COSAS DE GUERRA

(EDAD ANTIGUA)


2

Cuando logró calmarse, ensayó durante horas la caminata a cuatro patas. Fue doloroso y triste; sentía que los tendones iban a reventársele.

Cuando la luna emergió del cielo, aún estaba tratando de caminar y no podía. Tiritando de frío y hambre, se hace un ovillo a los pies de un árbol enorme.

"Esto apesta. Quiero volver a casa..."

Piensa con toda la tristeza que puede sentir su corazón. Por la noche lloran los chotacabras, brilla el cielo con la tristeza de la luna llega. Pero esta luna es diferente: con un poco de imaginación, las sombras de su interior forman un símbolo de infinito.

"Qué raro. Que yo recuerde, tenía el perfil de un unicornio..."

Trata de dormir, pero no puede. Tiene demasiado frío, su estómago cruje el hambre y no deja de imaginar cosas, criaturas monstruosas reptando sobre su piel.

"Mierda. Será la noche más larga de mi vida".

Por hacer algo, se dedica a contar las estrellas. Le parece que son otras constelaciones, y las puede ver muy nítidamente, como si tuvieran más combustible y por eso pudieran brillar con tanta potencia.

"Ha sido la peor aventura de la historia".

A esas horas de la noche, ya estarían preocupados en su casa, sabedores de que no llegó al instituto. Su madre estaría llorando, su padre dando vueltas sin saber qué hacer. Sus hermanos estarían buscándolo por la ciudad, por la carretera.

"Maldición".

De pronto se da cuenta de que no sabe cómo volver. La aflicción aprieta su pecho. "No volveré nunca a casa. No volveré a ver nunca a mi familia".

Comienza a llorar, amargamente, pero en silencio. Llora todo lo que sus ojos pueden llorar. Llora tanto que se forma un pequeño arroyo, que hacer su recorrido hasta el río. Llora tanto que la luna se detiene en el cielo y siente ganas de abrazarlo con rayos de luz para subirle el ánimo.

Poco a poco deja de lagrimear. Habrá llorado al menos una hora. Hongos de colores crecen a lo largo del cauce de sus lágrimas en la tierra.

"Mierda. No puedo caer más bajo".

Trata de acurrucarse para dormir. Entonces siente como si pisaran, como si pisaran el suelo de hojarasca.

De inmediato su corazón se acelera; se hiperventila. "Debo tranquilizarme. El mayor instinto es salir corriendo".

Al lado del árbol, una figura avanza. Cuadrúpedo, cubierto con una manta azul marino, un haz de luna resplandece en su boca. Tarda un rato en descubrir que es un poni con un sable entre sus dientes. Un poni bayo con una espada y una manta azul marino para confundirse en la noche. Más a lo lejos, a unos diez pasos, hay otra figura; al otro lado del árbol, aparecen más ponis armados que avanzan casi sin hacer ruido.

"Calma-calma-calma-calma-calma-calma-calma".

Algunos pasan de largo, sin notarlo. Pero uno emerge tan cerca de él, que puede oír el ruido siniestro de su respiración.

"Que no voltee, que no voltee, por favor que no voltee..."

Tal vez su corazón late demasiado fuerte, el caso es que el poni gira la cabeza hacia él.

Sale disparado, gritando de manera muy poco masculina.


Correr por un bosque no es fácil. Todos creen que es como dar un paseo. Pero bajo las agujas secas de pino acechan raíces de árboles. Madrigueras de animales. Correr por un bosque es la manera más fácil de romperse las piernas.

Wandering sin embargo puede hacerlo bien. Desde su más tierna infancia que explora aquel bosquecillo que se alza cerca de su casa, un lugar que era más misterioso cuando era niño. Salta las raíces como un jabalí al trote, seguido de cerca por los misteriosos equinos.

Es diferente correr con cuatro patas. Muy diferente. Pero comienza a cansarse. No está acostumbrado a distribuir su peso en cuatro extremidades.

"Maldita sea. Quién me manda a meterme en estas cosas".

Logra llegar a un claro. Siente un dolor en su pierna. Cae. Contempla como la sangre emana de un corte, y cerca, el cuchillo de bronce que seccionó su músculo. Por alguna razón, la vista de su sangre no lo aterra. Sólo es capaz de mirarse. "Hasta aquí llegué".

