SALUDOS! asdkasdnaskd que tal a todos de nuevo, en serio que me siento feliz por los review que me dejaron. Por eso decidí publicar los mas pronto posible, para ustedes :D.

Estoy un poco enferma , pero aun así sigo con este fic hasta las ultimas consecuencias jaja cof cof ejem!.. BUENO , sin mas que decir empecemos!

ADVERTENCIA:

ES SOLO UNA ADAPTACIÓN ,LA HISTORIA LE PERTENECE A BALA-2006 ;), LOS MÉRITOS AL VERDADERO AUTOR!(SALUDOS)

AH! Y YA SABEN LOS PERSONAJE NO ME PERTENECEN


Capítulo 2:

El lunes de la semana siguiente parecía una persona totalmente nueva. Después de darse como unos tres baños su cabello volvía a ser rubio y su piel lucía su bronceado natural y no las manchas de barro. Tras más cepillados de dientes de los que podía recordar, sus dientes volvían a estar blancos e impolutos. Era sorprendente que no tuviera caries.

Las estilistas de Yuuno se ocuparon de todo lo demás. Le cepillaron el pelo y volvía a verse igual de atractiva que en sus mejores días. También le arreglaron las uñas estropeadas y excesivamente largas para una mujer e insistieron en tocar sus cejas. Siempre había odiado que tocaran sus cejas. La vistieron con varios trajes nuevos que a decir verdad le sentaban de maravilla y por un momento creyó ver a esa mujer del pasado reflejado en el espejo. ¡No! Ella dejó de ser esa horrible persona, ella había aprendido a vivir como un ser humano. Su imagen sería la misma pero estaba completamente segura de que ella no.

Volver a conducir su coche fue un auténtico placer. Había ciertos caprichos a los que a cualquier persona no le gustaba renunciar y uno de ellos era su coche. La casa que Yuuno le alquiló no era nada del otro mundo pero teniendo en cuenta que llevaba dos años durmiendo en la calle, era como un palacio para ella. La exploró entera con sus tres habitaciones, su único cuarto de baño, la terraza, la cocina y el salón. No tenía hall pero podía prescindir de él.

Para su primer día de trabajo escogió un traje color negro con una camisa azul celeste y una corbata amarilla para combinar con el traje ajustado. Se peinó y se amarró con un lazo negro las puntas de su cabello y montó en su coche satisfecha de estar aseada. Durante el fin de semana se dio tal atracón de comida que tuvo que tomarse cerca de una caja de manzanillas para poder dormir después. Había perdido mucho peso en los últimos dos años pero conservaba sus piernas fuertes gracias a sus largas caminatas y sus brazos no habían bajado demasiado por los trabajos en la obra que había realizado paulatinamente. Lamentablemente, se veía muy fibrosa para su gusto.

Aparcó en el sótano de la empresa que hacía de aparcamiento y observó su antigua plaza presidencial ahora ocupada por un Porsche. En sus días ella también hubiera encontrado un sustituto para su coche en cuestión de minutos.

Subió en el ascensor y pulsó el botón de la última planta para dirigirse directamente hacia el que era su antiguo despacho. Yuuno la citó allí para darle ciertas indicaciones antes de marcharse de viaje de negocios o a ponerle los cuernos a su prometida, según como se mirara. No pensaba meterse en ese asunto porque a Fate le beneficiaba en su plan en más de un aspecto. Así es que dejó de pensar en ello y salió del ascensor en la planta indicada.

La secretaría le sonrió tal y como solían hacerlo todas las mujeres antes de que ella fuera pobre y se contuvo para no mostrar su desagrado. Entró en el despacho despidiéndose de la secretaria con un ademán de cabeza y se metió las manos en los bolsillos después de cerrar la puerta a su espalda. Yuuno ya estaba a punto de marcharse. Su maletín estaba cerrado y tenía todos los papeles bien recogidos y organizados sobre la mesa. La recibió con una de sus hipócritas sonrisas y la empujó hacia su mesa para indicarle toda su labor. Escuchó por cortesía pero sabía muy bien cómo dirigir su propia empresa. Le parecía de muy mal gusto que ese tipejo estuviera allí enseñándole como hacer sus propios negocios cuando fue su aprendiz y estaba claro que le enseñó muy bien. Desgraciadamente para Yuuno, la maestra seguía siendo la mejor y lo iba a demostrar.

