Los personajes de Robotech de esta historia no me pertenecen y sólo los utilizo a modo de diversión.
Resumen: La fortaleza espacial SDF-2, al mando de la Almirante Lisa Hayes, dejó la tierra en el año 2012, sin embargo, algo sucedió en el espacio que le trasladó treinta años en el tiempo, a un punto sin retorno.
SDF-2; Perdidos en el Tiempo
Historia basada en "Robotech-Macross"
Capítulo 2
Rick Hunter, un experimentado piloto de combate y ahora almirante al mando de la fortaleza SDF-3, observaba abstraído desde la ventanilla de su oficina, absorbido en sus pensamientos. Su mirada estaba perdida en la inmensidad del espacio infinito y oscuro, y su mente, en los recuerdos del pasado.
Hacía más de una hora que había dejado el puente de mando, necesitaba estar solo y tranquilo para poder pensar en los últimos acontecimientos suscitados. La reaparición de Lisa Hayes le causó un duro golpe a sus sentidos. Por un momento, cuando le informaron que la persona rescatada del planeta XP no se trataba de otra persona más que ella, sus piernas le flaquearon mientras sentía que le faltaba aire en sus pulmones y le costaba respirar…
Después de casi treinta años de ausencia Lisa Hayes aparecía una vez más en su mundo, pero ahora no era una pesadilla de aquellas, donde ella le decía que lo amaba y que se quedarían eternamente juntos sólo para desvanecerse al despertar cada mañana.
Lisa Hayes, la misma que dejó ir a causa de Minmei, estaba de regreso para minar su estabilidad emocional.
—Lisa Hayes—murmuró en voz baja, sus labios apenas se movieron al pronunciar aquel nombre, para luego quedar tan quietos como estaban antes.
Rick permaneció ido, tanto que ni siquiera oyó el sonido de la puerta abrirse tras sus espaldas. Grace observó cautelosa su extrema quietud que no era propia del esposo que ella tenía; Rick, quien solía ser de esas personas que se alertaban con el más mínimo sonido, ahora la sorprendía. Tantos años conociéndolo y en un breve momento se le hacía muy extraño. Intrigada, anduvo con pasos sigilosos hasta quedar a unos metros de él.
- "¿Qué ha pasado que estás así"? - pensó al ver su perfil reflejando la nada misma. Se preocupó, pero no quiso exteriorizar su sentir.
—Rick—le llamó con su suave voz de mujer.
El aludido giró la cabeza lentamente. Su mirada azul se encontró con la mirada marrón de su esposa. Por un segundo, tan sólo por un segundo, creyó ver en ella a otra persona, a Lisa, la mujer que hasta entonces acaparaba sus pensamientos. Se llevó la mano al rostro y se frotó para salir del aturdimiento inicial.
—Rick, ¿te pasa algo? —preguntó Grace, bastante intrigada al notar la extrañeza con la que él le miraba.
Rick sonrió con ironía y negó con la cabeza. Grace era muy distinta a la Lisa que recordaba; su mujer tenía el pelo negro azabache, tez extremadamente blanca, labios sonrosados y mirada amable y cálida. Su rostro marcaba el paso de los años, y aunque ella tenía un año menos que él sólo denotaba unos cuarenta y cinco. Era bien femenina y aunque no tenía la figura de mujer joven que conoció en ella, se mantenía bastante en forma, lo mejor posible luego de haber dado a luz a dos hijos
— ¿Qué te pasa, amor? — Grace fue hacía él y le acarició la mejilla.
Rick sonrió mordiéndose el labio inferior, marcando todas sus facciones de hombre maduro. Una que otra arruga se hizo notoria por ahí como huella del correr del tiempo. No era nada que Grace no amara. Ella seguía considerándolo el hombre más guapo del universo. Le gustaba todo en él; su expresión seria cuando estaba en servicio, su actitud cariñosa cuando estaban en la intimidad de pareja, su cabello suave con ligeras presencias de canas, que en vez de evidenciar los pasos de los años le daban el toque justo de hombre maduro agraciado…porque no decir su rostro bronceado, ese que deleitaba acariciando unos momentos antes de dormirse y sus ojos azules, tan profundos que le hacían recordar el hermoso mar que llevaba décadas sin poder contemplar.
—¿Amor? —Insistió. Sabía que esa sonrisa era la representación de una incomodidad y nerviosismo que pretendía ocultar.
—Estaba en otro mundo, discúlpame cariño—le dijo. Le dio un suave beso en la frente para luego estrecharla contra sí con fuerza, como si la necesitara para sentirse mejor—. Ha sido una larga jornada y me encuentro un poco cansado.
Grace se separó lentamente de Rick, siempre enfrentando su mirada.
—Deberías descansar un poco, no te has detenido un momento a dormir desde que llegaron los emisarios de Haydon IV.
—No puedo.
Rick nuevamente posó su vista en el espacio. Dio un profundo suspiro, a sabiendas que su esposa comprensiva no sería capaz de insistirle descansar cuando estaba obligado a estar en pie por razones propias de su rango de almirante.
