Disclaimer: Fire Emblem no me pertenece.


"He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre." —Gabriel García Marquez.


La espera era demasiado para él, solo quería patear la puerta, entrar a la fuerza y ver a su esposa, asegurarse de que estuviera bien o tal vez buscar una manera para que no sufriera tanto. De no ser porque Boyd y Titania no se apartaban de su lado ni un segundo, ya lo habría hecho.

Las horas transcurridas no ayudaban a calmar en lo más mínimo su ansiedad que parecía estar jugando con sus entrañas, haciéndolas nudos. Las palabras de aliento que su familia le dedicaba tampoco servían de mucho. Todos estaban ahí con él, algunos un poco nerviosos también, los únicos que faltaban eran Mist, Rhys y Soren; ellos atendían el parto de Aqua.

—Cálmate, Ike —le repitió Titania como por enésima vez esa madrugada.

—Llevan horas encerrados ahí —contestó él, también como por enésima vez—. Ella no deja de gritar.

—Es normal que lleve tanto tiempo, es su primer parto.

Ike pensó que tal vez era mejor no tener más hijos simplemente porque había demasiado sufrimiento de por medio. Y no era solo durante el parto o exclusivo para su esposa.

Durante los nueve meses de embarazo, Aqua sufrió de mareos, ascos, dolores en la espalda y noches enteras sin dormir. En el caso de Ike, los ascos matutinos eran para él, no había mañana en la que no despertara y tuviera que correr a la letrina a vaciar lo poco que tenía su estomago, luego debía esperar horas para poder probar bocado. Había tenido que dejar la carne durante todos esos meses porque Aqua no toleraba en lo más mínimo el olor de esta… Y también había tenido que soportar los drásticos cambios de humor de su querida esposa, concentrándose todo el día en adivinar cuando era que ella lo toleraba cerca, cuando lo necesitaba, y cuando lo odiaba y lo quería lo más lejos posible.

«Ya no» se dijo, frotándose la cara para ahuyentar el cansancio que parecía estar seduciendo sus parpados con suma facilidad hasta volverlos pesados, después de todo no había dormido, Aqua sintió los primeros dolores cuando todos se preparaban para ir a la cama.

Las puertas del comedor se abrieron estrepitosamente y Ike brincó de su asiento, sintiendo de inmediato la mano de Titania sujetando su brazo, de manera delicada, pero lo suficientemente firme para indicarle con el solo tacto que se calmara.

Mist se precipitó hacía él, algo agitada y con una inmensa sonrisa adornándole el rostro e iluminando sus lindos ojos celeste.

—¡Hermano! —exclamó—. ¡Ya nació! ¡Ya eres padre!

—¡Somos tíos! —soltaron Rolf y Gatrie al unísono.

Todos los presentes se abalanzaron sobre Ike, rodeándolo con sus brazos y dándole palmadas en la espalda al tiempo que le decían lo felices que eran por él, incluso Shinon se acercó y levantó su botella de cerveza, como brindando por todo eso.

Ike quiso sonreír, pero por alguna razón no lo consiguió. Su cuerpo parecía totalmente rígido y la boca se le secó por completo hasta dejar la sensación de estar masticando una pasta viscosa.

La realidad lo golpeó con fuerza. Se acababa de convertir en padre y eso desató en él miedo en lugar de la desbordante alegría que cualquier otro hubiera sentido.

Él nunca fue bueno con los niños, era una persona poco delicada al hablar, actuaba más por impulso que por cualquier otra cosa. ¿Cómo se suponía que debía tratar a un bebé? Y cuando creciera, ¿cómo debía reaccionar a sus travesuras? Pensó en su padre, en lo que él hacía, pero su mente era un remolino que se mezclaba con tantas emociones, aun con esos pocos recuerdos intactos de su infancia y parte de su adolescencia era incapaz de responder siquiera una de las preguntas que le inundaban la cabeza.

—Ike.

La voz ansiosa de Titania lo hizo volver a la realidad y encontrarse con las expectantes miradas de todos los presentes.

—¿…Qué?

—Vamos, tienes que ir a ver a tu esposa y al bebé —le dijo la mujer pelirroja, jalando un poco su brazo.

—Aqua quedó muy agotada así que…que solo entre Ike —comentó Mist, aun irradiando felicidad.

Ike solo se sintió peor al escuchar aquello, no quería quedarse solo con el bebé.

—Pero…¿ella está bien? —inquirió Mia, casi dando saltitos en su lugar—. ¿Fue niño o niña?

—Sí, está bien, solo debe guardar reposo —aseguró Mist—. Y bueno, les diré que es hasta que Ike se vaya, no le quiero arruinar la sorpresa.