Los perseguidores emergen del follaje como una jauría de mastines, centellando las estrellas en sus broncíneas armas. Entonces, se escuchan raros zumbidos. Wandering alza la cabeza en la dirección donde le parece proviene el sonido, para oír gritos y gemidos a su espalda.

Flechas enterradas profundamente en los tórax. Varios agonizan en el suelo, otros siguen avanzando y estos son sorprendidos por otra descarga de dardos.

"Esto... Tuve suerte... Creo".

El ruido de gente emergiendo de la maleza.

Logra ver a un hombre ¡Pero qué espécimen de hombre! Es marrón como la tierra, de pelo negro, ojos negros, dientes blancos. Es mucho más alto que cualquier persona que ha visto, y tan grueso que su cuerpo parece haberse hecho con toneles. Lleva un pocho de color gris con un intricado diseño en blanco.

"¿Por qué él es humano y yo no?"

El titán de piel marrón sonríe.

—De pie, hrámico —dice. Su voz es como el ruido de un relámpago—. Yo soy Haplo, yokhama siqu. ¿Quién eres tú?

"Yokhama... he oído esa palabra antes, pero no recuerdo dónde".

—S-soy Wandering Wing.

—¿Es que todos los hrámicos se llaman Wandering?

Gruñe una tercera voz. Es un equino con alas, color marrón como el de Haplo y una crin y cola grisácea. Sus ojos negros son y lleva al costado una marca en forma de una pala y un pico minero entrecruzados.

"Me suena de alguna parte..."

—Hey, Strider, ¿Estos eran mercenarios?

—Quizá, Larkgazer, como todos en esta vida. Pero al menos sé que no son mercenarios dingritas.

Son dos equinos los que conversan. El primero en hablar tiene un cuerno: es de color ámbar, ojos dorados, su crin y cola son negras y su marca es una alondra volando. El segundo en hablar es terrestre: de pelaje color beige y crin caoba, con una marca que simula la típica imagen de un camino que serpentea y se pierde en el horizonte; el camino es plateado, tiene en primer plano una señal de encrucijada, alrededor unos cuantos arbustos verde oscuro, y al final del camino, las montañas con un sol asomando sus primeros rayos. Pero lo más extraño es que a Wandering Wing le recuerdan algo que no puede recordar bien, excepto de que debería recordar algo.

—Centurión Reaver, los Wing usamos el nombre Wandering en honor a nuestro patriarca, Krahut, quién nos unificó.

Dice un pegaso gris, muy parecido a él. El pegaso marrón se ríe.

—Pues, bien, Wandering Hrámico, yo soy Reaver Subterra. Gracias por avisar con tus gritos que se acercaban enemigos.

De pronto comprende todo:

"¡Agh! ¡Hijos de puta!"

Uno de sus más grandes y mortales secretos, es que él ve la serie de ponis de colores que ve Lyra. Y escribe fanfictions, varios fanfictions sobre la serie. Siempre utiliza los mismos personajes..., uno de ellos se llama Reaver Subterra y aparece en uno de sus fanfics...

"Esto es raro..., muy, muy raro".

—De pie —dice Haplo, el humano, ayudándolo a levantarse con una mano.

—Nos alertaste de los incursores Darkhill —le dice Reaver, acercándose—. Eso lo podemos agradecer. ¿Tienes hambre?

El rugido del estómago de Wandering fue más que elocuente. Los ponis se ríen.

—Eso parecía el rugido de un dragón —se burla Larkgazer.

—¡Qué dragón! ¡Parecía el pedo de un gigante que se haya aguantado por horas!

No puede ubicar quién dice eso. De pronto siente una enorme vergüenza, y para que no se note, camina junto a Haplo.

—Así que, ¿Qué hacías en el bosque? —comienza a decir el humano.

"¿Cómo puede haber gente tan fea?"

—Me perdí —Wandering no quiere decir la verdad, y la forma más fácil y segura de mentir es contar la mitad de la verdad.

—Nadie se pierde en el Bosque de los Lobos —le dice otro pegaso gris, cubierto de tatuajes, que pasa caminando con un arco entre los dientes.

"Yo inventé ese bosque, para un fanfic. Todo esto es muy extraño".

—¿De casualidad aquí hay centícoros y fortshem?

—¿Y en qué parte no hay? —se ríe el pegaso jabalinero.