De repente se escucharon unos suaves golpes en la puerta y Yuuno dio su permiso para entrar.

- ¿Interrumpo algo?

Esa maravillosa voz. Se volvió justo a tiempo para verla cerrar la puerta a su espalda. Vestía unos zapatos de tacón, un precioso vestido azul cubierto por una capa de gasa que le llegaba hasta la mitad del muslo y una chaquetita blanca ajustada y de escote generoso. Sus medias lanzaban destellos, al igual que sus cabellos cobrizos recogidos y amarrado en una cola larga hacia un lado.

- Nanoha, estaba a punto de marcharme. – Yuuno agarró su maletín- Esta será mi sustituto durante mi viaje de negocios. Ocúpate de que todo esté a su gusto. – sonrió.

- Claro, es un placer…

- Me voy ya.

Nanoha se vio interrumpida mientras trataba de presentarse e hizo un encantador mohín de fastidio. Yuuno le dio una palmada en la espalda como si fuera su perrito y pasó junto a ella ignorándola prácticamente. Nanoha tuvo que correr detrás de él antes de que saliera por la puerta.

- ¿Me llamarás cuando llegues?- sonó a petición.

- Claro, pero si no me acuerdo hazlo tú mañana.

¡Menudo cerdo!- pensó la rubia.

- Recuerda traerme algo de Alemania, siempre he querido ir.

¿Alemania? ¿Le había dicho a su prometida que se iba a Alemania? ¡Claro! ¿Cómo iba a decirle que se iba de viaje de negocios al Caribe? Eso no se lo creía ni el alma más pura y confiada.

- ¡Qué pesada eres Nanoha!- se quejó- Ya veré si tengo tiempo…

- Estarás dos semanas, seguro que tienes tiempo.

- Bueno, eso ya se verá.

¿Intervenir en ese momento a favor de Nanoha sería productivo? No quería que Yuuno se diera cuenta de que estaba interesada en su prometida y ni mucho menos quería que la cobriza le cogiera manía por meterse en sus discusiones de pareja.

- ¿Te acompaño hasta el garaje?- le preguntó ansiosa.

- No, no hace falta. Nos veremos en dos semanas.

La vio con los puños y los dientes apretados ponerse de puntillas y ofrecerle sus labios para darle un beso de despedida pero él la desdeñó para hablarle. Fate jamás hubiera rechazado un beso suyo. No lograba explicarse porque Yuuno la rechazaba siendo su prometida y una mujer tan atractiva y estaba claro que ella tampoco. En su cara podía leerse la decepción.

- Cuida bien de todo.

Y con esas palabras se marchó sin dirigirle ni una sola mirada a su prometida. Fate se ajustó bien la corbata y se aclaró la garganta para llamar su atención. Nanoha se volvió al escucharla, compuso la mejor sonrisa de la que dispuso después de que su prometido la hubiera ninguneado delante de una desconocida y caminó hacia ella con la elegancia de una bailarina de ballet. Cuanto más se acercaba, más hermosa le parecía. ¡Y qué bien olía! El día anterior estaba tan sucia que no pudo apreciar su maravilloso aroma.

- Nanoha Takamachi, - se presentó- directora de publicidad y de marketing.

Le ofreció su mano por cortesía, pero Fate la agarró, la levantó disfrutando de la suavidad de su piel, y le dio un beso en el dorso.

- Fae Takasugi, - sonrió- a su servicio.

Odiaba tener que mentirle y darle un nombre falso pero era al acuerdo al que llegó con Yuuno y era lo mejor para no llamar la atención de los medios de comunicación.

Mientras, Nanoha la observó fijamente sin perderse detalle, dándole vueltas en la cabeza a lo que estaba sucediendo. ¿Era cosa suya o estaba parada frente a la mujer más atractiva que había visto en toda su vida? Hasta hacía apenas cinco minutos pensaba que Yuuno era la persona más atractiva con el que se había cruzado. Pero esa mujer, ¿Qué es lo que la conquistó? ¿Su sonrisa perfecta? ¿Su cabello rubio? ¿O tal vez el brillo de aquellos hermosos ojos rubíes?

Era más alta que ella pero la encontraba excesivamente delgada para su estatura. Aún así estaba segura de que era fuerte, lo bastante fuerte como para proteger a una chica como ella. ¿Y a ella qué le importaba que la protegiera o no? ¡Estaba prometida! Después de cerca de dos años de relación estaba a punto de casarse con Yuuno y no podía estropearlo por una mujer con la cara bonita. Bueno, donde decía que estaba a punto de casarse con Yuuno, se refería a una fecha de espera de tres años para el día de la boda.

