disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto. yo todo lo demás.
yo quiero protegerte y voy a defenderte, del mundo, de ti y del dolor. guardaré tu corazón con el mío, para que no se rompa, no importa si el mío se sofoca.
«yo voy a defenderte»
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La chica Haruno fue bastante capaz de distinguir un movimiento bastante leve dentro de la celda. Hizo los sellos apropiados, susurró el jutsu y las rejas se abrieron. Ella se introdujo dentro mientras el Anbu esperaba afuera.
Saco las llaves de su bolsa trasera, se mordió el labio y prácticamente no respiró cuando se hincó para liberar las esposas que Sasuke tenía en sus muñecas, no podía respirar y nada estaba bien. Pero ella se hacía creer que sí para no colapsar.
Él observó el gesto con su rostro inmutable, ni siquiera agitó las manos cuando las vio libres. Iba a cubrir perfectamente su fachada.
―Levántate ―ordenó Sakura, una vez que se cercioró de haberle quitado todas las ataduras.
Sasuke hizo lo propio y miró a Sakura a los ojos. El contacto visual fue tan fugaz que Sakura dudó que hubiera sucedido realmente, porque él miraba fijamente hacia afuera de la celda cuando volvió a buscarle la mirada.
Ella lo detuvo cuando él se puso de pie, en un elegante y rápido movimiento, le tomó las manos y concentró chakra. Sasuke la miró, impasible, mientras ella acariciaba sus muñecas y las unía: Cadenas de chakra. El hilillo azul, que lucía frágil, rodeaba y fluía alrededor de las muñecas de Sasuke y lo mantenía apresado de esa manera.
―Camina ―dijo, bastante consciente de que Sasuke la obedecía sin rechistar, sospechó de inmediato.
Su instinto le decía que para ser Sasuke, incluso para ser él, estaba demasiado callado. Ni siquiera se mostraba molesto, perturbado o algo así. Nada.
Porque ella sabía que tenía que aguantar. Y su resistencia era bastante buena, emocionalmente era una reverenda mierda, pero físicamente era la mejor. Aspiró aire profundamente, mientras la cabeza comenzaba a dolerle ante la cercanía de Sasuke.
Se recordó que precisamente por ese motivo, no había querido estar cerca de él. Porque el abrazador sentimiento era asfixiante, desde el dolor hasta la infinita alegría.
―Sakura-chan, ¿no vas a ir a ver al bastardo al hospital?
Sakura se mordió el labio y siguió fingiendo que afinaba su puntería con los shurikens.
―Ah… supongo que se me ha olvidado, sinceramente he estado muy ocupada, ¿qué tal está?
―Bien, aunque no habla mucho.
―¿Y eso es raro? ―preguntó Sakura mirando con orgullo como sus shurikens se quedaban enterradas en el tronco del árbol, todas con perfecta posición.
―Pues…. Pues no, pero, ¡yo me esfuerzo mucho para que responda a lo que le digo! Le he platicado de cómo son las cosas aquí y de lo mucho que tú has cambiado y todas esas cosas…
Sakura se giró a él mirándolo con curiosidad en sus ojos verdes, reprimió a su corazón y avanzó hacia Naruto. Él estaba sentado comiendo, mientras ella entrenaba.
De cierto modo lo comprendía, Naruto era el más emocionado de los dos, el más hiperactivo y el que más demostraba lo bien que se sentía haber logrado traer a Sasuke de vuelta. Sakura se había mantenido al margen después de luchar. Se había limitado a curarlo mientras estaba inconsciente y la otra mitad del tiempo, viajando lejos de él. No había estado ahí cuando despertó: no más manzanas en trozos, no más abrazos efusivos y no más sufijos a su nombre de un lado a otro.
Sakura ya había descubierto que tenía dignidad y orgullo, no iba a olvidarlo. De hecho ni siquiera lo había mirado mucho, aunque le doliera no hacerlo.
―Y el… ¿ha preguntado por mí? ―no pudo evitarlo, la pregunta surgió desde sus más profundos deseos y simplemente abrió la boca.
―Creo que no, la verdad es que no, pero todos modos nunca me ha respondido ni nada, así que olvídalo ―contestó Naruto.
―Ah ―murmuró ella sentándose a su lado―. Naruto, ¿eres feliz, no?
El rubio la miró sonriente, sus ojos azules brillaban con los rayos del sol. El momento fue perfecto para que Sakura entendiera el porqué de su cariño hacia él. Era imposible no quererlo, sobre todo cuando él estaba siempre ahí para ella.
―¡Mucho, Sakura-chan! Cumplí la promesa que te hice, Akatsuki bajó la guardia y estoy comiendo ramen, ¿qué mejor que eso?
Sakura sonrió. Naruto sorbió otro poco de comida.
―Creo…. Creo que tienes razón ―concluyó ella.
Sacudió la cabeza y se mordió el labio, alejándose de sus recuerdos. Empujó levemente a Sasuke, tan solo para comprobar su reacción, y él no se movió más de lo necesario para echar a caminar. Sakura sintió que su mente recibía otro chispazo de sospecha pero no dijo nada.
Miró al ninja que la acompañaba, un Anbu con su máscara, y asintió hacia él para que escoltara a Sasuke. Ella iba a ir delante de ellos.
―Vamos ―murmuró al pasar delante de Sasuke y el Anbu. Comenzó a caminar y a tratar de no hiperventilar porque no le hacía falta a nadie, mucho menos a ella, escuchar la respiración errática que estaba por alcanzar. Vamos, habían pasado dos años y tenía a Sasuke detrás de ella. De todos modos en esos dos años ―posiblemente tres―, él había intentado de todo para dejar en claro que no quería regresar e incluso había atentando contra su vida. Además de herir sus sentimientos había levantado a su orgullo, lo cual era bueno.