—Aún no he hecho un informe oficial al respecto, pero hace exactamente dos horas se ha confirmado la identidad de la persona que fue rescatada en el planeta XP…Se trata del oficial al mando del SDF-2…
Grace se cubrió la boca de la impresión. Como todo el mundo sabía, la comandante de del SDF-2 era Elizabeth Hayes, la misma que junto a Henry Gloval tenía un sitial de honor dentro de la memoria de todos los miembros de la RDF en reconocimiento por su constante entrega en sus funciones dentro de la milicia, que terminaran infortunadamente, en una lamentable muerte en servicio. Ahora de la nada todo daba un giro absolutamente inesperado.
Horas antes, cuando apenas se había dado por terminada la reunión con los emisarios de Haydon, Grace estaba al lado de Rick cuando éste recibió la comunicación de urgencia desde la estación espacial Libertad. Entendiendo que era un asunto exclusivamente de alto mando, había dejado el puente para dedicarse a sus funciones en el recinto médico, área donde ella era la jefa, y desde entonces había permanecido todo el tiempo cerciorándose del correcto proceder de sus subalternos. Nunca se imaginó que al inicio de su descanso se enteraría de algo tan trascendental en la vida militar; un almirante dado por muerto que volvía a la vida de un segundo a otro.
Pero Lisa no era una persona cualquiera, era el antiguo amor de su Rick, la muralla más difícil que tuvo que sortear antes de ganarse su corazón. Lo recordaba como si fuera ayer cuando él en el hospital agonizaba más por las heridas del alma que por las heridas de carne. Y le había costado tratarlo, ayudarle a superar esas constantes pesadillas que él tenía; nunca había visto a una persona sufrir tanto por alguien aún en la inconciencia, y él lo había hecho por Lisa.
—Pero… ¿es posible? —Balbuceó la pregunta sólo para tener certeza que no oía mal.
—Está viva y no hay señales de la presencia del SDF-2. He ordenado la búsqueda inmediata y estamos a la espera de resultados.
Grace al fin comprendió el porqué del estado de preocupación de su esposo, claro estaba que mientras éste supiera que había la posibilidad de encontrar la fortaleza perdida, no se vería tranquilo. En cuanto a Lisa Hayes, si bien era cierto que con su reaparición alteraba el estado de todos aquellos que la suponían desaparecida en combate, después de tanto tiempo y toda una vida forjada en una fuerte relación, nada de esa mujer vendría a interponerse ni derribar lo que ella, Grace, y Rick tenían. Al menos eso creía por el momento, ya que confiaba en todo ese amor verdadero que su esposo siempre le había profesado en estos casi veintisiete años de feliz matrimonio.
o0o0o
Casi cuatro horas más tarde desde que a Lisa Hayes le indujeran el sueño, despertó sintiendo un zumbido molesto en los oídos y la extraña sensación de aplastamiento en su cabeza. Le costó bastante incorporarse; lo hizo de forma lenta al tiempo que su vista viraba de un lugar a otro, escudriñando nuevamente el cuarto donde se encontraba, con la vana esperanza de que fuera aquella celda donde la mantenían cautiva. Si, por unos segundos prefería despertar en ese lugar en vez de hacerlo en un cuarto que representaba una realidad que su mente se negaba a aceptar.
Al comprender que no podía escapar de lo que estaba viviendo su rostro se ensombreció mostrando una evidente decepción. Tardó varios minutos en hacerse la idea de que no podía huir de la realidad tomentosa que debía enfrentar con la fortaleza y valor que arrastraba desde los tiempos de la academia.
Lisa se sentó en el borde de la cama, dejando que sus pies tocaran el piso con la punta de los dedos, sintiendo el frío del material al contacto con su piel. Se puso en pie tanto como su desequilibrio le permitía. La cabeza aún le daba vueltas, pero con el paso de lo minutos y tras respiraciones profundas buscando la tranquilidad, todo el malestar que sentía fue mermando poco a poco.
La enfermera encargada de su cuidado ingresó de pronto a la habitación y corrió hasta ella apenas le vio fuera de la cama. Presurosa le cogió del brazo con la intención de llevarla de vuelta hasta el lugar que se suponía no debía dejar hasta que el doctor Smith así lo dictara. Pero Lisa se negó a recibir la ayuda, deshaciendo el agarre con un movimiento brusco.
—Almirante Hayes, debe regresar a la cama. —señaló la enfermera ante la negativa.
Lisa la miró con insistencia, sabía que sólo intentaba cumplir sus funciones, pero ella tenía las suyas, su tripulación la necesitaba ya que ellos aún se encontraban en aquel planeta desconocido.
—No me pida algo que en este momento no puedo hacer. —murmuró. Su voz había sonado decidida e innegablemente autoritaria.
La enfermera dedujo, no por su palabra, sino por la forma en que la miró, que la almirante no estaba dispuesta a que su decisión de salir de la cama fuera debatida. La soltó sintiéndose un poco intimidada
—Almirante Hayes, debo informar a mi superior que usted ha despertado. —señaló.
—Por favor hágalo, y también haga venir al general Brown.
—Si señor— respondió aceptando la orden.
Tras ver a la enfermera perderse tras la puerta, Lisa se dejó caer sentada en la cama. Su mano instintivamente llegó a su frente, como queriendo apaciguar el dolor que aún persistía.