El joven comandante solo se limitó a asentir, con el corazón tan acelerado que incluso le retumbaba en los oídos, y con ese incomodo nudo en el estomago que parecía no querer dejarlo nunca.

Salió del comedor y caminó hasta su habitación, frenándose en seco frente a la puerta, con la mano estirada pero incapaz de girar la manija. Se sentía como un niño otra vez a punto de recibir un castigo por alguna travesura.

Respiró profundo varias veces, muchas más de las que le gustaría admitir, y finalmente se dignó a entrar. De inmediato vio a Aqua recostada en la cama, con los ojos cerrados, pero asintiendo a lo que Rhys parecía estar diciéndole. Soren fue el primero que se percató de su silenciosa entrada y Ike casi pensó que estaba en un sueño cuando el mago le sonrió débilmente.

—Oh, Ike —dijo Rhys, finalmente dándose la vuelta—. Por fin llegas. Muchas felicidades.

El mercenario asintió, sin estar muy seguro de lo que debía decir. Se acercó hasta el borde de la cama y tomó la mano de Aqua, ella le respondió apretándola con ligereza.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él, acariciándole el cabello con la mano libre.

—Estoy bien, mi amor —respondió ella, casi en un susurró y apenas abriendo un poco los ojos—. Ahora quiero que conozcas a nuestro hijo.

Aquella última palabra disparó un poco su ansiedad, era el padre de un varón.

Su mirada azul recorrió el cuarto hasta ver la cuna que Oscar les había obsequiado a los futuros padres. Con mucha cautela, Ike se acercó hasta poder ver al pequeño bebé, envuelto en una cobija blanca.

A pesar de ser un recién nacido, su cabecita ya estaba cubierta de un hermoso y corto cabello azul oscuro. Su piel era blanca, con excepción de sus mejillas, las cuales parecían estar teñidas de un lindo color rosa, Ike no pudo evitar pasar con cuidado uno de sus dedos y sentir no solo la calidez del niño, sino también lo suave que era. El pequeño estiró su manita y tomó el dedo de su padre, apretándolo con la poca fuerza que tenía.

Algo dentro de él le hizo estremecerse y calmar de inmediato todo el miedo que antes sintió, dejando el paso libre para una inmensa alegría que deshizo el nudo en su estomago y llevó lagrimas a sus ojos.

—Tiene tu ceño —comentó Soren y Ike no pudo evitar reír un poco al darse cuenta que su amigo tenía razón; el niño, a pesar de estar en completa calma, mantenía el entrecejo un tanto fruncido al igual que el de él.

—¿Cómo lo llamarán? —preguntó Rhys.

—Aspros —respondió el comandante sin pensarlo ni un momento, el nombre lo habían escogido el mismo día que Aqua le dio la noticia. Si el pequeño era varón, llevaría el nombre de su abuelo materno, de haber sido niña, Ike quería llamarla Elena.

El pequeño Aspros abrió un poco los ojos, apenas dejando ver el color de estos. Eran azules, pero con el temblor del fuego de las lámparas, que de momento parecían iluminar más desde otro ángulo, se podía distinguir un intenso color púrpura. Se concentró en mirar a su padre un instante antes de cerrarlos de nuevo y removerse un poco, finalmente soltándole el dedo.

Ike nunca sintió algo similar a eso. La idea de convertirse en padre lo había asustado demasiado, incluso después de la momentánea euforia que sufrió al recibir la noticia, cuando esta se drenó por completo, solo quedó una incómoda espinita que lo mantuvo preocupado durante nueve meses. Pero al ver a su hijo, tan pequeño y frágil, acariciar su mejilla, sentir su manita y finalmente tomarlo entre sus brazos, supo que no había lugar para el miedo o los nervios y mucho menos las dudas.

No sabía ser padre, pero ya no importaba en lo más mínimo porque se dedicaría en cuerpo y alma a aprender todo lo necesario hasta convertirse en el mejor, todo para que su hijo fuera tan feliz como él lo era.

Entre toda su alegría, Ike olvidó por completo que ya había reunido el dinero necesario para reparar su espada: Ettard.


Me decidí a hacer esto :p no sé, la idea me nació de repente. Creí que sería lindo ver la reacción de Ike ya cuando naciera el pequeño Aspros.

No me gustó como acabó xD pero al menos el principio si me hace sentir un poco orgullosa uwu

Tal vez, si me llega la idea, escribo ahora sí que el final xD donde Aspros ya está más grandecito y quizá lo escriba desde su punto de vista, para relatar cómo es que el niño ve a sus papis.

Aspros (este Aspros, el hijo de Ike y Aqua, no el Aspros papá de Aqua) es uno de mis OC favoritos :) en verdad lo adoro.

Muchísimas gracias por leer. Déjenme su comentario por favor, quiero saber que opinan y si de verdad quieren otro capítulo más.

Saludos nwn