Sin embargo, algo extraño había sucedido cuando entró en ese despacho. Antes incluso de ver a Fae, una extraña corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo. Fue extraño, sorprendente y excitante. Nunca antes le había ocurrido algo así y mucho menos sin haber visto a esa persona. Ahora bien, cuando se dio la vuelta y sus ojos se cruzaron con las de ella, todo empezó a dar vueltas a su alrededor. Aún no sabía cómo pudo mantener la compostura y comportarse con Yuuno como la digna y perfecta prometida que se suponía que era mientras pensaba en lo placentero que sería acostarse con la mujer extraña. ¿Qué le estaba sucediendo?

Fae Takasugi, nunca antes había escuchado su nombre y le costaba creer que Yuuno le hubiera dejado su empresa a una persona desconocida. Yuuno era muy cuidadoso con su trabajo, extremadamente cuidadoso diría ella. Parecía como si temiera que Fate Testarossa fuera a reaparecer para cobrarse su terrible venganza. Aún no sabía cómo Yuuno se hizo con la fortuna de Testarossa pero tampoco pensaba indagar en el asunto, le daba dolor de cabeza. Fate Testarossa se merecía lo que le había sucedido. Era una mujer egoísta, prepotente, avariciosa y mentirosa. Y todo eso lo sabía de la prensa. Entregaba cheques a diestro y a siniestro a determinadas fundaciones infantiles y en defensa de los derechos de la mujer pero todo era pura imagen. Otros cientos de artículos la delataban como una persona sin escrúpulos. Definitivamente, se merecía lo que le había sucedido y ella se aseguraría de que Yuuno no acabara igual. Lo llevaría por el buen camino costara lo que costase.

Había algo familiar en su mirada. Juraría que la había visto en alguna parte pero no lograba asociarlo, no lograba determinar dónde fue. ¡Qué extraña sensación!

- ¿Se encuentra bien?

Despertó de sus propios pensamientos al escuchar su ronca y sexi voz y se percató de que la rubia aún sostenía su mano y ella lo observaba como si fuera carne preparada para ser servida. ¿En qué estaba pensando? Bueno, más bien no debía estar pensando para haberse comportado como una groupie ansiosa.

Se desasió de su agarre y dio un paso atrás.

- Bueno, como creo que Yuuno ya le ha explicado todo, será mejor que la deje con su trabajo para que se ponga al día.

- No me molesta…

Dio otro paso atrás intentando no perder la sonrisa y tembló ante la idea de quedarse cerca de la rubia junto con su palpitante corazón un solo minuto más. ¡Estaba prometida!

- En realidad tengo mucho trabajo que hacer. – se disculpó- Si en algún momento me necesita, en la guía del teléfono- la señaló en la mesa- tiene el número de la extensión de mi despacho.

- Es muy amable…

Y la rubia demasiado sexi. ¿Por qué Fae daba un paso adelante por cada paso que Nanoha daba hacia atrás? La estaba incomodando con su imponente presencia y no podría trabajar en todo el día si no la dejaba. Volvió la vista atrás para ver la puerta a menos de dos pasos y se giró para romper esa distancia en dos largas zancadas.

- Nos… Nos… Ve- Veremos más… Más tarde en la reunión de… De…

- Esperaré con ansias.

Sacudió la cabeza al escuchar su voz tan cerca de ella y de repente se sintió arrinconada entre la puerta que aún no había abierto y Fae. ¿Cómo demonios llegó tan rápido hasta ahí? ¿Y cómo es que no lo escuchó? Se comportaba como un ninja.

- Bueno… Me-Me voy ya.

Abrió la puerta en el poco espacio que le dejó Fae y salió del despacho con el corazón en un puño. ¿Qué le estaba sucediendo?

Fae la observó marchar cabizbaja. Ni siquiera podía retenerla más de dos minutos cerca de ella sin que se pusiera a tartamudear y a intentar huir de ella. No iba a hacerle daño, todo lo contrario. La cobriza no confiaba en ella, en lo más mínimo y temía que Yuuno hubiera hablado previamente con Nanoha para contarle cualquier mentira. Desde luego no sabía que ella era Fate, porque de saberlo, no tenía sentido que le hubiera repetido reiteradamente que no tenía que enterarse.

