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"Sumisión es una palabra que muchos labios pronuncian y muy pocos corazones sienten"

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Closer

Capítulo 1: Doctora Swan

—Doctora Swan— levanto los ojos de los informes que estoy revisando para mirar hacia Ángela, mi asistente.

— ¿Si, Ángela?— respondo en tono monocorde, sintiéndome exhausta por el día cargado que he estado teniendo.

—Sólo es para informarle que no hay más pacientes para hoy.

—Bien— libero un largo suspiro de alivio. —Estoy exhausta—. Casi gimo diciendo ese par de palabras. No digo más, ella asiente a modo de despido.

Desde el día en que hice aquel juramento ante mis compañeros, amigos y familia, e inclusive antes de ello, desde que decidí que quería estudiar medicina, estaba comprometida con todas aquellas personas que acudiesen a mí, estudié y me especialicé para esto, para hacer lo que hago ahora, con veinticinco años soy traumatóloga del Hospital General de Chicago, y puedo decir con toda honestidad que amo mi trabajo, a pesar de los extenuantes días como hoy, que son reducidos cuando ves la esperanza en los ojos de las personas por su recuperación o la simple satisfacción cuando puedes, de cierta manera, aliviar sus afecciones. Me hacen sentir útil.

Claro que no fue fácil. Mis padres se quedaron del otro lado del país cuando decidí venir a estudiar a esta ciudad. Chicago era parte de aquello que deseaba para mi futuro, siempre me vi caminando por el Millenium Park. Charlie, mi padre, es agente de seguridad en Seattle, mientras que mi madre es Profesora de escuela primaria, a punto de jubilarse, cosa que la tiene algo deprimida, lo he notado en el tono de nuestras llamadas más recientes. Cada vez que mi trabajo me lo permite, y me doy tiempo, viajo a visitarles. Los extraño, siempre lo hago, han sido mi pilar y apoyo incondicional; en un principio costo bastante, ellos estaban deprimidos ante mi decisión de traslado, pero afortunadamente tenían y tienen a Jake para enfocar su atención y preocupación. Jake, un muchacho de la calle que llego a nuestra familia cuando tenía sólo cinco años, con su piel morena y mejillas sonrosadas, ahora es todo un adolescente en transición a hombre, que adora a nuestros padres y con quien guardo una especial relación, como mi hermano y mejor amigo.

En mis años de universidad conocí grandes personas, entre esas y como más destacables un par en específico, a quienes llamo ahora mi familia. Primero conocí a Jasper, iba en muchos de mis cursos en la facultad de medicina, pero a diferencia mía, él tomó la pediatría como especialización. A él puedo describirlo como un ser hermoso, tanto en lo físico como en lo personal: Alto, rubio y desgarbado, con unos brillantes ojos azules y una actitud serena y comprensiva. Luego, y gracias a él, conocí a Alice, ellos empezaron a salir en el tercer año de Universidad, aquella chiquilla logró conquistar el corazón de mi amigo en un par de segundos con aquella belleza exótica y su actitud hiperactiva: pequeña, cabello azabache y movimientos estilizados; Alice poseía y sigue teniendo una hermosa figura rematada por un par de ojos verdes, he dicho que son el uno para el otro. Son personas increíbles que siempre están dispuestos a ayudarte, han sido mi familia de acogida aquí en Chicago.

Un año luego de mi graduación logré juntar dinero suficiente, con un poco de ayuda de mis padres, para comprar lo que catalogo como un hermoso apartamento en uno de los rascacielos más llamativos del centro de Chicago, siempre encontré relajante estudiar y discernir ideas de aquellos casos médicos complicados teniendo en frente una luminosa vista del lago Michigan en cada una de sus facetas.

Volviendo al presente, dejo el consultorio organizado para encaminarme hacia el estacionamiento, activo la alarma y las luces del Mini Cooper parpadean, sonrió acercándome y suspiro porque al fin vamos a casa. Lo que más deseo en este momento es quitarme la ropa y poder acostarme entre la suavidad de mis almohadas, y descansar.

A simple vista, todo lo que me rodea parece gritar independencia, por la forma en que me alejé de casa, de mi familia y como he decidido vivir, sin embargo creo que es totalmente distinto. Siempre, de alguna manera, he buscado refugio en aquellos quienes me rodean para tomar las decisiones importantes, no sé si es una manera de restarme responsabilidad o que resulta más fácil tomar algo que elija otro porque mi criterio lo considero obsoleto, lo hice para elegir la mejor Universidad, la especialización que quería tomar, inclusive el auto que iba a comprar el cual, a última hora, fue elegido por Jasper. No podía decidirme entre varias opciones igual de buenas. Tanto él como Alice suelen regañarme, argumentando mi falta de criterio, sin embargo no es como cambiar unas sábanas sucias o una prótesis en mal estado.