Aquello confirma lo que estaba pensando él. En sus historias aparece una fauna creada por él. Los centícoros (o yales) en sus historias eran criaturas similares a antílopes con cuerpos lanudos y cuernos de carnero, usados por los habitantes del mundo de la misma forma que los humanos usan a los caballos. Los fortshem eran cánidos horrendos con largos colmillos y tres ojos. Suelen aparecer en sus fanfictions...

"¿Estoy viviendo en mis historias? No hay que desesperarse, en situaciones así hay que hacer un ejercicio de razón como Descartes. Estoy pensando..., sí, pienso, entonces existo. Tal vez mi pensamiento está siendo engañado. Me caí de la bicicleta y desperté siendo un poni en el universo de ficción que creé. Sólo quedan dos vías racionales: esto es un sueño que proyecta mi mente mientras estoy inconsciente, o soy un ente de ficción que está protagonizando una historia de calidad dudosa. Claramente es la primera opción, yo vivo en el mundo real y no soy un ser ficticio".

Cuando uno está en una situación inverosímil, se debe confiar en la razón y no en los sentidos; con este ejercicio racional, sin darse cuenta evita caer en la locura. Tan convencido está de que sueña, tan enroscado en sus pensamientos, que no se da cuenta de que ya salen del límite del bosque y caminan por los lindes forestales. Llegan a un campamento cuya mitad se esconde entre los árboles. "Esto es sólo un sueño, así que no hay que sentir miedo".

Son varios ponis, de colores diversos, algunos con alas, otros con cuernos, otro sólo con sus patas. Espadas de bronce, armaduras de bronce y de cuero, cascos de cuero, escudos de madera, lanzas, arcos, linotórax. Honderos ensayan lanzar con sus proyectiles. Un grupo de yales pasta en la cercanía. Algunos ponis ensayan algo que recuerda mucho a una falange griega. No puede evitar reír. "Ponis haciendo una falange. Ya lo he visto todo".

Hay algunas hogueras, encendidas dentro de agujeros para evitar el humo. Y grandes ollas de cerámica cuecen alimento. Haplo toma un cucharón y va llenando cuencos de arcilla con un guiso de alubias.

"¡Porotos! ¡Qué rico!"

Piensa Wandering con alegría, mientras trata de buscar una cuchara. Entonces piensa que no tiene dedos para sujetarla.

"Si la sujeto con la boca, me veré imposibilitado para comer. ¡Qué cruel paradoja!"

Sin embargo, Reaver no se anda con remilgos y hunde el hocico en el guiso. "¡Genial!"

Wandering se empina el cuenco llenándose la boca, para sentir el sabor repugnante de la comida sin sal, sin verdura, sin aliños. Tragar es una tortura para sus papilas gustativas. "El pasado es peor de lo que se ve en las películas".

—Te lo diré sin rodeos —dice Reaver, después de eructar—. Estamos buscando sujetos para recuperar las bajas que hemos tenido.

Si no fuera porque tenía la boca llena de la comida que no quería tragarse, habría preguntado un "¿Qué?" Afortunadamente, el tiempo que demora en tragar le permite idear una pregunta que destaca por su agudeza:

—¿Qué?

—Necesitamos más mercenarios. ¿Quieres unirte? —los ojos negros de Reaver los escudriñan— ¿O eres un puto artesano?

Aquella pregunta lo descoloca. El mal sabor de la comida parece subir hasta su cerebro.

"No quiero ser un mercenario, pero si me niego me tratarán de marica. Es... algo irónico viniendo de un poni, pero como decía mi abuelo: 'Si un caballo te ofrece ser un mercenario, di sí y te callas'. Quién diría que me sería de utilidad esa frase".

—Después de pensarlo un poco, decidí que sí me uniré a tu grupo.

"Al menos hasta que halle una forma de despertar".

Reaver se ríe. Haplo se mantiene incólume, a pesar de que en sus ojos baila el reflejo del fuego.