Lisa cerró sus ojos entregándose a los recuerdos. El instante en que un estallido alcanzó el puente de mando había sido terrible, el momento en que pudo incorporarse tras ser lanzada al piso por el impacto había sido peor. Había tenido que ver al oficial Stern tendido a su lado, su cuerpo aun sufriendo leves convulsiones porque un pedazo de tablero había alcanzado su cuello y lo hubo perforado en forma mortal. Más allá, entre escombros, otra oficial se encontraba con el cuerpo destrozado, con horror se dio cuenta que era Sammy. Lisa en ese entonces había cerrado los ojos, como un acto reflejo ante una situación insoportable, no quería volver a abrirlos y darse cuenta que también las demás oficiales podían estar sin vida, solo oía el retumbar de otros estallidos ahogados en la lejanía, por un par de eternos segundos hasta que de pronto oyó los sonidos quejumbrosos de alguien más. Sin dudar se puso en pie tan rápido como su cuerpo le permitió y buscó entre los restos de tableros rotos y pedazos de metal que invadían el piso del puente, entre esos escombros halló primero a Vanesa, luego a Kim. Para su desgracia ambas estaban heridas…después de eso, vino el estruendo monumental, el remezón en cada resquicio del SDF-2 cuando este cayó a tierra. Desde allí ya no pudo recordar más.
—Vanessa, Kim…—Lisa murmuró como un doloroso lamento que partía el alma. Sintiendo una presión en el pecho se preguntó qué fue del resto de su tripulación, ya que nada supo tras despertar con desconcierto y confusión en una celda, sola.
—Almirante Hayes—la voz del doctor Smith se oyó de pronto.
Lisa tomó aire incorporándose del mal recuerdo y miró al doctor que la analizaba con la vista desde que irrumpió en la habitación.
—Debe regresar a la cama, almirante. —dijo Smith.
—Tengo un deber doctor, que no es precisamente mantenerme en una cama cuando sé que mi tripulación se encuentra perdida.
—Pues su terquedad no la llevará a ninguna parte más que a un colapso por estrés post-traumático—Dijo Smith cruzándose de brazos—Seamos sinceros, usted y yo sabemos que no se encuentra bien. Se nos ha ordenado someterla a un interrogatorio, cuyo proceder como médico no recomiendo debido a las condiciones físicas y mentales en las que se encuentra.
Lisa se puso en pie con seguridad.
—Soy un soldado, no se olvide de ello. Cuando la vida de mis subalternos está en juego no puedo sino mantenerme firme, tal y como se nos enseñó durante años en la academia militar. Como oficial al mando de una nave cuya tripulación se encuentra perdida, tengo un deber que no puede ser refutado ni siquiera por el alto mando. El almirante Hunter más que nadie debe entenderlo.
—Usted parece conocerlo muy bien—Smith murmuró—. Él nos advirtió de su postura, mencionando el deber ante todas las cosas.
—Fueron años de trabajo en conjunto. Siendo parte de la milicia, cada uno sabía muy bien sobre el deber que aceptamos en el momento de formar parte de las fuerzas Robotech—Lisa aclaró.
Smith relajó su postura. A su impresión, Lisa mostró una seguridad absoluta, apenas pudo distinguir una pequeña sombra en la expresión de la almirante que revelara turbación ante los acontecimientos.
—Acataré mis órdenes prioritarias—señaló—. Pediré a la enfermera que disponga de lo que usted necesite.
—Gracias.
—Soy soldado también—murmuró y luego señaló: —Fue hace mucho tiempo para mí, apenas lo recuerdo. Me enlistaba en el ejército en ese entonces… Los militares hablaban de la capitana Hayes como una mujer dura y entregada a su trabajo, temida entre muchos. Ahora entiendo el porqué de aquellas murmuraciones que rondaban por la academia.
Lisa no supo que responder ante el comentario personal.
—Pero por favor—agregó—, debe de tener en cuenta cuál es su límite.
Sin más, Smith hizo abandono de la habitación.
o0o0o
Tras entregar el reporte respetivo de su misión a su oficial inmediatamente superior, Ethan recibió las amonestaciones esperadas respondiendo al error que mantenía a Robert en el hospital.
Ethan reconocía que obró muy mal actuando en forma personal cuando inspeccionó las instalaciones en que se ocultaban los soldados enemigos; estaba dispuesto a sufrir la sanción correspondiente, sin embargo, una vez más el rango de su padre había influido bastante en el hecho de que no le quitaran el mando de líder de escuadrón.
Ahora Ethan caminaba de prisa por el Ventura. El estrecho corredor le condujo hacia la zona de hangares deteniéndose en el acceso a dar una corta inspección con la vista a las naves estacionadas allí, sometidas a mantenimiento. Los técnicos y pilotos iban de un lado para otro, las voces de las personas se ahogaban con el sonido de los motores en las pruebas de encendido del Skull 6.
Ethan reinició la marcha caminando en zigzag entre los varitech hasta aquella nave que se le había asignado tras perder la suya. Acarició el fuselaje, reconociéndola. Su padre siempre le había mencionado que debía aprender a querer su nave como si fuera una extensión de su propio cuerpo, que la amara porque sólo el amor la mantendría en el aire aun cuando fuera muy maltratada.