Conduzco por las abarrotadas calles de Chicago, en determinado punto logro visualizar en alto mi sitio, provocando que el camino se haga más corto, llegando más pronto de lo esperado. Estaciono en mi lugar y me muevo al ascensor, no siento ni un ápice de hambre una vez que estoy dentro, sólo anhelo tocar la sedosa tela de las sabanas de mi cama y dejarme ir. Me descalzo los zapatos de tacón lanzándolos hacia un lado, justo debajo de donde caen luego mi chaqueta, falda y blusa, pienso que un poco de desorden no le hace daño a nadie. Finalmente me deslizo a gusto sobre mi cama, la tensión se aleja de mi cuerpo con la exhalación de un largo suspiro de alivio, me doy cuenta de lo realmente cansada que estoy, y en ese momento mi mente elige traer a colación palabras que ha venido pronunciando Alice:

"Algún día llegaras, exhausta y cansada de tanto trabajo, y querrás de alguien que te haga un masaje, te atienda y consienta"

Bufo y niego sonriendo, mi amiga está algo equivocada respecto a lo que yo quiero o no, considero que no tiene ni la más mínima idea sobre... nada, y saber Dios que piense si... no. Intento alejarme de ese hilo de pensamientos, sin embargo la afirmación de que una relación normal no es lo mío, se cuela en mi mente. No es como si no lo hubiese intentando, lo hice, en la Universidad tuve un par de relaciones, primero con Paul, luego con Demetri, relaciones que solo sirvieron para hacerme saber que no era lo mío... al menos no de esa manera; mientras mis pensamientos fueron divagando, mis ojos se fueron cerrando.

...

No podría saber el momento exacto en que logré dormirme, tomo consciencia abriendo mis ojos desorientada, he perdido totalmente noción del tiempo, recuerdo salir como a las cinco del consultorio y llegar como a las seis treinta a casa. Levanto un poco la cabeza para mirar a ambos lados de mi habitación, todo está oscuro, demasiado, me desperezo y levanto para asomarme al ventanal sorprendiéndome al ver que aún es de noche, o al menos el sol no parece asomarse. Me doy la vuelta hacia la mesa de noche donde un reloj de tapicería antigua reposa y señala las cinco de la mañana, rápidamente hago un cálculo mental de unas diez horas de sueño continuas y reconfortantes, mi cuerpo se siente pleno y renovado de energías; sonriendo me dirijo a la ducha. Tomo ropa deportiva y finalmente sujeto mi cabello en una coleta.

He decidido salir a trotar. Una vez en el sitio tomo mi celular, un BlackBerry, y me muevo hacia la lista de reproducción de Muse, ajusto los auriculares en mis orejas y empiezo a trotar. Si algo he aprendido en mi carrera, es la importancia de mantener una buena salud, y no me refiero a los chequeos médicos y las medicinas, me refiero a aquellas cosas que se pueden hacer por uno mismo, como el trote por las mañanas que no sólo es saludable sino también agradable, como la sensación del aire fresco de la mañana chocando contra mi piel mientras hago algo bueno por mí, además la comida chatarra que usualmente consumo requiere algo de ejercicio para quemar su grasa. No soy muy alta, aunque tampoco muy baja, sería algo más bien como mediana por el 1.67m, siempre he tenido una complexión delgada con las curvas adecuadas de una mujer, mi piel es blanca y mis ojos viajan por tonalidades marrón y miel, nunca lo he tenido claro, es una tarea que siempre he dejado a mi madre; Mi cabello es castaño claro e irremediablemente ondulado, me considero normal, con lo necesario para sobrevivir en el mundo actual.

En cuanto a las cosas que me gustan, leer siempre ha estado entre mis prioridades a la hora de elegir, en mi colección no sólo se encuentran libros de medicina. He tomado la lectura como otra pasión aparte de mi carrera, perderse en las letras de un texto, transportarse a aquellos mundos que intentan describirte, hechos, acciones, lo considero enriquecedor. He leído de casi todo tipo de libros, desde aventuras, ficción, historia, biografías, recopilaciones, hasta libros de tendencia erótica. Considero mis libros, todos, como tesoros invaluables.