Ahora que la tenía más cerca, más a su alcance, la atraía aún más. Ella era perfecta. Y pensar que dos años antes le hubiera parecido simplemente una chica bonita. Sí, se hubiera acostado con ella a cualquier precio y luego la hubiera dejado tirada como a tantas otras. Desgraciadamente, ¿Qué pensaría Nanoha sobre Fate Testarossa? Seguro que la pelirroja escuchó algo sobre ella. Fue noticia de impacto internacional en varias ocasiones, sobre todo cuando lo perdió absolutamente todo.

Se acercó al que una vez fue su escritorio, diseñado por uno de los mejores decoradores de interiores del mundo y se sentó en su cómodo sillón. Añoraba su despacho más de lo que jamás hubiera imaginado. Mientras ojeaba los documentos que Yuuno dejó a su alcance no dejaba de pensar en la sonrisa de Nanoha, en el encantador mohín que le salía en la comisura de los labios cuando estaba molesta, en el brillo de sus dulces ojos, en su nariz respingona y siempre bien alta y en su forma de moverse tan grácil y elegante. Parecía un cisne. ¿Qué pensaría de ella si supiera que se trataba de la vagabunda al que le dio veinte dólares el día anterior? Esa vagabunda mal oliente y sucia al que no podías reconocer mirándola en ese estado de pulcritud.

Sacó el billete de veinte dólares de su bolsillo del pantalón y lo observó mientras daba un largo y sonoro suspiro. Tenía que encontrar la forma de llegar hasta ella. No le importaba que Yuuno volviera y no haberle arrebatado lo que le pertenecía. No le importaba volver a perder su maldito coche. Cualquier cosa era aceptable si lograba que Nanoha se interesase por ella.

Revisó la contabilidad desde que abandonó la compañía y descubrió varios agujeros que sabía muy bien en qué bolsillo se encontraban. También estuvo ojeando el archivo con los informes de todos los proyectos y repasó las fichas de personal y los balances. No tenía ni pruebas para demandarlo por blanqueo de dinero. Sin duda alguna, Yuuno Scrya era un maestro del fraude, pero ella era una empresaria, una auténtica empresaria que llegó hasta lo más alto desde la nada con su inteligencia. No perdía la fe porque sabía bien que encontraría la forma de devolverle el golpe.

Estaba en mitad de su búsqueda cuando dio comienzo su primera reunión. Nanoha volvió a su despacho y fue la única cara conocida con la que la rubia se cruzó. El resto de directivos eran totalmente desconocidos y para su suerte ninguno lo reconoció como Fate. No hubo necesidad de ponerla al día pues ya se había informado bien en las horas anteriores y pasaron directamente al asunto. Le presentaron varios presupuestos para diferentes proyectos, contratos, referencias y finalmente, Nanoha le hizo una presentación sobre su spot publicitario de la campaña navideña. Quedó totalmente impresionada al contemplar tanto talento y la aceptación fue prácticamente absoluta por parte de los miembros de la reunión.

La reunión se dio por terminada con un último debate sobre un pequeño desacuerdo con uno de los accionistas y se colocó en la puerta para ir dándole la mano a cada directivo que salía. Muchos se detuvieron a hablarle.

- Gran Trabajo, Takasugi. – le dijo uno.

- Hacía años que no veía tanta profesionalidad. – le dijo otro.

- Scrya sólo vela por sus intereses, no sabe dirigir una empresa. – continuó otro.

Y así la continuaron apoyando hasta que uno de los últimos en salir le hizo un comentario que la dejó anonadada.

- Por fin alguien que sabe apreciar el talento de Nanoha Takamachi. Su prometido es muy duro con ella, nunca vota a favor de sus campañas.

En ese momento hubiera estado dispuesta a coger un avión al Caribe para romperle los dientes a Yuuno Scrya y mandar de esa manera al traste todo su gran plan. ¿Cómo se atrevía a despreciar de esa manera a su prometida? Cada vez se merecía más y más que se la quitara.

Nanoha fue la última en salir porque tenía que recoger todos los materiales y se acercó a ella.

- ¿Puedo ayudar?

La cobriza se encogió de hombros y sin esperar su permiso agarró lo que le pareció más pesado para una dama.