Y lo más sospechoso era que, después de mucho tiempo de huirles y tratar de matarlos, ahí estaba él. Yendo directo hacia su juicio, cabizbajo, callado y sin ningún intento de resistencia. Podían llamarle paranoica, ella misma creía que lo era, pero había algo que simplemente no cuadraba. Porque Sasuke podía ser de todo, y con todo realmente se refería a todo, pero no un cobarde o inútil: La esencia de su personalidad, que era ser un maldito arrogante de mierda con ínfulas de líder, no le permitía dejarse someter de esa manera. Pero lo hacía.
Y Sakura sabía que no se sentía bien, no lo sentía…bien.
Sasuke había cambiado, sí, pero su cambio era solo infructuoso, no para bien.
Mientras tanto el joven Anbu sometía a Sasuke, sin necesidad realmente, tomándolo por el brazo y pegándoselo a la espalda. Sasuke estaba a punto de explotar pero se contenía de manera magistral, porque si golpeaba al ninja o si trataba de huir, tan solo agravaría la situación. Y su mayor prioridad, como Sakura había dicho y lo cual le molestaba demasiado, era seguir con vida para llevar a cabo todos los planes que tenía en mente.
El joven Uchiha aspiró aire con fuerza y siguió caminando detrás de Sakura, con el Anbu en la retaguardia y con ásperas ganas de asesinar a alguien. Conociendo a Sakura como la conocía anteriormente, lo cual había sido hace mucho de hecho, se le hacía extraño que no parloteara como siempre ó que no se le hubiera pegado como lapa. Tenía muy en claro, cuando burdamente intentó matarlo, que Sakura había cambiado. Tampoco creía que tan radicalmente. Sabía que esa mujer, siempre siendo molesta, iba a ser una piedra en su camino, pero, ¿Cuándo no?
Para cuando llegaron a la superficie, Sakura aspiró todo el aire que pudo para llenar sus pulmones. Sasuke hizo lo mismo pero con menos notoriedad. Y ambos, Sasuke y Sakura, fijaron su vista en Naruto que los esperaba con una gran sonrisa en el rostro.
―Naruto ―musitó Sakura justo antes de que Sasuke lo hiciera, ahorrándole la necesidad de hablar―. ¿Qué haces aquí? ―preguntó con tono exigente.
―No digas nada, Sakura-chan, ¡por favor! Quiero estar aquí, quiero estar aquí, y no fue tan difícil entrar aquí. Los ninjas de allá afuera no resistieron mi jutsu…―contestó sonriente el rubio.
―Callado ―condicionó Sakura, entornando los ojos, y le hizo una seña para que comenzara a caminar. Naruto asintió como un niño feliz y se dirigió a la parte de atrás para saludar a Sasuke, para él todo estaba normal.
―¡Bastardo! ―gritoneó el rubio y le dio un golpe ligero en el brazo a Sasuke, con camaradería. El moreno le miró seriamente pero Naruto ni siquiera lo notó―. ¡¿Estás emocionado o algo así? Tienes una cara…
―Déjame en paz, imbécil ―interrumpió Sasuke, escueto.
―La verdad no ―respondió Naruto casi inmediatamente―. Eres mi amigo y quiero acompañarte, además Sakura-chan también va, ¿por qué yo no puedo ir?
Sakura alzó ligeramente la cabeza al escuchar su nombre. Naruto siempre lograba ser el hilo que unificaba a todo el mundo.
Sasuke no respondió y Sakura se sintió obligada a hacerlo, así que habló pero no se giró.
―Soy parte del equipo de interrogación, es mi obligación hacerlo ―murmuró, dando a entender que no era que quisiera asistir pero tenía que hacerlo.
Jamás nadie lo sabría, no era que lo fuera a decir, pero Sasuke se sintió molesto ante la contestación de Sakura. Fue como un ligero picoteo en el pecho cuando, indiferente, ella dijo eso. Ignoró el comentario y fijó su vista al frente.
Sakura volvió a ladear la cabeza y vislumbraron el departamento de inteligencia ninja, sede del clan Yamanaka y también de los Nara.
Ella sonrió y se mantuvo serena, ahora venía lo más complicado: Mirar a los ojos a Sasuke y preguntarle cosas, cosas hirientes. Al menos para ella.
Solo que se habían olvidado de un ligero detalle: Ino, que trabajaba con su padre en inteligencia y que al escuchar que Sasuke sería interrogado, seguro estaría ahí.
Caminó dignamente hacia la puerta y la abrió, la mantuvo así con su brazo ligeramente estirado mientras esperaba a que ingresara Naruto, el Anbu y Sasuke. El séquito entró y Sakura lanzó un suspiro.
―Esperen aquí ―murmuró y antes de eso, se giró a mirar a Sasuke a los ojos, se inclinó hacia él―. Y tal vez quieras saber, que tú y yo… trabajaremos juntos hoy ―murmuró.
Sasuke alzó una ceja y no dijo nada. Naruto la miró raro y se puso de pie para cuestionarle eso, alcanzó a Sakura al casi llegar a la oficina designada para la Hokage y el consejo.
―Sakura-chan ―llamó Naruto y la jaló ligeramente del brazo―. ¿Cómo que vas a trabajar con el bastardo?
Ella le miró a los ojos, y trató de tomar confianza de ese azul tan intenso que parecía jamás apagarse, era como una… flameante llama eterna de butano. Algo así.
Suspiró antes de responder: ―Esto es un juicio, Naruto, y yo seré… la defensora de Sasuke ―murmuró, constatando un poco más su realidad.
Naruto soltó una carcajada y luego cruzó los brazos con satisfacción.
―¡Genial, Sakura-chan! no tengo la menor duda, el bastardo tiene mucha suerte contigo defendiéndolo.
―Yo… también lo creo ―mintió, finalmente sonrió débilmente.
El rubio le devolvió la sonrisa y se despidió de ella con un gesto de la mano. Sakura se dirigió a la oficina donde seguro estaría Tsunade junto con los ancianos del consejo, entró y trató de sonreír otra vez, pero simplemente se quedó callada y se dispuso a escuchar las instrucciones que dio la rubia.