"Ser uno con mi nave" Ethan pensó con ironía. Perdió la suya, fue derribado y abandonó dicha extensión de su cuerpo en un planeta desconocido, y ahora simplemente no podría recuperarla.
Detrás de Ethan se encontraba aquel líder de escuadrón Wolf, que fuera su amigo en la academia pero que ahora mantenía una especie de rivalidad con él. Jeremy Brannigan; un hombre de gran estatura, de tez morena, ojos negros y mirada dura.
— ¡Vaya, vaya! Aquí tenemos al gran líder Skull… ¿Qué fue de tu nave? ¿La regalaste al enemigo? —Brannigan disfrutaba la situación.
Ethan hizo una mueca con la boca al girarse a ver al piloto.
—Brannigan, también me da gusto verte. —fue su respuesta.
Jeremy, su ex amigo, desde que asumió el mando de Skull le trataba con desdén, porque él quería el mando y aseguraba que la decisión se debía a la intervención de Rick Hunter.
—Ah sí, también es un gusto—replicó Jeremy con fingido agrado y se cruzó de brazos inspeccionado escrupulosamente la máquina de vuelo—. El modelo nuevo ¡uff! Qué fácil es volarlo…Deberías probar el último modelo de alfa en el cual se necesita habilidad y reflejo, como los antiguos varitech…aunque supongo que el control de las computadoras y el paso del tiempo te hizo olvidar volar a la antigua.
—No lo he olvidado. —respondió Ethan secamente.
—En ese caso, deberías probarlo uno de estos días—sonrió con suficiencia.
—Recuerda quienes somos… Tú y tu duelo personal conmigo. —Ethan terminó burlándose también.
—Nunca fuiste mejor que yo—Jeremy interrumpió con brusquedad—. Lo que eres se lo debes a tu padre, el gran y respetado Almirante Hunter—continuó con su tono antipático—. Sólo el apellido, Hunter.
Ethan le dio una mirada de ira.
—No metas a mi familia en esto, bien lo sabes, pero no quieres darte cuenta. ¿Tengo que recordarte una vez más que somos militares que vamos por una misma causa? No estamos para los juegos de niños…Eres tonto Jeremy. Dime, con esa actitud infantil que muestras ¿tu escuadrón te respeta como se debe?
—Por supuesto, Hunter.
Ethan hizo un gesto de incredulidad.
—Vamos Hunter, tu ineptitud me hizo venir hasta aquí. Por lo visto necesitan algo mejor que tu escuadrón para llevar a cabo la nueva misión.
Ethan se llevó la mano a la frente negando con fastidió, Jeremy parecía no entender.
—Necesitas volver a la academia para que te enseñen de nuevo como comportarte como un verdadero militar, y la verdad… no sé cómo te han dado el mando del Wolf.
—¡Porque soy lo mejor que hay, Hunter!
—Suponerte el mejor no te llevará a nada más que cometer un error. Los superiores no pensaron bien cuando te dieron el mando, no cuentas con el perfil.
—¿Le pedirás a tu padre que se reconsidere mi asignación? —preguntó burlón.
En ese momento la mano de Perry se posó en la mano del comandante y éste se volvió con rapidez.
—No de nuevo comandante—le espetó tranquilamente, viéndole serio.
Brannigan se quitó la mano del piloto como si se quitara una pelusa de su uniforme. No le dijo nada, sólo miró una última vez a Ethan y se marchó.
—¿Siguiéndole el juego una vez más, jefe? —le dijo Ian a Ethan. Éste se encogió de hombros—. Ambos son los mejores pilotos de las fuerzas, no entiendo cuál es esa obsesión de estarse retando cada vez que se encuentran. Debiera saber que sus rencillas personales no le hacen nada bien, todos se dieron cuenta, y si van a pelearse de esa forma háganlo en privado.
—Él no quiere entenderlo.
—Pero usted le propicia la ocasión. Ignórelo. Fue formado como militar, no se comporten como críos delante de sus subalternos. —finalizó muy serio.
El regaño de Ian Perry voló en el aire por un momento.
—No habrá una próxima vez.
—Eso espero, capitán.
Ethan dibujó en sus labios una apenas perceptible sonrisa, y dijo:
—Robert está bien, mañana lo tendremos con nosotros.
—Es hueso duro el difícil de roer.
—Así es. —respondió Ethan, caminando en dirección del Skull 6
Rudy Vegas, al ver a Ethan e Ian acercarse, se lanzó fuera de la cabina de su nave y aterrizó suavemente en el piso metálico.
—¿Qué hay, jefe? —preguntó.
—Nada nuevo, Rudy, tenemos que esperar las nuevas órdenes.
Rudy resopló.
—No entiendo por qué no se nos asignó en la misión en el planeta XP. Casi toda la floja se movilizó en la búsqueda, excepto nosotros.
—Órdenes del almirante Hunter. Es decisión del alto mando que el Ventura se quede estacionado. —explicó vagamente Ethan.
Los tres pilotos se alejaron del Skull 6 cuando se encendieron los motores una vez más. Caminaron sin rumbo fijo esquivando las naves.
