Hola! Gracias a todos por la buena acogida, no pensé que fuera a gustar tanto.
Como ayer, y el resto de capítulos tb ya os lo adelanto, se lo dedico a mi novia, lo escribo para ella básicamente. Así que espero que te guste bichita.
Y a todos vosotros, espero que os guste :D
CAPÍTULO 2
A la mañana siguiente, la vida de Regina comenzó como de normal. Un despertador sonando a las 6:00 de la mañana, una ducha rápida, buscar un traje de alcaldesa que, por increíblemente incómodo que pareciera, le permitiera pasarse horas sentada sin que las medias le picasen o el vestido la asfixiase en su intento por comprimir la poco sexy para la sociedad masa abdominal; despertar a un niño de diez años que no quería bajo ninguna circunstancia despertarse; hacer el desayuno, volver a despertar al niño que no quería despertarse; levantarlo a la fuerza y vestirlo mientras él se movía al más puro estilo zombie peleando contra las mangas; dejar al Henry en clase bajo miradas asesinas porque su querido hijo tenía muchas buenas cualidades, pero un buen despertar no era una de ellas; y, por fin, llegar a su despacho y dejarse caer sobre la silla.
Sí, había días en los que llegar al trabajo era casi una bendición. Al menos hasta que su secretaría llegaba con los papeles y la agenda para el día.
Sí, la vida de Regina Mills no era lo que se dice divertida. A partir de aquel momento, y como cada día, estaría encerrada entre aquellas cuatro paredes revisando informes de las más disparatadas actividades, comenzando por una petición de Leroy, uno de los trabajadores de la mina, para comenzar un club de strippers a domicilio con sus hermanos para despedidas de solteras y otras celebraciones. Obviamente, denegarla era por un bien público.
No fue hasta un par de horas después que escuchó un sonido al que estaba poco familiarizada, la señal de su móvil de que había recibido un mensaje. Lo primero que temió fue que algo hubiera pasado con Henry y el colegio intentara contactar con ella y corrió a tomarlo, hasta que vio "Emma" en la pantalla.
E: Buenos días :)
Regina sonrió sin saber muy bien por qué, no había creído que volviera a saber de ella más allá de un cordial saludo entre fans de la misma serie.
R: Buenos días, ¿qué tal?
Con naturalidad, Regina, ante todo con naturalidad, se dijo.
E: Mmm con sueño, acabo de levantarme. ¿Y tú?
Regina miró el reloj, las 10:00.
R: Yo ya llevo un par de horas despierta.
E: Que mal, madrugar debería estar prohibido. Bueno, voy a desayunar y a limpiar antes de que mi compañera de piso me mate por mi desorden.
R: Suerte con la limpieza.
E: Hasta luego :)
R: Hasta luego.
Regina dejó el móvil sobre la mesa donde estaba para volver con su papeleo, sonriendo sin saber por qué tras la interrupción.
Quizás Archie tenía razón y llevaba mucho tiempo rechazando contacto con adultos. Tenía amigas claro, unas cuantas al menos, pero no había vuelto a intimar con nadie desde Daniel. Hubo personas o, como Kathryn solía llamarlos, "pretendientes", hombres y mujeres, sí, que habían intentado conquistarla, sacarla de la coraza en la que la vida, o ella misma, la había encerrado y podrían haberlo logrado, pero al final siempre había un momento en el que Regina huía, se escudaba en su trabajo asfixiante, en el cuidado de su hijo, en cualquier detalle sin importancia que pudiera darle cualquier excusa para seguir alejada del amor.
Claro que también habían existido casos contrarios en los que Regina misma se ilusionó con alguien, pensando que podría ser la persona adecuada, pero sin reunir nunca el valor necesario para lanzarse.
Así que la experiencia le decía que no se ilusionara con Emma, al igual del resto de relaciones que había conocido, llegaría un momento en el que se cansaría de ella o Regina huiría, lo que pasara primero.