―Así que, he decido que Sakura Haruno será la defensora de Sasuke Uchiha ―dijo la rubia y la aludida levantó la mirada firmemente, se puso de pie e hizo una ligera reverencia a todos los presentes.
No miró a nadie en particular, se limitó a quedarse de pie junto a Tsunade y tratar de lucir decidida. Ahí estaban, Shikamaru Nara e Inoichi Yamanaka, listos para dar comienzo a la interrogación.
―Princesa Tsunade ―llamó uno de los ancianos, Sakura ni siquiera se esforzó por recordar su nombre ya que tenía la cabeza llena de muchas cosas―. ¿Segura que piensas confiarle esa responsabilidad a una niña como ésta?
Sakura se mordió el labio. Ella, en lugar de Tsunade, definitivamente no lo haría. Pero nuevamente no era su decisión.
―Por supuesto ―respondió la Hokage en automático―. No hay ninja en quien confíe más.
Entonces, los ancianos miraron apáticamente a la chica de pelo rosa, la aludida esbozó una gran sonrisa y cruzó los brazos con suficiencia.
―Entonces vete, y prepara a tu… defendido ―espetó el hombre anciano, Sakura se recordó a sí misma que debía aprenderse su nombre o algo así, asintió nerviosa y salió de la habitación para buscar a Sasuke.
Lo encontró en el pasillo, Naruto no estaba con él y eso era raro. Lo buscó con la mirada pero al no encontrarlo, decidió decirle al Anbu que se fuera.
―Yo… yo me encargo ―dijo al hombre con la máscara de gato, éste asintió y desapareció en una extraña nube. Desde siempre Sakura se había sorprendido por la facilidad que tenían esos tipos para aparecer, desaparecer y hacer cosas con tanta maestría, se sentía patética cuando los veía―. Uchiha ―musitó―. Levántate y ven conmigo.
Sasuke la miró de manera desinteresada, se puso de pie y ella echó a caminar dándole la espalda, llegaron a una habitación separada del resto y Sakura abrió la puerta para que el Uchiha pasara primero.
Sakura lo sentó en una silla y él no chistó. Era extraña, la situación. Es decir, no todos los días tienes que defender al amor de tu vida y salvarlo de una pena de muerte, no todos los días vuelves a estar sola con él después de dos años de lejanía y varios intentos mutuos de muerte. No, nada era normal, ni bonito, ni colorido como todo el mundo pudiese pensar. El regreso de Sasuke no era más que un problema para todos, lejos de ser el regreso del hijo pródigo de Konoha, del poderoso clan Uchiha… era el regreso del hijo de puta, pero Sakura no creía eso porque Mikoto Uchiha debió ser una gran mujer.
Bufó y se inclinó sobre la mesa.
―Yo voy a defenderte, Sasuke ―soltó de buenas a primeras y trató de ser sutil pero los nervios se lo impedían, además tenía frío y no sabía porqué―. Así que quiero que me digas lo que piensas decir, y te diré lo que preguntaré, debemos afinar respuestas para que…
―No te necesito ―espetó el muchacho y se retorció ligeramente mientras sus brazos seguían a su espalda―. Yo puedo cuidarme solo.
―¿Vas a seguir con esa estúpida actitud arrogante? ¡Me tienes harta! ―Sakura dio un golpe en el escritorio y el cuarto entero pareció empequeñecer con el acto―. Vas a decir todo, lo quieras o no. Nadie, escúchame, nadie me dice que no.
―No ―respondió Sasuke. El ojo de la chica tembló, él seguía usando su máscara impertérrita.
Sakura frunció el ceño.
―Te matarán si no me escuchas, morirás de la peor forma posible de ser decisión del consejo. Sé un poco razonable, Sasuke. Vas a morir ―presionó Sakura, de hecho se había preparado para interrogarlo, pero no para que su vida dependiera totalmente de lo que ella pudiese argumentar. Estaba nerviosa, jodidamente nerviosa.
Sasuke chasqueó la lengua. ―¿Qué? ―preguntó con escepticismos, y ella entendió la pauta.
―Tus razones para volver ―soltó Sakura con nerviosismo―. Te preguntaré porqué regresaste.
―Yo no regresé ―espetó Sasuke.
―Tu actitud no ayuda ―respondió Sakura y se restregó el rostro―. Empecemos de nuevo. Tú regresaste…
―No regresé ―volvió a interrumpir Sasuke, Sakura lo miró apretando los dientes, furibunda.
―¡Regresaste y punto!
―Fui capturado, idiota ―tajó el muchacho y negó levemente, eso sería demasiado largo de no acelerar el proceso y su plan para quedar como el perfecto chico Uchiha que quería el bien común estaba lejos de cumplirse… Sakura estorbaba.
Sakura suspiró.
―Bien, cierto, fuiste capturado por Naruto y por mí ―ella cruzó los brazos y se llevó una mano al mentón mientras razonaba―. ¿Por qué estabas en esa playa rocosa?
Sasuke cerró los ojos con molestia y trató de enfocarse en que, tenía que revelar parte de su verdad para poder lograr una historia convincente.
―Decidí rebelarme contra Akatsuki ―alzó los hombros―. Luché y acabé ahí, ¿qué más?
―Espera, espera, espera ―la chica extendió las manos frente a sí y trató de agilizar su mente―. ¿Tú… no eres ya parte de Akatsuki?
―¿Eres idiota?
Ella alzó una ceja.
―Lo tomaré como un no ―murmuró la mujer, desistió de su intento por ser amable y comenzó a tratar de ser agresiva, no era nada, nada sencillo hacer todo eso. Iba a matar a Tsunade―. Así qué, ¿por qué crees que Konoha deba perdonarte la vida?
Muro. Un gran muro se alzó en la mente de Sasuke y sacudió ligeramente la cabeza.
―Es mi aldea natal ―respondió el muchacho y alzó la mirada.
―No es convincente ―espetó Sakura―. Eres un traidor, de amar a Konoha no la habrías abandonado en primer lugar ―prosiguió.