—He oído las murmuraciones entre las enfermeras. La mujer que rescatamos parece ser una persona muy importante. ¿Qué sabe usted al respecto? —Rudy se dirigió a Ethan.
—No se me ha informado nada, el reporte oficial sólo menciona la posible existencia del SDF-2.
—Pero se supone que la oficial es quien comandaba esa fortaleza.
—Lisa Hayes… —murmuró Ethan quedamente.
—Yo no entiendo—intervino Ian—. La mujer que encontramos es muy joven para ser ella. Se supone que el SDF-2 lleva perdido casi treinta años.
—Las teorías dejémoslas para el doctor Lang. —cortó Ethan.
—¿El SDF-3 regresará de la misión en Haydon VI? —preguntó Rudy.
—No hasta que terminen las conversaciones para el tratado…—Ethan dejó de hablar al notar que un oficial se acercaba a ellos.
—Capitán Hunter— le saludó con formalidad—. Se le requiere ante la presencia del general Brown. Por favor, sígame.
Ethan asintió y le siguió sin antes de darles una última mirada a sus hombres, que entendieron aquello como una señal de absoluto silencio.
o0o0o
Marcus Brown fue el último en sentarse a la mesa junto al consejo militar. El último informe proveniente de las naves de búsqueda había llegado con escasos 20 minutos. Por un largo momento un analista se encargó de enseñarles a los presentes el escaneo realizado por el crucero Shepperd, enseñándoles los posibles puntos de ubicación de instalaciones consideradas del enemigo. También se presentó una mancha borrosa y oscurecida de algo que parecía ser la fortaleza perdida.
Cuando el oficial terminó la presentación se sentó a un costado del general Brown y de frente al capitán Claudia Grant, quien se encontraba sentada al lado de un general, ambos provenientes de la base lunar. Ethan en tanto, se encontraba ubicado al lado del capitán del Ventura, frente a ellos se encontraban un teniente, analista de estrategias y al costado de éste, se hallaba Jeremy Brannigan, líder del escuadrón Wolf.
Brown se aclaró un poco la garganta antes de comenzar a hablar.
—Señores, tengo que ponerlos al tanto de las órdenes del almirante Hunter. Nos enfrentamos a una situación nueva, nuevos posibles enemigos. Tenemos informes recientes de ataques enemigos a nuestros escuadrones de reconocimiento y todo dato que se ha podido obtener del planeta XP ha sido desde la órbita. Se desconoce totalmente a quien nos enfrentamos. No existen datos.
En ese momento, el doctor Smith se presentó y ocupó el lugar vacío a uno de sus costados.
—Llega a tiempo doctor—señaló entonces Brown y luego continuó dirigiéndose a los demás—. Lo que se les informe en esta reunión es confidencial hasta nueva orden— se tomó su tiempo y continuó—. Hace exactamente 5 hrs se ha confirmado la identidad del oficial rescatado del planeta XP, Elizabeth Hayes, almirante al mando de la fortaleza SDF-2…
Brown continuó informando. No era nada que Claudia Grant no tuviera en conocimiento, de hecho, toda información con respecto a Lisa Hayes le fue concedida en el instante mismo de su arribo a la estación espacial. Sabía que su antigua amiga estaba en recuperación, que el doctor Smith ya había autorizado un interrogatorio para obtener más datos con respecto a su misión, su nave y todo lo que pasó y que le llevara a perderse en el tiempo y aparecer de un día para otro.
Claudia no sabía qué pensar de ese hecho que no tenía lógica alguna. Ella había tenido una conmoción muy grande cuando Rick Hunter le informó que su amiga estaba viva. Ya no era un recuerdo sin tumba, un cuerpo errante en la inmensidad de un espacio vacío. Lisa volvía para llenar largos treinta años en que sintió un vacío por la ausencia de la que un día llegó a considerar como casi una hermana, aquella Lisa terca, nacida, crecida y formada para ser un militar. Lisa, a quien ansiaba volver ver con las fuerzas de su alma desde que pisó la plataforma espacial, abrazarla una vez más, decirle cuanto la extrañó… Llorar con ella la emoción de un inesperado reencuentro…
—Señores…—Claudia salió del ensimismo momentáneo y volvió a oír la voz del general Brown—, el General Santana estará a cargo de las operaciones militares para esta misión. Buena suerte, caballeros.
Brown se puso en pie, Claudia y el Doctor Smith se pusieron en pie imitándole, también el General Santana, quien tomara la palabra y despidiera formalmente a Brown
Instantes después, en la salida de la sala de juntas, Brown se despidió de Claudia y el doctor, éstos dos continuaron la caminata por un estrecho pasillo que les llevara hacia un elevador. Allí el doctor Smith pulsó el botón que les transportaría al piso inmediatamente superior. Claudia intentaba mantener la calma, se encontraba nerviosa y ansiosa. Cuando llegaron al piso superior y a medida que avanzaban por otro pasillo, su rostro exteriorizó sus sentimientos, le fue inevitable. Entonces donde Smith se detuvo y la miró.
— ¿Se encuentra usted bien? —le preguntó.
Claudia dio un profundo suspiro y respiró un par de veces tratando de conservar su postura.