Que no es que hablara de amor, ¿quién puede hablar de amor al segundo día de conocer a alguien? Era una locura.
Y siguió con su trabajo. Hasta que el móvil volvió a alertarla.
E: Ya estoy aquí, ¿me echabas de menos?
Regina rio sorprendida ante el descaro de la chica.
R: Oh, no podía soportarlo.
E: Tranquila, tengo ese efecto en las mujeres.
R: ¿Ah sí?
E: Sip.
Por cierto, no he llegado a preguntarte cuántos años tienes.
R: ¿No te han dicho nunca que no se debe preguntar la edad a una dama?
E: Algo había escuchado, pero yo te dije la mía.
R: Sí, lo hiciste. Tengo 34, me conservo bastante bien.
E: Seguro que eres una mujer hermosa.
Regina alzó una ceja sorprendida. ¿Estaba ligando con ella? Ah, estaba demasiado desentrenada en este campo.
R: Y tú eres toda una zalamera.
E: Solo sincera.
R: Ni siquiera me has visto.
E: No lo necesito, una persona que escribe como tú solo puede ser hermosa.
R: no sé si tiene mucho que ver.
E: Eres hermosa por dentro.
R: xD de acuerdo, y tú eres definitivamente una zalamera, querida.
E: como decía, solo sincera.
Regina permaneció mirando el móvil sin decir exactamente qué decir, aunque no tuvo que pensar mucho por suerte, porque vio enseguida que Emma aparecía "escribiendo".
E: Por cierto, me gustó mucho ese último one-shot que pusiste.
R: ¿Fanfiction para dos?
E: Sí, ese. No podía parar de reír con lo del pene mágico y si podía hacerse xD. Aunque tengo que decirte que no hace falta en realidad, a mí nunca se me ha quejado nadie.
Hacía tiempo, y eso tenía que admitirlo, que no se reía tanto, por fardona que resultara aquella Emma, era una frescura que su vida recibía con agrado.
R: Tampoco a mí se me han quejado nunca.—No tenía por qué especificar que nadie se había quejado porque no lo había probado con nadie. Sí, vale, era muy triste que una mujer de su edad y con un hijo (adoptado obviamente) tuviera la experiencia sexual de una estrella de mar. Se suponía que Daniel iba a ser… pero murió antes de que pudiera suceder nada más allá de unos besos torpes y robados, y después, el tiempo había pasado tan rápido que apenas se había dado cuenta de que desperdiciaba su vida.—Pero lo he leído en muchos fics y me hacía gracia.
E: ¿En qué clase de fics? Porque no me suena.
R: Sobre todo en inglés, oneshots pornosos, ya sabes.
E: Ah claro, no domino mucho el inglés.
R: Yo lo aprendí para mi trabajo. Tuve un profesor que decía que la gente que sabe inglés besa mejor, por el control de la lengua supongo.
E: Puede ser, pero de nuevo te digo, que a mí no se me ha quejado nadie y sé mover la lengua muy bien querida.
Tan fardona.
R: No lo dudo querida. Tampoco a mí se me han quejado.—De nuevo, tampoco tenía por qué saber que no había besado lo suficiente como para que se le quejaran. Bueno, Henry había comenzado a limpiarse la mejilla cuando le daba un beso con los labios pintados, pero pensó que no era el tipo de besos al que se refería.
E: Pero me gustó mucho.
R: Me alegro.
E: Quizás le falta un poco más de acción…
R: ¿Quieres decir que le escriba una escena erótica?
E: Lo has dicho tú, no yo.
R: no sé si lo haré, son escenas que cuestan de escribir.
E: Sí, yo tampoco suelo escribirlas. Prefiero vivirlas.
Una carcajada se escapó de su boca antes de que pudiera contenerse. Qué morro tenía aquella mujer, ah, pero no sabía con quién estaba jugando. Podría ser una madre soltera virgen, pero había leído suficientes novelas eróticas como para pasar por la mayor de las expertas.