El cielo ha empezado a aclarar dando paso a uno de mis paisajes favoritos, el amanecer sobre el Lago Michigan, las nubes de un tono rojizo, debido a los rayos del astro que empieza a surgir en el cielo, bañan el horizonte. Pronto me doy la vuelta y empiezo a retornar hacia mi auto. Hoy sábado, el tráfico parece más aliviado permitiéndome llegar rápido al apartamento, durante el camino mi estómago ha empezado a reclamarme la falta de atención. Una vez en casa, camino a la cocina tomando una barra de cereal y sirviéndome una taza del café que he puesto por la mañana - cafetera eléctrica - saboreo aquella delicia, aunque extraño el habitual moka que no volveré a paladear sino hasta el lunes. Con algo de pereza camino hacia el cuarto y recojo la ropa que he dejado tirada anoche, la dejo en el cesto del lavado y voy por otra ducha para lavar los restos de sudor y retomar la relajación del fin de semana.

Estoy algo somnolienta, sucumbiendo a ello en la tina, cuando el sonido del BlackBerry logra sacarme de mis ensoñaciones. Me levanto regando algo de agua por todas partes y tomo la toalla anudándola alrededor de mi cuerpo, salgo buscando el celular por el cuarto pero recuerdo haberlo dejado en la cocina. La luz roja está titilando y leo en la pantalla el mensaje de tres llamadas sin responder de Ángela - Demonios - pienso, al parecer siempre me he quedado algo dormida. Miro el reloj que señala las nueve de la mañana, suspiro pensando que querrá ella un sábado a las nueve de la mañana. Escojo devolver la llamada porque tres veces de su parte indica que debe ser algo importante, al segundo tono responde.

Doctora Swan—.

Su tono profesional se marca desde el otro lado de la línea, a pesar de que llevamos un año trabajando juntas, ella sigue tan formal como el primer día.

Dime Ángela, ¿ha ocurrido algo?—.

Suelto sin preliminares.

No, bueno, he recibido un Correo Electrónico—.

Dice, espero a que continúe, al ver que no hace decido hablar.

Y ¿Por qué no lo reenviaste a mi dirección?—.

La curiosidad viaja en mi voz.

Lo siento, es que... es importante. Quería informarle directamente—.

Dice un tanto nerviosa. Relajo más mi voz para que esté tranquila.

No te preocupes, dime de que se trata—.

Insto.

Un congreso, el próximo fin de semana. Sera en Rochester Minnesota; El asunto relata Ultrasonido Musculoesqueletico—.

Escucho atentamente lo que me dice, enfocando mi atención en los asuntos del congreso, aceptando de antemano a pesar de tener que sacrificar el fin de semana. Los congresos siempre han sido enriquecedores, mis profesores de Universidad siempre trataron de recalcarlo, no sólo aprendías de las ponencias, también de aquellas personas que lograbas conocer en tales eventos.

Perfecto Ángela, sabes que eso me gusta, por favor revisa lo de la habitación de hotel, confirma mi asistencia—.

Pedí.

De acuerdo, nos vemos el lunes. Que descanse Doctora—.

Tú también, descansa—.

Finalizo la llamada con una sonrisa, hace rato que no asisto a ningún congreso y veo éste como algo bueno.

...

El resto del sábado lo he tomado para descansar tanto como mi cuerpo lo ha permitido, algo de lectura y algunas películas que me han hecho llorar frente al plasma del salón.

Hoy domingo, continuo con la rutina de correr antes del amanecer; una vez en casa y luego de desayunar decido llamar a Alice, no he hablado con ella desde el viernes y les extraño un tanto. Sé que ambos deben estar un tanto o más ocupados que yo, Alice es Arquitecto, y ha iniciado un proyecto importante hace poco que tiene a ambos con los pelos de punta, en el sentido literal.

Marco su número y espero...

Hasta que la Dra. Swan se digna a llamar—.

Su tono jocoso y sarcástico me reciben, rio bajo pero sigo su actitud.

Digamos que, ya que la importante Arquitecto Brandon no tiene tiempo para mí, he decido buscarle yo—.

Claro que mi sarcasmo no es ni remotamente tan bueno como el suyo, suelta una cantarina risotada.

No seas tonta Isabella, dime ¿A que debo los cinco minutos de tu tiempo?—.

Ruedo mis ojos.

Alice— regaño —Estaba pensando en almorzar... juntos—.

Digo. Ella se toma unos segundos en responder.

Me parece perfecto—sonrío —necesito dejar estos planos a un lado, ¡me van a enloquecer! lo juro—.

Su voz suena cansada, como la mía debió estarlo hace un par de días.

No te preocupes cariño, iré al rescate, y eso, por supuesto, incluye a tu novio—.