- No hace falta que…

- Tranquila, no me pesa.

En verdad no le pesaba mucho.

- Pero seguro que tiene cosas que hacer…

- La verdad es que estaba a punto de bajar a comer así que me pilla de camino.

Ella cedió, no le quedaba otra que hacerlo. Abrió la puerta caballerosamente para que Nanoha saliera y caminó a su lado hacia el ascensor. La rubia cargaba el trípode con el cartel y la cobriza unas carpetas con informes y fotocopias que había repartido durante la reunión. Las dos entraron al mismo tiempo cuando las puertas del ascensor se abrieron y fue Nanoha la que pulsó el botón de su piso. El departamento de publicidad y de marketing no se había movido de lugar por lo que podía observar.

Se hizo el silencio dentro del ascensor y eso no le gustó a Fae por lo que intentó hablar con ella para romper un poco el hielo.

- Me ha encantado el spot, es fantástico.

- Gracias.

Nanoha no pudo evitar sonrojarse al escucharla. No estaba acostumbrada a que su jefe, a pesar de ser su prometido, la elogiara por un buen trabajo. Últimamente había empezado a pensar que no le salía nada a derechas. Yuuno decía que tenía que guardar las apariencias porque los demás podrían pensar que le daba su favor por ser su prometido, pero empezaba a pensar que los demás directivos creían que Yuuno era un capullo.

- ¿Cree que podría enseñarme algún proyecto anterior?

- ¿De verdad quiere verlo?- no podía creerlo- No es nada del otro mundo…

- Pero yo estoy deseando verlo.

- No te pareces a Yuuno…

Pronunció esas palabras sin pensar y se arrepintió al mismo tiempo en que las pronunciaba.

- ¡No quería decir…!- intentó excusarse.

- Tranquila, no te disculpes.

La rubia se lo tomaba como un halago. Además, las dos se estaban tuteando. Observó de reojo a la cobriza y la vio sonrojada y observando el suelo con fijeza. Le daba la impresión de que estaba deseando que la tierra se la tragase en ese momento. Era muy tímida y ese rasgo que años antes había encontrado deleznable, de repente se le antojaba de lo más atractivo. Viendo que Nanoha había dado un paso para ahondar en el tema que a ella le interesaba, se decidió a continuar.

- ¿Acaso Yuuno no aprecia tu trabajo?

- ¿Por qué dices eso?- se puso a la defensiva- ¿Alguien te ha dicho algo?

Bien, ponerla histérica no formaba parte del plan y se iba a terminar enfadando.

- No, yo… -estaba nerviosa Fae - Es que me ha dado la impresión… No sé… Por tus palabras…

- ¡No es asunto suyo!- la interrumpió- Y no vuelva a tutearme…

Ella giró la cabeza ofendida y enfadada con Fae y la rubia maldijo su suerte por haber querido ahondar en el asunto. Con lo bien que estaba calladita. Se puso a pensar en una rápida pero efectiva disculpa antes de que el ascensor se detuviera en su piso, pero el suelo tembló antes de que eso ocurriera. El ascensor se desestabilizó y soltó el trípode a tiempo para sostener a Nanoha y evitar que se cayera al suelo. Las luces del ascensor parpadearon durante unos segundos y terminaron apagándose. Estaban atrapadas en el ascensor.

- Ha debido haber algún fallo técnico.

Soltó a Nanoha y palpó las paredes del ascensor en busca del panel de control. Al tocar el frío metal palpó la superficie en la que estaban los botones de los pisos hasta llegar al final. Había una sirena que tocó y otro botón que había de teléfono de emergencia. Nadie le contestó.

- ¡Maldita sea!- se quejó.

Rebuscó en el bolsillo de su pantalón el móvil que Yuuno le dio e intentó llamar pero no hubo manera.

- No tengo cobertura aquí adentro. – suspiró- ¿Señorita…?

No escuchó nada. Era como si estuviera sola ahí adentro y se asustó.

- ¿Nanoha?

Avanzó en la oscuridad pero tropezó con algo que había en el suelo y se cayó de bruces en el suelo. Estaba tumbada sobre una pierna. Se puso de rodillas de un brinco asustada por lo que pudiera haberle sucedido a su mujer ideal. Nanoha estaba sentada con la espalda contra la pared y respiraba pero parecía que le costara.

- ¿Nanoha? – repitió- ¿Estás despierta?