R: Oh, ¿no me digas?
E: Sip. Lo único que me falta por hacer que me apetecen es que me aten. —Soltó de pronto.
Si Regina se sonrojó…bueno, nadie fue testigo de ella. Pero, como había dicho antes, dos podían jugar al mismo juego.
R: Oh, qué bien, yo siempre he querido atar a alguien.
Esperaba que el retraso en la contestación de Emma fuera porque la había dejado sin palabras y no porque la había asustado, empezaba a divertirse.
E: ¿Algo más que quieras hacer?
Oh, no tienes ni idea… pensó Regina.
R: Comenzando por lo simple, probar distintas superficies.
E: ¿Como cuáles?
R: Oh muchas…—¿Una manera de decir que no había probado ninguna sin llegar a decirlo?—Digamos que mis anteriores relaciones no eran muy partidarias de innovar. —Era cierto…más o menos.
E: Qué lástima. Dime algunas que te gustaría probar.
Bien Regina, se dijo a sí misma, este es el momento de recordar todas esas escenas eróticas con las que te has entretenido en interminables horas de reuniones tediosas.
R: Empezando por el agua…duchas, bañeras, lagos, mar, ríos, jacuzzis …
E: Te faltan las piscinas.
R: Oh, no me las he olvidado, pero todas las que conozco son públicas y tengo mis límites también…
E: Bueno, siempre se puede buscar alguna privada.
R: imagino, pero no sé si el cloro es lo más afrodisíaco del mundo.
E: xDD Supongo que tienes razón. El mar está bien porque aprovechas el balanceo de las olas para penetrar. —Toda una experta—¿Y aparte del agua? A mí me gustan las equis.
Equis…equis…equis…sí, Regina recordaba haber leído una novela erótica sobre seres mitológicos nórdicos en la que ataban a una chica a una especie de cruz inclinada, en forma de Equis, de forma que sus brazos quedaban atrapados y las piernas separadas.
R: Parece interesante, nunca la he usado.
E: ¿Y qué te gustaría probar a ti?
Oh, ¿sinceramente? Miles de imágenes de diferentes novelas eróticas pasaron por su mente.
R: Uy, todo realmente. La equis, la silla, el potro, las camas con cadenas…lo que haga falta. Hasta he leído algo sobre cepos que podría ser curioso. Está bien probar cosas nuevas.
Era demasiado divertido hablar con tanta libertad de aquella clase de cosas que prácticamente le estaban vetadas por su condición de alcaldesa. No es que la política prohibiese el sexo viciosillo, ni nada por el estilo, sino que nadie esperaba que precisamente ella, Regina Mills, regia y correcta alcaldesa de Storybrooke pudiera pasarse largas horas de trabajo fantaseando. Y menos todavía, con escenas de BDSM, aunque eran de sus favoritas.
Pero con Emma era totalmente libre, sin prejuicios, ni ideas preconcebidas, podía ser lo que quisiera.
E: Sí, me gusta todo eso. Siempre he querido tener un cuarto del placer para mí y mi pareja con todos esos juguetes.
Oh, sí, Regina había leído mucho sobre cuartos del placer…
R: Una mazmorra. Sí, no estaría nada mal.
La única duda que tenía en aquel momento la alcaldesa era si, cuando hablaba de volumen, hablaba de alguien en particular o, incluso, podía referirse a ella.
Lo gracioso de Emma, también conocida como FanSalvadora28, era que la joven había escrito su vida en el disclaimer de cada capítulo de cada fic que escribía. Tanto que para Regina, parte del enganche a sus fics pasaba también por leer el disclaimer por entero para saber cómo avanzaba su culebrón particular.
Regina había comenzado a leer a Emma, sin saber su nombre por aquel entonces claro, cuando la cazarrecompensas llevaba tan solo dos historias, dos historias que le habían encantado, todo sea dicho. Así que había seguido leyéndola cada vez que actualizaba. Sin decir nada, ni un review ni nada por el estilo porque Regina prefería pasar desapercibida y, bueno, tampoco hubiera sabido qué decir.
