PARTE II: "Preparando un chocolate. ¿De verdad siento algo por él?"
- Porqué me parece a mí que me estabais mintiendo - habló Apolo cuando ambos muchachos se hubieron quedado solos.
- Eso es, amigo, suposiciones tuyas. ¿O es que estás celoso? - inquirió divertido el joven Wakashimazu.
- No, no estoy celoso, sólo que no me parece bien que tuvieseis ninguna relación vosotros dos.
- ¿Lo dices por Izumi?
- No lo digo solo por ella, sino por vuestra diferencia de edad… mi hermana es muy niña aún.
- Eso, Apolo, no es cierto del todo, me he dado cuenta que ya no es tan niña como la hemos visto siempre.
- Aunque así sea, tú eres como eres y yo sé como es ella, sigue siendo la niñita caprichosa de mamá y papá, que hace todo lo que se le antoja. Y aunque al final terminaseis juntos, no me gustaría saber que mi hermanita sufre por culpa tuya; eres mi mejor amigo pero hay cosas que no te perdonaría.
- Te entiendo, igualmente yo estoy con Izumi y dudo que me fije siquiera en la pequeña Karinne - decía las palabras aun sin creérselas del todo.
Ajena a esta conversación, Karinne por fin tenía la lista de alimentos en sus manos mirándola mientras tomaba lo que necesitaba metiéndolo en el carrito de la compra.
- Veamos, necesito el paquete de chocolate ¿1 kilo? A ver qué encuentro… ¡Bingo! Esto me sirve - murmuró en voz baja tomando en sus manos lo que quería. - Mantequilla y leche hay en casa, pero no estará de más comprar un par de litros más… Galletas, mmm - se puso a pensar - creo que se han terminado esta semana, y si mal no recuerdo Apolo me pidió que le comprara un paquete, así que me llevaré dos, creo que me irá bien para la tarta. ¿Lacasitos y gominolas? Eso mejor lo compro en el kiosco que tienen mayor variedad de golosinas.
Con la compra ya hecha y después de haber pasado por el kiosco, se dirigió a su casa, ahora sí para preparar el dulce de chocolate.
Entró a la casa y sintió ruido en la planta superior.
- Genial, Romeo sigue aquí, sólo espero que no se vuelva a burlar o no sé qué acabaré haciéndole ¬¬ - pensaba mientras se calzaba las zapatillas.
Entró a la cocina y dejó en la encimera las bolsas de la compra. Subió a su habitación, que estaba frente a la de su hermano, y se cambió de ropa por una más cómoda para ponerse a cocinar. Volvió a bajar y dejó su ropa en el cuarto de lavandería. Regresó a la cocina y se puso el delantal blanco de su madre.
- ¡Manos a la obra! - exclamó entusiasmada.
Sacó de las bolsas de la compra lo necesario para la preparación del pastel, y buscó la receta para seguir cada uno de los pasos.
Al rato se dirigió a uno de los armarios y de ella extrajo una olla; y de la nevera cogió la mantequilla. Puso la olla en el fuego y vertió en ella 750ml de leche y una cucharada de mantequilla y esperó hasta que empezase a hervir, volviendo a añadir el chocolate poco a poco para que no se formasen grumos, como bien decía en la receta. Siguió removiendo uniformemente hasta que la mezcla de chocolate estuvo bien suavecita.
Mientras mojaba las galletas en un plato hondo con la leche restante (250ml), su mente vacilaba en lo que realmente sentía por aquel chico. No era nuevo para la rubia aquel sentimiento hacia él, pero no podía negar que le molestaba que la tratase como si fuese una niña, ciertamente mentiría si dijese que no era la niñita de papá. Su hermano siempre se lo había dicho, y ahora se daba cuenta que aquella actitud solo hacía que Romeo la viese como siempre: una niñita boba y caprichosa.
Se debatía en si de verdad sentía algo por él o no…todo aquello era muy complicado.
Despertó de su trance cuando se dio cuenta que la mitad de las galletas estaban deshechas.