Sasuke enarcó una ceja y ladeó ligeramente la cabeza hacia la derecha, mirando desde un ángulo diferente a su defensora.
―¿Estás diciéndome tus frustraciones? ―preguntó entonces, logrando que ella titubeara ligeramente.
―N-no ―articuló Sakura y se mordió el labio, luego carraspeó y retomó su actitud firme―. No digas estupideces, fue hace años y ya no soy una niña ―aclaró.
―Hmmp.
Sakura volvió a carraspear.
―Tendrás que ser más comunicativo si…
―Para eso estás tú ―interrumpió él.
―Ya, claro ―dijo Sakura y aspiró aire inflando su pecho ligeramente―. Me refería, Uchiha, que necesitas una excusa mejor para conservar la cabeza sobre el cuello. Te preguntaré otra vez: ¿por qué crees que Konoha debería perdonarte la vida?
―Es mi aldea natal ―respondió Sasuke otra vez―. Y, además, no tengo otro lugar a donde ir.
―Que falso suenas, ¡por favor Sasuke! Insultas mi inteligencia y la de todo el mundo, ¿qué otra cosa?
Sasuke apretó los dientes, como deseaba atravesar esa boca parlante con su chokuto, en serio…
Al no responder, Sakura volvió a picarlo. ― Te has vengado, ¿no es así? Itachi Uchiha está muerto.
―Hmmp ―emitió.
―Dilo en palabras ―espetó Sakura y lo miró fijamente.
―Sí ―afirmó Sasuke y volvió a apretar los dientes, comenzaba a detestar aún más a Sakura. Estorbo, molestia y una lengua suelta de primera. Había cambiado, bastante.
―Mataste Danzou, además ―afirmó la chica, aunque eso no le parecía tan malo después de todo. Pero estaba… mal, claro.
―Se lo merecía ―dijo Sasuke.
―Debes ser menos sangriento si quieres…
―Sakura ―musitó Sasuke y ella respingó porque era la primera vez en bastante tiempo que se dirigía a ella directamente―. Déjame hablar y arma tus preguntas, me estás hartando.
Sakura asintió ante la autoridad en su voz. Era ser intimidada por el chico del que te enamoraste a los seis años, vamos, era ser patética.
―Me atraparon ―dijo Sasuke y cerró los ojos antes de continuar con la historia que había pensado estando en su celda―. Me rebelé contra Madara Uchiha y huí de ahí, pretendo establecerme aquí porque quiero, he cumplido mi venganza y nada me ata al exterior.
Ella boqueó por un momento, luego cruzó los brazos esperando algo más, pero las palabras dejaron de fluir de los labios de Sasuke. Bueno, era ya de por sí sorprendente que él dijera tantas cosas juntas, no podía exigir más, la verdad. Negó levemente.
Sasuke no pensaba contarle sus razones, que tenía bastantes para vengarse otra vez. Matar a los ancianos del consejo y también a todos los que se opusieran. Mejorar su condición física y pelear contra Madara definitivamente. Y restablecer su clan, era lo final. Aunque no una gran prioridad. Ya no. Lo era más vengar la muerte de su hermano y acabar con el poderío absurdo de Konoha, su paz y su estúpida felicidad. La puta voluntad del fuego se iría a la mierda con una sola mirada de su nuevo sharingan y…
―Perfecto ―murmuró Sakura y atrajo la atención del Uchiha―. Yo dudaría de tu lealtad hacia la aldea. Te seré sincera ―decía ella mientras se abrazaba a sí misma y cerraba los ojos, como recitando algo que había aprendido una y otra vez―, yo no te perdonaría la vida, un traidor vuelve a traicionar siempre que puede.
Lo amaba, pero de anteponer el honor y la lealtad que sentía por la aldea ante él… diablos, de todos modos lo perdonaría. Pese al dolor, Sakura era completamente incapaz de mantener un poco el buen juicio… lo perdonaría, y eso no era bueno. Pero mentía, con valor, porque era necesario.
―Yo no traicioné a nadie ―espetó Sasuke enervado sin saber porqué, tal vez fuese lo que ella dijo… «yo no te perdonaría la vida» sí, eso lastimó su orgullo arrechamente. Vamos, la chica loca que te dice que te protegerá con su vida diciéndote que te mataría sin pensarlo… bueno, era ilógico.
Pero tenía cierto ángulo de razón. Ya había intentado atacarlo una vez, matarlo otra y le había gritado no sabía cuántas estupideces más…
―¿En serio? ―preguntó ella.
―Me fui y no afecté a nadie ―dijo Sasuke, harto de tener que hablar tanto de hecho.
―¿Qué no? ―preguntó Sakura al aire y agitó las manos―. ¡Por tu culpa casi estalla la guerra! ¡Atacaste a un Kage y casi mataste al hermano de éste, un jinchuuriki! Tus estupideces sí que nos han afectado.
―Era mi venganza ―haciendo énfasis en la palabra «mi», Sasuke respondió de manera escueta.
―¡Era una estupidez! ―dijo Sakura inmediatamente después de que él respondiera, se sentía acalorada, y rara, muy rara. Todo era efímero y no se sentía como si fuera ella realmente. Era como observar a una mujer de cabello rosa, enfrentándose a lo que siempre le había tenido miedo, amor y cuidado, enfrentándose a Sasuke. Era… tan imposible.
―Ahí está de nuevo ―dijo el joven Uchiha y alzó la barbilla―. No puedes entenderlo, jamás lo harás, Sakura, estás encerrada en un puto mundo rosa donde no existe el sufrimiento ni la oscuridad ―comenzó a decir mientras se sentía extrañamente como aquella noche de su partida, explicándole a ella como se sentía y porqué hacía lo que hacía―. Mi venganza era solo mía, ¡y no es mi puto problema si ustedes me persiguieron!
Ella se quedó callada y luego, echó a reír un poco.