Y la cosa se puso interesante cuando en uno de sus fics comenzó a dedicárselo a otra chica que escribía en la misma página. Dedicatorias que comenzaron amables y terminaron convirtiéndose en auténticas declaraciones de amor del tipo "te amo tanto que me llega hasta los huesos" y cosas por el estilo. Que a Regina le parecían terriblemente cursi, cierto, pero era adorable en cierto modo. Más que nada, que dos personas de países e incluso continentes distantes se hubieran encontrado y enamorado a través de una página de internet, pues alentaba un poco su esperanza de que el amor tenía caminos enrevesados y que, quizás, no fuera demasiado tarde para ella.
Sin embargo, aquello había sido prácticamente meses atrás, había pasado un tiempo sin escribir ni leer con las reuniones del último trimestre, demasiados problemas para un pueblo tan pequeño…Pero, nimiedades aparte, la verdadera pregunta era, ¿si esta era la misma FanSalvadora28 que le había estado declarando su amor eterno a esa otra chica, estaba ligando con ella, estaba soleta, o eran todo imaginaciones de su mente solitaria?
Así que sí, aprovechó la cercanía del ordenador para abrir el último capítulo publicado por Emma de un fic que no había comenzado a leer y buscó en el disclaimer la susodicha declaración de amor. Ah, pero no estaba. ¿Cómo de mal visto está lo de hacer el baile de la victoria cuando eres alcaldesa? Bueno, ante la duda se limitó a hacerlo mentalmente.
E: Exacto, una mazmorra llena juguetes.
Oh, casi me había olvidado de que estaba hablando con Emma después de tanto indagar en su vida amorosa no tan privada porque exponía en fics.
R: Claro, los juguetes son importantes. Látigos, palas, pinzas…todas esas cosas.
No sabía qué nivel de seriedad tenía aquella conversación para ella, pero yo no paraba de reírme.
E: No están mal todos esos juguetes, pero hasta que no hagan una película de mis fics y tenga dinero para todo eso, me sirve con otras cosas.
R: ¿Cómo qué? —Ya era pura curiosidad morbosa.
E: Pues no sé, yo he usado un poco de todo, aunque mi favoritas son las velas.
R: ¿Las velas? —Dios del amor hermoso, eso no salía en ninguna de mis novelas.
E: Sí, es genial porque puedes jugar con el calor y la cera caliente y luego penetrar con ella.
¿Penetrar con una vela…caliente?
R: Parece interesante. Nunca lo he probado.
Y así andaba la conversación cuando sonaron unos golpes en la puerta que obligaron a Regina a levantar la cabeza del móvil por primera vez en…bueno no sabía cuánto, pero un buen rato.
—Señora alcaldesa—Dijo su secretaria.—¿Quiere que recoja ya el papeleo de la mañana? No me lo ha traído como de costumbre para que lo cursara.
Regina descubrió con asombro que llevaba un par de horas hablando con Emma y sin prestar atención a un solo papel. Ops.
—No, em… he tenido ciertas…distracciones. Te lo llevaré cuando esté.
Se despidió con una sonrisa forzada deseando que se marchara rápido para poder seguir hablando con Emma, aunque fuera solo para despedirse de mejor modo y explicarle que sería mejor que trabajase un poquito.
Cuando miró el móvil ya tenía más mensajes.
E: Oye, no es que quiera compartirte ni nada de eso, pero estoy en un grupo de Whatsapp y todas querrían conocerte. Las enganché a tus fics a todas y van a estar fangirls perdidas.
Vaya, lo de tener admiradoras era nuevo.
R: Estaría bien, pero quizás en otro momento. Acaba de entrar mi secretaria y me he dado cuenta de que no he hecho nada en toda la mañana con tanto hablar de mazmorras.