Ya le digo, el pobre ha tenido una semana repleta, está exhausto. No ha salido de la cama en lo que va de fin de semana—.

Dice, y puedo imaginarlo.

Bien, bien, me daré prisa, en una hora nos vemos ¿de acuerdo? —.

De acuerdo.

Cuelgo y voy directa a cambiarme.

Unos jeans desgastados con una blusa blanca ligera, una chaqueta a juego y botas de tacón son mi elección, afuera el día es fresco. Me maquillo un poco, nada muy exagerado, y dejo mi cabello suelto en toda su expresión de ondas.

Llego al auto encendiéndolo y tomando rápido el camino hacia el apartamento de mis dos amigos. Afortunadamente logro llegar en el tiempo estipulado, siempre me ha gustado ser puntual, llamo a Alice e indico que me encuentro abajo esperando, recuesto mi cabeza en el asiento y espero.

No tardan demasiado en aparecer, tomados de la mano con el cansancio evidente en sus facciones.

—Suban— índico bajando el vidrio del asiento de junto. —He venido a rescatarles— digo en broma provocando algo de risas en medio de nuestros saludos. Alice envía a Jasper atrás mientras ella toma su lugar como mi copiloto.

—Hola linda, ¿cómo has estado?— observo a Jasper a través del retrovisor, a pesar de su cansancio, su tono es dulce es tan armonioso como siempre.

—Bien cariño— respondo igual —Bastante trabajo pero afortunadamente he podido descansar ¿y tú?— le sonrío.

—Cansado— bufa —Aunque esos niños lo valen— veo en sus ojos el brillo que acompaña la sinceridad en sus palabras, él está totalmente enamorado de su trabajo y de los niños.

— ¿Y tú, Alice? — me dirijo ahora hacia la chica a mi lado.

—Planos, planos, planos— repite haciendo las veces de alguien que ha perdido la cabeza, creo que está traumada.

—Vamos a dejar eso y pasemos una tarde divertida— digo, intento animarles. Ambos asienten, pongo el auto en marcha.

Llegamos al Lincoln Square y escogemos uno de los tantos restaurantes del lugar, el almuerzo es agradable, lleno de conversaciones triviales que nos permiten actualizarnos en información.

Saliendo en lugar de ir a casa decidimos ir a un Pub donde suelen colocar música relajante y ofrecen un menú de excelentes bebidas, allí pasamos el resto de la tarde.

—El próximo fin de semana estaré en un congreso en Minnesota— informo a mis amigos.

— ¿Sobre qué?— pregunta Jasper dejando ver su interés.

—Ultrasonido Musculoesqueletico— digo y empezamos a discutir al respecto, no duró demasiado, pronto Alice inició una pataleta que hizo girar a más de uno hacia nuestro sitio.

—Tal vez en ese congreso te consigas un guapo Doctor, que te libere de la abstinencia— dice Alice y hace un movimiento sugerente con las cejas; mi respuesta es una sonrisa, alzo mi dedo medio y se lo enseño. Ella y ese tema no son agradables.

—Lo siento cariño, pero ella tiene razón— miro hacia Jasper frunciendo el ceño, él no puede decir eso.

— ¿Tú también?— mi pregunta se oye casi indignada. —Pueden joderse ambos. No necesito de nadie— recalco mirándoles. —Voy al congreso porque es importante para mi carrera profesional, no estoy buscando un amante— me enfurruño en mi lugar.

—No te enojes cariño— Jasper se acerca en el asiento y acaricia mi mejilla, ambos me miran con dulzura, suspiro, entiendo un poco lo que quieren decir pero es... complicado.

—Sabemos que vas como profesional Isabella pero, ya sabes—. Ella vuelve a hacer ese movimiento con sus cejas y... ¿para qué enojarme? ella es incorregible, tomo la opción de unirme a sus risas, volvemos a relajarnos, nos divertimos, hablamos y bebemos lo suficiente como para estar satisfechos de regreso a casa. Dejo a ambos en su apartamento y me encamino al mío. Mañana empieza de nuevo la jornada, pensando en eso me envolví en la cama por la noche, entre la comodidad y el confort de mis almohadas.

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A veces, las semanas se me hacen eternas, Sin embargo ésta pasa a toda velocidad. Pacientes, huesos, traumas, terapias, medicamentos, rehabilitaciones, lagrimas, parálisis... ¡mierda!. Una semana ocupada, llena de tantas cosas, odio cuando tengo que dar malas noticias. Una parálisis, como ocurrió esta semana, en dos ocasiones. Al menos hoy es jueves, último día en que debo venir al Hospital por esta semana, pues mañana sale mi vuelo a Minnesota; firmo algunas recetas médicas en mi escritorio cuando la puerta del consultorio se abre y observo aparecer una figura masculina... Benjamín, el Director del Hospital.