―¿Que no entiendo? ¡Entiendo mejor que nadie, bastardo! ―gritó e hizo uso de la palabra que Naruto siempre usaba para dirigirse a Sasuke, esto lo descolocó pero no fue capaz de demostrarlo y con la furia de Sakura, no se hubiera dado cuenta―. Mi mundo no es rosa, entrené como una maniática para traerte de regreso. ¿Acaso no te ofrecí mi ayuda? ¡¿Acaso no te dije que te apoyaría? ¡Tu soledad la creaste tú mismo! ¡Jamás has estado solo, jamás! ¡Y no me digas que era solo tu problema! ¡Ha sido el mío porque lo he sufrido! ¡Sufrí desde que te fuiste y lo estoy haciendo ahora! ¡Morirás si no hago algo! ¡Quiero hacer algo y no me dejas! ¡Te odio, Sasuke! ¡Te odio!
Jadeaba, Sakura jadeaba, y se dejó caer al suelo lentamente mientras lloraba. Había explotado sin siquiera poder evitarlo y dolía, dolía mucho. Precisamente de eso tenía miedo, de mostrar sus verdaderos sentimientos y hacerle saber a Sasuke que… lo amaba. Pero también lo odiaba, lo odiaba porque él no se daba cuenta de ningún sentimiento hacia él. Como golpear la pared, justamente de esa manera, y además de doler, desesperaba bastante.
Uchiha era el egoísmo puro en persona, ataviado con ese par de oscuros ojos paralizantes; y poseyendo ese intrínseco magnetismo capaz de concentrar el poder del mundo, del corazón y de Sakura, en la palma de la mano. Ella se sabía débil, ella se sabía necia, pero ni siquiera podía llegar a comprender cómo era que su vida giraba en torno a él, y desde cuándo había sucedido. Había nacido libre, feliz, pero a sus escasos cinco años… el mundo se había detenido, tomado la reversa y girado en sentido contrario… no para ver el sol, sino a los ojos al extraño muchacho de cabello revuelto.
Sasuke, mientras tanto, no dijo nada más y alzó una ceja ante los gritos de Sakura. Siempre tenía que gritar, siempre. No era que se sintiera la mar de bien, todo lo contrario, detestaba haber sido débil y caer ante los ojos de Sakura. Pero vamos, luchar contra Madara había sido una proeza de las grandes, no pudo vencerlo (y le daba rabia) pero esperaba hacerlo. Todo el mundo pagaría lo que Itachi había sufrido.
―Deja de llorar, es molesto ―espetó él y ella levantó la vista, se limpió las lágrimas y sus ojos verdes se cristalizaron otra vez. Había perdido la cuenta de cuantas veces había osado llorar frente a él, la mayoría de las veces… por él.
Jadeó otra vez ante las palabras de Sasuke, ¿por qué siempre tenía que decirle así? Si la gente te dice cosas malas, tú las crees. Sobre todo si es la gente que… más quieres. Pura debilidad mental, pero que de igual manera jode.
Sakura se irguió y trató de recuperarse, pero la poca dignidad había escapado de sus dedos como agua. Estaba sintiéndose patética. Y él, con la misma normalidad que cuando niños, le llamaba molesta… horrible, dolía… de manera desgarradora. Y vil.
Ella retomó el rumbo de las cosas otra vez y nadie volvió a mencionar el exabrupto. El silencio, pese a ser hostil, logró tranquilizar a Sakura y fue cuando se sintió capaz de hablar otra vez.
―¿Por qué estás en contra de Madara Uchiha?
―Porque a mí nadie puede darme ordenes, no iba a obedecerle ―respondió Sasuke, escueto, optando por decirle detalles insignificantes de la realidad a Sakura.
Sakura lo miró fijamente, sintiendo escalofríos ante su mirada y ante lo irreal de su propia vida.
―Volviste porque estás en contra de Madara ―recitó Sakura―. Te unirás a los ninjas de Konoha para engrosar las filas de nuestra defensa en caso de una guerra ―hipó pero trató de que pasara desapercibido―. Tu venganza está cumplida y eres libre de resentimientos, vas a establecerte aquí como ciudadano que eres… en tu aldea natal ―terminó de decir―. Eso es exactamente lo que dirás, con puntos y comas, ¿entendido?
―¿Es una orden?
―Tómalo como quieras ―espetó Sakura, se sentía jodidamente humillada y no había cómo contrarrestar la sensación, no había cómo―. Vas a escucharme por una vez, sino lo hiciste antes, si no quieres morir ―se aproximó a la puerta dispuesta a recuperar el aire para sentirse menos patética, pero encontró a Sai afuera.
―Fea ―saludó éste.
―¿Qué? ―preguntó Sakura molesta, ni siquiera lo saludó o le dijo que no la llamara así, simplemente fue al grano.
―Están listos ―anunció Sai y el corazón de la chica comenzó a latir demasiado rápido otra vez, recordó su patética escenificación de drama y se puso roja de ira―. ¿Estás lista? ―preguntó el muchacho.
―Lista ―susurró Sakura y regresó adentro para llevar a Sasuke hacia su juicio.
Sakura miró hacia afuera para llamar al Anbu con la mirada, éste se acercó y llegó hasta Sasuke para hacerlo ponerse de pie. Ella no volvió a mirarlo, no podía y no quería, simplemente se dedicó a observar su sombra.
El Anbu, llevando a Sasuke, caminó a paso ligero hasta la sala donde sería enjuiciado el muchacho Uchiha. Sakura se quedó un momento ahí, quieta, parada y sin poder respirar.
―¿Disfrutas ser tratada como una tonta? ―repentinamente, una voz bastante conocida resonó en sus oídos, Sakura se giró lo bastante rápido como para ver a Ino parada detrás de ella. La chica rubia la miraba, con sus ojos profundamente azules, y tenía ambas manos en la cintura―. Porque eso es lo que eres.
―Ino ―suspiró Sakura.