Entonces se da cuenta de que hay un buen grupo rodeándolos. Puede reconocer a varios de ellos, pues todos los inventó, para diversos fanfics: Larkgazer el encantador de pájaros. Strider y su cuerpo espartano. Winter Soul esbelto como un halcón. Lobero con la energía de sus pocos años. Diamondheart grande como un toro. Broken Heaven no se ve afectado por el asma. Seawind con su misticismo de Oriente ¿Ahí también sería un asesino? Soren afirmado en su apostura ¿Ahí también caminaría los senderos del Maná? ¿En dónde está Azrael, el Nigromante Oscuro? ah, ahí está, sólo que no se ve Nigromante ni tampoco se ve Oscuro. Wandering se pregunta ociosamente cuántos de los que ve ahí están con las novias que tienen en sus respectivos fanfics.

Ve el casco de Reaver extendido hacia él. Casi parece un sueño. Lo estrecha con fuerza.

—Wandering Wing de los Hrámicos —dice sonriendo el pegaso marrón—: Bienvenido a los Black Haunters, la cuarta compañía más brava de la tercera región más brava del segundo Reino más bravo.


No podía negar que el vino tiene un sabor horrible. Pero no tenían agua. Wandering había probado los alcoholes y en su opinión ninguno es merecedor de ser bebido por él. Pero el vino, que almacenan en grandes chuicas de barro y barriles de madera, parece el meado de un gato.

"Ha sido el peor banquete de la historia".

No fue capaz de beber más que un sorbo de vino ni pudo comer más de tres bocados. Le dieron la manta que había usado uno de los caídos, pero finalmente decidió no usarla. En sueños o en vigilia, Wandering tiene claro que usar las cosas de un muerto es atraer mucha mala suerte. Cuando el sol —más grande y más amarillo de lo que recuerda— sale del horizonte, lo sorprende dormido a la intemperie.

—Arriba —le dice Haplo dándole una patadita.

—Cinco minutos más —gruñe él, apartando el pie de una patada.

—Nada de cinco minutos —el humano con una mano lo levanta—. Levantamos el campamento.

Wandering a regañadientes se incorpora; siente la cabeza aletargada por el sueño. Hace un frío terrible, hay mucha neblina, y a través del blanco nebuloso puede ver a los ponis levantando las tiendas y colocando mantas sobre el lomo de los centícoros. Al medio ondea un estandarte con un murciélago en el centro.

"Black Haunters".

El Murciélago es el animal totémico de la compañía mercenaria. Lo pintan en los escudos, en la piel y en el estandarte.

Aburrido, busca alguna cosa que hacer, pero no ve nada en lo que sea útil.

—Ten, un adelanto —dice Haplo entregándole un saquito, adentro hay varias monedas de hierro y cobre.

—Gracias.

—Y tu arma —dice entregándole una honda y un zurrón con proyectiles de plomo.

"¿Cómo se supone que tiro con la honda?"

Él es muy bueno usando aquel artefacto. Desde muy pequeño disfrutó hacerla girar sobre su cabeza, y ya grande es un tirador de temer. Tan así que pájaros y ardillas temían acercarse a la Casa Wing.

Pero para usarla necesita manos.

—¿Es un chiste? —le pregunta revisando el zurrón. Los proyectiles son aerodinámicos y tienen la palabra "Nunca más".

"Es como el cuervo del buen Edgar".

—No. Sé que eres pésimo con la espada, la lanza y el arco. La honda, casualmente, tuvo su mayor apogeo en esta época. Piensa en los honderos baleares.

—¿Qué te hace pensar que soy buen hondero?

—Si eres como yo, lo eres —dice, y su tono es misterioso—. Y el cuervo dijo: Nunca más.

Como si tocara fuego, Wandering se aparta de un salto. "Es mi mente la que está jugando conmigo. Es un sueño. Sigue la corriente al sueño".

—S-se más claro —aunque pone todo su empeño, su voz suena insegura y aterrada. Es que ahora, aquel humano pareciera el mismo genio maligno de Descartes.

—Yo leía fanfics —dicen los labios oscuros—, sobre estos ponis de colores. Yo escribía fanfics, y firmaba como Wandering Wing —al oír eso el corazón del pegaso se acelera—. Vine aquí al ver el último vuelo de un cóndor. Soy humano, porque yo vengo del pasado, quinientos mil años atrás; y tú eres poni porque eres de otra dimensión, la de Equestria Girls, esa maldita película que tanto odio.

—¡Me estás diciendo demasiadas cosas y no entiendo nada! —estalla en gritos el pequeño pegaso.

—Dejémoslo en que tú y yo somos lo mismo. Yo también trato de volver.