- No debí ponerlas a remojo…ahora ya no sirven - uu así que volvió a tomar unas cuantas galletas más, esta vez dejando su mente libre de cualquier otro asunto que no fuese la elaboración del bendito pastel.
De otro armario cogió un recipiente para darle forma de corazón a la tarta. Y siguiendo de nuevo la receta, puso una capa del chocolate que seguía en la olla (con el fuego ya apagado desde hacía rato) y por encima una capa de galletas mojadas (para darle jugosidad a la tarta), de nuevo otra capa de chocolate y otra de galletas hasta llegar a la última capa.
Por fin dejó el pastel en la nevera y lo dejó enfriar una hora…
Mientras transcurría la hora, se puso a lavar los cacharros y a limpiar todo lo que había ensuciado. Miró el reloj y aún quedaba media hora más, así que decidió ir a hacerles una visita a su hermano y a Romeo. Dejó su delantal colgado en una de las sillas y subió silenciosamente las escaleras. Al llegar frente a la puerta del dormitorio de Apolo recordó que necesitaba algo, así que para ello tendría que mentirle a su querido hermanito…
- ¡Toc, toc!
- Entra Karinne - escuchó la voz del hijo mayor de los Hyuga.
- Apolo quería pedirte un pequeñito favor - le puso ojos de corderito.
- Qué quieres - le contestó con pocas ganas.
- Necesito que vayas al supermercado, que me olvidé de comprar nata, ¿podrías ir? Que te acompañe Romeo… Y hablando de ese amigo tuyo ¿dónde está? ¿Ya se fue?
- No, bueno, sí, pero regresa en un momento. ¿Necesitas eso urgentemente?
- Sí, por favor.
- Está bien, no tengo nada que hacer ahora.
Salió y bajó las escaleras para salir, seguido de su hermanita.
- Cuando regrese Romeo le abres la puerta, ¿está bien?
- Claro, no te preocupes - y le dio un beso en la mejilla como agradecimiento por hacerle el recado.
Al perderlo de vista, subió rápidamente las escaleras y entró de nuevo a la habitación de su hermano.
- ¿Dónde estarán? - se preguntó mirando por todas partes.
Al fin, junto al armario divisó la mochila de Apolo que solía llevar a la universidad y encontró lo que necesitaba.
- Sorry hermanito, pero lo necesito, ya Romeo te dejará las suyas - sonrió satisfecha.
- ¿Qué pasa conmigo? - escuchó una voz a sus espaldas.
- Romeo - se asustó.
- ¿Y Apolo salió?
- Sí, acaba de salir a hacer un recado.
- ¿Y se puede saber qué haces en el dormitorio de tu hermano? - inquirió dubitativo.
- Oye, no seas malpensado ¬¬ ¿Y se puede saber cómo entraste a la casa? - le respondió con otra pregunta.
- Yo pregunté primero.
- ¿Ah sí? Pues te quedarás con las ganas, porque no pienso responderte - decía arrogante.
- Con que esas tenemos ¿no? pues no te dejo salir por la puerta… - sonrió cínicamente poniéndose frente a la puerta para no dejarla pasar.
- Romeo - susurró tragando saliva. - ¿No me dejarás aquí todo el día encerrada, verdad?
- No precisamente, pero sí conmigo.
Él le extendió su mano izquierda y ella, como si de un impulso se tratase la tomó sin vacilar. Ambos se preguntaban qué pasaba por su interior cada vez que estaban tan cerca el uno del otro…ahora ya no había cualquier impedimento para ese beso que no se había concretado hacía horas. Esta vez fue ella quien, con ambas manos, sujetó las muñecas del chico, acercándose a él para besarlo… Un centímetro más y sus labios acabarían rozando; pero aquel beso nunca llegaría ya que en aquel preciso instante el teléfono empezó a sonar.
- No contestes Karinne - dijo con voz ronca el muchacho.
- Puede ser mi mamá o mi papá, o algo importante - decía con muy pocas ganas de contestar. - ¿Diga?... Ah, Apolo… ¿qué nata?... Aaaah, sí la nata, pues cualquier marca me sirve… Gracias, hasta luego.
Colgó el teléfono, suerte que había uno en la habitación del joven Hyuga, y volvió a mirar al chico.