- ¿Nos vamos a morir?- preguntó con voz temblorosa.

- ¡No!- exclamó- ¿Por qué dices eso?

Gateó sobre el suelo y avanzó hasta ponerse a su lado.

- Nos quedaremos sin aire… - musitó ella.

- No, porque hay un conducto de ventilación. – le explicó- No nos quedaremos sin aire, te lo prometo.

- ¿Y si se van y no se dan cuenta de que estamos aquí?- le preguntó.

- Nanoha, son las dos del mediodía. Alguien intentará coger el ascensor antes de las siete de la tarde y sabrá que estamos atrapadas.

- ¿De verdad?

- De verdad, Nanoha.

La escuchó suspirar y fue consciente de lo verdaderamente asustada que estaba. Con sumo cuidado, se atrevió a mover su mano sobre el suelo enmoquetado hasta que alcanzó la suya temblorosa. La cobriza no la rechazó e incluso apretó con fuerza su carne y le clavó las uñas, pero no apartó su mano.

- ¿No te parezco ridícula?- inquirió.

- ¿Por qué ibas a parecérmelo? Todos tenemos miedo a alguna cosa, es natural.

- Yuuno no piensa lo mismo…

Le gustaría indagar en el asunto pero no pensaba volver a meterse en mareas peligrosas sin estar completamente segura de poder llevar el timón del barco. Nanoha podía hablar cuanto quisiera pero la rubia no pronunciaría una sola palabra sobre su prometido.

- Una vez nos quedamos atrapados en el ascensor de su edificio…

- ¿Estuvisteis mucho tiempo atrapados?

Bien, ésa era una pregunta neutral.

- No pero él no fue tan comprensivo como tú…. Primero quiso… Bueno… - su agarre aflojó un poco y notó su piel un poco más caliente de repente- Como él lo llama, quería echar un polvo…

¡Bastardo hijo de puta!- pensó. Y lo peor de todo es que ella años atrás hubiera intentado exactamente lo mismo en una situación como aquella. Como se alegraba de haber cambiado tanto. De repente sabía apreciar más a las personas, escucharlas como hacía en ese momento con Nanoha y comprenderlas. No cambiaría esa nueva vida por nada del mundo.

- No lo consiguió… Cuando al fin salimos se burló de mí por ser tan cobarde y aún me lo recuerda de vez en cuando…

- No debes echarle cuenta.

Era lo más suave que podía decirle sin poner a Yuuno a parir. La sintió temblar cada vez más a su lado y se incorporó para atenderla. La llamó pero ella no le contestó. Había pasado de respirar suavemente a respirar rápida y ansiosamente. Su cuerpo temblaba violentamente y parecía a punto de empezar a convulsionarse. Se quitó su americana y la envolvió en ella justo antes de apretarla contra su pecho y empezar a mecerla mientras le cantaba la canción de cuna que su madre siempre le cantó hasta muy mayor.

La meció suavemente, cantando sin parar, repitiendo una y otra vez la canción mientras no dejaba de pedir en su mente que ella se recuperara cuanto antes. Nanoha volvió a respirar con normalidad y sintió su camisa húmeda. Había estado llorando. Sacó del bolsillo de la americana que envolvía a Nanoha un pañuelo de seda y le limpió el rosto con dulzura. No podía verla pero se imaginaba a la perfección cómo estaría.

- Gracias… - musitó ella.

- Shhhhhhhhhh. – la acalló- Tú no te preocupes por nada, yo me haré cargo de ti. No tienes nada que temer.

Fae volvió a abrazarla y Nanoha tuvo la sensación de que esas palabras murmuradas con tanta cariño eran una promesa eterna que acaba de grabar a fuego en ella. Nunca nadie en toda su vida le habían dicho unas palabras tan bonitas que sonaran tan sinceras a sus oídos. Se sentía especial, protegida y extrañamente amada. ¿Por qué una mujer al que acababa de conocer podía transmitirle esos sentimientos?

Sus brazos eran fuertes y protectores, su pecho cálido y duro pero a la vez suave, su corazón latía rápidamente contra sus sienes. ¿Fae estaba nerviosa? ¿Por qué le latía a esa velocidad el corazón? ¿Acaso su cercanía provocaba en la rubia la misma sensación que en ella? Con lágrimas en los ojos la rodeó con sus brazos y clavó sus uñas en su camisa intentando guardarlo sólo para ella. Estaba prometida, no podía tenerla pero quería guardar ese recuerdo en su corazón por el resto de sus días y cuanto más vívido fuera mejor. No quería perder ninguna sensación pues debía aprovechar cada instante a su lado. ¿Acaso estaba enamorada?