—Siendo sincera doctor, no puedo evitar sentirme así. Usted lo sabe, la única razón por la que estoy aquí es para ver y someter la almirante a un interrogatorio, sea eso una contra o no, debido a la amistad que nos unía en antaño, pero el almirante Hunter así lo ha designado, y no se preocupe, estoy bien.
Smith asintió, y dijo: —continuemos.
Siguieron caminando por los amplios pasillos de ese nivel donde se presentaban varias puertas a ambos lados. Finalmente llegaron a una puerta que estaba custodiada por dos guardias que les saludaron con formalidad.
—Puede pasar—señaló Smith—, y recuerde que estaré esperando.
Claudia asintió, tomó una gran bocanada de aire y tocó a la puerta, con duda, con temblor en su mano, con el corazón pendiendo de un hilo por todo ese torbellino de emociones contenidas en su pecho.
En ese mismo instante, Lisa se encontraba perdida en el espacio infinito, mirando a través de una pequeña ventanilla de su habitación, pensando en algunos fragmentos de los recuerdos de su misión, sumergida en la vorágine, sin poder explicarse qué había hecho mal o cómo había sucedido todo en el momento en que la misión se le fue de las manos. Aún estaba muy débil en ese aspecto, se sentía así, no podía evitar que todos los sucesos nublaran su mente. Pero de pronto oyó los suaves sonidos en su puerta y volvió a la realidad. Suspiró con fuerza y se volvió hacía la entrada, manteniendo una postura fuerte, erguida. Su cuerpo enfundado en un traje militar resaltaba su figura de mujer joven.
La puerta se abrió con lentitud y Lisa pudo ver a una mujer de piel morena, en cuyo cuerpo y rostro el paso de los años habían causado estragos. Una vieja mujer militar de aspecto serio pero mirada amistosa, familiar, que en un primer segundo creyó poder reconocer.
Ambas mujeres se miraron, sosteniendo con firmeza la vista la una en la otra, como reconociéndose mientras la puerta a espaldas de Claudia se cerraba con la misma lentitud con que fue abierta.
Al final de largos minutos Claudia Grant pudo hablar.
—Almirante Hayes, es bueno tenerla de vuelta.
Lo dijo con un valor sacado de lo profundo de su ser, pero estaba presa nuevamente en una conmoción sin descripción, y su voz se oyó como una mezcla de alegría y pena, de incredulidad, porque Claudia aún no creía que Lisa estuviera allí, frente a ella, tan joven y bonita como la recordaba, fuerte, a pesar de la marca en su rostro de sucesos que ella desconocía. Lisa, que trataba de reconocer en ella a quien fuera su mejor amiga.
La voz de Claudia había sonado también con cariño y terminó por confirmar a Lisa que era ella, la misma teniente-comandante que se quedó en la tierra cuando ella partió en su misión.
Presa de muchas emociones, Lisa cerró sus ojos y rompió en llanto. Claudia más que nada era la fiel muestra de cuanto se había perdido; Piel arrugada, pelo blanco…treinta años que había pasado en ella, era mucho ¡por Dios que se había perdido mucho de su amiga!
Lisa lloró con amargura mientras un hombro llegó hasta ella para darle apoyo, como fuera en ataño.
Claudia lloraba también, no podía evitarlo y se aferraba a su amiga, que respondía de la misma manera como si en su cuerpo encontrara el sustento que tanto necesitaba ahora.
—Lisa…estás aquí—murmuró apenas la morena—, estás aquí y no sabes cuánto te extrañé…estás aquí—continuaba, y se dedicó a acariciarle sus castaños cabellos, como una madre que consuela a su hija ante el peor dolor de su vida.
Cuando al fin y luego de un largo momento, Lisa pudo contener sus lágrimas, se separó con lentitud y contempló el rostro de su amiga.
—Claudia—musitó. La mencionada esbozó una pequeña sonrisa.
—Me alegra verte, Lisa Hayes.
Lisa también pudo sonreír levemente al tiempo que una mano se alzaba hacía su rostro y le propinaba una suave caricia.
— Lo siento mucho Lisa…que tengas que enfrentarte a esto.
—Cualquier cosa inesperada en este mundo puede suceder ¿no? —lo dijo tratando de no llorar esta vez—. Nunca pensé que mi misión terminaría de este modo…nunca pensé…—detuvo sus palabras fijándose nuevamente en el rostro de su amiga—Oh, Claudia, treinta años…te ves…
— ¿Vieja? —preguntó riendo.
Lisa negó con la cabeza, no era lo que quería decir.
—Pues déjame decirte—le dijo al tiempo que la jalaba de un brazo para luego conducirla a la cama donde la obligó a sentarse para después sentarse ella—, soy una mujer madura, no vieja; madura y experimentada militar—otra vez la sonrisa en su rostro.
—Yo…—Lisa bajó la mirada, pero la levantó luego reuniendo fuerzas—.Nada Claudia, no te preocupes.
— ¿Estás segura? —preguntó Claudia, sabía que había mucho allí, tanto como había en su interior y que quería dejar salir.
—Quiero saber…qué ha sido de ti en estos años—la miró expectante.
Claudia respiró profundamente.
—A ver mmm por dónde comienzo—pose de pensativa, y luego dijo: —Me casé, Lisa.