«¿Disfrutas ser tratada como una tonta?» Bien. Era una… excelente pregunta. ¿Lo disfrutaba? Realmente no tenía una respuesta para aquello. Obviamente nadie, jamás, disfruta ser tratado como tonto, pero de algún modo lo permite siempre. De una u otra manera, lo permiten. Pura debilidad de corazón, pura estupidez humana, pero acabas siendo tratado como un niño sin conocimientos del dolor.
Y no es que ella lo permitiera… tal vez era que… realmente lo era.
―Frentona ―respondió ésta y alzó la barbilla―. Creo que sabes que tu defensa no va a ser escuchada, ¿verdad?
Sakura alzó una ceja, mirando a Ino con verdadera confusión.
―Escuché a mi padre decirlo, no importa lo que hagas o digas, Sasuke Uchiha no será perdonado. Quieren que parezca un gran esfuerzo, o que se vea lo suficientemente patético, es por eso que tú serás su defensora.
―Tsunade-sama….
―Es un trampa para ella también, quieren hacerle entender que no se manda sola. Danzou está muerto, y todo eso. ¿Por qué no renuncias y dejas que las cosas sigan su curso? A mí también me duele mirarlo, mirarlo y saber que ya no está ahí. Evítate el dolor, y la culpa de…
―No ―negó Sakura, interrumpiéndola―. No hables así, ni siquiera suenas como tú, cerda. Mi rival jamás me diría que me diera por vencida, antes muerta. No sé qué estás pensando ahora, pero yo no voy a renunciar a esto, aún cuando sea imposible de lograr…
En respuesta, Ino se lanzó a su cuello y la abrazó y ella logró sentir que la rubia temblaba. Era rarísimo, porque era Ino quien se comportaba siempre como su apoyo incondicional y su punto fuerte. Se habían invertido, y eso era solo una prueba más de lo mal que estaban las cosas.
―Ino…
―Sálvalo, Sakura ―musitó ella, y la estrechó con fuerza―. Confío en ti, porque eres más fuerte que yo. Está en tus manos ―sollozó en su oído, admitiendo finalmente―, mucha suerte, frentona.
―Gracias, cerda ―susurró Sakura de vuelta, soltándola y mirando fijamente al frente. Sus ojos cristalizados, de ese fresco color verde, se mostraron altivos al entrar en la sala.
Sasuke ya estaba sentado, aguardando junto con todos los demás. Así que… era una trampa. Era lógico, Tsunade confiaba en ella pero eso no le importaba ni a Koharu, ni a Homura (el par de ancianos). Finalmente, caminó hasta ellos.
La Hokage ocupaba ya su lugar, al centro del gran escritorio. Los ancianos estaban, uno a cada lado de ella. Yamato. Sai. Kakashi. TenTen. Hinata y Neji Hyuga. Rock Lee. Choji Akimichi. Shikamaru Nara. Shino Aburame. Kiba Inuzuka ―la generación de niños, hombres y mujeres, que habían luchado alguna vez a favor de Sasuke y su regreso, menos Naruto… por obvias razones―. Inoichi Yamanaka. Shikaku Nara.
Sentado frente a ellos: El traidor. El último descendiente del clan poseedor del sharingan. El vengador. El asesino. El gélido chico del que un día había estado enamorada; Sasuke Uchiha.
Entre todos: Sakura Haruno. Suspiró mientras se posicionaba frente a Sasuke, cerró los ojos un momento para abrirlos al siguiente con la decisión dibujada en su rostro. Era como un cuadro, un lienzo manchado por diferentes colores. Ahora todo era verde, y negro, rosa y luego azul.
Sakura se inclinó hacia delante, en una clara reverencia. Tsunade asintió y la miró fijamente, todo dependía… de ella.
―Estamos aquí presentes, para dar comienzo al juicio de Uchiha Sasuke ―comenzó a decir, aún sin atreverse a mirar a nadie a los ojos, sin girarse hacia él―. Cuando uno mira hacia atrás, al legado de lo que conforma la aldea de la hoja, se da cuenta de que el honor, la lealtad, la hermandad y la valentía son parte fundamental de este sitio desde que se fundó hasta el día de hoy. La voluntad de fuego, intrínsecamente, reside en mentes y corazones ―decía, presa del pánico, temblando―. Así que, si miramos bien a este hombre, no podemos ver eso en él.
Los ancianos se pusieron de pie, listos para interrogarle.
―Buen discurso, Haruno ―dijo la anciana, Koharu―. Apártate y déjame ver al traidor.
Sakura obedeció, frunciendo el ceño.
―Uchiha ―llamó entonces el compañero de la anciana―. Tus crímenes son infinitos. Traicionaste a esta aldea, atentaste contra la vida de tus compañeros de equipo, atacaste a un Kage, un jinchuuriki. Eres consciente de ello, ¿no es así? Eres un criminal y…
―¿Qué se considera un criminal? ―interrumpió Sakura, para sorpresa de todos, nadie además de Tsunade se atrevía a encarar a ambos ancianos―. Traición, crimen, pecado, todo está basado en lo que los altos rangos consideran incorrecto. Los crímenes, desde luego, pueden ser enlistados claramente. ¿Por qué, entonces, remarcarlos? Está claro, porque solo eso se tiene para juzgar a Uchiha.
Sakura temblaba, por supuesto.
―Preguntar porqués, a esta altura, está de más y creo que todos lo sabemos ―ella hablaba con fuerza y temple, Sasuke miraba su espalda y el brillo de su cabello rosa ante la sombra que ésta proyectaba sobre su rostro. No entendía por qué tanto empeño―. Razones, las ya conocidas: La masacre del clan Uchiha es una ―lo dijo con naturalidad, Sasuke abrió los ojos enormemente pero nadie se dio cuenta porque la figura de Sakura obstaculizaba la visión―. Uchiha, desde pequeño, vivió la tragedia de la pérdida del clan. Lejos de ayudarle, algunos en la aldea le rehuían, así que, ¿cómo pueden llamarle criminal a una persona, cuando son los altos mandos, la aldea misma, quien le aísla?
