Según los mitos populares, Arceus nació de un huevo que se encontraba en la nada más absoluta, antes incluso de la existencia del Universo. Suena extraño, algo que aparece súbitamente de la misma nada, salvo…

¿Y si hubiera habido un universo previo que fue destruido y Arceus fuese el único superviviente de aquel cataclismo?

Mas habría que preguntarse entonces…

¿Qué fue lo que destruyó súbitamente aquel universo y dejó únicamente a Arceus como superviviente? Nada menos que él mismo.

Arceus, antes de iniciar el proceso de creación de su nuevo mundo, sería una criatura cuyo aspecto y poderes diferían a los de su actual forma. Y tal era su poder, que su mera existencia, supuso el fin del universo en el que nació. Todo aquel poder emanaría de Arceus en forma de energía, siendo tal la cantidad y la concentración en un espacio reducido a su forma corporal, que alterase el tejido espacio-tiempo y originase alrededor de él algo semejante a un agujero negro.

Durante ese periodo de destrucción, bajo un poderoso instinto de supervivencia, él mantuvo su cuerpo protegido de la devastación provocada por dicho agujero negro bajo una especie de crisálida formada por energía y materia en una composición y estructura tales que acabaría siendo la única cosa que sobreviviría a aquel cataclismo, siendo lo único existente en ser inmune a la atracción y fuerza de un agujero negro, del cual ni siquiera la luz escapa. Y al mismo tiempo que aquel agujero negro se tragaba el universo, el cuerpo de Arceus protegido bajo aquella crisálida absorbía y asimilaba toda la materia y energía que aquel fenómeno captaba, aumentando así el tamaño del mismo y su poder destructivo, hasta que no quedó nada salvo Arceus.

La "crisálida" que protegió a Arceus sería referenciada más tarde como "huevo", debido a que de aquella destrucción sólo quedó él y una vez pasado el peligro, al liberarse de su protección, apareció envuelto en la nada, en una realidad nueva. Y al haber absorbido todo lo que anteriormente compuso el universo en el que nació, ya no sería la misma criatura que provocó el desastre. Ahora era la potencialidad máxima, de él podía partirse nuevamente desde cero. Prácticamente, eso le supuso "volver a nacer".

¿Pero cuáles fueron las circunstancias que llevaron al nacimiento de tal colosal bestia?

Fueron dos factores: un insólito virus espacial y el ser humano. He aquí cuando comienza la historia de la creación de un dios.

En una roca espacial, proveniente de algún lugar del infinito espacio, se dieron las condiciones necesarias para que una espontánea mezcla de aminoácidos y otros bioelementos, en conjunto con otros factores, originaron algo semejante a un virus. Dicha forma de vida fue evolucionando aislada de todo y protegida dentro de ese meteorito, cuyo viaje duró posiblemente eones hasta que, por capricho del destino, en la trayectoria de esta roca se cruzó un planeta habitado al cual se le había bautizado como La Tierra.

Allí, unas criaturas en el eslabón más alto de la evolución, los seres humanos, que por aquella época su tecnología había alcanzado cotas de sofisticación inimaginables, interceptaron el meteorito. Éste acabó como un objeto de estudio en un laboratorio puntero de máxima seguridad y propiedad del gobierno de algún país, lejos del conocimiento público. Allí, descubrieron que el meteorito no era una roca espacial cualquiera, sino que había sido la incubadora y medio de transporte de una forma de vida similar en algunos aspectos en composición y estructura a la de un virus terrestre.

Hicieron numerosas pruebas con ese organismo recién descubierto, modificándolo en ciertos aspectos para volverlo más virulento y de esa forma estudiar su relación con, en un principio, las formas de vida nativas de la Tierra. Descubrieron entonces su asombrosa capacidad para provocar mutaciones en los seres vivos, y al contrario de lo que se esperaría de la tasa de supervivencia de un ser vivo ante mutaciones provocadas, muchos de los infectados con el virus acaban pasando a un estrato superior en la evolución, adquiriendo además nuevas y sorprendentes habilidades. No sólo afectaba a seres vivos, pues en conjunción con determinados factores, ese virus era capaz de fusionarse con materiales inertes y dar lugar a organismos biónicos o artificiales.

La ambición y el ansia de poder de aquellos humanos, al toparse con un organismo tan versátil y con tanto potencial explotable, hicieron que surgiera con más fuerza que nunca el anhelo de convertirse en dioses.

Se comenzó a trabajar en la creación de una criatura con un variado material genético procedente de multitud de especies terrestres, no sólo animales e incluso utilizando ADN humano en el proceso, en conjunción con el virus espacial y tecnología capaz de fusionarse con elementos orgánicos. Se hicieron multitud de pruebas fallidas antes de llegar al organismo primigenio que dio lugar a Arceus, cuyo material genético en esa etapa de desarrollo seguiría siendo ampliamente manipulable al encontrarse en una etapa temprana de desarrollo, pero con el cual ya se podía experimentar y obtener datos de una forma de vida más o menos compleja. Aquel organismo presentaba un aspecto similar a los embriones de las especies vertebradas de nuestro planeta, dado que gran material genético provenía de dichas especies.

Era semejante a la criatura que, en un universo diferente, sería comparada con Mew.

Se consiguieron hacer varias copias de este organismo, de modo que pudiesen probarse múltiples combinaciones de mutaciones y añadidos biónicos, entre otras cosas. Con ello, se buscaba no sólo crear un arma biológica que supondría el dominio absoluto del país que controlara a dicha criatura, sino crear lo más parecido que pudiese imaginarse a un dios.

Finalmente, se consiguió crear una ser cercano a satisfacer los deseos de poder y divinización del ser humano, buscando además que nunca llegase a completar su desarrollo, de modo que fuese totalmente "actualizable".

Un caso parecido a cómo sería posteriormente Porygon, pero en una realidad diferente.

Se toparon con una criatura de extraordinario poder e inteligencia, que sorprendentemente había obtenido una consciencia del mundo exterior y de sí mismo antes de que hubiera alcanzado su última fase de desarrollo, habiendo obtenido para entonces una gran cantidad de conocimientos sin que a los científicos les hubiera dado tiempo de enseñárselos.

Sin embargo, el desarrollo de aquella criatura se salió con creces de las previsiones iniciales y poco a poco su poder se fue haciendo incontrolable. Era el máximo exponente de la evolución de la vida y del desarrollo de la tecnología, que siguió mutando y desarrollándose hasta superar y quebrantar todas las leyes universales, ocasionando con ello un cataclismo que se llevó con él a la humanidad que le creó y al universo que le vio nacer.

Así, siendo lo único que quedó tras, por así decirlo, absorber el cosmos, se convirtió en el poseedor de todo el conocimiento universal y su potencialidad, siendo capaz de convertirse en el creador de un universo nuevo.