Capítulo 2: Intento Frustrado

El ambiente era oscuro, una bodega abandonada completaba la escena. La luz de la luna daba una tenue iluminación en el interior brindando un paisaje tétrico al lugar. Unas sombras caminaban e investigaban cada rincón. Parecían estar en una minuciosa misión. Se mantenían atentos a cada paso y sonido. Hasta que un grito femenino alertó a los miembros que se guiaban por medio del brillo lunar, que entraba por las viejas ventanas con restos de polvo y vidrios quebrados aun sujetos a los marcos, y la ayuda de unas luces de neón que provenían de dos de ellos.

—¿Qué paso?— preguntó un Rex de 20 años con un aspecto más cambiado que antes, más alto y con un aire más sexy. Alertado, miró hacía atrás.

—¡Ay! César me piso.— se quejó una Annie que lucía el cabello un poco más largo, hasta los hombros específicamente y con 20 años encima.

—Bien.— Rex pronunció más relajado. —César, encontraste a tu media naranja.— bromó el joven moreno continuando su camino.

—Que gracioso eres Rex.— el mayor de los Salazar de 25 años refunfuñió con sarcasmo quitándose unas telas de araña de su cabello y prendas. —Y para que lo sepas Annie…— pronunció mirando a la chica mientras despojaba polvo de su chaleco militar. —No fue a propósito.— mencionó significativamente.

—¡Ay sí! ¿Ahora vas a poner la excusa de que me pisaste sin querer porque no viste en la oscuridad?— cuestionó dejando pensativo al joven latino.

—Bueno ya, basta de distracciones hay que seguir buscando pistas, chicos.— acotó la joven y bella novia del principal agente y arma secreta de Providencia. —Rex ¿Puedes iluminarme aquí? Por favor.— pidió gentilmente.

—Usa tus nanites.— Rex sugirió con una sonrisa. —Eres una EVO, ¿recuerdas?— le recordó graciosamente el joven moreno.

—Ah…— musitó la joven sonriendo apenada. —Cierto. Creo que les ordene que se apagaran sin querer.— comentó y reflejó con su visión nanite para ver en aquella sección donde abundaban cajas cubiertas de mantas rasgadas y gastadas. —Ah, aquí no hay nada.— pronunció frustrada apagando sus nanites oculares y volviendo a incorporar sus chocolates iris, prendiendo su comunicador. —Holiday, ¿estás segura que es aquí? Porque…aun no hemos encontrado nada.— comunicó reflejando los nanites de su mano repasando cada rincón.

(—Es una posibilidad, Laumy.— contestó la doctora desde la base. —Sigan buscando.— concluyó en una sugerencia al cortar la comunicación.)

—¿Y que onda?— Rex preguntó con inquietud.

—Que sigamos buscando.— contestó la castaña continuando el camino.

—Ay que ayudita la de Holiday.— Rex musitó en un tono cansado. —No puedo creer que estemos metidos en una fea, antigua y sucia bodega para recuperar los meta-nanites cuando podríamos estar en Providencia, cenando y viendo la tele…— pronunció deteniendo su quejido para acercarse al oído de la chica. —Acurrucaditos y tapados.— agregó en un susurro irresistible produciendo un escalofríos y un fuerte rubor en la chica. La cual agradeció a la oscuridad en ese momento para no morirse de pena. —Además…sabemos que no estarán aquí.— se quejó nuevamente el muchacho.

—Cualquier lugar es bueno para rastrillar su paradero, Rex.— mencionó César viendo en su pequeña máquina de rastreos nanites.

—Todavía sigo pensando y preguntándome si seremos hermanos.— masculló el menor de los Salazar iluminando el camino con los nanobots de su mano.

El grupo de jóvenes prosiguió su búsqueda siguiéndose entre sí con el resplandor de sus linternas, las luces de neón en los pantalones de Rex y los nanites en la mini chaqueta de la muchacha.

Observando cada rincón sin dejar lugar por revisar, objetos sospechosos que mirar o dudas que resolver. Un silencio mortal habitaba en esos momentos. Solo se escuchaban sus pasos y las respiraciones que golpeteaban en sus narices.

El grito de Annie alertó nuevamente al equipo provocando que las dos armas se alcen en guardia.

—¿Annie, que sucedió?— indagó Claire asustada llegando a su amiga.

—Vi algo entre las cajas cuando iluminé por unos segundos.— Annie mencionó aterrada ladeando su linterna a todos lados.

—¿Que viste?— preguntó la pelirroja chica de su misma edad.

—Unas sombras.— informó con voz temblorosa.

—¿Como eran, Annie?— interrogó Noah saliendo de las penumbras.

—No lo sé, pasaron muy rápido casi como un rayo…— dejó de hablar a causa de unos pasos que retumbaron en ese sector. —¿Escuchan?— cuestionó un poco asustada nuevamente a la vez que todos miraban y escuchaban minuciosos pasos.

—Claire, Noah, Annie.— Rex llamó a sus amigos captando la atención de los jóvenes. —No dejen de alumbrar y no dejen lugar por revisar entre las colinas de cajas, guiense con las luces.— demandó el latino acercándose a su hermano. —¿César, detecta algo esa máquina que trajiste?— indagó curioso y espiando graciosamente la pantalla.

—Parece que hay actividad nanite cerca de la región.— César informó presionando un botón de su aparato. El cual accedió una ventana en la pantalla fluorescente. —Pero no logra descifrarlo correctamente. Es como si fuera metal. No estoy muy seguro.— explicó con profesionalidad el joven y mucho más guapo científico cuando nuevos ruidos aparecieron.