E: Claro, una alcaldesa tiene que trabajar.
R: Sí, de vez en cuando.
E: Y a menos que en tu pueblo haya muchos pervertidos con mazmorras que controlar, mi conversación te está distrayendo.
R: Oh, prefiero no saber qué tienen los habitantes de mi pueblo. Pero me he divertido hablando contigo.
E: Y yo también. Espero que sigamos hablando pronto.
R: Te avisaré cuando este pueblo pueda vivir sin mí. Aunque como eso puede que tarde, podemos hablar esta noche.
E: Intenta detenerme.
R: no lo haría.
E: Hasta luego :)
R: Hasta luego :)
Y Regina volvió a su acostumbrado y conocido tedio de firmar papeles.
El resto de la tarde pasó entre papeles y el pensamiento de que se había pasado horas enteras hablando de mazmorras y otras perversiones sexuales con una mujer que acababa de conocer. Seguro que nadie lo creería.
A pesar de sus grandes esfuerzos por mantenerse seria y concentrada en sus labores…más o menos una hora más tarde, Emma volvió a escribirle y volvió a caer en el juego. Era demasiado adictivo hablar con ella.
Terminó descubriendo que tenían más cosas en común de las que se pudiera pensar de una alcaldesa y una cazarrecompensas, el mismo libro favorito, les gustaba la poesía, leer, la historia, incluso el mismo periodo histórico. En música por el momento era en lo que menos coincidían.
Llegó la hora de ir a por Henry al cole, hacerle la cena y acostarlo. Todo en el tétrico silencio de siempre…bueno, no había estado ahí siempre, pero se había vuelto ya cotidiano.
Y Regina no veía el momento de irse a la cama con su vaso de sidra de manzana y volver a hablar con Emma. Al menos era un soplo de aire fresco en su vida.
Pero no debía ilusionarse, no debía. La vida era demasiado imprevisible como para hacerse ilusiones con cosas así.
El móvil vibró en su mesita.
E: ¿Regina sigues despierta?
R: Sí, Emma, aunque no debería tardar en irme a dormir.
E: Claro, mañana trabajas.
R: Cada día, prácticamente.
E: Pero hemos dejado a mitad la conversación sobre películas, me encanta el cine…
Un rato después Regina ya podía recitar el top five de películas de Emma, incluyendo Watchmen, El club de la Lucha, V de Vendetta, la Vida es Bella. Y de que tenía un ranking especial para sagas, para películas nazis, otro para antiguas…Y así, una auténtica cinéfila.
R: Emma me temo que se me está haciendo tarde y mañana tengo que madrugar.
E: Sí, perdona, he sido muy egoísta. Como de todas formas yo no me puedo dormir hasta las 3:00 de la mañana por las pesadillas…
Quizás hasta aquel momento, Emma había sido una persona con la que había, más o menos conectado, se había reído, se había entretenido…sí, pero no dejaba de ser una persona normal, una persona más. Una persona que, como el resto que conocía, terminaría cansándose de ella o, peor aún, burlándose. Hasta aquel momento en el que supo que tenía pesadillas y Regina recordó la suyas propias, y ya no se pudo marchar.
R: no tengo prisa tampoco, ¿por qué no te tumbas en la cama y te relajas? A ver si podemos mejorar la hora de las 3 a.m.
E: No podrás. Soy huérfana y esa es la hora en la que unos hombres me encontraron tirada en la cuneta y me llevaron a un hospital. Tengo pesadillas a esa hora desde que tengo memoria.
R: ¿Y has probado a irte a dormir a otra hora?
E: He probado de todo y siempre me despierto a la misma hora llorando y empapada en sudor por la misma pesadilla.
Casi le recordaba a su pequeño Henry, cuando con dos o tres años, se levantaba y acudía corriendo a refugiarse entre sus brazos.
R: Bueno, tranquila cielo, estoy aquí.
Y así empezó todo.
Gracias por leer :)
