese mal que al igual que nosotras revivió en este tiempo y lugar.

–Si me disculpan...

Serena se levantó y salió del cuarto. Lita no estaba de acuerdo en dejarla sola y la siguió.

–¿Estás bien, Serena? –su amiga negó con la cabeza–Tu cabello se ve bien, aunque es raro ver que lo traigas de una forma distinta.

–Mi cabello no importa. Haga lo que haga con mi cuerpo, nada modificará lo terrible que me siento.

–Darien y tú–reprimió sus palabras mordiéndose el labio inferior.

–Darien y yo no existe. Ella lo dijo, su esencia se impregnó en mí, por eso sus recuerdos eran míos, por eso su habilidad eran míos, incluso el amor que ella sentía por él–Suspiró–.Debes saber que me siento terrible al saber que el sentimiento que cargo no es mío, más aún, el pesar de darme cuenta del interés que Darien pudiera tener en mí aun cuando está al tanto de todo.

–Sé que para él también ha sido muy duro; reencontrarse con la princesa y saber que tú no eras la persona que creía que eras.

–Fue lindo mientras duró.

Serena se alejó lentamente. Bajó uno a uno los escalones y solo se detuvo cuando estuvo frente a la primera parada de autobuses, impaciente por largarse pronto de allí atrajo la atención de un motociclista que pasaba frente a ella, el cual, apenas avanzado unos cuantos metros más adelante retornó hasta detenerse frente a ella.

Serena sabía que los ojos de él, ocultos bajo los vidrios oscuros del visor, la analizaban fijamente. Se sintió incómoda y prefirió mirar a otro lado, fingiendo desinterés.

Él aparecido se quitó el casco y agitó su cabeza en un intento de acomodar su cabello, Serena pudo ver aquello a través del rabillo del ojo, y estuvo segura de que era el muchacho más lindo que veía después de Darien.

–Podrás pintarte el pelo de verde, cortarlo si deseas, y aun así podría descubrir en ti esa cabeza de Bombón.

– ¿Ah sí? –viéndolo de frente y lamentando hacerlo, porque se sintió deslumbrada por la apariencia. Pasó absolutamente por alto el hecho que él le conociera.

–Mi nombre es Haruka Tenoh y me gustaría saber si quieres dar un paseo conmigo.

–Jamás me he montado en una. –reconoció.

–Siempre hay una primera vez para todo–tomando en mano el casco fijo a la parte trasera del vehículo, lo ofreció–. Ven, será divertido.

Serena dudó en principio, pero ni todas las vacilaciones fueron capaz de detener su ímpetu por evadir la realidad, y él era muy lindo, quizás esta era una buena oportunidad.