―¿Estás insinuando que es culpa de Konoha el que éste muchacho sea un asesino? ―espetó Homura, alzando una ceja―. Absurdo.
―No ―negó Sakura de inmediato―. El desenlace de los hechos no es más que el resultado de una gama de circunstancias, comportamientos, que orillan a los extremos menos conocidos. ¿Quién no actuaría así? La muerte vuelve volubles a las personas, por supuesto, él no es alguien a quien se le deba tener lástima.
―Bien, chica ―Koharu habló, con aquella pastosa voz de anciana, y alzó la barbilla―. Uchiha, ¿qué puedes…?
―Lo diré yo ―espetó Sakura―. Soy yo quien lo defiende, y quien interpreta lo que piensa. Realizaré unas preguntas al acusado, si no les importa, después de todo éste no es un juicio normal. Primero ―se giró hacia Sasuke―. Ponte de pie, dime tu nombre, rango y aldea de procedencia.
Él le miró raro, pero no dejó de obedecer.
―Uchiha Sasuke ―musitó, lo suficientemente bajo pero grave, y todos en la sala se inclinaron instintivamente hacia él―. Genin. Konoha, villa oculta de la hoja.
Sakura le miró, asintió y luego se posicionó a su lado, respiraba un poco agitada pero pisaba muy firme. Él escrutaba su rostro, y era como si no estuviera nadie más presente, solo ellos dos.
―Uchiha Sasuke ―dijo Sakura―. Eres juzgado por distintos actos que se consideran perjudiciales para esta aldea. ¿Cuáles son tus razones?
Ahora era cuando dolía, preguntar y responder, y sus mirabas seguían enzarzadas.
―Personales ―respondió éste, impávido ante las preguntas.
―Así que, ¿consideras personal el atentar contra la vida de las personas? Si con tus fines, puedes lograrlo, lo demás no importa, ¿no es así?
―Hmmp.
―Uchiha ―espetó Sakura, resoplando un poco―. Responde a lo que he preguntado.
―Sí.
―El fin no justifica los medios, ¿lo sabes?
―Sí.
―¿Por qué se supone, después de todo lo que has hecho, que ésta aldea deba acogerte? ―preguntó, sin saber en realidad qué decir. Porque repentinamente su valor se había ido al garete, porque sentía la boca seca, y el estomago vacío con el ardor recorriéndole cada recoveco de su pecho, subiendo y bajando una y otra vez, como tortura.
Silencio. Ella cerró los ojos con miedo, ahora venía la parte en la que Sasuke debía hablar y… ¿Quién recuerda que Sasuke Uchiha haya abierto la boca lo suficiente para dejar salir más de dos o tres frases? Por dios, si él jamás decía nada.
Silencio. Y el estrés comenzó a hacer mella en ella, y en todos, y Tsunade daba golpes en el escritorio. Y los ancianos veían inminente la muerte del joven arrogante frente a ellos. Kakashi suspiró, Sai ni siquiera parpadeó y antes de que Sakura ideara algo más que hacer… Sasuke habló:
―Es mi aldea natal, después de todo ―su voz varonil, retumbó en el corazón de la chica como si fuese amplificada mil o cien mil veces.
―¿Eso es suficiente? ―dijo Sakura, aspirando todo el aire que pudo, girándose hacia el improvisado jurado―. Son sus raíces, la aldea que lo vio nacer y forjarse como un hombre. Así pues, Uchiha, ¿tú crees que es eso suficiente? ―volvió a girarse hacia él.
―No ―contestó él, inmediatamente, se miraron fijamente―. Pero realmente nunca es suficiente. Nunca se es demasiado para nadie, a excepción de uno mismo.
Sakura asintió, perpleja, perdida en la oscuridad profunda de los ojos de Sasuke.
―Eh… ―hizo acopio de su fuerza de voluntad para separar su mirada de la del chico Uchiha, antes de comenzar a tartamudear―. El perdón no es suficiente. Veamos los hechos, entonces, ¿qué puede argumentar el tan considerado criminal? Sasuke Uchiha debe su renombre a la fama de su clan, que si nos ponemos a pensar, con su muerte, desaparecerá para siempre. Debe su vida a ésta aldea y debe sus habilidades a grandes hombres como Kakashi Hatake. Entonces, ya que ésta es tu aldea natal y pretendes volver a ella, ¿puedes decirme que le eres leal?
―Sí, y…
―… no es que vaya a creerte ―completó ella, estaban ya compenetrados aún sin saberlo.
―No necesito que me crean ―espetó Sasuke―. Mi palabra puede no tener valor, pero mi vida lo tendrá, ¿no? ―él se puso de pie y Sakura retrocedió tan solo un poco.
Pronto, ella parpadeó y asintió hacia él, un mutuo y silencioso acuerdo. Sasuke se irguió y Sakura le dio la espalda mientras aspiraba profundamente por unos cuantos segundos.
―Escuchen esto, y las palabras son superfluas siempre ―comentó Sakura―. Miren a los ojos a este hombre. Está… solo. Está… perdido. Todo el mundo, desde siempre, da segundas oportunidades y es lo que a la voluntad del fuego caracteriza: Equipo. Por esta razón nos asignan en equipos de tres. Puede ver lo que están pensando, lo leo en sus ojos ―dio un paso al frente, dirigiéndose directamente al par de ancianos―. Éste chico no se merece el perdón de dios, si no es así, ¿por qué habría de perdonársele la vida? Tanto ustedes, como él, deben comprender que nosotros no somos dios, tan simple como eso. La vida no es algo que nosotros podamos quitar a cuenta propia, incluso por defender la nuestra, es así la lógica que dicta que… su sentencia no debe ser la muerte. ¿Un castigo? ¡Claro que lo requiere! Pero de los errores, los humanos aprendemos a vivir a través del tiempo.