—¿Te casaste? —repitió con sorpresa al tiempo que se limpiaba las lágrimas de sus ojos con el dorso de la mano.
—Sí, ¿Qué creías? ¿Qué me iba a quedar como una militar amargada que veía como el resto de sus compañeros hacían sus vidas? —Claudia sonrió—No Lisa Hayes, me casé y fui feliz en mi matrimonio, ¿y sabes?…tengo un hijo.
—Claudia, un hijo, qué alegría…
El rostro de Lisa se iluminó y eso a Claudia le gustó mucho.
—Se llama James, tiene 24 años…es militar como su madre y se encuentra bajo el mando del General Reinhart, en la base lunar Aluce y quién lo diría, voy a ser abuela en muy poco tiempo.
—Claudia eso es maravilloso.
—Lo es, Lisa. —Claudia suspiró.
—¿Y tu esposo? —Lisa al ver el rostro de su amiga, se arrepintió de haber preguntado ansiosamente ya que vio una pequeña sombra en el rostro de Claudia.
—Era piloto Lisa y falleció en combate hace muchos años.
—Oh, Claudia, perdona.
Claudia le sonrió.
—Pasó hace mucho tiempo. La vida de un piloto considera riesgos, falleció en un ataque enemigo cuando destruyeron el SDF-1, fue Khayron Lisa, que nunca estuvo conforme hasta desatar el total caos…destruyó nueva Macross por completo. En ese entonces salvamos cuanto pudimos y a los que pudimos. De la mítica fortaleza espacial no quedó nada más que escombros y una nube de polvo radioactivo que hizo que jamás se pudiera habitar de nuevo la ciudad…pero, creo que con contarte eso ya me salí de mi vida…
—No Claudia, por favor cuéntame, quiero saber—Lisa demandó.
Claudia miró a su amiga un instante mientras se decidía a continuar. Notaba en Lisa su ansiedad por saber un poco más, como también su gran esfuerzo por mantenerse tranquila.
—Todo aquello sucedió en el año 2014—inició su cuento, regresando a sus recuerdos de un pasado algo hostil y sombrío para la humanidad que aún no se recuperaba del desastre que casi los aniquiló—. Cuando la ciudad fue destruida los habitantes fueron reubicados en las distintas ciudades; la base principal estaba ubicada en las instalaciones Cruz del Sur…
—Hablas en pasado Claudia ¿Qué sucedió? —interrumpió Lisa consultando con preocupación.
—Desapareció años más tarde—dijo Claudia soltando un suspiro cansado—, fueron muchos sucesos que no se pudieron evitar. Cuando estábamos seguros que todo había acabado con el Zentradie, una nueva amenaza surgió y nos tomó por sorpresa…pasaron doce años de relativa tranquilidad para estar sumidos de nuevo en batallas que no tenían fin. Los Maestros de la robotechnología, Lisa…
Claudia hizo una momentánea pausa en que de nuevo miró fijamente a Lisa que parecía estar sumida en un sueño. Lisa así lo sentía, todo le parecía tan irreal y lejano, que creía que Claudia le estaba iniciando el relato de un simple cuento. Hallar a los Maestros de la Robotechnología era su misión y había fallado. Lisa apenas con unas simples palabras de Claudia dejaba volar su imaginación visualizando cuánto daño pudieron haber causado.
Claudia, tras su pausa, decidió continuar.
—Ellos llegaron a destruir todo lo que con tanto esfuerzo trató de reconstruirse, buscaban la flor de la vida…—Lisa hizo un gesto de no comprender de que hablaba—, la protocultura, su matriz contenida en el SDF-1, como los Zentradie. Se desvivían y peleaban por ella, experimentaron con los humanos, clonando sus cuerpos, pero, así como su anhelo de búsqueda sin consideración, fueron destruidos por una de su misma creación; Un clon llamado Zord, la mente de quien fuera el creador de esta energía. Cuando nuestras fuerzas lograron atacarlos, él se unió a nosotros y se llevó a su gente con ellos…sólo unos pocos quedaron, de ellos aprendimos mucho en todos estos años y nos ha ayudado a comprender un poco más de la protocultura que hasta entonces desconocíamos. Todo ese conocimiento adquirido está en manos de nuestra gente…y…
Claudia se tomó la frente con las manos y suspiró con pesadez.
—¿Claudia? —llamó Lisa un tanto preocupada.
—Sólo fue el principio, Lisa—musitó—. Si cuando el SDF-1 cayó en la tierra alguien nos hubiera dicho a qué nos enfrentaríamos con su tan sola presencia, quizás hubiéramos tenido otro mundo. Nos hubiéramos deshecho de cada resto de esa chatarra.
—Claudia—murmuró Lisa, no sabía más que decir.
—Luego de los Maestros llegó el Invid.
—¿Invid?
—Son los que hasta ahora dominan la tierra, se han instalado allí. Toda su raza. Se han enviado muchos destacamentos, todos han fallado y hemos tenido más pérdidas de las que hemos esperado. Nadie pudo advertir a aquellos que permanecieron en la tierra, las bajas militares fueron totales, no hay resistencia contra ellos y nosotros simplemente no hemos podido crear una estrategia, ni tenemos las armas, ni la tecnología suficiente para terminar con todo…Rick…Rick busca ahora una alianza posible con otra raza. Ellos han llegado a nosotros y nos han brindado parte de sus conocimientos que han permitido desarrollar nuevos modelos Varitech incorporando lo que ellos nos han brindado. Llegaron a nosotros en son de paz y eso es lo que almirante Hunter busca ahora, la paz, que otorgue fuerza de armas que pueda doblegar a los Invid.