- ¿Era tu hermano? - habló en un tono bajito como si no quisiese que nadie le escuchase.
- Sí, en nada regresa a casa, así que es mejor que me dejes ir - decía no muy convencida.
- ¿Eso es lo que quieres? - se aventuró él a preguntar.
- Eso es lo mejor.
- ¿Todos en esta familia se rigen por lo que está bien y lo que está mal? - dijo con fastidio Romeo. Y en ese momento recordó las palabras de su amigo.
- No sé de qué hablas, déjame pasar Romeo.
Y sin mediar palabra él se apartó de la puerta dejando que la rubia saliese sin ningún otro contratiempo.
Los minutos pasaban, ella en la cocina sentada en una de las sillas con la cabeza apoyada en la mesa; él recostado en la cama de su amigo con los brazos bajo su nuca…ambos pensando en el otro.
El ruido de una puerta cerrándose, dio a entender a la rubia que su hermano ya había llegado. Se acercó a él, le dio las gracias y cogió la nata dirigiéndose de nuevo a la cocina, mientras él subía hacia su dormitorio.
- Estás muy pensativo, ¿qué ocurre? - preguntó sin entender la actitud de su amigo, cuando entró a su habitación.
- No, no ocurre nada, sólo que estaba aburrido.
- Ah, y no sabrás que le pasa a mi hermana ¿verdad?
- ¿Tu hermana? No, no lo sé - mintió - ¿es que le pasa algo?
- Pensé que lo sabrías tú, como tiene esa cara de cordero degollado pues…no habrá pasado algo entre vosotros - se preocupó.
- No… bueno, sí pasó…hemos discutido, solo eso - volvió a mentir.
Sin creérselo mucho, se pusieron a estudiar para el test del día siguiente.
Aquella noche, ninguno pudo conciliar el sueño: Romeo por el simple hecho de que no sabía controlarse delante de la rubia, aquello tenía que terminar sí o sí al día siguiente, cuando la viese en casa de su amigo cortaría aquello que…¿cómo definir lo que había entre los dos? Quizás ella le atraía de una manera diferente de las demás chicas, pero era solo una niña… ¿Sería verdad lo que había dicho Karinne y era un pervertido?
Karinne ya no sabía qué pensar de él, siempre había sido su amor imposible ¿a aquello se le podía llamar amor? Si nunca se habían llevado bien… Ahora se preguntaba cómo sería capaz de entregarle el chocolate que había preparado aquella tarde, sentía como algo dentro de ella palpitaba fuertemente, ¿sería deseo quizás? Tenía miedo, miedo a que ocurriese algo más entre ellos, con aquel simple beso que nunca llegó a realizarse, pero por otro lado estaba feliz porque sabía que no le era tan indiferente al muchacho como pensaba desde un principio.
Apolo era el típico hermano sobre-protector, odiaba que su hermana siempre hiciese de él lo que quería pero la quería, era su hermanita y siempre estaría a su lado para protegerla de cualquier patán que la hiriese. Su mente era todo un caos, por un lado estaba su hermana y por otro su mejor amigo. Sonrió pensando en que de verdad aquellos dos terminasen juntos; pero los conocía a ambos y sabía que aquella relación no duraría, no llegaría muy lejos…
CONTINUARÁ…
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En este fic, tanto Romeo como Apolo tienen 21 años y Karinne, 16. Así que es normal a que Apolo no le guste la posible relación que pudiesen tener su hermana y su amigo (aunque le gusta la idea de que estén juntos, eso no lo puede negar xD siempre y cuando sea por la felicidad de ambos).
Gracias por tu review, Akane Koneko. Jeje, sí Romeo siempre ha sido un picarón, pero es buen chico (jeje, aunque no lo parezca). Los papás de los chicos están…de vacaciones, celebrando el día de los enamorados lejos de sus niños xD (te digo que son bien molestos cuando quieren, y más Karinne XD así que necesitaban un poco de intimidad para ellos…jaja quizás salgan en el último capítulo y le den una pequeña sorpresita a sus hijos jejeje). Ojalá te siga gustando ;)