―Lo que ha hecho no es un simple error, los errores normalmente son…
―Sin saber lo que se hace, por supuesto, no hay porqué discutir las razones, ni los porqués, pues a estas alturas no tienen la más mínima importancia. Ahora cobran importancia las consecuencias y las decisiones que se tomarán a partir de esto. ¿Cuál es el motivo por el que estamos aquí? Juzgar a un hombre en consecuencia de sus actos, y acatar a nuestro juicio una sentencia dura. Sasuke Uchiha está aquí ahora, fue traído de regreso por sus compañeros, y regresa a sus raíces. Ésta aldea es madre de todos, también suya…
Sakura pensaba que no había sido suficiente, aún después de hablar, hablar, hablar y hablar sin parar ante ambos ancianos y Tsunade. Sasuke respondía escueto, pero cooperaba, parecía que realmente quería vivir. Pero vamos, ¿Quién desea morir solo porque sí?
Hay personas que valoran su vida, honor y orgullo, por sobre todas las cosas; es la gran mayoría. Personas como Sasuke. También existen las personas estúpidas, comúnmente tachadas de faltos de juicio por… sobrevalorar los sentimientos, dándole mayor importancia a la vida, bienestar y felicidad de los demás. Personas como Sakura.
El juicio terminó, Sakura se derretía. Sasuke fue llevado de vuelta a su improvisada celda, donde esperaría hasta que el «jurado» dictaría su sentencia, ella esperaba que no fuese… la muerte.
Con sus argumentos algo redundantes, ¿podría salvar la vida de aquel que le proveía fuerzas para respirar, con el simple hecho de estar ahí?
―No ―dijeron los ancianos al mismo tiempo, en respuesta a la pregunta de Tsunade―. Pese al gran trabajo que tu alumna hizo ―continuó la mujer, Sakura se mordía el labio―. Consideramos que Sasuke Uchiha supone un peligro para Konoha, pueden tacharnos de traidores a nosotros también si lo acogemos…
―¿No escucharon nada de lo que dije allá? ―preguntó Sakura consternada.
Tsunade dio un paso al frente e hizo que ella se callara.
―Me niego ―refutó la rubia―. Hasta que el muchacho no suponga un peligro palpable, su aldea está dispuesta a aceptarlo.
―¿Por qué siempre nos llevas la contra, Tsunade?
―Es mi trabajo hacerlo ―dijo en respuesta la rubia, y sus ojos de color miel brillaron levemente.
―Él tiene que morir ―espetó otra vez el anciano. Sakura rodó los ojos estresada.
―¿Saben lo que eso supone? ―respondió Tsunade cruzando los brazos frente a su voluptuoso pecho―. Naruto Uzumaki se enfadará bastante, lo tengo restringido y no pudo asistir hoy pero estaría aquí jodiendo sobre la vida de Uchiha si se lo hubiera permitido. Así que, la muerte no es una penitencia que esté dispuesta a aplicar, por mucho que odie al mocoso con ínfulas de vengador, no me convertiré en asesina de un shinobi de la hoja. Además de todo, el clan Uchiha es parte fundamental de ésta aldea, uno de los mejores, muy a mi pesar, y tanto sus habilidades como su nombre se perderán para siempre.
Touché, esperaba Sakura. Porque era realmente cierto, aunque extraño. El clan Uchiha, el del abanico blanco y rojo, había sido prácticamente fundador de la aldea junto con los Senju, pero claro, parecía estar maldito. El sharingan era su máximo exponencial, y también su mayor perdición. El precio del poder, muerte. Vueltas y vueltas, y luego dolor.
―¿Qué sugieres entonces?
―Reivindicación ―dijo Tsunade―. Tan simple como eso.
―Un hombre de ese calibre, un criminal, no puede ser reivindicado, princesa Tsunade. Traidor una vez, traidor siempre.
Sakura se quedó estática, ella… ella en realidad, por mucho que quisiera creerlo, sabía que Sasuke realmente no podía ser perdonado completamente ni reivindicado tampoco. Un traidor, eso era, un renegado.
―Puede, y lo será ―contrarrestó ella enfadada―, y se hará como lo digo yo.
Sakura, en consecuencia, se quedó callada. Miró a ambos ancianos y tragó saliva audiblemente, ellos negaron levemente y el hombre se puso de pie.
―Bien Tsunade, dinos tu decisión y tiene que ser convincente ―dijo, entonces la anciana le hizo compañía poniéndose de pie.
―Porque ya tienes una decisión, ¿verdad, Princesa Tsunade?
La rubia sonrió con arrogancia, Sakura no pudo evitar recordar a Sasuke y se abrazó a sí misma en espera de la respuesta de la hokage. Todos la miraban fijamente.
―La sentencia de Sasuke Uchiha será…
Y Sakura quiso taparse los oídos, al menos sabía que no diría nada como… muerte. Pero todavía temía mucho a las decisiones tan abruptas de Tsunade; por aquello de su entrenamiento forzado, y muchas cosas más.
―Volverse un niño ―declaró en alto y Sakura la miró completamente incrédula, el par de ancianos volvieron a sentarse debido al shock y la aprendiza de Tsunade… no se movió o parpadeó. Sakura ni siquiera llegó a procesar lo que Tsunade acababa de decir. La «sentencia» de Sasuke Uchiha.
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yo te protejo, sonríe y siente mis labios. voy a sentirlo contigo, porque tú y yo estamos atados. corazón y corazón, los latidos mezclados, la magia del deseo proyectándose en mis manos.
el segundo capítulo editado D: perdón, es que pues, ¿qué decir? que he tenido un montón de trabajos de salida, y me voy a graduar y así. so, bueno, aquí está. GRACIAS por leer, y esperar y ser tan tan lindas!(:
pd: el juicio es una mierda, yo lo sé, peeeeero~ que he intentado que sea bueno ;-; NUEVAS FRASES!(:
¿reviews? ―el orgasmo del escritor― si has leído, comenta. you know, así sabré qué tan linda eres tú *-*' y te acosaré (?)
―Viliviry. ViryMousy. Uchiha Viry. Haruchiha Viry― (por si no sabían que soy polifacética)