—Benjamín— digo poniéndome de pie, lo trataría con más formalismo pero prefiero evitar su insistencia en que haga lo contrario.

—Hola Isabella— rodea el escritorio para abrazarme y dejar un beso en mi mejilla más bien cerca de mis labios, aquello no me agrada, me causa sensaciones desagradables que rayan en la repugnancia. Benjamín es un hombre alto, de buen físico, moreno, posee una amplia sonrisa pero es demasiado arrogante y presuntuoso, también baboso. No tendría nada contra él sino siguiese intentando pasar de nuestra relación profesional a pesar de mis negativas.

— ¿A que debo tu visita?— finjo amabilidad mientras retrocedo alejándome de él.

—Me entere que vas a un congreso este fin de semana— dice con esa sonrisa toda arrogancia.

—Así es— le doy una escueta respuesta.

—Hmmm— murmura, empieza a caminar hacia donde me encuentro y me muevo, alejándome. —Estaba pensando, ¿te gustaría que te acompañara? Ya sabes, conozco a muchas personas que podría presentarte, es importante que te codees con aquellos que tienen una de sus manos en el cielo—. Arrogante, ruedo los ojos.

—No, gracias Benjamín— me sorprende mi rápida negativa, pero es una reacción natural hacia su actitud. —No necesito nada de eso, lo que obtenga quiero hacerlo por mérito personal— digo.

—No he dicho lo contrario, eres una gran profesional—. Me observa de arriba abajo, da otro paso hacia mí, más de uno pues está cerca y golpea su aliento contra mí, sus labios están cerca.

—Lo siento Benjamín, pero no. Ahora, con tu permiso, debo irme a arreglar mis cosas, te veo la próxima semana— me escabullo por un lado, tomo mis cosas ante su mirada estupefacta y salgo pasando junto a Ángela a quien despido agitando mi mano.

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Con Alice nos encontramos en mi apartamento, su insistencia por ayudarme a empacar fue implacable hasta que le di carta blanca. Insistí en que no necesitaba demasiado pues es solo un viaje de fin de semana, sólo dos días, y sin embargo, ella termino eligiendo concienzudamente cada pieza de mi equipaje etiquetándoles por evento: Coctel, reuniones, charlas, y demás. Tomando grandes suspiros la deje hacer, cenamos juntas y nos despedimos.

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Me despierto precipitada con la sensación de estar llegando tarde, mis latidos retumban desaforados, giro hacia el reloj y me permito relajarme cuando veo las siete de la mañana con dos minutos, tengo el tiempo suficiente para ducharme, arreglarme y partir hacia el aeropuerto. Elijo tomar un taxi para no dejar el auto en el estacionamiento del aeropuerto.

Afortunadamente el vuelo me resulta rápido, antes de siquiera pensarlo estamos aterrizando, cuando tengo mi equipaje de nuevo conmigo tomo un taxi que me conduce al hotel donde se llevará a cabo todo el congreso. Observo no más entrar todo tipo de personalidades moverse de un lado para otro, logro distinguir más de un rostro con el que he estudiado o sobre quien he leído; también hay muchos desconocidos. Agradezco mi formal ropa informal, compruebo mi registro en la recepción, recibo las llaves de mi habitación y camino hacia el ascensor donde hay una pequeña cola.

Muchas personas suben al ascensor, hombres y mujeres, que me hacen pensar vamos a saturarlo. Cuando cierran las puertas ignoro a todos pues mi concentración está puesta en una charla en mi celular con Alice, sin embargo algo me hace retomar la compostura, adopto una posición recta sin atreverme a mirar a mi alrededor en búsqueda de aquello que me está haciendo reaccionar, mi piel se eriza en mi nuca y en mis brazos y sé que es producto de una mirada. Las puertas del ascensor se abren en mi piso, mi respiración marcha un tanto acelerada por la forma en que me siento. Algunas personas salen, me atrevo a mirar pero la sensación continua, doy un paso fuera de ahí manteniendo la postura recta, soy consciente de mis movimientos y de la forma en que camino. Entonces, me atrevo a girar la vista, las puertas del ascensor están cerrándose y al final... sólo logro ver un impresionante par de ojos, azules, verdes, no distingo la mezcla del color, pero el brillo y la intensidad fría y dura, es lo que deja la sensación de hormigueo en mi piel.