La Brigada Juvenil no sacaba los ojos de encima a los tres rayos de luz eléctrica que iban de acá para allá buscando esas sombras rápidas que aparecieron nuevamente alborotando los corazones de los agentes en formación "O", resguardando sus espaldas. El caminar se volvió a oír. Mucho más veloz y cercano.

—Alguien viene.— Rex alertó usando un tono gélido y analista. —No bajen la guardia, muchachos.— demandó con firmeza cuando los demás asentaban gélidamente.

Otro mortal silencio se prolongó en ese lugar. De pronto las luces de la supuesta bodega abandonada se encendieron. Perturbando a los muchachos.

—¿Qué sucede?¿Que pasa?— Annie preguntó nerviosa mirando a todos lados.

El rugido de una motocicleta portentosa provocó un eco en el sector donde los agentes estaban. El estruendo de una bazuca produjo que el escuadrón se eche al suelo por prevención para que luego tres de ellos se dispersen escondiéndose entre las cajas. Solamente las jóvenes armas permanecieron en su lugar. Una extravagante voz se hizo presente apareciendo por la puerta principal.

—¡Rex!— un hombre vestido como una versión moderna de "pirata", con un pañuelo rojo en su frente, de ojos, cabello y barba cafés llamó al muchacho. —Cuanto tiempo sin vernos.— mencionó jocoso.

—¿Quién se supone que es?— Laumy indagó con neutralidad.

—Gatlocke.— Rex masculló con aversión ayudando a su chica a levantarse.

—Y veo que no perdiste el tiempo.— Gatlocke comentó maravillado mirando a la curvilínea joven que acompañaba al moreno muchacho.

—¿Es una especie de pirata?— susurró la castaña muy cerca de Rex.

—Gatlocke es como el Acertijo. Pero más infantil. Es un vulgar ladrón.— comunicó despreocupado.

—Permítame presentarme, señorita.— Gatlocke pronunció acercándose a ella dando pasos superiores. —Soy Gatlocke y…— se presentó tomándole la mano. —Es un placer conocer a tan hermosa criatura.— concluyó a punto de besarle la mano cuando fue detenido por Rex apuntándole con su enorme espada.

—Yo que tú…lo pensaría dos veces, piratita.— Rex amenazó cínicamente gentil mostrando una arcaica sonrisa y una actitud celosa. Observado curiosamente por Gatlocke.

—Rex, sé gentil, no seas tan rudo, no parece malo.— Laumy comentó con la naturalidad dulzura que la caracteriza.

—¿No? Pronto cambiaras de opinión y me darás la razón. nena.— Rex habló neutral guardando su tecno-espada.

—¿Ya podemos salir?— Claire preguntó cautelosa asomando medio cuerpo por encima de una caja al mismo tiempo que lo hacían Noah, César y Annie.

—Trajiste compañía.— afirmó el hombre comenzando a reír. —Que bien también yo.— comentó con peculiaridad al momento que dos hombres y un EVO de cuatro brazos y sin cara entraban a la bodega. Se veían bastante peligrosos.

—Rex...— Laumy pronunció aferrándose instintiva y lentamente al brazo de su novio. —Retiro lo dicho.— se retractó un poco aterrada y caminando en reversa.

—Esto será divertido.— Gatlocke comentó con extravagancia. —¿Que les parece si jugamos a las batallas y apostamos esto?— propuso mostrando un envase brilloso asombrando a los jóvenes que endurecieron sus rostros. Inmovilizando sus músculos por el impacto de ver un meta-nanite en sus manos. —¿Hermoso no? El que logre hundirme lo ganará.— nuevamente propuso con una sonrisa.

—¡Puedo intentarlo!— acotó Annie cuando salió corriendo en dirección a las juveniles armas.

—¡No Annie quédate en tu posición!— gritó Rex presintiendo que algo malo podría pasar si ella intervenía.

—¿Por qué?— preguntó la joven rubia aun corriendo.

—Lo arruinarás.— Rex mencionó conociéndola.

—Puedo hacerlo…— mencionó y se quedó en suspenso al tropezar con Rex y Laumy al llegar hasta ellos tirándolos al suelo junto con ella misma. —Rex.— concluyó apenada observada fijamente por el joven. La expresión de Rex daba miedo.

—Creo que yo gané.— Gatlocke comunicó optimista observado por Rex y los demás con sutil enojo. —Y no se preocupen por los demás meta-nanites. Estarán a salvo con mis aliados y su servidor.— continuó agarrado de la viga de un camión de su propiedad. —Hasta luego, soldaditos.— se despidió en tono despectivo.

El camión salió a toda velocidad. Imposible de perseguir aunque Rex usara su Rex Ride. La torpeza de Annie solo hizo enojar con razón a sus amigos.

—Bien hecho, Annie, dejaste que escaparán.— Rex regañó a la chica con el ceño fruncido.

—Solo quería ayudar.— Annie mencionó inocentemente.

—¿Ah sí? Pues te ves más bonita cuando estás quietita y calladita.— Rex espetó con usual tono. —Ayudas más.— acotó en un consejo, se lo escuchaba un tanto molesto.

—Ay casi lo teníamos.— recalcó Noah. —Gracias Annie.— el joven rubio agradeció cínicamente; molesto mientras que Annie se apenaba por las miradas acusadoras.

—Holiday, tenemos un problemita.— Rex comunicó prendiendo su comunicador imitando con su boca una radio fritura. Simulando perdida de señal. —Más bien…tenemos una torpeza.— concluyó inexpresivo.