Fae la estrechó entre sus brazos y depositó un suave beso en su coronilla mientras continuaba murmurando suaves palabras de consuelo. No imaginó que llegaría a estar en tan íntimo contacto con ella en su primer día y no se quejaba pero desearía que no se hubiera producido la escena en esa situación. Nanoha estaba muy asustada. Estaba acariciando su espalda cuando las luces del ascensor se encendieron súbitamente y volvió a moverse para continuar con el trayecto. Azoradas por encontrarse la una a la otra abrazadas con la luz encendida se separaron.

La rubia se levantó primero y la ayudó a levantarse. Nanoha le devolvió la americana y sus manos se rozaron durante unos instantes. Cuando la puerta se abrió salieron las dos juntas y se dirigieron hacia su despacho. Nadie se había dado cuenta de que el ascensor estaba estropeado en esa planta, por suerte. Dejaron las cosas en el despacho y las dos se observaron sin saber muy bien qué decir.

- Gracias otra vez…

Nanoha fue la primera en romper el hielo y ambas sabían que no le daba las gracias por ayudarle a bajar los materiales. Fae tenía muchas cosas que hacer pero sentía que si se marchaba en ese momento perdería una gran oportunidad.

- ¿Te gusta el chocolate caliente?

Ella la observó sin entender pero contestó.

- Me encanta.

- Hay una chocolatería muy buena por aquí cerca, ¿quieres venir?

Tenía dinero para invitarla a tomar chocolate, era toda una bendición contar con cierto poder adquisitivo después de dos años de absoluta miseria. Además, había mucho que no tomaba chocolate y la ocasión bien lo merecía. Estaban en navidad.

- No sé si…

- No me digas que no. – le insistió- Te prometo que no te arrepentirás.

Así fue como terminó ayudándola a ponerse su abrigo, el mismo que llevaba el día anterior, y salieron juntas del edificio. Caminaron por la larga calle en silencio y Nanoha se detuvo un segundo a contemplar el cartón sobre el que estaba sentada cierta extraña el día anterior. Era cosa suya o ¿estaba preocupada por esa vagabunda?

Una vez en la chocolatería las dos hicieron su encargo y se sentaron a esperar. Disfrutaron tomando su primera taza de chocolate mientras hablaban sobre cualquier cosa que se les ocurriera al momento. Nanoha era muy divertida a la par que tímida, sincera, confiada y solidaria. Realizaba muchas tareas de voluntariado en diferentes fundaciones benéficas y buscaba también importantes donantes entre los que se encontraba su propio padre. Sin saber bien cómo su conversación terminó desviándose hacia Yuuno y su viaje a Alemania.

- Siempre quise ir a Alemania pero nunca me termino de animar a ir.

Sugerirle que fuera con Yuuno no era una opción. Además, para Yuuno Alemania se traducía en el Caribe.

- Yo estuve hace algún tiempo, hay unos castillos preciosos. – le describió uno y mientras lo hacía tuvo una gran idea- Hagamos una promesa. Si cuando Yuuno vuelva, seguimos siendo amigas, iremos juntas a Alemania.

Después de decirlo pensó que era una tontería y que ella no aceptaría pero Nanoha dejó su taza de chocolate sobre la mesa y le señaló su dedo meñique. Fae sacó el suyo propio y lo entrelazó con el de ella en una silenciosa promesa.

Continuará…


YYYY... hasta acá termina nuestro segundo capi. a lo mejor no se esperaban a fate cambiarse de nombre o si?

Ahora se dan cuenta, que con mas razón Fate debe llevarse a nanoha de las garras de el p...bit de ese mil hi...bit ..bit. jajaja n_ñ que se puede hacer, cuando uno quiero desahogar esa rabia hacia ese hurón dice uno mil cosas xD.

Agradezco a todos quienes han comentado, espero nos podamos seguir leyendo hasta el final de este fic :D.

En fin, ya saben que si les gustó (denme un review) son bienvenidos , con gusto los leeré.

Nos vemos , en el siguiente capitulo!

Saludos, y que no los atrape el mapache

Próxima publicación: 30 Sept o 1 de Octubre