Lisa se puso en pie y caminó hacia la ventana.
—Todo es destrucción Claudia, uno tras otro, sólo han traído catástrofes a nuestras existencias—dijo quedamente exteriorizando lo que pensó en el momento, luego se volvió de golpe hacia su amiga—Claudia, no quiero estar ausente de todo, no quiero un encierro en estas cuatro paredes, quiero salir de aquí, quiero ayudar Claudia. Mi gente aún está afuera, en ese planeta, mi nave…yo no puedo estar aquí haciendo nada.
Claudia se acercó a Lisa y posó una mano en su hombro.
—Vine aquí por órdenes de Rick. Él ya dio la orden de la búsqueda del SDF-2, pero lo están haciendo a ciegas. Necesitamos la información que nos puedas entregar al respecto, datos de quienes los atacaron y te mantuvieron cautiva.
—Lo haré, Claudia—dijo Lisa decidida.
—Entonces acompáñame, el General Brown nos espera.
o0o0o
Lisa dejó atrás su pesar y angustia para ser de nuevo la mujer militar que era. Por largas dos horas estuvo en presencia del general Brown y la capitana Claudia Grant. Dos horas en que entregó información valiosa para el rescate del SDF-2. Dos horas en que reconoció a su atacante, "Invid", que desconcertó completamente al frío general, más cuando quedó en a duda de quienes eran los otros que atacaron la fortaleza.
Todo lo pensado cambiaba nuevamente y el General Brown tenía que rendir el informe ante Rick Hunter.
Cuando el interrogatorio se dio por concluido, Claudia acompañó a Lisa. Ella pensaba que el shock que recibiría sería lo suficiente para derrumbar hasta al más fuerte, pero Lisa de mostraba firme. Claudia siempre lo supo, para Lisa estaban primero los demás, la seguridad de quienes estaban bajo su mando, también los que no. Lisa quedaba al final, y sólo se daba el tiempo cuando podía descansar y descargar su amargura.
—¿Sabes si existe alguna cafetería en esta estación? —preguntó de pronto Lisa a Claudia en tanto caminaban por un corredor.
—En el último nivel hay uno—dijo Claudia sonriendo.
—Espero que no hayas perdido la vieja costumbre de nuestros descansos.
—Lisa, Lisa, treinta años no es nada, fue como un abrir y cerrar los ojos. Y de verdad que la costumbre por una buena taza de café jamás se pierde.
—Entonces, ¿qué dices Capitana Grant? Me acompañas y de paso… me sigues contando.
—A la orden, almirante Hayes. —dijo Claudia con el humor que le caracterizaba cuando era joven.
El trecho que les separaba del elevador que les llevaría al nivel de la cafetería lo anduvieron a pasos tranquilos. Muchos de los que se cruzaban en su camino o se adelantaban daban extraña miradas a un oficial que no reconocían, que por formalidad y debido al uniforme que portaba, saludaban de manera oficial. Eran rostros que Lisa no reconocía, herederos de la nueva generación. Muchos tal vez eran hijos de aquellos que un día conoció. Ella no lo sabía.
Cuando estuvieron a pasos del elevador, se encontraron con dos figuras esperando que la puerta se abriera. Jeremy Brannigan de perfil contra ellas miraba el perfil de Ethan que les daba la espalda. La mirada de Jeremy hacia el líder de Skull destilaba cierto toque de odio contenido, pero al menos no habían entrado en sus típicas discusiones de niños pequeños. Ethan esta vez no se había permitido seguirle el juego, tenía una nueva misión que los conllevaría en un momento a trabajar en conjunto. Por una vez tenían que ser responsables y actuar como tal.
Jeremy al darse cuenta de la presencia de la Capitán y Almirante, dio el saludo formal.
—Capitán Grant, almirante—dijo al tiempo en que Ethan se volvía rápidamente.
Ethan Hunter, de pelo negro y algo revuelto, profundo ojos azules, estatura ligeramente superior a la de su padre Rick Hunter, saludó también.
Lisa estaba en conocimiento que había pasado treinta años, entonces no podía ser que se encontrara con la viva imagen de Rick en su juventud. No le contestó el saludo, quedó estática analizando todo, forzando su cerebro a comprender.
—Almirante Hayes, ¿le pasa algo? —se preocupó Ethan al ver la expresión un tanto perdida de Lisa.
—Rick Hunter…—Musitó Lisa en un hilo de voz.
—No, Ethan Hunter, su hijo. —aclaró con cierta inocencia.
Claudia se dio cuenta muy tarde de lo que podría pasar ante un encuentro de su amiga y el hijo de Rick. Lisa estaba palideciendo a cada segundo, se había puesto blanca en poco tiempo mientras tragaba saliva con suma dificultad…
Lisa de pronto vio como todo su panorama se oscurecía.
Fin Capítulo
